Finale.
París, Francia. Un año y medio después.
Taro Misaki contemplaba el Sena desde el puente de Alejandro III, sin pensar en algo en específico. Su corazón aún resentía el frío pero comenzaba a dejar atrás el dolor. Dieciocho meses no eran suficientes para dejar el pasado atrás, pero sí lo bastante como para eliminar el rencor, lo cual era algo bueno porque justo a pocos metros de él se encontraba la figura de una joven de cabello castaño oscuro y ojos verdes, quien tomaba fotografías completamente absorta en su trabajo.
- Debe ser una broma de mal gusto.- suspiró Taro, mirando a la chica y sintiendo que los últimos meses transcurridos desaparecían en un instante.- Es el destino quien nuevamente me ha puesto en tu camino, ¿no es así? Al menos ya no estamos en la torre Eiffel.
Después de aquella ocasión, más de un año atrás, en donde Taro encontró a su padre besándose con su novia, el joven caminó durante mucho tiempo, sin detenerse, dejando que sus pasos lo llevaran por todo París. No respondió a las miles de llamadas que Ichiro le hizo a su teléfono, tirando el aparato en el primer bote de basura que se encontró cuando se hartó de las llamadas. No estaba completamente seguro de qué había sucedido y no quería entenderlo…
- ¿Por qué, papá, por qué?.- Taro se dejó caer en una banca en el Campo Marte, con la torre Eiffel imponiéndose ante él.- ¿Por qué lo hiciste?
Las horas pasaron sin dejarse sentir, el sol se ocultó en el poniente y la luz dio paso a la oscuridad. Era casi la medianoche cuando Taro regresó a su departamento, en donde encontró a Bisbrian en las escaleras.
- ¡Taro!.- gritó ella, al verlo.- ¡Déjame explicarte, por favor!
Misaki la empujó cuando ella se acercó, cerrando la puerta del apartamento detrás de sí. Bisbrian pasó toda la noche aporreando la puerta, sollozando y suplicando por una oportunidad pero Taro se limitó a contemplar el techo, metido bajo las sábanas, completamente vestido. Debió de haberse quedado dormido en algún momento porque cuando se dio cuenta ya había amanecido y Bisbrian había dejado de golpear la puerta. No había alguien esperándolo cuando Taro salió del departamento y se sorprendió al notar que no le interesaba saber lo que había sucedido. Media hora después, el joven se encontraba frente al hogar de su padre, dudando en si debía tocar la puerta o no, pero entonces ésta se abrió de improviso y por ella salió Ichiro, quien abrazó con fuerza a su hijo.
- Lo lamento tanto, Taro, de verdad lo lamento.- musitó el hombre, entre lágrimas.- Yo no quería que las cosas llegaran hasta este punto.
- Tenemos qué hablar, papá.- respondió Taro, conteniendo su propio llanto.
No fue una conversación agradable para ninguno de los dos. Taro no estaba listo para saber la verdad, qué carajos había ocurrido y cuándo, cómo fue que su padre terminó enamorándose de su novia. Ichiro no estaba preparado para admitir que había desarrollado sentimientos por Bisbrian, ni siquiera estaba seguro de cuándo había sucedido, pero así había sido y ahora no encontraba cómo corregir el daño que le había hecho a su hijo. Intentó explicarle que le había pedido a Bisbrian que se alejara e ignorara lo que estaba ocurriendo entre los dos, porque Ichiro estaba seguro de que ella no sentía atracción por él y que su problema era que extrañaba una figura paterna, pero Bisbrian había insistido en que la conexión entre ellos era real y fue a buscarlo para comprobarlo.
- Antes de que tú llegaras, ella me insistió para que no dejáramos nuestros sentimientos de lado.- confesó Ichiro.- No creo que Bisbrian pensara en lastimarte, sólo quería asegurarse de que las cosas habían llegado hasta este punto para después hablar contigo. Me dio la impresión de que lo que deseaba hacer era estar segura de lo que sentía para decírtelo después y no lastimarte.
