Hola, de nuevo por aquí. Digamos que me desperté con algo de inspiración. Sé que no es gran cosa, porque es basicamente un capitulo de transición. Pero espero que de igual manera lo disfruteis.

Agradecer el comentario de Sisa Lupin, en mi O. S.,¡mi primer review! y a LordNoks, si soy sincera no lo esperaba.

Gracias también a los que me habéis puesto en favoritos y en follow.

Este capitulo va dedicado a todos vosotros.

P.D.:Aún estoy intentando hacerme a estos formatos, y a publicar. Trataré de mejorar.

Disclaimer: Nada relacionado con el mundo de Harry Potter me pertenece, todo es propiedad de JK Rowling y Warner Bross. Yo solo uso sus personajes para darle salida a mi imaginación, y solo con fines lúdicos.

Capitulo 2.

Con su mirada fija en algún punto de la pared blanca de la habitación, trató de relajarse. Su cuñada la había recibido con la cortesía fría de quien tiene que alojar en su hogar a un desconocido. Y no podía culparla. Después de todo se habían visto tan solo cuatro veces contadas desde que ella y su hermano formalizaron su relación.

Estaba realmente sorprendida. Ella había esperado gritos y discusiones, cuando John le explicó a su mujer lo que por tantos años le había ocultado. Una verdad que no había desvelado incluso cuando su propia hija había resultado ser una bruja.

Helena parecía una mujer que no se dejaba llevar por la ira, al menos no de la que la expresan de forma física.

Y después estaba su sobrina.

Hermione.

Un suspiro salió de sus labios al ver la imagen de esa chica en su mente.

Era un miembro digno de su familia. Con su gran inteligencia, y una capacidad de deducción que podría rivalizar con la de su propio abuelo. Eso hizo que una sonrisa asomara a sus labios. Una sonrisa que fue desapareciendo poco a poco, en el momento en el que se dio cuenta del peligro que corría. John la había mantenido en la mayor de las ignorancias. La joven no sabía nada sobre su propio origen. No tenía los conocimientos que son transmitidos dentro de la familia, esos pequeños y sucios secretos que te hacen saber hacia el lado que tendrás que acabar trabajando.

Desvió su mirada de la pared, y observó el resto de la habitación. La habían alojado en la que suponía era el cuarto para invitados. Todo en aquel sitio era frío e impersonal. No era que esperara la calidez que parecía transmitir el resto de la casa. Todo parecía estar reinado por el color blanco. Las paredes, las sabanas de la cama, e incluso los muebles.

El llamado a la puerta la sacó de su escrutinio.

John abrió la puerta. Parecía no haber pasado una buena noche. Sus ojos estaban decoradas con unas nada disimuladas ojeras, y su semblante parecía mantener un rictus de incomodidad.

-Venía a avisarte-ella le miró a los ojos- Helena y yo tenemos que ir a la clínica-lo siguiente que dijo pareció costarle un gran esfuerzo. Mantenía sus labios apretados formando una fina línea-Hermione se quedará en la casa contigo. Cualquier cosa que necesites, se lo comunicas a ella.

Cassie asintió. Hacía dos días habían tenido una discusión. Una bastante gorda. Una en la que se echaron en cara muchas cosas. Era esa clase de dscusión que solo puedes mantener con un ser querido, uno que te ha decepcionado, pero que aún conserva un lugar muy especial en tu corazón.

La muerte de su padre la había hecho tener que buscarle. Muy dentro de sí ella esperaba que su hermano se tomara en serio sus advertencias. No quería perder ningún miembro más de su familia. Y en este caso no solo estaba en juego la vida de John, también estaba la de la pequeña Hermione.

-Al menos llevas tu varita-no fue un comentario mal intencionado-de verdad, me quedaría más tranquila si supiera que al menos podrás hacer uso de la magia para defenderos a ti y a Helena en caso de que haya un ataque.

John se frotó los ojos con las palmas de sus manos. Parecía estar en una encrucijada. Y en cierta medida ella entendía. Había pasado mucho tiempo desde que el portó por última vez una varita. Pero lo que dijo a continuación la dejo totalmente alarmada.

-No poseo varita alguna Cassie-el desvió su mirada-dejé todo este mundo en el mismo momento en el que decidí que quería formar una familia con Helena.

-Pero no puedes ir sin una varita-ella comenzó a desesperarse-¿qué harás si de repente aparecen mortífagos y tratan de atacaros?

-Eso no va a pasar-el negó vehemente con la cabeza-ellos no saben de mi identidad.

Ella enarcó una de sus cejas. ¿en serio su hermano era tan, pero tan iluso?

-Eres padre de una bruja con cualidades excepcionales, una bruja que sobresale-tomó aire para darse paciencia-es la mejor amiga de Harry Potter, eso os convierte en objetivos. No seas estúpido-casi escupió-entiendo que no quieras contarle a tu querida esposa algunos de tus sucios y pequeños secretos, pero al menos ten la cabeza de llevar algo con lo que poder proteger a la señora de hielo.

-Cassie…-su tono de voz sonó amenazante, y su mandíbula se tensó-no te atrevas-dijo entre dientes.

Cassie se levantó y rebuscó entre sus pertenecías, sin prestar un mínimo de caso a la postura amenazante de su hermano.

Allí entre los papeles. Intacta y dormida tras la muerte de su dueño. La varita de su padre.

Se giró con ella entre sus manos y una determinación naciendo de los más profundo de su corazón. Con pasos apresurados se acercó a John y se la tendió.

