Fornicatur Nihil Obstat - Jim Mizuhara

Capítulo 2

Observaciones Generales: Aquí les traigo el segundo capítulo, con todo lo que ustedes pueden (y no pueden) imaginarse, jejeje! Es aquí que se viene lo realmente bueno para el casto Rei... y no permitiremos que se resista a Kai, verdad? Disfruten de este capi!


- Llámame como quieras – contestó el ser, saliendo de detrás de los arbustos y acercándose a Rei – cada uno que he visitado me ha dado un nombre diferente, yo creo que no me equivoqué al venir así… Rei Kon – pronunció las últimas sílabas como si quisiera demostrar que lo conocía tan bien como el propio.

- .¿Quién eres tú?. – preguntó nuevamente Rei, ahora no muy convencido de lo que veía.

- Para ti, seré Kai Hiwatari, capitán de los Bladebreakers, y… alguien que te tuvo suficiente afecto como para regresar aquí – contestó – de todas formas, vengo a llevar lo que tengo derecho.

- .¿Derecho?.

- Así es – prosiguió Kai – veamos como te explicaré… ah, sí, yo vengo a cobrarme aquello que todas las personas como tú se andan guardando, inútilmente, como si con ello hubieran de obtener algún beneficio.

- No sé de qué me hablas – replicó Rei, meneando la cabeza.

- Vamos, Rei, sé perfectamente que tú… aún eres virgen – dijo Kai, lo cual sonrojó a Rei – y que después de haberte negado, entraste aquí en esas condiciones. Y es eso lo que yo quiero: que tú me des lo que siempre has guardado.

- .¿Q-Qué?.

- Hum, creo que no te he convencido aún… .¿quieres ejemplos?. Ya he visitado a varios de los que están allí, en la Cofradía, pero a cada uno con un aspecto diferente. Y no ofrecieron mucha resistencia a lo que yo les pedí – repuso Kai, sonriendo – está el padre Alessius, le he visitado hace dos meses.

- .¿Qué le has hecho?. – preguntó Rei algo temeroso.

- Nada… apenas le ofrecí la oportunidad de dar rienda suelta a sus fantasías… le permití cualquier tipo de libertinaje bajo la promesa de que no sería cobrado allá arriba, y accedió pronto, el muy vivo… de día oficia misas en la iglesia de la ciudad, auxiliado por media docena de chicos que hacen de sacristanes, y por la noche… se banquetea con esos mismos chicos, en su lecho, debajo de sus narices y sin que ustedes vean nada… - concluyó sarcásticamente Kai, soltando una carcajada.

- .¡No es cierto lo que dices!. – exclamó escandalizado Rei, no podía dar crédito a lo que escuchaba.

- Te doy mi palabra que lo es – argumentó Kai - .¡hasta el propio cardenal Cæsarius accedió!. Ahora anda detrás de polleras que tienen dueño, anda metido con una mujer casada con uno de los más prósperos mercaderes de la ciudad, y a pesar del aspecto que tiene, ya ha cohabitado con esa mujer… - agregó el bicolor, y luego exclamó como si recordara algo - .¡y por si fuera poco, le gusta mirar tu trasero!. ¡Jajaja!. Todo lo que hace es para retenerte un poco a su lado, no tiene tantos escrúpulos como parece.

- .¡Mentira!. ¡N-No puedes estar enterado de esas cosas, no puede ser verdad!. – exclamó el ojidorado, empalideciendo. Sus manos temblaban y apretaba fuertemente los puños.

- Entonces, teniendo en vista que ya estás convencido, te haré formalmente la pregunta: .¿Qué tipo de libertinaje te gustaría llevar a cabo?. Puedes pedir cualquiera, tienes privilegios especiales.

- .¡No, no quiero nada!. ¡Aléjate de mí, déjame en paz!. ¡Es decisión mía si quiero o no eso!. – contestó enérgicamente Rei, parecía dispuesto a salir huyendo.

- Rei, Rei… no te hagas del complicado ahora… .¿de quién querrías enamorarte?. Quizá de una mujer… o de un hombre… talvez de un niño… tienes varias opciones, tú debes decidir.

- .¡¿Acaso no me oyes, maldito?!. ¡Ya he dicho, y repito, que no quiero nada en absoluto, déjame en paz, para eso he venido aquí!.

- Irme sin llevarme lo primordial no es una de las opciones, Rei – contestó el bicolor, acercándose al oído del chino – vamos, Rei… pide, y yo te daré; desea, y yo te concederé; quiere, y yo te lo cumpliré…

El ojidorado respiró dificultosamente al sentir aquel cálido aliento en su cuello, haciéndolo perder el control de si mismo, sus temblores aumentaron en proporción porque reconocía exactamente aquella voz, aquella respiración, como perteneciendo al bicolor que tanto quiso y que por su culpa se había alejado, lo que más hubiera deseado era tan sólo voltearse y unir sus labios a los de Kai, o sea quien fuera aquel hermoso espectro que confundía su mente con proposiciones que momentáneamente encendía en el fondo de su ser las chispas del amor desproporcionado. Y a pesar de todas las ganas que tenía, se apartó y dijo:

- .¡No quiero nada de eso!.

