Idyllic Rather:
Departamento #69-18
By
.: Shatara-Hele :.
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.: Capitulo 2 :.
Cadena del DestinoMemorias Enfrascadas
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"Moto Gran Prix 2013 – Indiana
Indianápolis Motor Speedway
Patrocinador Oficial: Motos Yamaha y Monster Energy
Dorian Blackwell"
Supuso que el corredor en primera posición estaba vinculado con el seudónimo en medianas letras bajo el anuncio principal, y fue así porque, tanto el nombre, como los brillantes ojos tras la mica negra del casco, le eran prácticamente familiares.
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-Dorian – Hiccup no retiró sus ojos socarrones de Gobber aun teniendo la respuesta -¿Dorian Blackwell? ¿Motociclista estrella? ¿Novato en las carreras motoristas y próximo competidor en la Moto Grand Prix? – La imagen fugaz del cartelón enganchado al edificio cruzó su mente y recapacitó las palabras de Gobber. ¿Enserio un famoso corredor vivía en Lake Point Tower?
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–¿Podrías hacerme un favor? – suspiro con pesadez y resignado extendió los brazos para que el paquete cayera entre ellos -¡Perfecto! Lleva esto al departamento #69-18 y dices que es de la línea aérea SkyWest para que te puedan firmar el tiquete de entregado-
"Solo entrega el paquete y pide la firma"
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Cuando abrió los ojos dos pares de quinqués estaban inmóviles sobre él, uno de ellos solo bufó y procuró no apisonar accidentalmente alguna parte de su anatomía y salió del departamento con el ceño fruncido haciendo como si nada nunca hubiera ocurrido.
El joven se acuclilló y le extendió la mano.
-¿Te puedo ayudar en algo? – más que sorna… sus palabras emanaban cariño.
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Aun que le hubiera fascinado tomar la pálida mano que gentilmente le ofrecía ayuda, la idea de saber cómo reaccionaría lo petrificaba y después de haber caído torpemente dentro de un departamento ajeno no mejoraba las cosas, por el contrario. La vergüenza lo carcomía y provocaba estragos en su estómago como si hubiera tragado algo putrefacto en ese mismo instante. "¡Levántate y lárgate!" Le gritaba su subconsciente pero parecía estar hilvanado a la alfombra roja del pórtico.
-¿Estas bie…? –
-S-si… muy, muy bien, gracias – se dio impulso con sus brazos y piernas y se tambaleo sosteniéndose de las paredes hasta terminar casi completamente de pie, en cualquier momento evitó la mirada del otro sujeto e intento no imaginarse su prejuiciosa mueca para terminar el malentendido sin recuerdos amargos. –Perdón, no era mi intención – El paquete ahora se hallaba tendido en el suelo con la envoltura dañada; rezó para que el interior no se tratara de algún objeto frágil similar al cristal o peor. –Solo venia para entregar esto – a la velocidad de un parpadeo regresó acuclillado al piso y recogió el paquete revisando cada uno de sus seis lados sacudiéndolo con suavidad. Una vez de pie rebusco en el bolsillo de su suéter marrón el tiquete para ser firmado y de una vez por todas salir de ese intimidante lugar.
La mirada de su contraparte permaneció curiosa y divertida por las actitudes perdidas de Hiccup. Su ceño se fruncía, ladeaba la cabeza y sus labios se torcían en una ridícula y perfecta sonrisa; el más joven de ambos hacia el ridículo, lo sabía, pero eso no le quitaba lo encantador e interesante. Sin poder evitarlo, Hiccup sonrió al sentir el tacto del delicado papel y desesperado lo extrajo del fondillo extendiéndolo al dueño del pent-house.
-Es de SkyWest, firme aquí por favor – señaló la línea en blanco en la base del papel bajo las cientos de letritas impresas que nadie leía y esperó impaciente; se dio cuenta de lo idiota que se veía porque en teoría ninguno de los dos portaba bolígrafo… bendito bolígrafo. – Ah, bueno… yo tengo… - balbuceó descolgando el morral de su hombro al momento de equilibrar el paquete, de nuevo, en una mano.
