Hilos del destino

Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen sino a K. Mizuk Igarashi si fueran mios desde un principio hubiera dejado a Terry y a Candy juntos.

Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen sino a K. Mizuk Igarashi si fueran míos desde un principio hubiera dejado a Terry y a Candy juntos.

Hola aki les traigo el siguiente capítulo, hasta ahora actualizare cada 4 días, ya tiendo a leer cada capítulo uno y otra vez para corregir los errores ortográficos al igual siempre le estoy agregando algo mas o simplemente para saber que esta de mas

Capítulo 1.

4 años después: 12 de Enero de 1912

Candy corría a toda velocidad por las calles oscura de Nueva York, gracias a su disfraz nadie la reconocería, eso era lo que realmente deseaba, se había escapado de su casa para ir a ver una de las obras teatrales donde aparecía Eleonor Baker, podía ir cuando deseara si se lo pedía a su Tía Abuela pero nunca lograría pedirle un autógrafo estando con ella, así que decidió escaparse para ir a teatro y pedirle un autógrafo para sus primo Stear y Archie quien ahora se encontraba estudiando en Inglaterra. Sabía que se metería en una gran problema si alguien la reconocía y le decía a su Tía Abuela, pero ella era mucho más lista de lo que muchos creían y con la ayuda de Dorothy – su sirvienta personal - había logrado escaparse de la mansión.

Ahora corría para regresar antes de que alguien notara su ausencia, no tardó mucho en llegar a la parte trasera de la casa, se metió entre los arbusto hasta encontrar la entrada que secreta, tras escabullirse por el jardín llego rápidamente hasta llegar debajo de su balcón, tomo una soga que había oculta y la lanzo para luego escalar hasta su habitación, todo estaba a oscura por lo que se relajó cuando salto para aterrizar en su cuarto, enrollo la soga y la oculto dentro de unos de los jarrones, abrió la ventada tratando de no a ser el menor ruido posible

- Señorita Candice que bueno que ya llego – La aparición de Dorothy la hizo salta pero luego se relajo

- Disculpa tuve que esperar a que la señorita Baker saliera para pedirle su autógrafo –le dijo con una gran sonrisa antes de sacar las dos fotografía que la actriz había firmado para sus primos - Stear y Archie van a gritar cuando vean esto

- Si, si pero tardo casi 5 horas en volver, la señora Andley ya ha venido tres veces para verla – se quejó la chica mientras ayudaba a la chica a desvestirse, había tenido que fingir que era Candy cada vez que la señora entraba en la habitación

- Lo siento la próxima vez no me entretendré tanto – le dedico una sonrisa para que se tranquilizara

- No abra una próxima vez señorita – la reto – si la señora se da de cuenta de sus escapadas me correría y a usted la enviara a un convento de por vida – le recordó, aunque Candy solo se encogió en hombros

- Eso no pasara, soy una experta en escaparme de esta mansión – se colocó su pijama y guardo la dos fotografías en su maleta de viaje

- Es muy arriesgado si alguien la descubre caería en deshonra, su virtud estaría en peligro señorita – Dorothy trato de hacer entrar a la chica en razón, pero sabía que eso sería imposible, la rubia era una cabeza dura y terca

- Relájate Dorothy a partir de mañana mis escapadas terminara – suspiros con pesar – mañana estaré camino a la prisión – se lanzó en la cama lo que hizo que sus almohadones cayeran al suelo

- No es una prisión señorita – la chica empezó a recoger los almohadones - es una escuela para… - Candy la interrumpió

- Si, si es un colegio para que las señoritas y caballeros se conviertan en verdaderos damas y caballeros de la sociedad – imitando la voz autoritaria de su Tía Abuela – es una prisión eso es lo que es – se recostó en su cama – lo único bueno es que estaré con Stear y Archie todo el tiempo, lo malo es que también están los molesto de Eliza y Neal – el solo pensar en sus primos le molestaba, esos hermanos siempre le hacían la vida imposible a pesar de que no sabía por qué la odiaban tanto, en especial Eliza siempre que se encontraban la castaña solo le escupía palabras hiriente, aunque con el pasar de los años había logrado ignorarla – Dorothy, ¿Por qué esos dos me odian tanto? – le pregunto a la chica mirándola

- Es mejor que descanse mañana será un largo día – Candy suspiro siempre que le preguntaba a la chica sobre el odio que los Leagan le tenía ella siempre evadía el tema al igual que todos los que se encontraban en la mansión