- .¡Hmpf!. Estás dificultando las cosas, Rei. Haré un arreglo para mañana, no te preocupes, padre Alessius tendrá algo muy interesante para decirte y allí veremos hasta qué punto eres fuerte. Por hoy, puedes irte, pero volverás a verme – concluyó Kai.

No necesitó dispensarle para que Rei saliera de aquel lugar corriendo, llegando sin aliento hasta la puerta y secándose el sudor con el dorso de la mano. Los demás lo miraron extrañados, estaba alterado y no conseguía más que articular palabras disconexas.

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Al día siguiente, Rei se despertó y contempló el trozo de cielo azul que podía ver entre las rejillas de su habitación. Se levantó abruptamente y recorrió con la vista toda la habitación, luego debajo de su lecho, y finalmente atisbó fuera de la ventana; habiendo pasado ya casi un día del encuentro que tuvo con Kai, o algo parecido, era más difícil creer que sí hubo sucedido. Suspiró tranquilizado, quizá era nada más una alucinación o un sueño lo que hubiera tenido… se inclinaba más por la teoría del sueño, últimamente sus funciones orgánicas no estaban muy tranquilas y estaba alterándose por cualquier cosa, lo cual apenas aumentaba los días de sus penitencias. Escuchó algunos golpecitos secos en la puerta, y luego vio a padre Alessius entrar.

- .¿Cómo está, hermano Rei?. Por lo que puedo ver, bastante mejor que ayer, parecía estar en un estado de delirio.

- Oh, sí, claro – contestó Rei – habrá sido el calor, o algo así…

- Me alegra que se haya recompuesto – agregó el padre, sonriente.

Precisamente ahora que tenía a Alessius en su presencia, recordó lo que Kai le había dicho el día anterior. .¿Sería cierto que…?. Solamente había un medio de comprobar, aunque obviamente no sería preguntándoselo; padre Alessius hizo una mueca, y luego anunció:

- Ahora que recuerdo, la iglesia de la ciudad ha enviado un mensaje, en la cual solicitaban a alguna persona que se encargara de la catequesis dominical. Si no tuviera tantas responsabilidades me ocuparía personalmente de eso, pero como estoy atareado…

- Eso significa que…

- … que te he indicado para que lo hicieras, hermano Rei. No te preocupes, no tendrás tanto trabajo. Son apenas quince niños, a lo sumo, y además… .¡debemos preocuparnos por la salvación de sus jóvenes e inocentes almas!. – concluyó Alessius, alzando la voz al pronunciar el último trozo de la frase.

- Yo… - dijo pensativamente el chino.

- .¿No aceptas?. – indagó ansiosamente Alessius.

"Haré un arreglo para mañana, no te preocupes, padre Alessius tendrá algo muy interesante para decirte…", el chino recordó inmediatamente las palabras de Kai, y un escalofrío recorrió su espalda. Si era cierto eso, entonces ya no podría dudar que alguien o algo ciertamente lo perseguía, con intenciones por lo demás conocidas; podía rechazar en este momento, pero… Kai se las arreglaría para que cayera en otra trampa, aceptar o rechazar venían a ser la misma cosa. O quizá todo fuera producto de su mente y que nada de lo que vio u oyó se realizaría, aunque… iba a sacar la prueba.

- Sí, acepto – contestó con reticencia el chino.

- .¡Excelente!. A la tarde te dejaré libre para que vayas, en todo caso veré si los arreos están en condiciones en las caballerizas. Gracias por la colaboración, hermano Rei.

Las caballerizas quedaban al otro lado del reducto, a casi cien metros de allí, y más que escucharle a Alessius, Rei lo acompañó con la vista desde que salió del cuarto hasta bajar las escaleras, y también al irse por un sendero en el pasto, hasta casi perderse de vista.

Rei no perdió más tiempo que el necesario para entrar silenciosamente en la habitación de padre Alessius, cuidando que nadie apareciera por los pasillos. Con cautela levantó las mantas que cubrían prolijamente el lecho, y lo que allí vio le hizo voltear la cabeza y fruncir el ceño… habían muchos rastros del pecaminoso fluido blanco, ya coagulados y que entiesaban varias partes de las sábanas, lo suficiente para hacer pensar que no había allí más que de una persona, pero sí de varias otras… en uno de los bordes logró distinguir una pequeña marca de sangre, la cual imaginó su procedencia… volvió a cubrir el lecho, asqueado, y se retiró de allí. No podía concebir que hacía caso a las palabras de Alessius, hombre que pregonaba a los cuatro vientos las virtudes suyas y de los demás, pero que en realidad tenía esas palabras en su boca nada más; enseñaba, pregonaba y sermoneaba fervorosamente, exclamando en momentos de suprema exaltación, y en realidad, muy en el fondo de su mente, quizá solo se concentrase en lo que haría esa misma noche, sin aplicar un ápice de todo lo que quería que los demás practicaran. .¡Llegó a creer en lo que él decía, el muy tonto!. ¿Cómo era posible que llegara a tanto su descaro e hipocresía?. Estaba claro que no merecía ni mucho menos estar allí, y ni siquiera ser su superior. De ese momento en adelante, no iba a conseguir más mirar con el anterior respeto y admiración las palabras y enseñanzas de Alessius, conociendo su vergonzoso y sucio secreto.

