Wa! Aquí estoy, reportándome de nuevo! Enserio, muchisimas gracias por sus comentarios, que me animaron a seguir la historia n.n!
Ya, los dejo leer!
Disclaimer: Nadie es mio, solo en mis sueños, pero en la realidad son todos de Himaruya.
Entro en ese cuarto pequeño, y se sentó en el sillón que lucia bastante cómodo. En frente de él, se encontraba un hombre, con apariencia asiática, de unos veintitantos años (claro, no podía ser exacto en esas cosas), que lo miraba paciente, y comprensivo.
- Buenos días, Soy Honda Kiku, pero puede llamarme Kiku... – Su voz era suave y tranquila, y sus ojos negros y profundos. Nunca había visto unos ojos tan profundos como esos en su vida – Arthur... ¿verdad? – Menciono al revisar un par de papeles y después dejarlos nuevamente en la mesa. El joven asintió y miro a su alrededor. Al parecer no había nadie, ni las hadas que reían todo el tiempo, ni los duendes que amaban las cosas pequeñas, ni el estúpido que mentía y chillaba. El asiático noto como buscaba algo. – ¿Hay alguien a quien yo no pueda ver allí? – Preguntó, estudiando la mirada un tanto perdida que sostenía Kirkland.
- No... – Respondió rápido y volvió a mirar al azabache. Se mantuvieron varios minutos callados, mirándose. La charla no estaba siendo productiva, y su madre estaba pagando por esto, así que debía hacer algo, hablar de algo... pero no sabia como comenzar. – Es... un sillón muy cómodo... – Fue lo único que se le ocurrió decir, pero se arrepintió rápidamente. Sonrojado bajo la mirada, y el profesional asintió.
- Supongo... que uno podría dormir en uno así de cómodo... ¿Ha dormido alguna vez en un sillón? – La pregunta era extraña, y lo hizo poner aún más incomodo. Levanto una ceja... Enserio, ¿qué clase de pregunta era esa?
- No... Bueno... En realidad una vez me quede dormido en el sillón de mi padre... - Bajo la mirada, moviendo sus pies. Casi patea a Honda, pero se detuvo antes de hacerlo.
- ¿Recuerda eso? – El ojinegro lo miro fijo, y Arthur se mordió el labio – ¿Aún su padre tiene ese sillón? - … Otra pregunta extraña, ¿qué clase de psicólogo era ese? No es que supiera mucho de esa materia, pero, enserio ¿esta era la forma de comenzar una charla con un paciente?
- No… era en la oficina de mi padre, y ya no voy más… - El mayor, de repente, tomo sus papeles y comenzó a escribir algo.
- ¿Trabaja en otro lado?
- No… esta muerto – Su voz sonó dura, y Kiku pudo notarlo. No le gustaba hablar mucho de la muerte de su padre, pero... suponía que algo tenía que ver con sus "visiones".
- Oh… Mi más sincero pésame… - Le expreso, y él solo bajo la mirada.
- Bueno… paso hace mucho tiempo… yo solo tenía 4 años… - Nuevamente el asiático escribió en sus papeles, para luego volver a mirarlo.
- ¿Y a qué edad se quedo dormido en su sillón? - Este hombre tenía una obsesión con los sillones, o algo parecido. Arthur ya estaba muy preocupado por ese profesional, que podría llegar a estar más loco que el.
- Ehm… creo… que a los tres… o casi cuatro… - Se miraron fijamente.
- Puede recordar cosas como esas… teniendo solo 3 años, es bastante genial – Su tono de voz fue indiferente, pero por alguna razón Arthur sintió eso como un ataque, por lo que se cruzo de brazos y se mordió los labios.
- Si, es que no tengo muchos recuerdos de él, así que guardo los pocos que mi mente es capaz de recordar… - No es como si supiese todo lo que le paso antes, es más, no recordaba quien fue si primer amigo (si es que alguna vez una persona pudo llamársele amigo).
- Hm… Y luego de su muerte… vivió con su madre, ¿no es así? – Bien, al menos ahora la charla no era sobre sillones, y tenía sentido preguntar esas cosas.
