Rachel terminó de hacer sus deberes y dirigió su vista hacia el otro lado de la habitación, donde su hermano pequeño leía "Wicked" uno de sus libros favoritos, cerró sus notas y lo observó en silencio durante un par de segundos esbozando una pequeña sonrisa, Alex era su persona favorita en el mundo y a pesar de que vivía con el no podía dejar de sorprenderse con lo mucho que crecía día a día, pero si de algo estaba segura era que sin importar cuento creciera siempre sería su hermanito y estaría ahí para el sin importar nada, después de todo solo se tenían el uno al otro.

-Hey bicho, ¿listo para dormir?-

-Aún no-contestó sin dejar de leer, Rachel soltó un bufido y caminó hacia la cama sentándose a su lado, con un movimiento rápido le quitó el libro de las manos y lo posó sobe la mesilla de noche.

-¡Oye!-se quejó el niño intentando recuperarlo, ella arqueó ambas cejas haciéndole saber que no bromeaba en lo absoluto.

-¿Terminaste tu tarea?-

-Si, ¿no puedo leer al menos diez minutos más?-

-Mmmm no lo creo-Alex estaba por replicar de nuevo cuando un grito proveniente de la cocina lo hizo pegar un brinco.

-¡Alexander, te dije que lavaras la vajilla!-Rachel sintió como su hermano se tensaba y comenzaba a temblar ligeramente, se escucharon pasos en la escalera y tan solo un par de segundos después la puerta de la recámara se abrió de golpe-¡Creí haberte dicho que hicieras los deberes antes de subir!-

-Lo siento-tartamudeó el niño bajando la mirada-me olvidé-el miedo en la voz de su hermano era evidente pero antes de que Rachel tuviera tiempo de reaccionar Leroy se acercó a el y lo tomó del brazo levantándolo de la cama bruscamente.

-Vas a aprender a no olvidarte de las cosas cuando te de una orden-

-Lo siento-lloró el niño intentando soltarse del agarre de su padre pero este lo sostenía tan firmemente que sus movimientos fueron completamente inútiles, fue hasta que Leroy comenzó a quitarse el cinturón que Rachel salió del ensimismamiento en el que se encontraba, sabía lo que venía después, Alex le había contado lo que sucedía cuando hacía algo mal, sin embargo esta era la primera vez que Leroy se atrevía a hacerlo frente a ella y no dejaría que pasara, brincó fuera de la cama y de un solo movimiento alejó al niño de aquel hombre que se hacía llamara "padre" colocándolo tras ella para protegerlo.

-Déjalo en paz-le espetó con furia

-No te metas Rachel-susurró el hombre claramente intentando mantener la calma.

-¿Que pretendes que haga?-gritó sintiendo lágrimas de furia en sus ojos-¿Pretendes que deje que le pegues? Se que lo haces cuando no estoy ¡Tiene seis años, métete con alguien de tu tamaño!-

-Le di una orden-Leroy tenía los ojos inyectados en sangre y el cinturón se balanceaba de un lado a otro en su mano derecha, Rachel estaba demasiado acostumbrada como para sentir miedo pero los temblores de Alex simplemente parecían aumentar con cada minuto que pasaba.

-Solo déjanos en paz-suplicó, todo lo que quería era que Leroy se fuera para poder tranquilizar a su hermano, odiaba que tuviera que pasar por todo aquello.

-¡No te metas Rachel, yo soy su padre!-

-¡Deberías comenzar a actuar como tal, preferiría que papi estuviera aquí y no tu!-apenas hubo pronunciado la última palabra supo que había cometido un error, el rostro de Leroy se tornó de un rojo intenso y avanzó hacia ella amenazadoramente, estaba acostumbrada a los arranques de ira de su papá pero eso no evitó que un escalofrío le recorriera la espalda.

-Porfavor, voy a bajar a hacerlo-susurró el niño saliendo de detrás de su hermana, todo aquello era su culpa y no iba a dejar que Rachel pagara por su equivocación.

-Ire a pasar la noche al hospital y cuando regrese quiero ver la casa rechinando de limpia, ¿entendieron?-ambos chicos asintieron y Leroy salió de la habitación sin agregar una sola palabra, Rachel permaneció inmóvil un par de segundos intentando procesar todo lo que acababa de suceder, en definitiva aquel hombre había perdido la poca cordura que le quedaba, abrió la boca para maldecir pero unos leves sollozos le recordaron que no estaba sola.

-Hey bicho-susurró hincándose para quedar a su altura-no llores por favor-Alex asintió y sin detenerse a pensarlo un segundo se abalanzó sobre ella enterrando la cara en su hombro y rodeándole el cuello con sus pequeños brazos.

-¿Porque siempre está tan enojado?-lloriqueó, Rachel lo levantó del suelo y comenzó a acariciarle la espalda en un intento por clamarlo.

-El solo...-dudó, ¿como explicarle a un niño de seis años que su papá era un completo imbécil?-...el solo tiene muchas cosas en la cabeza-

-¿Como papi?-Rachel sintió una punzada en el pecho y unas repentinas ganas de llorar.