-Es tuya-lo dijo entre susurros-el lo habría querido así, y yo no puedo permitir que andes desprotegido.

John miró con un nudo naciendo en la boca de su estómago aquella pieza de madera. A pesar de querer negarse, no podía. Aunque jamás lo admitiera en voz alta, su hermana tenía razón.

Había llegado el día, ese que siempre temió que llegara.

El día en el que debería volver a su mundo.

La empuñó como tantas otras veces había empuñado la que había sido su compañera anterior, y lo notó. La magia de la varita, reconociendo a la suya. Miles de pequeñas descargas crepitando en su interior. Su núcleo mágico despertando de nuevo.

Se dio media vuelta, sin siquiera despedirse. Guardó la varita en el bolsillo interno de su chaqueta y se dirigió a la puerta de salida, donde su mujer le esperaba impaciente.


-¿Cuánto has escuchado?-la voz de su tía hizo que la joven diera un respingo-no te asustes. Puedo detectar tu esencia mágica a kilómetros de distancia-Cassie la sonrió con burla-tu padre está algo oxidado con estas cosas. Son más de veinte años sin contacto directo con la magia.

-Hola- viéndose descubierta solo pudo saludar.

-Hola pequeña-el escrutinio al que le estaba sometiendo su tía la hizo sentirse algo incómoda- y dime- comentó desviando su vista de Hermione, para sentarse en el filo de su cama-¿qué te hace venir hasta mi habitación?

-¿A qué te referías con sucios y pequeños secretos?-Cassie sabía que la curiosidad podía ser mortal en algunos casos. La miró de nuevo, esta vez a los ojos, intentando determinar hasta que punto esta chica podría ser fuerte.

-¿Hasta dónde estarías dispuesta a llegar por tener esa información?

La pregunta de su tía la dejó algo vulnerable, y pudo distinguirse en sus rasgos, que pasaron de una fiera determinación a la más absoluta de las dudas.

-Verás querida. Hay cosas que no me corresponden contarte-inclinó su cabeza-no porque sea algo prohibido de contar a los miembros de la familia. Si no porque tu padre que es tu custodio hasta que cumplas la mayoría de edad es quien puede decidir si contarte o no su propia historia-le dio lo que intentó ser una sonrisa tranquilizadora-su historia no es algo que me toque a mí contarte.

-Os escuché-las mejillas de la muchacha empezaron a colorearse de un tenue rosa por la vergüenza de su confesión-aquel día gritasteis cosas que…

-Te hicieron tener curiosidad-Cassie asintió entendiendo-no puedo decir que no me lo esperaba-arrugó su nariz, algo que la sucedía siempre que se encontraba en una encrucijada-no puedo contarte sobre tu padre, pero si puedo hacerlo en términos generales, y sobre la historia más reciente, aquella en la que él no se ha visto envuelto.

Los ojos de Hermione se iluminaron ante la posibilidad de adquirir esos conocimientos.

Desde la aparición de su tía, había tenido muchas preguntas, dudas, y sobre todo algo de resentimiento hacia su padre. ¿Por qué le había ocultado aquello? Y ahora, a pesar de que su padre la había estado esquivando durante una semana, había logrado quedarse a solas con la única que podría darle algunas respuestas. Si bien le había dejado claro que no podía contestar en nombre de su padre y sus vivencias, le estaba dando la oportunidad de conocer algo más allá de eso.

-¿Sabes lo que son las alianzas mágicas?-Hermione Granger negó suavemente con su cabeza-la historia de nuestra familia, sobre todo la reciente, está marcada por ellas-hizo una pausa y se aclaró la garganta algo incómoda-una alianza mágica es aquella en la que uno de sus miembros o todos ellos, se juran lealtad. Verás, podría darse el caso de una alianza entre dos miembros de la comunidad mágica en el que sólo uno de los miembros sea el que jure lealtad al otro. Hay otras en las que la lealtad será recíproca. Hay alianzas que pueden formarse de un individuo a un grupo, o de un grupo a un individuo…-se mordió el labio con nerviosismo- hay alianzas en las que un miembro de la familia, principalmente el cabeza de esa familia que puede jurar lealtad en nombre de toda una familia, sin necesidad de que los otros miembros estuvieran de acuerdo o no. Y si esa alianza, queda sellada. Todos los miembros de esa familia están obligados a guardar lealtades a la contraparte.

-¿Eso ha pasado en nuestra familia?-el asentimiento de su tía a las pregunta que acababa de formular, hizo que sintiera como si algo muy pesado se hubiera asentado en su estómago-¿qué tan malo es?-el miedo en su voz la enfureció. Ella no era débil. Pero solo pensar que la persona a la que su familia estuviera ligada pudiera ser el-que-no-debe-ser-nombrado, le daba pánico.

-Depende de cómo lo mires-la tensión en los hombros de Cassie la hicieron saber que la respuesta no iba a ser agradable-estamos en una guerra, y de ambos lados hay magos sin escrúpulos.

-Pero el profesor Dumbledore…

-Él es uno de esos hombres sin escrúpulos-la interrumpió-sería capaz de sacrificar a cualquiera con tal de conseguir lo que desea. No sentirá pena, ni vergüenza por sus acciones, porque estas tienen un fin. Y mientras consiga llegar a ese fin, todo vale.

-¿Cómo puedes estar tan segura?

-Porque mi querida niña, estamos condenados a seguir los designios de ese hombre-su voz se volvió puro hielo-la muerte de mi padre, solo fue otro daño colateral, calculado por el grandísimo Albus Dumbledore.