- Siempre evades la pregunta Dorothy un día vas a tener que decirme todo – señalando antes de meterse entre las sabanas

- Es mejor no buscar en el pasado señorita, hay cosas que deberían quedarse en el pasado – exclamo antes irse

Candy se quedó viendo la puerta cerrada preguntándose qué era lo que tanto le ocultaban, ella había perdido la memoria hace 4 años en un accidente a caballo, en el que murió su primo Anthony al parecer sus caballos se habían asustado, los arrojos a ambos al suelo su primo murió en el acto, pero ella perdió completamente sus recuerdos, semanas después se habían mudado desde la mansión de Lakewood a su mansión en Nueva York, desde entonces jamás había regresado la antigua mansión aunque la rubia lo había deseado, siempre recibía un no por respuesta, al final el cansancio se hizo presente y la chica se sumergió en un profundo sueño.

.

.

- Recuerda nunca sepárate de George, no salgas de tu habitación a menos que sea en compañía de este, no socialices con nadie que no conozca George – exclamo la Tía Abuela de camino al puerto – no me gusta no ir con ustedes, pero tengo cosas que hacer – se quejó molesta, había recibido una carta de William donde este le pedía que viajara a Lakewood

- Descuide Tía Abuela cuidare muy bien de la señorita Candy – la tranquilizo George

- Lo sé solo… - dirigió su mirada a la joven que estaba mirando el mar desde su coche – es la primera vez que estaremos separadas

- Tranquila Tía Abuela, estaré con mis primos, ¿Qué podría pasar? – le pregunto sin preocupación

La Tía Abuela Elroy no lo admitió pero eso era lo que más le preocupaba, Archibald y Alistair la cuidarían muy bien en el Real Colegio San Pablo, pero no podía decir lo mismo de Eliza y Niel, ambos jóvenes no habían sido muy amable con Candice siempre que estaban cerca los momentos crisis de la joven eran constante tanto que el doctor le había aconsejado que ella se mantuviera alejada de ellos, ya que cuando esos ataques ocurrían por lo general el corazón de la chica sufría, y el medico temía que la joven sufría un ataque cardiaco o peor que alguna de esas crisis su mente se perdiera por completo, la mujer le había tomado tanto cariño a la joven en los últimos 4 años que le dolía que ahora se separan y si la perdía para siempre moría de dolor.

- Solo cuídate si – le suplico, Candy al oía aquella voz triste se acercó a la mujer y la abrazo con fuerza

- Estaré bien Tía Abuela, te voy a extrañar mucho, desde que mi madre murió tu eres lo más cercano que tengo a una madre – la rubia sentía triste de alejarse de ella, pero deseaba conocer el mundo más haya de Nueva York

George vio aquella escena con cierta nostalgia, jamás se imaginó que aquel día que había llevado de regreso a Candy como la hija adoptiva de William, la joven se convertiría en la luz de los Andley, al momento en que la joven llego el dolor que durante años se había sembrado en la familia fue desapareciendo, desgraciadamente luego de la muerte de Anthony muchos pensaron que volvería a sumergirse en el dolor, pero la rubia había logrado evitar eso, el padre de Anthony quien sufría por la muerte de su esposa y su hijo, cuando visitaba la mansión siempre tenía una gran sonrisa cuando le lleva regalos tanto a Candy como a Tía Abuela, tal vez era el parecido que tenía Candy con su difunta esposa o el hecho de que la joven lograba eliminar el dolor en su corazón.

- Ya llegamos – les aviso George

Bajaron del coche, con la ayuda de los miembros de la personal del barco subiera las cosas a sus camarotes, tras una emotiva despedida entre Candy y la Tía Abuela el barco zarpo rumbo a Londres.

.

.

Terrence Grandchester subía lentamente al barco que lo llevaría de regreso a Londres, se había escapado para poder ver a su madre, pero esta simplemente lo había rechazado, ni siquiera se había tomado la molestia de invitarlo a su casa, tantas discusiones con su padre sobre su madre y al final él había tenido razón, pero ellas no quería saber nada de él.

"Padre tenía razón mi madre nunca me quiso realmente" pensó con triste, ahora solo le quedaba volver a Londres y pedirle disculpa a su padre, esa era la peor parte de todo, tener que admitir que se había equivocado.