- Si… continuamos viviendo en la misma casa, y my mom comenzó a trabajar desde entonces… Yo empecé el jardín de infantes, yendo jornada completa, y luego de noche volvía y cenaba con ella… - Esa había sido la frase más larga que había hecho desde que llego a ese consultorio, y eso era bueno. Porque sentía que tenía ganas de hablar, dejando de lado la obsesión del profesional, y sus propias ganas de volverse a casa. Kiku lo miro durante varios segundos, como si esperase que continuara.
- Eso quiere decir que no paso mucho tiempo con su madre… - Expreso dándole pie a Arthur para que siga contando.
- Bueno… En realidad no mucho… Ella trabajaba de ocho de la mañana a ocho de la noche… Y yo iba al jardín a las siete, y regresaba a las seis y treinta…
- ¿Quién lo pasaba a buscar? – La charla ya era amena, Kirkland se sentía bien, aunque un poco cohibido, ya que estaba contando sus cosas.
- Había una chica… Sophie se llamaba… pero no la conocí mucho, solo me traía y miraba televisión mientras yo jugaba con ellos… - Lo último lo dijo en un hilo de voz. Miro directo a los ojos negros de su acompañante y trago duro. No quiso decirlo, no es que quisiese esconderle cosas a ese hombre. Es solo que no le parecía el tiempo indicado para comentar eso.
- Ellos, ¿quiénes son? – No dejaron de mantener contacto visual, hasta que el rubio decidió mirar al suelo. Era extraño, hablaba de ellos, y no aparecían. Casi siempre Puck o Fairy eran quienes se presentaban. A veces ese que se decía a sí mismo "América", aunque en menor medida, de alguna forma le gustaba aparecerse cuando estaba solo, o en su casa.
- Son… unos amigos… que a veces se aparecen ante mi… - Nuevamente su voz le salió débil, pero es que creía que se aparecerían y lo retarían. No es como si alguna vez le hubieran dicho que no cuente sus encuentros, es más, su madre sabía de ellos, pero sentía algo raro al hablar de ellos.
- … ¿Quiere hablarme de ellos? – Arthur lo miro fijo, y asintió. Miro a ambos lados, y suspiro.
- Al principio… cuando aún estaba mi padre… recuerdo que a veces otro ser de mi misma altura nos seguía… creí que era una persona, pero luego logre mirarlo más de cerca, y tenía aspecto extraño, por lo que definitivamente no lo era, si no… otra cosa… - Se detuvo unos segundos, se había quedado sin aire, pero deseaba continuar. – Un día… decidí ir y hablarle. Era verde, tenía una nariz extraña, con verrugas, y sus ojos eran amarillos… - El profesional asintió y comenzó a anotar. Era algo molesto, ¿por qué anotaba si todo lo que dijera aquí quedaría entre ellos? Dejo eso de lado, y continúo –… Se extraño un poco cuando le salude, pero rápidamente cambio su semblante a emocionado, y me pregunto algo…
- ¿Qué fue lo que le pregunto? – Kiku cuestiono, sin necesidad. Arthur iba a decirlo igualmente, pero sintió que debía decir algo para armonizar un poco más el ambiente. Y así fue.
- Bueno… en realidad me comento que le gustaba un juguete que yo tenia, uno de un soldado, y luego me pregunto en donde lo había conseguido – Kirkland se sintió mejor, ya su garganta no estaba seca, y sentía que podía expresarse con libertad.
- Eso quiere decir, que lo seguía por su juguete… - Comento el mayor y lo miro fijo. Arthur asintió.
- Yo decidí regalárselo, sus ojos me lo pedían y no podía negarme. Sorprendido lo acepto y se alejo de mi… - De repente lo sintió, algo había aparecido detrás de el. No estaba seguro de su tamaño, pero como fue de repente, seguro seria Fairy. Ella era la que usaba magia todo el tiempo. Se dio vuelta tranquilamente y la vio, con su vestido púrpura y sus ojos verdes. Lucia un poco molesta, por lo que Arthur se preocupo, no era bueno, ella era la que se enojaba más rápido.
- ¿Sucede algo, Arthur? – La voz de Kiku lo desconcentro y lo hizo volver a voltearse – ¿Esta él aquí? – Arthur negó y cerró los ojos.