- ¿Quieres decir que planeaba contarme que no podía estar conmigo porque se enamoró de mi padre?.- cuestionó Taro, con cierto sarcasmo.- Vaya, que eso hubiese sido mejor que verlos besándose.
- Déjame continuar.- pidió el hombre, acongojado.- Ella estaba tan confundida como yo, sólo queríamos saber qué pasaba entre nosotros, los dos te amamos y ninguno deseaba hacerte daño.
Taro enterró la cara entre las manos; estaba sentado en uno de los sillones viejos de su padre, delante de una chimenea que estaba llena de madera astillada y hollín. Allí había pasado muchos momentos felices al lado del único familiar que nunca le había fallado en la vida, quién diría que en algún momento eso dejaría de ser verdad.
- Yo no deseaba hacerle daño a Azumi y aun así se lo hice.- replicó Taro, en voz baja.- A veces, aunque no lo deseemos y nos esforcemos por no hacerlo, de cualquier modo acabamos hiriendo a los que queremos.
- Perdóname, hijo.- musitó Ichiro, entre gruesos lagrimones de hombre maduro.- Juro que intenté pedirle a Bisbrian que se alejara de mí porque no era lo correcto. Intenté que ella se enfocara en ti y que dejara de visitarme cuando no estuvieras tú presente, para así poder enterrar el sentimiento que tenía por ella. Quise hacerlo por ti pero no pude convencerla.
- Es decir, que planeabas sacrificarte por mí, así como alguna vez te sacrificaste al decir que me cuidarías para que mi madre pudiera rehacer su vida.- soltó Taro, casi sin pensarlo.
Se hizo un espeso silencio que Ichiro no se atrevió a romper. ¿Acaso Bisbrian se había atrevido a decirle la verdad a Taro, a pesar de que Ichiro le pidió que no lo hiciera?
- ¿Cómo es que sabes que…?.- comenzó a decir el señor Misaki pero no pudo terminar, un nudo en la garganta se lo impidió.
- Mi madre fue quien me lo dijo.- respondió Taro, mirando a su padre a la cara.- Ella fue quien me reveló que tú te ofreciste a cuidarme para que ella pudiera rehacer su vida; tuvo que hacerlo, necesitaba expiar esa culpa suya y no iba a conseguirlo si no me decía la verdad. Te sacrificaste por mamá en su momento y ahora pensabas hacerlo por mí. ¿No es así, papá?
- Nunca he sabido cuidar de mi familia.- Ichiro agachó la cabeza.- No supe cuidar de tu madre cuando nos casamos, no supe darte un hogar y ahora no supe ser un buen padre y mantenerme alejado de tu novia. Lo siento, Taro, te merecías algo mejor y comprenderé si ahora comienzas a odiarme…
- No digas eso, papá.- replicó Taro, enérgico.- Nunca has sido un mal padre y por supuesto que supiste cuidarme. Me diste amor, me diste seguridad y apoyo, me criaste y alimentaste lo mejor que pudiste, a diferencia de mi madre quien no se preocupó por mí hasta que ya habían pasado muchos años. Nunca te podré odiar porque siempre has sido mi única familia y siempre lo serás.
- Perdóname, Taro.- gimoteó Ichiro, llorando de nuevo.
El muchacho se puso en pie y se acercó a su padre para abrazarlo; éste correspondió al gesto y ambos se quedaron así durante mucho tiempo. Pasaría tiempo antes de que las cosas volvieran a estar bien pero a la larga así sería, porque Taro amaba a su padre más que a cualquier otra persona en el mundo y una "traición" como la ocurrida no sería suficiente para borrar los cuidados y el amor que Ichiro le dio a lo largo de toda su vida.
Era de noche, otra vez, cuando Taro regresó a su departamento y encontró una carta que Bisbrian había pasado por debajo de la puerta. Él pensó, con cierta ironía, que era la segunda vez que recibía una misiva escrita por una chica que llegó a ser importante en su vida. Consideró la idea de desecharla, tirarla a la basura, romperla en cientos de pedazos o quemarla, pero al final la curiosidad le pudo más y abrió el sobre.