A partir de ese descubrimiento, las dudas asaltaron a Rei: si aquello de Alessius era cierto, entonces… también lo era que algo sucedería si fuera en la ciudad. Lo más probable era que Kai se presentara allá, teniendo en cuenta las circunstancias, y le diera por acosarlo más directamente. Podría no ir, pero ya le había prometido a padre Alessius… .¡Prometido a padre Alessius, que diablos, ese sujeto no valía el polvo que pisaba!.… si fuera, no sería por habérselo prometido, pero sí porque él lo decidía. Estuvo meditando largo rato para inventar una disculpa para no ir, luego hermano Julius se presentó y le entregó una lista de cosas para comprar, "en vista que tú irás a la ciudad, como me ha dicho el padre Alessius", agregó. Con algo de desgano cogió el papel, y luego fue en la caballeriza; allí encontró a Alessius, a quien apenas dirigió una desdeñosa mirada antes de partir.

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Al llegar en la ciudad, Rei pasó por los estrechos callejones cubiertos de guijarros, las cuales resbalaban bajo las ruedas del carro y salían disparados hacia todas partes; en las aceras algunas mujeres, ataviadas con largas polleras plisadas, caminaban con algo de dificultad tomando de la mano a inquietos chicos o llevándolo en brazos, los hombres también caminaban con precauciones de no ensuciarse los pantalones con el polvo que se levantaba en la calle, mientras el tintineo metálico de las balanzas de los mercaderes, en el interior de las casas con puertas dobles abiertas, se escuchaba con la misma sonoridad de las monedas cayendo en las cajas. En algunos bancos de la pequeña plaza se situaban otros hombres cómodamente sentados, como si esperaran a alguien, fumando concentradamente; ataviados con blancas camisas de lino y chaleco, con resaltantes leontinas de oro, pertenecían a una de las dos clases sociales de los que no requerían trabajar metódicamente todos los días, pudiendo permitirse esos momentos de solaz: o pertenecían a la clase de los prósperos mercaderes y dueños de casas de préstamo, o a la clase de los granujas y bribones. Casi todos los que veían a Rei lo saludaban con un ligero movimiento de la cabeza, imaginándose que venía a sustituir al padre Alessius en su prédica.

Ató a los caballos en un poste, frente al edificio de la iglesia, y miró hacia todos los lados, como para certificarse que nadie estaba detrás de él, luego entró por un portón ubicado al costado de la iglesia, protegido por una baja muralla. Allí adentro también revisó todo, en su más nueva manía de perseguición; entró en un saloncito construido de pesados ladrillos y techo bajo, la iluminación provenía apenas de afuera y entraba por cuatro amplios ventanales; halló precisamente a quince chicos allí, en un bullício incontenible y propio de la edad, aunque se calmaron más al ver la presencia de Rei. Se acomodaron en las toscas sillas que allí habían, y Rei tomó otra silla para sí.

- Bien, chicos, yo soy el hermano Rei – se presentó – y seré el encargado de la catequesis dominical, espero que aprendan y presten atención a mis palabras, así como espero que se presenten todas las semanas.

Poco después de haber iniciado su enseñanza, percibió por el rabillo del ojo que alguien estaba en la puerta, parado y sin emitir palabra. Rei volteó la cabeza para mirar quién era y… tan cierto como el cielo era azul que no podía quedar menos que boquiabierto al ver al intruso. Era un pequeño, común y corriente, como los había por centenares en cualquier parte… excepto por el hecho que se parecía increíble y atrozmente a alguien que conocía. Sus ojillos rubíes lo miraban insistentemente, y se rascó confusamente el cabello bicolor, como indeciso a entrar o no, mientras Rei allí, estático, no le invitaba a entrar ni tampoco a retirarse. El chico sacó de su bolsillo algo que parecía ser un caramelo, lo metió en la boca y se limpió los labios con un pañuelo que también extrajo de su bolsillo, luego sonrió de buena gana a Rei. El perplejo chino apenas atinó a hacer un ademán, y el bicolor se acercó prontamente.