- Es… es otro, no es Puck, es Fairy… - Comento y sintió un bufido de su amiga. Intento ignorarlo y continuar, pero esta voló y se sentó en el escritorio, mirándolo fijamente – Hola, Fairy… ¿Puck no esta contigo? – Preguntó. Porque ellos solían venir juntos. Desde que se habían conocido que venían juntos. En cambio con el Americano era diferente, siempre venia solo. Tenia entendido que ni al hada, ni al duende le agradaba ese rubio.
- No, pero estaba escuchando lo que le decías a este hombre… - Su voz sonó extraña, y Kirkland trago duro. Kiku, de mientras, observaba la escena, tranquilo. El joven le hablaba al aire y se ponía nervioso. Siguió anotando.
- Si, le comente, al igual que le comente a my mom. Creo… que es necesario que él lo sepa… - El hada volvió a bufar, y mirar al asiático.
- Él quiere alejarte, como tu madre, es lo mismo – Se elevo y el menor la siguió con la mirada. Tenía razón, él iba con este especialista porque su madre insistía que no era normal esto que le sucediera a un joven de 15 años. Pero eso no significaba que quisiese alejarlos, no a Puck, no a Fairy… tampoco al americano… Aunque… ¿no era por él que sus dolores de cabeza eran recurrentes? ¿No era por él que a veces recordaba cosas que no sucedieron? Con esas mentiras… - ¿Y estás pensando en él no? En América y lo que te cuenta… - No se había dado cuenta y había bajado la mirada.
- Sabes lo que me hacen sus mentiras… insistiendo esas cosas, que yo soy Gran Bretaña… - Honda seguía prestando atención a las palabras de su paciente. No estaba entendiendo del todo, pero el resumen que había dado su madre era coherente. El joven, que veía seres mágicos; quizás ese no era tanto el problema, si no mas bien al otro joven al que veía. Ese, que según su madre, era América. Ese, que cada vez que aparecía, hacia al menor terminar en un hospital.
- Arthur, ella esta aquí, ¿y qué hace? – El rubio lo miro. Era cierto, él no podía verla, ni escucharla, por eso no sabía que sucedía.
- Está un poco enfadada, y vuela alrededor de usted… - Expresó, mirando al hada dar vueltas divertida. Ya no lucia tan enojada, si no un tanto feliz.
- Tiene un lindo aura, me agrada – Dijo de repente y Arthur se río. No podía ver el aura de las personas, pero creía en las palabras de su amiga.
- De todas formas le agrada, dice que tiene un buen aura – Kiku asintió y sonrío también. Con sus ojos negros, miro fijo al menor. Estaba más feliz, como si se hubiese olvidado lo que hacia antes. Pero eso no duro mucho, su rostro se transformo nuevamente en uno molesto y triste.
- Inglateeeerraa! – Su voz chillona, inconfundible voz chillona, que abría la puerta con tranquilidad y se acercaba hasta estar a su lado. Fairy lo miro mal y se acerco al odio del ingles.
- Me voy a ver a Puck. ¡Hasta luego, Arthur! – le dijo y desapareció. El ojiceleste no le presto atención y le sonrío abiertamente.
- Arthur, ¿sucedió algo más? – Pregunto ahora Kiku y el joven asintió.
- Es un estúpido quien vino ahora. Es… el que mas me molesta – Honda asintió y volvió a anotar.
- ¿Y que anota ahí Japón? ¿Es un manga nuevo o algo parecido? – Kirkland lo miro con una ceja levantada.
- ¿Japón? – Expreso, sorprendiendo al especialista.
- Claro, tonto, Japón, ¿qué es lo que anota allí? – Negó y miro a su psicólogo. Eso quería decir… ¿qué el era Japón? No, no, no era Japón, y el no era Inglaterra.
- ¿Qué sucede con Japón, Arthur? – Si fuese Japón lo hubiera llamado Inglaterra-san y no Arthur… ¡¿Qué decía? Otra vez creía en lo que decía ese imbécil. Lo mejor seria ignorarlo y hablarle a Honda sobre él.
- Él… es algo particular… Ahora esta diciendo que usted es un país... – El americano le dio un vistazo al cuarto, hasta encontrar un pequeño espacio algo separado, con una caja no muy grande, que yacía sobre una alfombra roja.