Sus padres se habían separado cuando el solo tenía 6 años, antes de eso el creía que habían sido felices, pero su padre tuvo que volver a Inglaterra para asumir su título de duque, su madre no había deseado ir con ellos, porque eso significaba olvida su deseo de ser una actriz así que su padre se lo había llevado para que fuera su heredero, 3 años después de a ver llegado a Londres su padre se había vuelto a casar con una mujer que odiaba a Terrence y siempre se lo decía, pero ella murió el año pasado al dar a luz a primer y único hermano de futuro duque, a quien llamo Richart Alexander.

- Espero que hayas aprendido la lección Terry – se murmuro el mismo, ahora simplemente no le quedaba nada en la vida.

Siguió subiendo antes de detenerse para ver por última vez Nueva York, sabía que no deseaba volver a este lugar luego de que su madre no quisiera tener ningún contacto con él.

.

.

- Descanse un poco señorita Candy más tardes iremos al comedor por algo de comer – George le dijo antes de salir del camarote de Candy

- Bien, realmente no descanse muy bien anoche – dejo escapar un bostezo antes de coloco un jarrón en donde había un pequeño rosal con flores blanca cerca de la ventana.

Claro Candy no le dijo la razón por la que no había logrado descansar bien, anoche se había despedido a las 8 de la noche con la excusas de que hoy sería un día algo estresante, pero una vez en su habitación, se había cambiado de ropa para dirigirse al Teatro y así lograr conseguir los autógrafos para sus primos, termino de acomodar sus cosas para luego acostarse.

.

.

Horas más tardes

Cerca de las 5 de la tarde Candy se despertó a causa de unos golpes en la puerta.

- Señorita Candy esta despierta – escucho preguntar a George

- Si – murmuro frotándose los ojos – ya desperté, salgo en 5 minutos – se estiro antes de salir de la cama para cambiarse, ya no tenía a Dorothy para ayudarla a cambiarse, cosa que no fue un problema ya que a ella le gustaba hacer las cosas por ella misma. Una vez lista salió del camarote en donde George la esperaba afuera.

En el comedor George le presento a algunos socios de las empresas Andley así como al capitán del barco, muchos estaban sorprendido por la forma en la que la rubia se desenvolvían en la conversación sobre los negocios de su familia, dando respuesta ingeniosas y claras, al igual que su opinión de cómo podrían mejorar, más de uno estaba satisfecho con la idea de que ella fuera la futura heredera de los Andley, otros por su partes querían preséntale a la joven a sus hijos, George quien era su tutor hasta que llegaran a Londres trataba de rechazarlos de forma educada, más por las miradas de molestia de Candy.

- Bien eso salió bien – le dijo George una vez que se encontraban en su mesa

- Esas personas querían a toda costa que saliera con sus hijos – se quejó la rubia

- Disculpe eso señorita Candy, pero es algo muy común en estos días – trato de aliviar el mal humor de la chica pero logro todo lo contrario

- Pero es que ni siquiera me preguntaron a mí sino a ti – señalo con molestia

- Es porque soy su tutor, además no es bien visto que se le pida a una señorita directamente salir con un joven – Candy solo rodo los ojos

- Es tonto, es como si no tuviera ni voz ni voto en mi vida – hizo un puchero que logro sacarle una risa a George

Sin importar nada Candy seguía siendo Candy, no importaba si ahora no recordaba su pasado, existían momentos en donde aquella niña revoltosa y terca que había sido antes aparecía, aunque el doctor había dicho que la rubia recuperaría la memoria tarde o temprano, el realmente no estaba seguro si eso sería algo bueno para la chica.

- Señorita Candy ha recordado algo sobre el pasado – se atrevió a preguntarle, la rubia lo miro antes de limpiarse la boca con una servilleta

- A veces pudo ver a nuestra familia, veo a Archie, Stear, la Tía Abuela y a ti, son esas las que me hacen sentir feliz – cerro los ojos una pequeña sonrisa apareció en su rostro

- No recuerda a nadie – insistió

- A veces cuando veo imágenes en mi mente – llevo su mano derecha a su pecho - pero muchas son borrosas esas imágenes hacen que mi pecho me duela mucho, me dan miedo

Ella no quería admitirlo, pero cuando trataba de recordar su pasado, las lágrimas empezaban a brotar sin ningún razón, era como hubiera algo en su pasado que la había lastimado profundamente, sabía que la muerte de su primo Anthony tenía que ver con ese dolor, cuando veía los retratos de su primo era como si un puñal estuviera clavo en su corazón, sin querer había dejado que todo rastro de aquel rubio desapareciera, al igual que sentía un profundo pavor hacia los caballos.

