Segundo capítulo arriba, espero que les guste, perdonen las faltas de ortografía, los personajes de CDM no me pertenecen.
— Entonces ¿no piensas dejarla?— Una voz femenina resonó por toda la habitación. — ¿Tú sabes cuánto dinero tiene? No puedo dejar escapar tanta pasta.— Contestó un hombre enfadado.
— No me gusta ser la otra Evan.— La chica, una rubia de ojos azules y pechos exuberantes se acercó al borde de la cama y se sentó.
— Te prometo que en cuanto le saque el dinero suficiente, la dejo Chloe.— Evan, pasó una mano por su cabello negro y una sonrisa juguetona adornó su rostro antes de agarrar la mano de la rubia y tirar de ella.
Evan, el hombre perfecto por el que todas las mujeres se mueren y actual capitán del equipo de fútbol, tiene una vida acomodada, una novia hermosa que es la capitana del equipo de animadoras, sí, la pareja perfecta, sólo que él sólo está enamorado de su dinero, no puede negar que al principio sí que llamó su atención pero cuando se enteró de la cantidad de dinero que su familia maneja, su único interés fue éste. Luego llegó una hermosa rubia de América y él no tardó en ir a por ella, él no contaba con que su novia lo descubriría todo y le dejaría en ridículo delante de toda la universidad.
— Señorita Cheryse.— La voz de una señora resonó al otro lado de la puerta, al escuchar un "adelante" no tardó en abrir la puerta. — Su baño ya está listo.— Leah, una mujer que rondaba los cuarenta años, de cabellera castaña y orbes grises, se encargó de cuidar a Cheryse desde que Nana, la abuela de la joven, se lo encomendó, la había visto crecer, la quería como si de su propia hija se tratase.
— Oh.— Cherry giró su rostro al escuchar la voz de Leah, asintió con la cabeza y se puso de pie para comenzar a caminar lentamente hasta el baño. Cherry se miró en el espejo, hermosa, perfecta, bendecida por los dioses, esas palabras describen a la perfección a la joven, delgada pero curvilínea, de figura estilizada y con buenos atributos, todos en los lugares correctos, bien proporcionada.
De piel rosada moteada con pecas, ojos grandes, almendrados y de un color blanco como la nieve, labios carnosos y una nariz respingona cubierta de pecas al igual que todo su cuerpo. Su cabello es de un lindo color rojo cereza, como su nombre, y de distintas tonalidades comenzando con un rojo borgoña para ir degradando hacia otros tonos de rojo intenso hasta acabar en un rojo apagado y ceniza.
Al cabo de una hora salió del baño totalmente arreglada, con el cabello suelto, un vestido blanco que le quedaba cuatro dedos por encima de la rodilla, un bonito broche en forma de cereza se encontraba cerca de su pecho izquierdo y unos zapatos de tacón negros.
— Lo hago por ti.— Se miró una última vez en el espejo, recordando a su hermano y una pequeña sonrisa se hizo presente antes de que su cara tomase un semblante serio, se acercó a la mesita de noche y cogió un pequeño paquete que estaba envuelto en papel de regalo antes de salir de su cuarto hacia la cocina para comer algo.
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Un nuevo día en la Universidad Amoris, los alumnos entraban por la puerta del campus hasta que un coche negro con las ventanillas polarizadas paró justo en frente y de él se bajó Cherry, desprendiendo un aura radiante al caminar entre la multitud que se había quedado en la entrada al verla.
— Agh.— Una mueca de desagrado adornó su rostro mientras se abría paso, vio a lo lejos una cabellera roja que conocía a la perfección y se apresuró para alcanzarla.
— ¿Sabéis que Armin le estuvo poniendo los cuernos a Orión?— Laeti comentó aquello en voz alta al ver que la pelirroja pasaba justo a su lado.
— No me extraña, con lo fea que es, Armin se merece a alguien mejor.— Contestó Li riéndose.
— Los cuernos que tiene se pueden ver desde China.— Dijo Charlotte con una sonrisa.
— Ori— Cheryse estaba a punto de alcanzarla, pero la pelirroja salió corriendo, los orbes blancos de Cherry miraron al trío que estaba ahí antes de ir detrás de su amiga.
— ¡Que estúpida!— Orión se miraba en el espejo mientras se imaginaba a todas las personas de la universidad riéndose de ella, las lágrimas no paraban de caer por sus mejillas, escuchó como abrían la puerta y por inercia corrió hasta un cubículo y se encerró en él.