-Bien, ¿Dónde firmo? – la pregunta lo dejó ligeramente confundido y sin olvidar la búsqueda de algún objeto digno para suscribir consideró oportuno contestar su pregunta con una mirada perdida. No había por que sorprenderse, se consideraba una persona por demás despreocupada de horizontes que no se trataran de su propio circulo personal así que el tratar con una estrella nacional no le interesaban en lo más mínimo sus muecas y palabras… siempre y cuando mantuvieran el mismo ritmo.
El morral cayó de sopetón al suelo y fue olvidado el tiempo que Hiccup necesitó para mantener firme la caja cubierta de estraza donde el mayor tomo apoyo para formar, con elegantes movimientos de su muñeca, una refinada firma que permanecería impresa por el resto de una vida. Hiccup tomo el papel y dejo el paquete en poder de su dueño original. El joven volvió a echar mano del morral supino en el tramo del recibidor; silencio, lo extraño era que para nada pertenecía a una afonía incomoda… como si se conocieran a la perfección y no necesitaran de palabras para entender los pensamientos ajenos. ¿Química? Definitivamente.
Hiccup se giró para tornar la perilla y salir con el estómago engarrotado de tantas emociones estrepitosas cuando, los pasos huecos de cuatro personas retumbaron del otro lado de la puerta; gritos de más y palabras obscenas salían de voces jóvenes y novatas que, lo más probable, no tenían ni idea de su significado tan tosco y grotesco.
Un río de electricidad estática se paseó sin pudor por su columna. Sin darse cuenta, un brazo rodeó su cintura al tiempo que, otra más soslayaba incluso su respiración, la estrecha espalda se encontraba aproximada al pecho del otro hombre y no le quedó otra salida más que mantenerse inmóvil aun muerto de pánico; supo al instante que forcejear no tendrían ningún efecto positivo.
La presión sobre su cuerpo aumentó cuando unos golpes colisionaron contra la puerta, esta vibró por la fuerza e Hiccup juró sentir el cuerpo contrario tensarse en exageración. Sus sentidos se vieron desplomados luego de sentir el aliento caliente, fresco, del otro hombre contra su oído; el hormigueo fue placentero, tanto, que el color en sus mejillas no se hiso esperar y formo un tono rojizo que desapareció tan rápido como había llegado.
-Shhhh… -el soniquete, silencioso y sensual, fue disminuyendo cada vez mas de nivel hasta perderse por alguna parte del departamento, los músculos del más pequeño temblaron al ritmo, sin embargo, y en contra de su voluntad, se vio forzado a permaneces en la misma comprometedora posición tanto por la necedad del otro como por su ilógica sumisión.
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Gobber nunca fue capaz de imaginar que algún día, sea cercano o distante, tendría que lidiar con personas tan deschavetadas y obsesionadas. Las consideraba muy problemáticas y difíciles de tratar. Un ejemplo de ello era ese mismo instante en el que perseguía con disimulo a los tres adolescentes encarnados a la ropa grisácea y lerda.
El sabia, y había visto como los ojos de uno de los muchachos se desviaron vertiginosamente hacia su figura; era evidentemente imposible que fuera tan despistado como para no lograr ver a un ser humano con su tamaño de masa muscular. Al instante sus pasos se aceleraron, sus cuerpos se atiesaron y el recepcionista no se quedó atrás; si lo necesario era subir hasta la azotea y lanzarlos desde aquella altura de setenta pisos no se contendría y después bajaría para limpiar los restos de aquellos que quisieron contradecir a su ética de tranquilidad absoluta.
-Rápido…- murmuró uno de los jóvenes y se adentraron en uno de los pasillos. Gobber no supo cómo reprimir su mohín de sorpresa; esos niños, a pesar de no vivir por esos rumbos y mucho menos haber entrado al edificio alguna otra vez, sabían el camino exacto para trasladarse de la entrada principal al pent-house 18. Consideraría la idea de tomar foto a cada uno de los seres vivos que pisen el interior del condominio y lo obligaría a portar una identificación fuese quien fuese.
