Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, fueron creados por Jane Austen.

Este fic participa en el reto:"Viñetas de Emociones" del foro "Las sombras de pemberley".

Número de palabras: 908

Emoción: Celos


Capítulo 2: Celos irracionales

Darcy se sirvió una copa de licor intentando aplacar el fuego que ardía lentamente en su interior. El líquido se deslizo por su garganta quemándole, aumentando el ardor que sentía por dentro.

Furia, en su estado puro, se estaba construyendo en su cuerpo, pugnando por salir.

Estaba sorprendido por esa falta de autocontrol que estaba experimentando y la idea lo puso mucho más furioso todavía.

Al vivir en sociedad la mayor parte de su vida, sabía que una demostración abierta de sentimientos era un paso directo hacia el escándalo, por lo que había aprendido a mantener su expresión neutra y sus emociones bajo un absoluto y estricto control.

Pero en ese momento lo único que quería era romper todo lo que se atravesara en su camino, echar la cabeza hacia atrás y aullar de rabia, ir a la habitación de su primo y estropear su nariz… también toda su cara, si era posible.

Solo una persona era causante de todo esto, la misma que en ese momento atravesó el umbral de la puerta y cerró la misma de un portazo.

Apretando fuertemente la copa en su mano, Darcy camino hacia la ventana y observó el paisaje que tanta paz le había reportado durante su vida y que en ese momento no le producía absolutamente ninguna tranquilidad.

-¿Se puede saber señor Darcy cuál es su problema con mi persona?- la pregunta fue pronunciada a través de los dientes apretados de su esposa.

Con un tono de calculada frialdad e indiferencia Fitwilliam respondió.

-No entiendo de que está hablando usted señora Darcy, y le pido que no vuelva a irrumpir en mi escritorio sin antes llamar a la puerta, es descortés.

"Vete" gritó internamente, sintiendo que la tormenta en su interior se elevaba en niveles peligrosos

-Permítame dudar de su palabra, Señor- replicó ella despectivamente, haciendo rechinar los dientes de Darcy- y dudo que usted pueda opinar sobre la descortesía dado la forma en que me ha tratado frente a su hermana y nuestro invitado.

Ante la alusión a su primo el señor de Pemberley casi pierde la compostura. Dándose vuelta, le espetó:

-¿Por qué no va entonces a entretener a Su invitado y a mi hermana dado que eso, seguramente, le reporta más placer que estar aquí discutiendo por nada con mi persona?

Elizabeth lo miró con sus grandes ojos castaños brillando de confusión. Luego pudo leer en ellos cuando la comprensión de todo llegó a ella... y finalmente el enojo.

-¿¡Qué!?¿Está intentando decirme que usted me ignoró, me trató mal a mí, a Gergie, al Coronel Fitwilliam y a todo el personal de la casa, y se encerró en su despacho todos estos días, por unos simples celos?- preguntó su esposa incrédulamente.

Un no muy bienvenido rubor subió desde su cuello hasta sus mejillas. Visto de esa forma le parecía patético su actuar.

-Claro que no- respondió con toda la altivez que fue capaz, deseando que la sangre dejara su pobre rostro en paz.- está usted delirando señora Darcy.

-¿Acaso te di algún motivo para que pienses que tengo un interés especial en el Coronel?- lo interrogó ella, ignorando su vehemente (y mentirosa) negativa, y tuteándolo por primera vez en varios días. Eso casi le hizo olvidar la causa de su enojo… casi.

- Oh no!, se lo aseguro… pasearse por el parque todos los malditos días con mi primo, sonriéndole, riéndose con él, y yendo al pueblo de su brazo todo el tiempo, no hace pensar a nadie que usted tiene un interés especial en mi primo.- la voz de Darcy goteaba sarcasmo cuando finalmente explotó y, levantando la voz, sacó de adentro lo que había estado carcomiéndolo por dentro durante los últimos días, sin darse cuenta de que acababa de maldecir frente a su esposa.

Todavía podía verlo a él recibir las sonrisas de SU esposa, paseando con SU esposa por SU casa, llevando a SU esposa por SU pueblo, mientras él se reunía con su aburrido y hosco administrador, para de hablar de asuntos que ni recordaba.

Al escuchar su acusación, Elizabeth se envaró y dijo que furia apenas reprimida.

- Pues para que sepas, si hubiera estado enamorada, o incluso ligeramente interesada en tu primo, me habría casado con él. Sin embargo no fue así, ¿y sabes por qué? Porque me enamoré de ti, aunque seas el hombre más obtuso, irracional y celoso del mundo. Y en este momento ni siquiera comprendo cómo puedo seguir amándote todavía, cuando te estás comportando como un asno. ¿Cómo has sido capaz de tratarme de esa forma? Y ni siquiera te has dignado a decirme la razón. Pero, ¿sabe qué? Tú y tus celos pueden irse a las Américas si quieren, yo no me voy a dejar tratar así nunca más, ¿he sido clara?

Su esposa paró de caminar de un lado al otro de la habitación para mirarlo airadamente y, acto seguido se dirigió hacia la puerta murmurando cosas en voz muy baja, de lo cual lo único que captó fue "cara" y "trasero de caballo".

Mareado debido al extenso discurso y a las constantes vueltas de Elizabeth, Darcy se sentó en su silla frente al escritorio, mirando fijamente el fuego que ardía en la chimenea.

Varios minutos después, cuando por fin su mente dejó de dar vueltas, lo único que Darcy podía pensar era que su esposa lo había llamado asno.

Y había comparado su cara con el trasero de un caballo.