Mon cher Taro (Mi querido Taro):
Hay tantas cosas que me gustaría decirte, tantas disculpas que quisiera darte, tantos pensamientos que quiero compartirte pero sé que en estos momentos cualquier cosa que te diga sólo serán palabras huecas para ti así que voy a limitarme a decirte lo importante.
No culpes a tu padre por lo que ha sucedido, por favor, todo ha sido culpa mía. Él me insistió en que abandonara mis ideas tontas, que lo mejor que podíamos hacer era dejar de vernos para no hacerte daño y yo no quise hacerle caso. Quizás, porque estoy cansada de que los hombres que amo me hagan a un lado como si no valiera nada. Quizás, porque quería convencerme de que no me había enamorado de él. Perdóname, Taro, por favor, porque no sé en qué momento dejé de verte como hombre para comenzar a quererte como un hermano, como un amigo muy especial, como un hijo al que debía proteger. Perdóname, porque debí haberme dado cuenta antes de lo que comenzaba a sentir por Ichiro y ponerle un alto a lo que fuera que estuviese ocurriendo conmigo, porque tú eres maravilloso y no mereces que jueguen así contigo. Perdóname, porque también he lastimado a tu padre sin pretenderlo, porque él cree que lo quiero por el hecho de que sustituyo la imagen de mi padre con la suya y no fui capaz de demostrarle que no es así.
No sé en qué momento empecé a tener sentimientos románticos por él, pero sí sé por qué los tengo. Es difícil de explicar, pero Ichiro es un alma libre y artística, como la mía. Puedo entender por qué ha pasado tantos años viajando por Japón y por el mundo simplemente para pintar un paisaje que le gusta, a pesar de que eso le ha acarreado el tener una vida inestable. Puedo entenderlo porque es algo que quisiera hacer yo, recorrer Francia y Chile de arriba abajo para tomar fotografías, por el puro gusto de hacerlo, sin importarme si eso me dará lo suficiente para comer. Yo quisiera ser tan arriesgada como él, dejarlo todo atrás por perseguir mi sueño y eso es algo que siempre admiré de tu padre. Además, nadie como él ha sabido comprender mi dolor por la partida de mi propio papá, Ichiro ha sido el único que supo entender y explicar la situación con mi familia porque él vivió algo similar pero desde otro punto de vista. Corrijo, también tú me comprendiste en ese aspecto, no lo niego y te lo agradezco mucho en verdad, pero Ichiro supo darle cierre a un dolor que llevaba cargando dentro de mí desde hace muchísimos años.
Pero no voy a seguir hablando de mis estúpidos sentimientos, que no importan ante los tuyos, a los que he hecho añicos. Sólo quiero decirte, por último, que he decidido volver a Chile. Tanta inseguridad y capricho mío sólo causaron problemas en París así que debo regresar para encontrarme a mí misma; no me di cuenta de que no sería aquí en donde encontraría respuestas a mis preguntas, sino que es en donde todo se torció en donde debo averiguar el por qué mi familia está rota. No voy a decirte adiós porque no sé si algún día volveré a Francia y, si lo hago, quisiera que no me odiaras al punto de no poder decirme 'hola'. Despídeme de Ichiro, por favor, y dile de mi parte que de verdad lo lamento mucho…
Aunque no lo creas, mi querido Taro, siempre te voy a llevar en mi corazón, aunque no de la manera en cómo una mujer atesoraría el recuerdo de un hombre, sino como el de una hermana que siempre va a querer a su hermano…
Au revoir…
Bisbrian.
Taro le mostró la carta a su padre varios días después, cuando estuvo seguro de que Bisbrian ya había dejado París. Ichiro no hizo ningún comentario, ni siquiera cuando Taro le dijo que ella parecía estar sinceramente enamorada de él. Ichiro le devolvió la carta, Taro la rompió y ninguno volvió a tocar el tema de Bisbrian Lafayette después de eso. Con el paso de los días, la relación de Ichiro y Taro volvió a ser la de antes, aunque éste sentía que sobre su padre se había instalado una sombra que él no conseguía romper con nada.