La caminata se convirtió en carrera una vez teniendo a la mira la puerta achocolatada enmarcada por cristal, los muchachos se deslizaron en un intento desesperado de ganar unos pocos segundos de ventaja arrugando la alfombra grana en la acción. Dos de los jóvenes terminaron estampados sobre la madera que conformaba la puerta principal haciendo un áspero eco quedando ligeramente confundidos mientras el otro acolchó su golpe con los traseros de sus compañeros.
-¡¿Qué mierda es esto?! – gritó el tercero soltando manotazos al aire a diestra y siniestra alcanzado a sus compañeros que solo soltaron un quejido pesado embarrando sus rostros sobre la superficie; una imagen asquerosa. Gobber se encaminó echando chispas por los ojos, hecho una furia completa, esta vez no tendría piedad. Con pasos amenazantes se acercó a los adolescentes y el que asumía el conocimiento más despierto atinó a cubrirse el rostro con amabas manos.
-Largo… - ordenó sombrío siendo apoyado por las fulminantes luces amarillas del pasillo, su cara deslucida se vio resaltada por el efecto que las sobras provocaban, sin embargo, eso no fue impedimento para que, con la mente renovada, el de mayor edad fuera capaz de alzarse con su par de piernas retando conscientemente a Gobber.
-Oblíganos…- el recepcionista empuñó sus manos hirviendo de ira.
-¡Maldita sea! Travis, vámonos amigo… se acabó- bramó otro de los chavales poniéndose de pie apoyándose en su rodilla. Este, con su mirada pacifica convenció al otro más joven que relajo sus hombros y los dejo caer rindiéndose bajo la mirada amenazadora de Travis.
-No sean imbéciles, ¡No podríamos estar más cerca! – sin más, intentó dotar un golpe de lleno a la cara del encargado que, con burla, detuvo su ataque sin problema alguno con una de sus manos. Comprimió sus dedos estrujando sin misericordia la diestra del muchacho. Travis contuvo el aliento por meros segundos antes de ser liberarlo y arrodillarse, fue ahí cuando Gobber detuvo su defensiva terminando completamente convencido de haber dejado su mensaje transparente en las mentes inmaduras –Bastardo…- insultó a Gobber masajeando sus nudillos antes de salir corriendo acompañado de su amigos. Asegurándose de haber mantenido el orden lo mejor posible sin llamar la atención, el hombre se alisó los ropajes y se encamino por el pasillo arreglando la alfombra remangada tarareando una cancioncilla de victoria.
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La necesidad de mantener el silencio intacto fue vital para Hiccup, estaba ansioso por salir con la boca cerrada y los recuerdos olvidados. El agarre que lo mantenía inmóvil se aflojo y tomo esa oportunidad como la única; inmediatamente aparto el brazo de su cintura y zarandeó la cabeza para poder respirar de manera más cómoda; jadeó profundamente rogando por más espacio.
El joven de cabellera negra extendió sus brazos para liberarlo, sin embargo, su mirada flotaba en el aire como si fuera capaz de percibir el sonido con los ojos, miró en dirección a la puerta de caoba y con una sonrisa burlona trajinó hacia ella, asomó cauteloso su cabeza por el pretil de cristal y se dio a la tarea de asegurar el territorio como libre, una risita fue expulsada por sus belfos; cantaba victoria.
Hiccup arrancó el morral del suelo y se lo colgó en el hombro con un suspiro alivianado; le sobraban los deseos de echarle en cara, a gritos y golpes, la brutalidad con la que lo había tratado; "sin vergüenza" pensó, se limitó a considerar abandonada su resentimiento en la imaginación ideando mil y un formas distintas de hacerle pagar.
-Yo solo vine a entregar un paquete, con permiso – se comía con la vista la portezuela como si se tratara del más grande de los tesoros, camino a grandes y tiesas zancadas. Viró la perilla con mano sudorosa, sin embargo, para su mala suerte permanente, la naturaleza no estuvo a su favor y antes de cruzar la línea fronteriza del pent-house su estómago gruñó rogando por algo comestible.