- Vengo aquí a presenciar sus enseñanzas, señor – susurró el chico antes que nada, sonriendo, luego metió otra vez la mano en el bolsillo y sacó un puñado de caramelos - .¿Quiere alguno también?. – ofreció.

- N-No, gracias… - tartamudeó Rei – dime, pequeño, .¿cómo te llamas?.

- Kai Hiwatari, señor.

- .¿Que qué?. – exclamó Rei, con los ojos desorbitados.

- .¿Le sucede algo, señor?.… está pálido…

- No, nada… siéntate allí.

Y el chico obedeció a su orden. El chino trataba de hacer funcionar la parte racional de su mente, intentaba convencerse de que el nombre que acabó de escuchar era lo suficientemente común para que cualquier otro chico en la superficie terrestre lo tuviera, pero… nunca había conocido a nadie con ese mismo nombre, hasta aquel momento. .¡Se le parecía tanto!., o quizá su mente quería que se pareciera… no, no era demasiado parecido, apenas le recordaba vagamente… .¡Mentira!.… ojos rubíes, cabellos bicolor, facilidad en ponerse serio, el modo con que jugaba nerviosamente con sus dedos… .¡era idéntico, al final de cuentas!. Era un niño, no podía hacerle ningún daño, era cuestión simplemente de no perderlo de vista y controlarlo hasta que fuera a su casa, .¡pero ese podía ser el absurdo arreglo al que Kai se refería!.…

- .¿Está bien, señor?. – oyó Rei que decía uno de los chicos.

- .¡No!.… o sea, sí, e-estoy bien… bueno, continuemos…

Rei no pudo concentrarse en en casi ninguna de las palabras que dijo, cada tres segundos le echaba una mirada al pequeño Kai, que no se movía de su silla y parecía prestar atención a lo que el ojidorado decía. Algunos momentos se confundió y tuvo que retroceder y recomenzar, fácilmente sus errores podrían ser atribuidos al nerviosismo que acompaña la primera vez de esta actividad, pero nadie adivinaría que la fuente de sus errores estaba a menos de dos metros de distancia. Decidió entonces probar a algunos de los chicos, para ver sus conocimientos, haciéndole preguntas.

- Veamos, chicos, .¿quién podría mencionarme los siete pecados capitales?. – indagó Rei, y al momento vio la presta mano de Kai levantarse, no esperaba que el pequeño estuviera quieto el resto de la tarde sin manifestarse - .¿Kai?.

- Hum… el orgullo, la avaricia, la envidia, la gula, la ira, la pereza…

- Aún falta uno, Kai – replicó el chino, pero luego se percató de cuál faltaba y dijo precipitadamente - .¡no es necesario que me lo digas!. Bien, chicos, creo que unos minutos de receso no sería malo. Pueden salir.

El tropel de chicos salió por la puerta, incluso Kai, y fueron a jugar en el patio, bajo la atenta mirada de Rei. Todos los chicos sin excepción jugaban en el limpio pastizal que constituía la parte posterior de la iglesia, una parte bellamente arbolada donde muchas personas frecuentaban por las tardes a contemplar la puesta del sol. Algunos de ellos jugaban a las escondidas, mientras otros trepaban las ramas de los árboles, y Kai era uno de ellos.

Por una momentánea distracción, Rei no veía que el bicolor iba subiendo cada vez más, hasta casi llegar a la copa de un viejo árbol, la rama donde se había afianzado estaba podrido y lo inevitable ocurrió. Rei presenció con estupefacción el sonido de la rama rompiéndose, seguido por la caída libre de aquel pequeño cuerpo y el fuerte y seco impacto contra el suelo. El chico quedó inmóvil, y una línea rojiza principió a correr por su frente.

- .¡Cielos!.

El chino corrió todo lo que sus piernas daban, mientras los otros niños, asustados, se detuvieron a contemplar la impresionante escena. Llegó al lado de Kai y levantó delicadamente su cabeza, temiendo lo peor. No parecía sentirle la respiración, y Rei comenzaba a entrar en desespero, con todos los cuidados lo levantó del suelo, los brazos pendían exánimes, y se dirigió hacia en interior del salón, advirtiendo a los chicos que permanecieran afuera.

- Kai, .¿me oyes?. – murmuró Rei, sacudiéndolo ligeramente, no quería pensar en lo peor.

Le desabotonó la camisa, pegó su oído al pecho para comprobar si aún vivía, y muy en el fondo escuchó algo como pulsaciones, "al menos está vivo, pero desmayado", pensó Rei con alivio. Pasó repetidas veces los dedos por entre los cabellos del bicolor, esperando que despierte.

- .¿Por qué tanto te pareces con él?. – preguntó el ojidorado, pensativamente, sin dejar de acariciarlo.

- .¡Hmpf!. Porque no soy parecido con él, porque yo soy él

Escuchó con sobresalto el chino, al ver que el chico abrió los ojos repentinamente, y tomándolo de las solapas lo jaló hacia sí. Mientras lo sujetaba firmemente, Kai miró fijamente con sus ojos rubíes al chino, quien parecía estar bastante nervioso. Pocos centímetros los separaban.