— Ori, soy yo.— La voz de Cherry sonó tranquila, suave, si alguien ajeno a ella llegase a escucharla así, diría que está fingiendo.
— Cheryl…— La pelirroja salió del cubículo y no tardó en refugiarse en el pecho de su amiga.
— ¿Ha sido Armin? Te juro que le voy a matar.— La abrazó con cariño mientras por su mente pasaban miles de formas de como matar al moreno.
— Soy tan estúpida…— Susurró la ojiverde mientras se separaba y se limpiaba las lágrimas.
— No cielo, sólo eras una tonta enamorada, no es tu culpa, es suya por no saber valorarte como mujer.— Respondió Cheryl con el ceño fruncido.
— Me haces sentir mejor.— Una pequeña risa escapó de sus labios.
— Eso es bueno, tengo algo para ti.— Sacó de su bolso el paquete envuelto en papel de regalo y se lo dió para acto seguido dirigirse hacia la puerta. — Nos vemos en el comedor para almorzar juntas, tengo que ir a clases.—
¡Te he dicho miles de veces que no me debes regalar nada!— Gritó Orión justo cuando su amiga salía del baño, guardó el paquete en la bandolera y se limpió la cara para dirigirse a clases con la cabeza alta, no dejaría que nadie más le hiciera daño.
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Las clases pasaron lentas para Cheryse, al llegar a su puesto en clase se encontró con un sobre en el que habían varias fotos de su novio con una rubia entrando en la habitación de un hotel, besándola y acariciando todo su cuerpo, cuando sonó la campana tanto Ámber como sus amigas se acercaron a ella.
— Cherry.— Habló la rubia intentando llamar la atención.
— Cheryse.— Corrigió la pelirroja.
— ¿Qué?— Preguntó confundida Ámber.
— Que me llames Cheryse, no eres nadie para llamarme por mis apodos.— Acabando de coger sus cosas, las guardó en su bolso y se dirigió a la puerta.
— Cheryse, Chloe dice que debemos ir a entrenar.— Dijo en voz alta la oji ámbar.
— Chloe no es nadie para mandarme.— Con una sonrisa ladina abandonó la clase y se dirigió hacia el comedor.
— ¡Aquí!— Orión alzó la mano y la agitó en el aire al ver como Cheryse la buscaba con la mirada.
— Escandalosa.— Susurró mientras se sentaba a su lado.
— Si si, pero me quieres.— Bromeó sacando la lengua.
— No pienso responder a eso, por cierto ¿te ha gustado? — Preguntó apoyando los codos en la mesa.
— Oh, es verdad.— Orión sacó el paquete del bolso y le quitó el papel de regalo, una caja negra en la que resaltaba la palabra "Edenly" y al abrirla se encontró con una pulsera de dos oros y diamantes que hacían referencia a una constelación.
— ¿Te gusta?— Preguntó de nuevo.
— ¿Estás loca? No pienso aceptar esto.— Respondió cerrando de nuevo la caja.
— Siempre pienso en ti, en tu nombre, Orión, una de las constelaciones más destacadas del firmamento y cuyas estrellas son muy brillantes.— Dijo cerrando los ojos. — Y se me vino a la mente que una pulsera así haría juego contigo.—
— De verdad, no pienso aceptar esto.— Susurró frunciendo el ceño.
— No seas niña y— Fue interrumpida porque alguien le puso una mano sobre el hombro.
— Había entrenamiento.— La voz de Chloe resonó por todo el comedor, todos los presentes se quedaron callados fijándose en la rubia y en Cherry.
— Oh, Cheryl siento si he interrumpido tu entrenamiento con las animadoras.— Comentó Orión mientras un sentimiento de culpabilidad la invadía.
— Pues sí lo has interrumpido cornuda, así que si nos disculpas.— Chloe iba a coger la mano de Cheryse pero recibió un manotazo por su parte.
— Yo no había organizado ningún entrenamiento, y no eres nadie para hablarle así a MI amiga.— Respondió la pelirroja mientras se ponía de pie y se acercaba a Orión.
— Lo organicé yo y— Se sintió intimidada al recibir aquella mirada helada por parte de Cheryl.