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Hace solo momento, por lo que él recordaba, estaba estupefacto por la invitación; después un silencio extrañamente oportuno en la parte delantera de un deportivo negro para cerrar con llave de oro en una cafetería a, más o menos, unas tres manzanas lejos de donde había iniciado todo. Resignación fue lo que le corrió por las venas al darse cuenta de que sus labios había rozado el borde de la tacita blanca con detalles bergamotas, pero escuchar las palabras "comida" y "desayuno" en una sola oración lo cautivaron lo suficiente como para olvidar cualquier cosa, por muy importante que haiga sido, y dejarse manipular fuera quien fuera.
El silencio no fue problema; el sujeto no optó por resignar sus preguntas y las dejo fluir con total naturalidad que, por cortesía, Hiccup respondió una a una, por supuesto, la situación merecía ser justa así que con cada pregunta que alegaba formulaba una para su interlocutor que respondía con una sonrisa de dientes blancos. El aire comenzaba a ser notable y el frio venia de la mano; Hiccup sintió alivio el haber elegido una mesa dentro de la cafetería, más específicamente contigua a uno de los grandes miradores principales.
-¿No te parece extraño? –preguntó Hiccup perdiendo su mirada en el exterior, observando como las sombrillas de las mesas se balanceaba al ritmo del viento. Las voces aunadas de los demás clientes con el choque de vajillas y cubiertos daban un ambiente apaciguador y clásico al local que de alguna forma, le dio más confianza a Hiccup.
-¿El qué? – preguntó intrigado, retirando la taza de café que encaminaba a su boca para dirigir su atención al muchacho. Se inclinó hacia delante apoyando los codos sobre las mesa y su barbilla en lo alto de sus dedos entrelazados; Hiccup buscaba las palabras precisas para hacer el comentario absurdo que ya no podía borrar jugando con sus manos escondidas en las largas mangas de su suéter.
- El frio, bueno, es que… -
-Es nostálgico- terminó con un susurro, Hiccup asintió sorprendido. En el transcurso de la mañana compartida el más joven se había enterado que su acompañante pertenecía a la lista de novatos estrella del año en el motociclismo de velocidad, con una victoria hecha de oro desde su primera aparición pública y amante del Rally Raid; con un pasado esperanzador en Canadá. En un apartado de la conversación mencionó su participación en el circuito de Indianápolis y que en realidad parecía que su manager había ideado un plan para que, después de todo, no fuera parte de aquella comercialización tan truqueada.
-Veo que no lo recuerdas- hablo de nuevo Dorian. Hiccup entrecerró sus ojos y hurgó en el rostro del otro con paciencia, curiosidad y nerviosismo… sus ojos se abrieron de golpe enganchado por los recuerdos escasos de un pasado infantil; no tenía pistas, pero si la imagen de esos ojos nublados por las lágrimas, era casi imposible que otro humano en la tierra gozara de ese tono tan peculiar…
-No me digas que… - la oración fue dicha con el ultimo recuso de aire que le había sobrado de su última respiración, por ende, exhaló con fuerza exponiendo su sorpresa. El otro asintió y soterró su mano en el fondo de la chaqueta negra, parecía que se debatía entre dos decisiones e Hiccup trato de proveerle ímpetu con la mirada, Dorian suspiro rendido y extendió un telar marrón oscuro con una palabra perfilada en un borde.
Dorian sabía que no había razón para sorprenderse, entusiasmarse o angustiarse más de lo debido pero no siempre te encuentras con la persona que desde hace años no es posible olvidar, Hiccup es esa persona y, de verdad, que nunca fue capaz de sacárselo de la cabeza, por más que lo intentara. De pequeño abrazaba la chalina en los momentos de tristeza, cuando la adolescencia llego a su cuerpo se maldecía por pensar de más y cuando la adultez estuvo por superarlo, tal parece que el destino, por muy ilógico que sonara, no quería que lo olvidara; la prueba de todo eso es que en esos momento lo tenía cara a cara recordando un vago momento de solo unos cuantos minutos.