- Vamos, Rei, .¿qué esperas?.…nadie vendrá a molestarnos, estamos nadie más que tú y yo… a tu merced, disponible… - agregó Kai, con una sonrisa descarada.

- .¡Si ni ayer lo quería, ahora mucho menos lo voy a querer!. – exclamó Rei, intentando zafarse del agarre de Kai.

- .¿Cómo no, si es precisamente eso lo que quieres?.… "mira que niño hermoso, me gustaría tenerlo abrazado… .¿cómo sería si quedara sin ropas frente a mí?.", no es eso lo que estás pensando, .¿eh, Rei?. ¡Claro que lo es!. Y quieres negar, eso es lo que te gustaría, .¿verdad?. ¡no quieras hacerte del tonto ahora!.

- .¡Mientes!. No estaba pensando nada de eso, no tengo las mínimas intenciones de hacerte nada, eres tú quien estás inventando todo eso. ¡Suéltame ya!.

- Bien… si fingir que no te gustaría unos minutos de éxtasis conmigo hace bien a tu conciencia, no tengo nada contra. Pero lo cierto es que sí lo tendremos… vamos Rei, te gustará mucho, .¿sabes?., para quien aún es un neófito en los placeres de la carne joven, como tú, deberías preguntarle más a Alessius, él sí te dará muchas ideas… .¡Jajajaja!.

- .¡Aquel hombre es un asco!. – profirió Rei, aparte de estar siendo fuertemente sujetado, el cuello de su camisa comenzó a asfixiarle.

- Pero anda disfrutando mucho… cosa que tú también deberías hacer, Rei, porque sé que nunca negarías nada a Kai-kun, .¿verdad?. – replicó mordazmente el bicolor, al tiempo que sujetó con fuerza la muñeca de Rei y se la llevó hacia su entrepierna.

- .¡No!. ¡No me obligues a eso!. ¡No quiero!. – el chino se debatía, y le asustaba la tremenda fuerza que Kai demostraba.

- .¡Pero yo sí quiero, Rei, es parte de mi misión!. – contestó Kai – hmmm… delicioso, Rei, hazlo un poco más fuerte… .¡ah, eso, eso!.… - suspiraba el bicolor, obligando a Rei a introducir su mano dentro de sus pantalones, el chino estiraba y jalaba como un poseído para no hacerlo, pero no obtuvo resultado. Y no pensaba resignarse a tal acto, .¿pero a quién pediría ayuda?. El primero que viniera descubriría a ambos en semejante acto, y sería mucho peor. En medio del desespero Rei tuvo una idea precipitada, y no podía titubear al llevarla a cabo.

- E-Espera, Kai, .¡deténte!. – dijo Rei con una voz más tranquila, a lo cual Kai se detuvo, extrañado con el repentino cambio de conducta del chino.

- .¿Qué es, Rei?. ¿Has decido acceder?.

- Ehm… sí – contestó Rei, con una sonrisa bastante artificial – eres realmente hermoso y… y… sí quiero verte verte sin ropas, me complacería mucho… me sentaré allí y yo te indicaré cómo lo harás, .¿de acuerdo?.

El bicolor meneó la cabeza afirmativamente, y largó a Rei. Fue a pararse en medio del salón y Rei se acomodó en una de las sillas, mirando insistentemente hacia su vía de escape.

- .¿Y ahora Rei?.

- Veamos… quítate primero la camisa… - dijo Rei, lo cual prontamente el chico hizo pues ya lo tenía desabotonada – oh, sí… .¡realmente hermoso!.… muy bueno, ahora, voltéate un poco, .¿sí?.… veamos un poco cómo eres por detrás… no, voltéate más, un poco más…

- Todo sea para complacerte, Rei, aunque me sorprende que hayas accedido tan pronto… .¿Así está bien, Rei?.… .¿Rei?.… .¿¿Rei??.

No obtuvo más contestación, y rápidamente Kai se volteó y percibió que Rei no estaba más allí, y en cambio una de las ventanas estaba abierta…

- .¡Eres un maldito, Rei!.

Algunas personas que iban pasando por la acera vieron la extraña conducta de Rei con algo de confusión, pues desató los caballos, y con un fuerte tirón hizo que se pusieran en marcha, dirigiéndose a toda prisa hacia la salida de la ciudad. El chino golpeaba sistemáticamente a los animales, azotándolos con las riendas, haciéndolos correr a galope, quería alejarse lo más pronto posible de donde salió. No le importaba los tumbos que iba dando al pasar por encima de las piedras del camino, lo único que deseaba era llegar al reducto, si posible encerrarse en su habitación para que nadie lo viera. Sin embargo su presencia era notada desde lejos en la Cofradía, pues levantaba una espesa nube de polvo, y ese polvo ensuciaba sin perdón a Rei y hacía resoplar a los caballos, quienes por los constantes azotes y la falta de aire comenzaron a echar espumarajos por la boca. Más de uno quedó perplejo al verlo llegar en las caballerizas, con el rostro contraído y dando la auténtica impresión de que estaba fugándose. No llegó a acomodar a los caballos, bajó de un salto aún estando en movimiento y corrió hacia el interior de las habitaciones, desapareciendo en el laberinto de corredores. Los caballos cayeron desplomados unos metros más adelante, moribundos de cansancio y con profundas marcas rojizas en los costados, donde el polvo había formado costras sanguinolentas que impedían que la sangre manara.