Y ahora, Bisbrian estaba ahí de nuevo, apareciendo delante de Taro como si nada hubiera sucedido. Él dudó durante unos momentos sobre qué debía hacer, consideró la opción de marcharse sin decir palabra pero la descartó casi de inmediato, su rencor había desaparecido y no había motivos para irse sin saludarla. Además, había otra razón importante por la cual Taro no podía pretender que no la había visto, una que tenía que ver con Ichiro.
- Bonjour, Bis.- dijo Misaki, con expresión neutra.
- ¡Ah!.- Bisbrian se sobresaltó.- ¡Taro, eres tú!
La chica saltó sobre él y lo abrazó con fuerza; Taro le correspondió, sintiendo que los resquicios de su dolor comenzaban a evaporarse.
- No sabes el gusto que me da verte.- confesó Bisbrian, con sinceridad.- He tenido unas terribles ganas de comunicarme contigo desde que llegué pero no me atreví a buscarte.
- ¿Cuándo regresaste a Francia?.- preguntó Misaki, con una sonrisa.
- Hace tres meses, más o menos.- contestó ella, con cierta timidez.- He seguido tu carrera en los periódicos, no sabes el gusto que me dio saber que ganaste la Ligue 1 con el París Saint-Germain, aunque me dio mucha pena que cayeran en las semifinales de la Champions League ante el Barcelona.
- Dimos lo mejor de nosotros en ambos casos.- respondió Taro, encogiéndose de hombros.- En una situación fue suficiente, en la otra no. Así es la vida, sólo tendremos que esforzarnos más en la temporada siguiente.
- Ya veo.- Bisbrian sonrió.- Aun así, me da mucho gusto ver que ya eres una pieza importante del equipo, Taro, estás en camino de lograr tu sueño.
- Gracias, Bis.- dijo él, suspirando.- ¿Y tú, qué estás haciendo aquí?
- Ah… .- ella perdió la sonrisa de inmediato.- ¿Ya es momento de tener esa plática, frente a frente?
- Sí, es el momento.- asintió Taro.- Ven, vamos a pasear un poco junto al Sena.
No había necesidad de darle más vueltas al asunto ni preguntar qué había sido de ella en ese último año, pero de cualquier forma Taro consideró que sería prudente ser cortés y le preguntó a Bisbrian por su vida. La chica confesó que había pasado el último año tratando de arreglar las cosas con su madre, a quien siempre consideró como la única culpable de que su padre las abandonara.
- Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que ella sólo tuvo parte de la culpa.- contó Bisbrian a Taro mientras caminaban por el puente.- La otra gran parte la tuvo mi padre y es que, en cuestiones de pareja, rara vez es uno de los dos quien se lleva toda la responsabilidad de lo que salió mal. Me costó trabajo pero al fin pude comprenderlo, así como también pude ver que mi madre hizo todo lo que estuvo a su alcance para tratar de hacerme feliz, a pesar de que yo nunca estuve entre sus planes de vida. Ella siempre intentó que el odio que sentía contra sí misma por haberse embarazado de alguien a quien no amaba no me afectara a mí, pero era imposible que lo consiguiera al cien por ciento. Sin embargo, sí es verdad que sí me ama, a pesar de que no fui planeada.
- Tuviste un año productivo en Chile.- comentó Taro.- Me da mucho gusto por ti.