- Calma – tomo su mano libre – nosotros te cuidaremos si

-… - Ella asintió un tanto dudosa - Sé que es así, por eso fue que me dije a mi misma que iniciaría de nuevo, aun cuando eso signifique ir a una prisión

-… - George se rio

Los días en el barco transcurrieron con normalidad, la rubia logro a ser amigos nuevo dentro de barco y en más de una ocasión logro hacer que la tripulación perdiera los estribos ya que la chica no sabía cuándo quedarse callada, más si se trataba de ayudar a alguien, como una pequeña paloma que salvo o a un grupo de náufragos que había quedado a la deriva y la rubia había formado un gran revuelto para salvar ayudar a los infortunados.

.

.

Candy termino de vestirse parta ir a la fiesta de despedida del Capitán, hoy también sería la última noche en el barco pues mañana desembarcarían en el puerto de Londres, su largo viaje iba a terminar pronto por lo que disfrutaría este día al máximo, según las cartas de Archie y Stear en el Real Colegio San Pablo no tendría mucha diversión, así que aprovecharía estos último momento de libertad.

- Señorita Candy esta lista – la llamo George golpeando a su puerta

- Ya casi estoy lista – le grito suavemente termino de tejerse el cabello - lista

Había decidió a último momento tejerse el cabello en vez de dejarlo suelto como había sido su primera opción, termino de tener su cabello para mirarse al espejo, la Tía abuela le había pedido que se dejara crecer el cabello por lo que este le llegaba a la altura de las caderas. Salió de su camarote y George le decidió una sonrisa

- Hoy tendré que mantener a todos los padres alejados de usted señorita – se quejó usando un todo de broma

- Jajajaja confiare en ti entonces – tomo el brazo de George y se encaminaron hacia el salón de baile.

- El señor William va a tener que mantener a tanto jóvenes de su alejados de usted de lo que él cree – se rio – temo por el futuro del señor

Candy se rio a mas no poder, no había visto a su padre en 4 años ya que este trabajaba mucho, pero sabía que este se preocupaba por ella, ya que casi a diario recibía algún regalo a alguna carta de él, muchas veces preguntándole como se encontraba, si necesitaba algo o simplemente para preguntarle cómo había sido su día o su semana, era como si su padre estuviera cerca de ella.

Al entrar en el salón como predijo George todas las miradas cayeron en ella, se sintió un tanto cohibida no le gustaba ser el centro de atención, así que solo respiro profundamente y les mostros a todos un gran sonrisa, era una Andley le habían enseñado cómo comportarse ante la sociedad, por lo que trato a todos de manera dulce y educada respondiendo los saludos al igual que las preguntas, solo bailo con aquellos a los que George le daba su aprobación, evitando bailar con la misma persona más de una vez para que no haya malos entendidos.

Al final de la fiesta tuvo que salir de salón puesto que se encontraba mareada de tanto bailar, también porque tomo más de una par de copas de vino, aunque George le haya aconsejado que no tomara más de una copa, realmente le gusto el sabor dulce y suave, pero él tenía razón estaba un poco mareada por lo que con el permiso de este salió, el aire frio y salado logro calmar su mareo al momento en que se encontraba afuera, con pasos suave camino hasta la borda había algo de neblina que le daba a todo un aire misterio y mágicos.

- Mamá…

Esas palabras la sacaron de sus pensamientos, era una vos triste y melancólica, algo dentro de ella la hizo moverse en dirección de donde había venido aquella voz, no camino mucho cuando vio a un joven de cabello negro largo hasta la altura de los hombros, un perfil suave y masculino, un nariz perfilada, unos impresionante ojos azul verdoso que le recordaban el mar, sintió su corazón tamborilear un poco, entre más se acercaba al joven, fue como ver al miguel ángel de Leonardo da Vince, sintió su rostro arde antes esa idea, pero todo aquello cayo cuando vio como el joven levantaba su mano derecha y en esta tenía un colilla de cigarrillo y se lo llevaba a la boca.