El ojidorado corrió hacia su habitación, llegando allá lo cerró y con una de las sillas lo aseguró, respirando agitadamente y las manos temblándole involuntariamente. La sensación que estaba teniendo no sería menor si hubiera accedido a los deseos de Kai, pero le aterraba que había cometido aunque sea una fracción de algo incorrecto, mismo contra su voluntad. Lleno de polvo como estaba, fue a sentarse a un extremo de su lecho, abrazándose las rodillas y contemplando el infinito, sin emitir palabra. En ese estado de estupor lo hallaron Alessius y Cæsarius, luego de haber preguntado a varios por Rei y llegar apresuradamente a su puerta, la cual tuvieron que forzar para entrar. Rei movió lentamente la cabeza, los otros dos percibieron que tenía las pupilas completamente contraídas.

- Alejen a ese niño de mi presencia… - balbuceó – aléjenlo… aléjenlo… aléjenlo…

- .¡Santo cielo, cardenal!. – murmuró Alessius, llevándose la mano al rostro - .¿Qué cree que pueda estar sucediéndole a Rei?.

- Hum… no es muy incomún esto – sentenció Cæsarius – creo que será necesario un exorcismo…

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Los recuerdos de las horas siguientes fueron para Rei como las chispas de una fogata: algunas veces tenía plena conciencia de lo que sucedía en su entorno, y otras parecía ver el mundo através de la neblina, sin entender a ciencia cierta lo que sucedía. La falta de sueño, asociada a otros factores, le entorpecieron la mente de forma eficaz, a punto de no conseguir distinguir más la realidad de las eventuales alucinaciones que sufría; las dos horas anteriores lo sometieron a lo que el cardenal Cæsarius denominaba "exorcismo", sacado quizá de cualquier otra fuente que no fuera las autorizadas, porque se salía absolutamente de todo lo convencional. Iniciaron por atraparlo, con las cautelas del cazador detrás de una presa salvaje, mientras el chino se debatía y se negaba que lo sometieran, pero lograron sujetarlo y atarle los puños detrás de la espalda, Rei utilizó todas las fuerzas que le restaban, en vano, para librarse. Lo obligaron a tumbarse en el lecho, y lo sujetaron por los hombros para que permaneciera así.

Luego vinieron los instrumentos, solicitados con voz estentórea por Cæsarius, para el inicio del ritual. Cruces. Cirios azules y blancos. Aspersor de agua. Humeantes turíbulos llenos de incienso y mirra encendidos en brasas. Conjuros pronunciados en latín y griego. Y algunas sacudidas para optimizar (o peorar) los efectos. El humo del incensario había invadido toda la atmósfera, saturando el aire y obligando a los circunstantes a respirarlo, causando accesos de tos y perturbando y mareando sus cabezas. Incontables veces tuvo que escuchar pronunciar todas aquellas frases, cuya monotonía y fuerza también iba haciendo estragos en su mente, alterándolo, enfermándolo, haciéndolo entrar en delírio. La fase del delírio era la más esperada por los ejecutores del extraño y supersticioso ritual, parte en la cual "el diablo se comunicaba". No cesaron las sacudidas, señales y exclamaciones, en la cual Rei suplicaba que se detuvieran, que él no estaba poseído, pero no obtuvo éxito; lo sometieron a tal tratamiento hasta que, exhausto, cayó en un estado de dulce inconsciencia, momento en que se detuvieron y se retiraron de la habitación, dejándolo tendido y amarrado, en caso de que despertara y se pusiera violento.

Despertó algún tiempo después, más tranquilizado pero con una pesadez en el cuerpo, como si una somnolencia e insensibilidad lo invadieran, efecto quizá al humo que había aspirado. No intentó desatarse las manos, se sentía débil, pero al menos conseguía ver con más claridad y el silencio lo reconfortaba. Recorrió la habitación con la vista, y en un rincón, sentado… estaba Kai.

- .¿Kai?. – murmuró el chino, su sorpresa era apenas superada por la confusión.

- No debiste hacer eso… - dijo suavemente el bicolor, meneando la cabeza – si tan solo hubieras accedido, te sentirías mucho mejor y te habrías ahorrado de todo este suplicio inútil.