- No sólo en Chile.- replicó Bisbrian.- También fui a buscar a mi padre a los Pirineos, a donde se fue a refugiar un tiempo cuando lo mandé al carajo la última vez que hablamos. Fui a pedirle perdón por haber sido tan rencorosa e inmadura y él se deshizo en llanto, ¿sabes? Me dijo que no tenía por qué pedirle perdón porque era él quien tenía que disculparse conmigo por no haber sabido hacer bien las cosas. A estas alturas, sin embargo, yo ya había aceptado que mantener una relación sin amor para darle estabilidad a un hijo no siempre es la mejor elección así que le respondí que no había algo qué perdonarle, al fin entendí que el hecho de que me hubiese dejado con mi madre fue porque me amaba lo suficiente como para querer darme un hogar estable en vez de llevarme por todas las pistas de esquí del planeta. Aún estamos lejos de ser unidos pero creo que hemos dado el primer paso.
- Entonces estás cerrando capítulos en tu vida, ¿no es así?.- le hizo ver Taro, con una sonrisa tranquila.
- Más o menos, sí.- Bisbrian agachó la cabeza.- El último capítulo pendiente está aquí en París y… pues me dije que tenía que volver aunque fuese para intentar hablar contigo una última vez… De verdad lo lamento mucho, Taro, nunca quise lastimarte, era demasiado infantil, caprichosa e inmadura como para darme cuenta de lo que estaba sucediendo, debí haberle puesto un alto a todo, a mis sentimientos por tu padre y a mi relación contigo en cuanto noté que algo no andaba bien…
- No es necesario que te disculpes conmigo, Bis.- Taro se detuvo a medio paso.- Alguna vez te dije que no soy una persona rencorosa y eso no ha cambiado. No te guardo rencor y entiendo que al final no soy yo quien está destinado a hacerte feliz. Ya no te amo, Bisbrian, he dejado ese sentimiento atrás, así que por ese sentido puedes estar tranquila con respecto a mí. Sin embargo, no es conmigo con quien tienes un capítulo pendiente y por tanto no es por mí por quien has venido a París. Los dos lo sabemos bien, Bis.
- ¡Ah!.- ella se ruborizó con intensidad.- Yo… No, Taro, no está bien. Eso quedó atrás y…
- Mi padre no volvió a ser el mismo desde aquélla ocasión.- la interrumpió Misaki, dirigiendo su mirada hacia el Sena.- Al principio pensé que se debía a la culpa que sentía por haberme "traicionado", aunque conforme fue pasando el tiempo me di cuenta de que no se trataba sólo de mí. Yo nunca podría odiar a mi padre ni mucho menos guardarle rencor, ya lo sabes, así que di todo de mí para que las cosas entre nosotros volvieran a ser como antes pero ni cuando eso sucedió él dejó de sentirse triste.
- ¿De verdad?.- los ojos verdes de Lafayette se oscurecieron de repente.- ¿Por qué?
- Porque le haces falta tú.- contestó Taro, sin miramientos.- Él te extraña, aunque nunca lo reconocerá abiertamente. Sé que sigue pensando en ti porque en sus últimos cuadros ha puesto cosas que hacen referencia a ti: algún paisaje chileno, alguna montaña nevada, un par de esquís abandonados, una chica de ojos verdes… Cree que no me doy por enterado pero yo también te amé alguna vez y puedo reconocer esas referencias, Bis, así que ahora debo preguntarte algo porque en base a tu respuesta dependerá mi siguiente paso: ¿Sigues enamorada de mi padre?
El labio inferior de la chica tembló mientras contemplaba a Taro con sus ojos verdes llenos de lágrimas. Misaki hijo no necesitó que ella contestara, esa expresión se lo había dicho todo…
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Ichiro le daba los últimos toques a un cuadro que había estado pintando en secreto, a escondidas de Taro. No quería que su hijo supiera que, a pesar de lo ocurrido, él seguía pensando en ella… La pintura representaba a una chica de cabello oscuro y ojos verdes, quien miraba pensativamente una enorme montaña nevada… Si Taro veía esa escena, se daría cuenta de inmediato de que la chica era idéntica a Bisbrian e Ichiro no deseaba que eso sucediera, porque hizo esa pintura para sí mismo, porque no quería que el tiempo le hiciera olvidar el rostro de ésa a quien aún amaba…
Ni siquiera sabía si Bisbrian seguía recordándolo. Quizás ella ya se había enamorado de otro hombre en su natal Chile, alguien que la hiciera feliz sin tantas complicaciones. Ichiro muy íntimamente se emocionó cuando leyó la carta que la chica le dejó a Taro antes de dejar París, sobre todo en las partes en donde confesaba el por qué se había enamorado del padre de su novio, pero Ichiro no creía que Bisbrian siguiera teniendo esos sentimientos por él. ¿Por qué habría de hacerlo? No era joven, nunca había sido atractivo ni tampoco tenía dinero, lo único que siempre había poseído era su pasión por la pintura, sus sueños y nada más, ninguna de esas cosas era suficiente para mantener a una muchacha interesada en su persona.