La rubia actuó por instinto se encamino hacia donde estaba el misterioso joven para arrebatarle el cigarrillo de sus manos, el joven no le dio tiempo ni de reaccionar ante eso

- ¿Qué diablos? – mirando a la persona iracundo

- Esto es peligroso para tu salud – dijo la rubia al chico antes de lanzar la colilla al mar

- ¿Quién te has creído que eres? – viendo como su ultimo cigarrillo caer al mar

- No sabes que esas cosas son peligrosa – pichando su pecho con su dedo

- Eso a ti que te importa – fue entonces que el chico se dio cuenta que la persona con la que estaba peleando era una chica, una muy bonita, tenía una figura muy delicada y femenina, aquel vestido se ajustaba en los lugares exactos mostrando el inicio de sus pechos, pero sin revelarlos, una pequeña nariz cubierta de pecas y unos ojos verde esmeralda

Ambos se quedaron viendo al mismo tiempo que sus corazones latían alocados, ambos se encontraba sumergido los ojos del otro a pesar que el joven era unos 20 cm más altos que la rubia, eso no impidió quedaran hechizados, solo cuando la sirena sonó fue que el hechizo se rompió.

- Escucha si extrañas a tu mamá solo tienes que decírselo, el estar fumando es dañino si no lo sabías – dijo con firmeza

- ¿Quién te dijo que extrañaba a mi madre? – cuestiono molesto

- Te vi? Estabas llorando y llamando a tu madre – respondió confundida, ella había visto unas débiles lágrimas bajar por su cara

- Bah, tonterías porque extrañaría a mi madre – le dio la espalda para regresar a su camarote.

- Hey – Candy lo tomo del brazo – se lo que vi y si extrañas a tu mama no tienes por qué ocultarlo, solo que el fumar no es bueno

- Escucha señorita pecas - liberándose del agarre de la rubia con rudeza – no sé qué viste pero estas muy equivocada…

- Eres terco lo sabía – se cruzó los brazos sobre su pecho, lo que hizo que se notaran más – escucha no es malo sentirse triste, pero esas cosas no son buena para nadie, así que dame las gracias por salvarte la vida

El chico se quedó atónito antes eso, esa rubia realmente estaba loca si creía que le iba a agradecer por botar su ultimo cigarrillo, pero al ver la seriedad de la chica se dio cuenta que habla enserio.

- No voy agradecerte por nada – le dijo con un tono molesto

- ¿Qué? – Candy estaba sorprendida – eres un malagradecido

- Yo nunca pedí tu ayuda señorita pecas – recrimino

- Mi nombre es Candy no señoritas pecas – se quejo

- Pues para mi eres una pecosa entrometida – toco su nariz con sus dedos – tienes tantas pecas que tu nariz se ve graciosa

- ¿Graciosa? – el rostro de Candy se tornó rojo antes eso – como te atreves, usted señor no es un caballero – descruzo su brazo de su pecho – para ti información me encanta mis pecas – le saco la lengua para darse la vuelta y volver con George

El chico sonrió ante eso, realmente se veía linda cuando estaba molesta, entonces algo lo impulso, tomo el brazo de la chica para jalarla hacia su pecho.

- ¿Qué haces? – Pregunto la chica golpeando su pecho – suéltame pervertido

- Solo te voy a dar las gracias – coloco su brazo izquierdo alrededor de la cintura de la chica y con su mano derecha levanto su mentó

- Las gracias pues no es necesario que… - la joven fue callada cuando el chico besos sus labios

Terry no supo que fue lo que lo impulso a besar a la chica, pero definitivamente no se arrepentía de a verlo hecho, la chica tenía un sabor dulce a fresa, con un suave sabor a vino, por lo que dedujo que la chica había estado en la fiesta tomando, quería probar más así que se atrevió a ser algo que jamás le haría a una señorita de sociedad, bajo su mano derecha hasta apretar ligeramente la parte baja de la rubia lo que hizo que esta gimiera lo que el chico aprovecho para deslizar su legua dentro de la pequeña y cálida boca de la chica, realmente esta chica sabia a pura gloria.

- Señorita Candy en donde esta – escucho que llamaba a la joven

A regañadientes se separó de la joven que tenía la mirada como perdida, sonrió con picardía

- Nos veremos luego, señorita pecas – volvió a darle un beso en los labios antes de marcharse

Ya se había ido antes cuando George llego y encontró a la rubia arrodillada en el suelo con el rostro completamente sonrojado

- Señorita Candy está bien – corrió a ayudarla, pero esta no respondió solo se tocaba los labios.

"Ese pervertido me beso" pensó a avergonzada