- ¡Oh! ¡Mira! ¿Para qué es esta caja? – Volvió a mirarlo. El muy imbécil se acerco a ese lugar, y se sentó en el suelo como un niño pequeño. ("Me encantan, Inglaterra, ¡gracias por regalármelos!"). Y podía verlo. Pequeño, frágil (Bien, no tanto), con unos ojos brillosos que indicaban felicidad, que lo observaban con admiración...
- ¿Arthur? ¿Está bien? – Volvió en sí y sintió, nuevamente, dolor de cabeza. Su psicólogo se preocupo ahora, no se veía bien, sus ojos estaban algo dilatados, y parecía que su respiración se había acelerado.
- Ah… si… - Respondió y se masajeo un poco la sien - No es nada, ya se me pasara - Dijo y sonrío forzadamente.
- ¿Quieres continuar? O prefieres…
- ¡No! - Le interrumpió y se acomodo mejor en su sillón. No iba a caer nuevamente en esos deslices, que le impedían vivir su rutina. No otra vez.
- Bien… ¿Qué tal si me habla de el? - Asintió y miro fijo al amante de las hamburguesas - ¿Cómo es el? - Arthur sonrío, al notar que su "amigo" se había concentrado en un juego.
- Él… es rubio, más bien castaño pero claro. Tiene anteojos, que esconden sus ojos celestes. También tiene un rulo extraño, que sobresale, siempre le digo que se lo peine, pero no me permite tocarlo - Explico un tanto enfadado, pero con la sonrisa aún en su rostro. Kiku observo la caja de juguetes, donde todo estaba como siempre - Tiene una voz un tanto insoportable, con solo escucharlo siento que se me romperán los tímpanos - Oh si, era imposible dormir con sus gritos (Aunque a la vez… era un tanto angelical ¿no?) No, no lo era y ya. Negó y volvió su mirada al psicólogo que seguía anotando.
- ¿Recuerda cuando fue la primera vez que apareció? - Era extraño… en un principio el especialista no hablaba mucho, hacia preguntas pero no tan explicitas como esas. Es como si el tema del americano fuese lo más interesante. Ah… claro… Su madre seguro ya había hablado con él, y era obvio que le habrá explicado que lo mas alarmante era ese chico - ¿Qué fue lo que te dijo la primera vez? - Alfred se levanto, sin guardar los objetos con los estaba jugando.
- Oyee, Inglaterraaa, tengo hambre, vamos por una hamburguesa - Le dijo, tocándole la mejilla derecha con el dedo. Tsk, que molesto.
- ¿No vez que estoy haciendo algo importante en este momento? - Intento echarlo con la mirada. Aun no sabia por que, pero no podía soportarlo a veces, como si lo odiara, pero no ("No es… que te odiara…"), era sencillamente extraño.
- ¡Ohh vamos! Puedes hablar con Japón en cualquier otro momento, además solo hablan de mi, y se que soy lindo pero…
- ¡Imbécil! - Se mordió los labios y le grito - El no es Japón, y no, ¡no eres lindo! - América puso cara de puchero y desvío su mirada hasta donde estaba el otro individuo, que seguía observando la escena.
- ¿Él dice que yo soy japonés? - Cuestiona y Arthur asiente. Por lo menos, el hecho de que su madre algo le haya hablado sobre ese estúpido era bueno, ya que sabia que es lo que contaba - … ¿Sabe de qué nacionalidad soy? - Dirigió la pregunta a su paciente y este negó.
- Supongo… que eres asiático, si, pero no por eso va a ser obligatoriamente japonés - Le explico - De todas formas, no dice que seas japonés, si no…
- Que es Japón, es obvio que es japonés, a veces pareces taaan tonto Iggi - No lo aguanto, lo golpeo en la panza - ¡Kii! - Ante ese rápido movimiento, Honda se asusto. Había… ¿golpeado a ese ser?
- No me digas así, ¡tú eres el tonto! - Se levanto y lo enfrento, mientras que el otro solo se cruzaba de brazos.