-Toothless… -salió por instinto de sus memorias, ni siquiera de su memoria, llevaba años soñando con lo mismo que hasta considero la posibilidad de estar loco puesto que, cada uno de esos sueños, se había sentido tan vivido, tanto que, en las madrugadas se despertaba temblando de frio. -¿Cómo… como es que, en todos esos años…? – recogió de las manos ajenas su antigua bufanda pidiendo permiso, estaba en perfectas condiciones; Toothless se había encargado de eso… sin roturas ni manchas, tal vez decolorada por el paso del tiempo pero fuera de eso podría considerarse como nueva. Con sus delgados dedos delineó el bordado que plasmaba su nombre en tinte blanco contrastando con el fondo tejido.
-Se ha convertido en mi amuleto – agregó el motociclista y por alguna extraña razón Hiccup sintió que los colores se le subían a la cabeza –Estuvo conmigo en mi primer victoria…- comenzó su relato llamando la atención de Hiccup y sonrió con aflicción hacia el interior de la taza medio vacía –Dagur me sermoneo diciendo que no era necesario, que con o sin ella ganaría a como dé lugar pero sabía que la necesitaba cerca da mi… - Huir, Hiccup deseo huir de ese lugar a cualquier precio, sus ojos se sentía arder y se le nubló la vista por el pretensión de las lágrimas, todo se había mezclado… incluyendo…
-Nunca pude olvidar esa noche… - mencionó al borde del llanto, Toothless se alarmó, de alguna forma y sin duda alguna el conocerse no fue lo único que había ocurrido esa noche en Toronto, el joven lo decía con el simple de hecho de estar a punto de quebrarse.
-¿Qué fue lo que ocurrió? – preguntó con un tono suave para intentar no presionarlo y que pudiera confiarle cualquier cosa, y su fuera necesario, se descarga con él… sintió la imperiosa necesidad de mantenerlo a su lado para apoyarlo en los momentos más difíciles y más placenteros, para compartir secretos y amargos recuerdos. Anheló el tocarlo, darle desde una palmadita en el hombro para alivianarlo hasta envolverlo en un abrazo posesivo –Si no quieres hablar de ello… -Hiccup negó con salvajismo y después habló ahora sin poder disimular el llanto… a esas alturas era imposible retractarse de sus palabras y acciones.
-Esa noche, después de conocerte yo…- seco sus lágrimas con la manga del suéter -Camine por los árboles del parque y… encontré a mi madre… muerta-
Perdonenme! Perdoneme! soy mala, muy mala *eso todos los saben* pero esta vez me pase de la raya, en serio... mencione que publicaria cada viernes ¡Pero no lo hise! ¡Maldigan a la escuela no es mi culpa!
Escuela: Si maldiganme a mi, ¡Maldiganme!
Ven, la escuela lo dijo.
Tampoco el publicado en el otro fic, de verdad perdoneme, me quede a la mitad del cap 12 y no he podido continuar, enserio lo siento... aun no contesto sus comentarios pero ahorita me pongo a respondeles con gusto:
ValeryVampire: Que bueno que te gusto, espero y continúes conmigo, disculpa mi tardanza... Gracias por el coment. :D
Minamoto Kaoru: Buajajaja, me encanta plantarte la duda con mi gran intelecto (?) y aquí esta la continuación, espero haber aclarado tu duda. Te agradesco que tambien sigas esta historia :3
DraculaN666: Uhhhh, me encanta tu nombre, muy mesterioso, hasta entre en tu perfil, (buano, entro en el perfil de todos lo que me dejan review) pero el tuyo en particular me llamo la antencion o.O. Aqui esta la continuacion, espero y sigas conmigo, Gracias por el coment.
Buano, estos son los que contestare por ahora *los unicos que me dejarom XD* pero son aun con solo un seguidor uno continuaria la historia, Amo a mis niñitos consentidos (asi me dice mi abuela Xd)
Nota: quien conozca mi otro fic, agradecería que no lo mencionaran aquí quiero mantener las lineas, si esta es menos popular que se quede asi, y si la otra lo es mas, que se quede asi tambien... se los agradeceria. ^o^
Matta-ne