- Es que… pensaban que yo…

- .¿Estabas poseído?. – completó Kai, riendo – ya me habría gustado, pero las reglas del juego no me permiten eso, las personas que visito tienen que hacerlo por voluntad propia… además, .¿cuándo van a aprender que nadie puede sacar al diablo de una persona si ellas mismas lo llevan adentro?. – observó irónicamente, refiriéndose a sus dos superiores.

- Era cierto… - dijo Rei, mirando el techo – lo que has dicho sobre el padre Alessius.

- Claro que es cierto – replicó Kai, dirigiéndose a la mesa donde reposaban varios libros – hum… increíble como aún conservan estos vejestorios, veamos… .¿conservan el Index Hereticus?. ¡Qué medievales!. Hum… .¿Liber dei Magna Ars Distillandi?. ¡Jajajaja! Parece que tenemos a alguien aficionado a las bebidas espirituosas en medio nuestro… y leen también el Atalanta Fugens, cosa que está en el Index como siendo un libro profano….¡Aparte de medievales, profanos!… sin duda alguna tendremos cosecha para el próximo siglo…

- .¿Qué quieres aquí, Kai?. – volvió a preguntar Rei, como esperando recibir respuesta diferente.

- .¿Yo?.. .¿has visto las capas de todos estos libros, Rei?. – observó Kai, mostrándole un volumen – lo que todos tienen en común es la frasecilla Imprimatur Nihil Obstat, lo cual significa "nada impide su impresión". Pues,… yo tengo un lema bastante parecido, es el Fornicatur Nihil Obstat,… nada impide la fornicación – concluyó Kai, acercándose a Rei.

- Por favor, Kai, ya te he dicho que no…

- Rei, tú no estás en condiciones de hacer objeciones – interrumpió el bicolor, acariciándole las mejillas – no debería, pero tendré que encargarme de ti… personalmente.

- .¡No, Kai, no lo hagas!. – sollozó Rei, al ver que le desprendía los botones.

- Solo tengo algunas cosas para decirte, Rei: disfrutarás de esto, será precisamente como debería haber sido años atrás, y seré muy cuidadoso. No te preocupes.

El ojidorado redobló los esfuerzos para liberarse de sus ataduras, pero eso solamente provocó que el bicolor hiciera una mueca burlona, era inútil en aquellos momentos. Con toda la paciencia Kai fue desprendiendo los botones, uno por uno, como quien tiene toda la eternidad por la frente; pasó sus manos por el pecho desnudo de Rei, tan tibio e inexplorado… hizo estremecer al chino al pasar la lengua por esa zona, se concentraba por desviar la atención de lo que iba sucediendo, pero no estaba consiguiendo. Su lengua fue subiendo, hasta concentrarse en su garganta y nuca, al tiempo que se acomodó sobre el abdomen de Rei, tomando con las manos sus hombros, colmándolo de besos que provocaban en el ojidorado mal disimulados espasmos. Bajó sus manos, recorriendo toda su cálida piel, masajeándolo para que se pusiera más relajado, y percibió que estaba haciendo efecto. Lentamente los pensamientos de Rei iban desviándose, concentrándose nada más en las sensaciones que tenía, emitió un suspiro. Kai sonrió al ver que Rei estaba finalmente comprendiendo la idea, y principió por acariciarle también los muslos y las piernas, mientras dejaba las marcas de sus besos y succiones por todo el tórax y hombros; todos aquellos estímulos hacían que Rei se pusiera alterado, un calor indescriptiblemente agradable iba subiéndole, el roce de la piel de Kai también le provocaban extrañas sensaciones.

El bicolor pasó luego a acariciar su órgano, que por el sólo hecho de sentirlo expandirse Rei soltó un jadeo, en pocos segundos estaba hinchado y receptivo a las fuertes, demoradas y generosas caricias de Kai… quien por ver la expresión de celestial éxtasis en el rostro de Rei concluyó que tan sólo esto ya compensaba el total. Sus movimientos rítmicos, con la presión que ejercía, nublaba los sentidos de Rei, iba a hacerlo delirar nuevamente, pero esta vez del más puro placer que jamás había sentido… sus gemidos iban a ahogarse en la cálida y deliciosa boca de Kai, el cual se había acercado a Rei y ahora el chino besaba y degustaba ansiosamente sus labios.

Nada más que algunos minutos Rei soportó a tal procedimiento, porque la fuerte y electrizante sensación se hizo presente, respiraba más agitadamente como si el aire necesario no entrara en sus pulmones, tensó sus músculos hasta la rigidez, como queriendo frenar la sensación, con lo cual apenas aumentaba velozmente, era imposible retenerlo. Finalmente su blanquecino fluido fue expelido, no sin un alto gemido que quien lo oyera comprendería su significado, como también cerrando fuertemente los ojos, supremamente concentrado en lo que sentía, mordiéndose los labios del desquiciado placer que lo recorría. Gimió aliviado en los segundos que parecían eternizar aquello, derramándose inconteniblemente para regocijo del bicolor, quien lejos de detenerse apenas intensificaba sus movimientos.