El hombre encerró la pintura en su estudio, al cual le echó llave, para ponerla a secar. Cuando estuviera lista, Ichiro la pondría en un sitio en donde sólo él pudiera contemplara cuando quisiera, sería el último secreto que habría de guardarle a Taro, un simple capricho de viejo que no tendría por qué importarle a alguien. Estaba limpiando sus pinceles cuando el timbre sonó. Sin preocuparse por su ropa manchada por creer que se trataba de Taro, Ichiro fue a abrir la puerta y encontró ahí a la última persona a la que esperaba ver en su vida.
- ¡Bisbrian!.- soltó el hombre, boquiabierto.- ¿Qué…?
- Bonjour, Ichiro.- sonrió Bisbrian, con mucha dulzura.
- ¿Estás buscando a Taro?.- fue lo único que él pudo articular. "¿Me habrá dado un infarto y me habré muerto?".
- No.- negó ella, en voz baja.- He venido a buscarte a ti.
Muchas cosas se dijeron con la mirada durante el breve silencio que los envolvió tras la declaración de Bisbrian; cada uno contempló los ojos del otro, dándose cuenta de que el tiempo transcurrido no fue suficiente para eliminar el amor que se tenían.
- Me has hecho tanta falta, Ichiro.- murmuró ella, antes de abrazarlo.
- Y tú a mí.- respondió él, en voz muy baja, enterrando su nariz en el cabello oscuro de la joven.
Desde la calle, Taro observaba la ventana del estudio de su padre, preguntándose si Bisbrian ya se habría reunido con él. Cuando ella no regresó después de lo que el muchacho consideró que era un tiempo prudente, éste dio por hecho que se debía a que Ichiro y Bisbrian ya estaba arreglando sus asuntos pendientes y sonrió.
- Mereces ser feliz, papá.- murmuró Taro.- Sinceramente espero que lo seas. Ahora estoy seguro de que Bisbrian es la adecuada para ti, siempre lo fue.
Tras soltar un suspiro, el joven echó a andar con paso rápido en dirección contraria al camino que llevaba al hogar de su padre, reconociendo que por fin podía dejar atrás su turbulento primer episodio con Bisbrian Lafayette. Ella seguiría siendo importante en su vida pero ya no de la misma forma; un nuevo capítulo se iniciaría para ambos, uno en donde Taro podría mirarla a ella y a Ichiro sin rencores y sin sentimientos extraños, un futuro en donde los tres encontrarían la forma de convivir y continuar siendo funcionales, cada uno a su manera.
Pero por el momento Taro debía seguir su camino solo. No sabía si algún día encontraría a su verdadero amor pero se conformaba con saber que había podido dejar atrás una etapa de su vida muy tormentosa, lo demás vendría después.
En el horizonte se vislumbraba un futuro brillante y eso era lo que importaba.
Fin.
Notas:
- Aquí termina la historia, en teoría. Éste es el final original que planeé aunque durante un par de días acaricié la idea de dejar el fic con el final de la primera parte, dejando el asunto en suspenso permanente. Ha sido Elieth Schneider quien me ha convencido de que es necesario darle un final adecuado a esta locura.
- Por fin comprendo el por qué Takahashi hace sufrir tanto a Misaki, el personaje se presta para este tipo de historias, jajaja.