- ¡Deja de golpearme, fucking limey! - Se alejo unos segundos… Como… ¿Que había dicho? (Un hombrecito gris, con los ojos rojos, gigantes, y rojos, que lo miraba mal. "¿De que planeta viniste?", lo nervioso que se había puesto, y como enfrentaron sus miradas. "¡No preguntes sobre eso, fucking limey!"). Se agarro la cabeza y se mordió los labios. Que estupidez, los aliens no existen.
- Cállate y déjame en paz de una vez - Volvió a sentarse y Jap- su psicólogo, aún con ojos inexpresivos, miro su reloj. Oh, si, el tiempo, ese hombre tenia otros pacientes, y de seguro ya había pasado la hora acordada - ¿Ya son las seis? - El otro negó. Pero aun así se levanto de su asiento.
- ¿Aun sigue allí este hombre, Arthur? - Miro unos segundos al americano, que había empezado a esconderse más en su chaleco (¿Qué le pasaba? ¿Tenia frío?), y luego asintió - Oh… eso quiere decir… que si le dice que se vaya no lo hace - Afirmo, aun parado - Preciso que su madre entre, es algo que debo comunicarle a ambos - Se levanto también, y camino hasta la puerta. La abrió y vio a su madre, sentada sobre unas sillas, al lado de una niña de unos diez u once años.
- ¡Corazón! - Dijo, levantándose rápido y acercándose a él, y al asiático - ¿Cómo ha ido? - El americano también salio, y al ver los asientos, fue corriendo a acostarse en tres que estaban desocupados. Negó y suspiro, haciendo que su madre se mordiera los labios con algo de impotencia.
-Señora Kirkland, ¿podría pasar un momento? - La mujer asintió y miro a su hijo -Oh, el también debe venir - Los tres entraron, y Arthur, quien fue el ultimo, cerro la puerta con malicia. Lo sabia, Alfred se había quedado afuera, y por lo menos se liberaría de el unos segundos (¿Liberar? ¿Quiere que se libere?)
-Tsk - Largo un bufido y volvió su vista a la puerta. No, bueno, no buscaba eso… Como ya había dicho antes, no pretendía alejarse de ellos, solo quería dejar de sufrir dolores de cabeza, desmayos y sangrados de nariz repentinos. Solo quería ser un hijo modelo, y que su madre y su padre (Donde quiera que este) se sintiesen orgullosos. Pero no, ese otro individuo insistía en cosas entupidas, por que en serio, Puck no era un problema (Quizás si, pero solo por que a veces se llevaba algo). Tampoco Fairy (Bien, si estaba enojada, si, si era un problema. Pero no para el).
- Debemos continuar con estas sesiones, y me gustaría que fuera por lo menos, dos veces por semana - Honda ya estaba sentado y los miraba fijamente. La mujer asintió, y miro a su hijo un poco mas tranquila, como si que ese hombre quiera verlo significara que todo ya estaba bien. O quizás que Arthur había optado por abrirse, por primera vez, ante alguien.
- Vas a la escuela de mañana… - La puerta se abrió nuevamente y el norteamericano entro sin pedir permiso - Así que podrás venir por las tardes - Explico lo obvio y Alfred sonrío y tomo las manos de Arthur emocionado. ¿Qué le sucedía ahora?
- ¿!No es genial, Iggi! !Podremos ver a Japón otra vez! - Grito y agito sus manos. La señora Kirkland y el psiquiatra vieron como el menor movía sus manos para arriba y para abajo, con velocidad, y que mostraba una sonrisa de lado, una un tanto imperceptible. Una que apareció al ver tan feliz al rubio, pero no, no lo aceptaría.
Nyaa, Kiku psicólogo fue algo que salio de mi, no se como, quizás por el poster de el, que me mira todas las noches xD Aunque, si actitud de psicólogo i eso, en realidad represente mi primera sesión con la psicóloga... no estaba obsesionada con los sillones (=D) pero si lo primero que dije, que fue algo como "Hoy hace calor" , lo utilizo para que empiece a hablar n.n!
Con respecto a los nombres del duende y de la hada... Según leí en algún lado, en escocia se les dice "Puck" a los duende. Y Fairy... bueno, es hada en ingles no? kesesese
Bueno, ojala que les haya gustado, Nos leemos en el próximo capitulo! Ah, como digo, reviso siempre la ortografia, pero si hay errores sepan disculpar
Sayoou!