Seguía gimiendo, pero quedamente, al ver y sentir a Kai aproximarse de su húmedo miembro y lengüetearlo sin prisas, introduciéndolo en su boca tomando para si las últimas gotas. El chino estaba sin fuerzas para hacerlo nuevamente, pero le gustaba y disfrutaba de las gentiles caricias del bicolor, en una mezcla de relajación y placer.

Rei se sorprendió bastante al ver a Kai detenerse, y luego de desabrocharse los pantalones sacar su inflamado miembro. Tomó una de las manos de Rei y se lo llevó allí, y el chino sin poner resistencia lo acariciaba, Kai suspiraba del placer que la suave mano de Rei le provocaba, y lo dejó proseguir hasta que sintió estar suficientemente lubricado. No esperó más y se acomodó entra las piernas de Rei, penetrándolo hasta más de la mitad. Al sentirlo el chino contrajo el rostro en una mueca de dolor, gimiendo lastimeramente y saliendo de cualquier letargo. Sin prestarle atención, el bicolor prosiguió, forzándolo cada vez más, abrazándose al cuerpo de Rei con la misma fuerza e intensidad que el propio chino se abrazaba a él, hasta llegar a su límite, momento en el cual descansó.

En aquellos momentos parecía que la necesidad de Rei por besar a Kai había aumentado bastante, el ojicarmín no le negó ninguna de sus ávidas y voluptuosas incursiones. El ruso comenzó a moverse lentamente, los estremecimientos recorrían al ojidorado; fue aumentando la intensidad de sus estocadas, haciendo claras sus intenciones de aumentar sus límites en lo relativo al tiempo y profundidad. El chino nada más gemía, sudoroso, apretando con fuerza la mandíbula, permitiéndose pocas veces emitir los gritos que sí corresponderían, sentía el miembro de Kai entrando y saliendo con firmeza, sin detenerse, colmándolo y aumentando su deseo.

Al sentir el final llegando, el bicolor intensificó sus movimientos, y en el momento que sentía la salida de su fluido obligó a Rei a juntar las piernas, resultando en un efecto infinitamente placentero que provenía de la presión en su miembro. Jadeó complacido al oído de Rei, quien al sentir la presión y el calor del líquido que lo invadía volvió a derramarse sobre su abdomen, aunque menos que la primera vez. Prestamente Kai se separó del chino, algo aturdido por las sensaciones, y se despidió de Rei con un beso en los labios, diciéndole:

- Gracias por la colaboración, Rei. Ha sido mejor de lo que yo esperaba.

El chino emitió un suspiro de felicidad y al volver la vista… no vio más a Kai, pero sí a unas cinco personas quienes lo contemplaban atónitos desde la puerta, entre ellos Alessius y Cæsarius. Uno de los hermanos había advertido el grito que Rei había dado, y al ir a verlo se encontró con Rei debatiéndose frenéticamente y murmurando el nombre de Kai, desnudo y con el aspecto de quien, menos que sufrir, parecía estar disfrutando muchísimo del ataque, aunque no había nadie allí. Al parecer el único que había visto y sentido a Kai todo el tiempo fue solo el chino, y su aspecto actual dispensaba explicaciones mayores.

Algunas semanas después, el informe del cardenal Cæsarius llegó a Roma, en un sobre lacrado con las insignias reales, detallando las observaciones que hizo en la Cofradía del Oriente. En ella se explicaba concisamente las condiciones del lugar como siendo acorde al estricto y disciplinado ambiente que reinaba en aquel lugar, hogar de hombres santos y superiores cumplidores y celosos de las leyes, intachables en su conducta y ejemplos de castidad, pureza y capacidad para resistir a las cosas malas que poblaban el mundo. Apenas en la última línea, a modo de posdata, venía la siguiente observación: "Apenas uno de los hermanos, Rei Kon, ha sido echado de la Cofradía por demostrar conducta infame y pecaminosa dentro del establecimiento, entregándose a actos lujuriosos con entidades que fervorosamente combatimos, sin obtener el debido éxito por la obstinación del referido a librarse de tal demonio. Esperamos que el Cielo tenga piedad al juzgar su pobre alma,… de la misma forma que nosotros tenemos la perseverancia suficiente para mantenernos libres de tales contaminaciones…".

(FIN)


Fin! Y es casi indignante la hipocresía de estos seudo-seguidores de la castidad... en todo caso, a veces hay un átomo de verdad, es cuestión de leer más los periódicos y ver los escándalos que rondan a estas personas... hmf! Eso es opinión mía, dejémolos de lado... lo que yo sí quiero saber es si les ha gustado el capi, en todo caso aguardo vuestras opiniones... Gracias por haberlo leído y hasta la próxima!