— Repito, tú no eres nadie para organizar nada, vamos perfectamente con los ensayos, si necesitas llenarte con algo consiguete a un hombre y que te ayude con eso.— Dicho aquello, Cherry cogió la caja negra que le había regalado a Orión y se lo metió en el bolso. — Tengo cosas que hacer ¿vale? Nos veremos mañana.—
— Hasta mañana Cherry.— Orión sonrió al ver como su amiga se iba, Cheryse era alguien que se hacía respetar, que no se cortaba ni un pelo y siempre era arisca con todo el mundo, con todos menos con ella.
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— ¿Te puedes creer lo que me dijo?— Chloe estaba haciendo un puchero mientras Evan la abrazaba en mitad de la calle.
— Me lo puedo creer, sé como es.— Respondió el moreno.
— No sé cómo la soportas.— Susurró la rubia.
— Mi amor por el dinero es lo que me ayuda a soportarla.— Dijo riendo, no era consciente de que cerca de él se encontraba Cheryl, escuchándolo todo.
Ella sabía a dónde se dirigían, siempre al salir de clases iban al mismo hotel, a la misma habitación para hacer sus cosas y hablar de ella, esta vez no se iban a ir de rositas, ella había llegado antes, había pagado una cantidad de dinero bastante alta para dejarla instalar varias cámaras en esa habitación, sí, el dinero te abría muchísimas puertas.
— Estoy deseando mandarla a tomar por culo.— Susurró quitándose la ropa.
— Estoy deseando que seas solo mío.— Respondió la rubia quitándole los pantalones.
En ese momento, desde la entrada del hotel, Cheryse apretó el botón del mando que tenía en la mano y de un momento a otro aquella escena se estaba reproduciendo en todos los televisores y ordenadores.
— Disfruta de tu minuto de fama cariño.— Dijo Cherry antes de irse de aquel lugar.
Sí, había humillado a su novio, bueno, ex novio, también había humillado a la rubia que se creía mejor que ella, pero por alguna razón su pecho le dolía, la imagen de su hermano se hizo presente de nuevo y ella lo único que hizo fue empezar a correr, era de noche, no sabía dónde estaba, lo único de lo que era consciente era que él ya no estaba con ella, al cabo de un rato se sintió tan cansada que sus piernas le fallaron y acabó cayendo de rodillas.
— Todo se desmorona…— Susurró mientras veía cómo su mundo perfecto caía delante de sus narices.
— ¿Cherry?— La voz de Orión sonó en la calle, estaba vacía, no había nadie a parte de las dos chicas.
La pelirroja se acercó a su amiga al ver que esta no reaccionaba, le tocó el hombro y se preocupó al ver pequeñas lágrimas en sus ojos.
— Vamos Cherry, te llevaré a casa.— Se inclinó para ayudarla a levantarse.
— No…no quiero ir a casa.— Susurró mientras se ponía de pie.
— Bueno pues entonces te quedaras a dormir en la mía.— Dijo con una sonrisa.
— Nunca he visitado tu casa.— Respondió mientras reía.
— Siempre hay una primera vez para todo.— Comentó Orión con una sonrisa, ambas caminaron varias calles hasta llegar a la verja que separaba una enorme casa de dos plantas pintada de blanco de la calle.
— ¿Vives aquí?— Preguntó sorprendida, la casa de Orión era casi igual de grande que la suya.
— Claro que vivo aquí, tonta.— Dijo riendo, abrieron la verja y se adentraron por el jardín delantero hasta quedar frente a la puerta, Orión tocó el timbre y al cabo de unos segundos se abrió mostrando a un Aion sin camiseta.
— ¿Cheryl?— Preguntó el pelirrojo sorprendido.
— Se quedará a dormir hoy.— Orión pasó al lado de su hermano y antes de subir por las escaleras se dio la vuelta al ver que su amiga no entraba. — ¿Cherry?—
— Javris…— Ese nombre salió de sus labios mientras observaba al hermano gemelo de su mejor amiga.
— Si te quedas fuera cogerás un resfriado.— Aion agarró su mano y tiró de ella, cerrando la puerta.
Sí, aquel pelirrojo le recordaba muchísimo a su hermano, pasar la noche en casa de Orión le haría bien esa noche.
Orión y Cheryl best friends 4ever yes, espero que les haya gustado y en el próximo capítulo aparecerá otra de las elegidas, buenas noches!
Miaw te amo❤️