-Exacto, como el-murmuró, hacía poco más de un año que su papá había comenzado con problemas de salud, al principio habían sido calambres y episodios de cansancio extremo, los doctores le habían asegurado que no era mas que el estrés acumulado por sus largas jornadas laborales, fue hasta después de un pre-infarto que dieron con la causa de todos aquellos síntomas, Rachel recordaba haber estado haciendo sus deberes escolares cuando sus padres la llamaron a la sala, Hiram la había sentado sobre sus rodillas y le había explicado que su corazón no estaba funcionando como debía hacerlo y que pronto comenzaría a ver doctores que lo ayudarían a ponerse mejor, durante los primeros meses del tratamiento Leroy acompañó a su esposo todo el tiempo, haciendo que Rachel tuviera que encargarse de Alex, quien con cinco años recién cumplidos entendía poco lo que sucedía, cuando las preguntas del niño se habían hecho frecuentes Rachel intentó simplificar la situación lo más posible diciéndole su papá estaba enfermo pero que pronto se pondría mejor, desafortunadamente eso nunca sucedió, conforme los meses pasaban y la salud de Hiram empeoraba Leroy se había olvidado por completo de todo lo que no tuviera que ver con su esposo, incluidos sus dos hijos, ambos se habían dedicado a viajar durante semanas enteras en busca de tratamientos y medicinas nuevas; Rachel recordaba haberse sentido impotente y exhausta, entre la escuela, su hermano y las labores domésticas todo su tiempo estaba ocupado, siempre era la primera en levantarse y la última en acostarse; sin embargo, la peor parte había llegado cuando tan solo seis meses después del diagnostico inicial, Hiram había tenido que ser internado de manera indefinida, fue en ese punto que Leroy comenzó a ser intolerante y agresivo, al principio solo habían sido solo gritos pero poco a poco las cosas habían pasado a ser más complicadas que eso.

-¿Rach?-susurró su hermano interrumpiendo sus pensamientos.

-Estoy bien-lo tranquilizó

-¿Rach tu piensas que algún día papá va a quererme de nuevo?-la pregunta simplemente le rompió el corazón, caminó hacia la cama y se sentó justo en el centro manteniendo al niño sobre su regazo.

-Alex, voy a decirte algo importante y necesito que me pongas atención-el niño asintió y levantó la mirada haciendo que sus brillantes ojos color aceituna se encontraran con los de ella -eres simplemente el chico más asombroso que he conocido, eres inteligente, talentoso y adorable, si Leroy no puede verlo ese es su problema, pero no tiene absolutamente nada que ver contigo, el se lo pierde ¿entendido?-

-Entendido-murmuró, el chico recargó la cabeza en el hombro de su hermana y comenzó a jugar con su cabello enrollando un par de mechones entre sus dedos, Rachel sonrió ante el gesto, lo conocía demasiado bien como para saber que le ayudaba a tranquilizarse cuando estaba nervioso o asustado; la primera vez que lo había hecho tenía apenas seis meses, había estado llorando casi toda la tarde y sus papás habían terminado dándose por vencidos llegando a la conclusión de que en algún punto se cansaría y se quedaría dormido, esa noche Rachel había caminado hacia la recámara del bebe y lo había tomado en brazos en un intento por calmarlo, casi de inmediato los pequeños deditos de Alex se habían enrollado en su cabello y al cabo de un par de minutos la casa había sumido en un profundo silencio.

-¿En que piensas?-

-En lo mucho que te gusta jugar con mi cabello-contestó Rachel-lo haces desde que eras un bebe-

-Me gusta-

-Lo se bicho, pero ¿que harás el día que me quede calva?-Alex soltó una carcajada y la miró.

-Puedo comprarte una peluca-

-Por favor, has que sea azul-bromeó

-Hecho-Rachel le apartó el cabello de la cara y le dio un beso en la frente

-Es hora de dormir bicho-dijo levantándose y poniendo al niño sobre la cama, antes de que tuviera tiempo de reclamar lo tapó con las cobijas y le pasó a su ratón de peluche el "Señor bigotis"

-Pero Rach, que hay de los deberes-

-Yo me encargaré de eso, tu necesitas dormir, mañana tienes escuela-

-Tu también-murmuró el niño haciendo un esfuerzo sobre humano por mantener los ojos abiertos, Rachel sabía que estaba por quedarse dormido y no era para menos, había sido un día largo incluso para ella.

-Descansa Alex-

-Te quiero Rach-

-También te quiero-apenas hubo terminado la frase el niño estaba profundamente dormido, Rachel salió del cuarto en silencio y comenzó a lavar los platos, tenía una noche larga por delante pero no le importaba, haría lo que fuera necesario para asegurarse de que Alex no tuviera que crecer tan rápido como lo había hecho ella.

Se que el siguiente capítulo iba a estar hasta el 25 pero ayer me dormí de madrugada terminándola gracias a un arranque de inspiración, el próximo quizá sea un poco más largo pero no garantizo nada, gracias por seguir la historia y cualquier comentario es bienvenido, nos leemos hasta la próxima

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