Muchas gracias por el recibimiento del comienzo de este fic. Sinceramente no pensé que fuese a gustar tanto como para que se me pidiese que lo continuase. Gracias por los reviews, jajaja, me encanta leeros y que me deis vuestras opiniones, tanto buenas como malas, ¿eh?

Este capítulo no lo hubiese conseguido escribir sin la ayuda de mis ángeles de Charlie particulares: Soeurrickate y Sistwif este capítulo va por vosotras y para vosotras.

Tras haber acompañado a papá en la mesa mientras desayunaban y dejaban apartadas en un plato el par de tostadas de mamá, se ofreció a lavar el par de tazas que habían usado pese a la insistencia de Jim en que lo hacía él.

Estaba terminando de secar las tazas antes de meterlas en el armario, cuando escuchó que llamaban a la puerta, por la hora dedujo que sería Nicole.

Jim se levantó del taburete y abrió la puerta a una sonriente Nicole acompañada por Thomas.

Thomas y Jim se dieron una palmada en la espalda respectivamente a modo de saludo, mientras Nicole y Kate se coordinaban para sacar la maleta de Kate al pasillo.

-Había pensado en acercar a las chicas al aeropuerto donde han quedado con el resto del grupo ya que me pilla de paso al ir a la oficina, así no hace falta que nos movilicemos los dos –se ofreció Thomas.

-¿Seguro que te viene bien?, ¿Yo también puedo acercarlas, eh?

-No te preocupes, ya tenemos la maleta y el equipaje de ésta en el maletero –continuo Thomas mirando a su hija- con que me ayudéis a meter el de esta señorita será suficiente.

Kate le sonrió y terminó de sacar su maleta al recibidor, donde Thomas pasó a hacerse cargo de ella.

Un fogonazo en forma de imagen, con la cara de esa persona a la que tanto quería, se le pasó por la mente a Kate en ese momento. No iba a llegar a tiempo… Se iba un mes fuera y había vuelto a elegir lo que fuese que estuviese haciendo, antes que quedarse a despedirse de ella..

-Bueno campeona, creo que te toca irte –escuchó decir a Jim que le miraba frunciendo los labios de lado.

Y en ese momento dejando la madurez de lado, se acercó hasta él echándole los brazos al cuello mientras para sorpresa de su padre, le daba un beso en la mejilla; gesto de cariño que ya sólo hacía cuando se encontraban solos en casa.

-Te quiero –dijo acompañando al gesto

-Y yo a ti granuja –le respondió mientras hacía amago de ir a tocarle el pelo.

Kate fue rápida y se apartó guiñándole un ojo:

-Te conozco –dijo alzando una ceja

-Serás…

Iban a salir por la puerta cuando vieron salir apurada del ascensor a Johanna.

-Justo a tiempo – Jim se acercó a cogerle una bolsa que traía y le dio un beso en los labios.

Kate sin embargo no se movió de su sitio y de hecho empezó a hablar con Nicole en susurros.

Johanna se acercó hasta ella y Nicole se apartó unos pasos para dejarles un poco de intimidad, en un espacio tan reducido.

-¿no me dices nada? –le preguntó Johanna mientras estiraba la mano para ir a retirar un par de mechones que se le habían escapado a su hija de la coleta que llevaba hecha.

Instintivamente Kate se retiró tan solo unos milímetros a su derecha. Lo hizo de manera tan sutil que nadie lo notó, salvo Johanna.

No dijo nada.

Mejor. Pensó Kate. No tiene derecho a hacerlo.

-Pásatelo bien, ¿vale? Y llámanos si necesitas algo.

Sonrió y asintió, para no levantar sospechas de que algo iba mal con su madre, pues por muy enfadada que estuviese en el fondo era la persona a la que más quería y eso era innegable.

Se apartó y volvió al lado de Nicole.

-¿Ya podemos irnos? –preguntó Thomas sonriendo y saludando un momento a Johanna antes de ir camino al ascensor, donde ya se encontraban las niñas.

-Una última cosa –se escuchó decir a Johanna cuando el ascensor iba a cerrarse del todo.

Consiguiendo pararlo, el ascensor volvió a abrirse.

-Te quiero hija.

Kate que estaba distraída con unas fotos que se estaba pasando con Nicole al escuchar estas palabras, se dio la vuelta y tras mirar un instante en los ojos de su madre, salió del ascensor y se acercó a despedirse de ella antes de irse.

Pasaba de volver al momento que había protagonizado con su padre en el apartamento minutos atrás. Además mamá era como ella, así que puso su mano derecha, sobre la izquierda de ella y le miró a los ojos, con esa mirada que dejaba ver todo lo que su madre significaba en ella, pero que dejaba ver del mismo modo que por eso, no estaba contenta con ella.

Todo esto fue rápido y en menos de 1 minuto, Kate estaba de nuevo con Nicole y el padre de ésta montándose en el coche de su amiga.

Había llevado las manos apretadas en forma de puño todo el recorrido, así que no fue hasta ese momento cuando descubrió que algo se le estaba hincando en la palma de la mano derecha.

Abriendo la mano se encontró con el causante de ese malestar. Una cadena con la alianza de su madre.

Pero… ¿cuándo?, ¿cómo?. Sólo había sido un momento, ella se hubiese dado cuenta...

Alzo la mirada al cielo y se mordió la lengua aguantando el no dejar sacar a relucir las emociones.

Ella siendo tan dura con ella y su madre le había hecho el regalo más grande que una madre puede hacerte.

Lógicamente ella no estaba presente, pero le habían contado la historia. Esa era la alianza de su madre el día de la boda de sus padres, pero esa alianza había pertenecido anteriormente a su abuela. Su abuela había muerto años atrás en uno de sus viajes de trabajo a manos de un par de desalmados a los que nunca se les dio caza, cuando Johanna apenas era un bebé. Joseph se había hecho cargó de Matthew y Johanna desde entonces, pero la pérdida de su mujer fue un duro revés que nunca superó y una vez que hubo criado a su hijos y estos se independizaron, empezó a dejar de comer, de cuidarse… terminando al cuidado alternativo entre Johanna y Matthew hasta que falleció unos meses antes del nacimiento de la primera y única de sus nietas.

-Kate estas muy callada, ¿va todo bien? –le preguntó Nicole tocándole el hombro mientras se quedaba observando como su amiga miraba por la ventanilla, sin saber que realmente sus pensamientos estaban más allá que la imagen que ofrecía ese cristal.

-Sí, sí, lo siento –respondió Kate metiéndose el colgante con la alianza al bolsillo del pantalón.

Sin embargo Nicole pudó ver que no estaba muy charlatana y le dejó su tiempo, sin agobiarla a preguntas. La conocía y sabía que algo le rondaba en la mente a su amiga, pero con Kate era así. No había que atosigarla, si ella quería, acababa contándotelo y si no se lo guardaba para ella.

Lo cierto es que el recorrido se hizo corto y una vez en el aeropuerto, se despidieron de Thomas al visualizar al grupo de chicos que partían al campamento.

Nicole conocía a dos amigas, una de las cuales era amiga también de Kate.

Kate por su parte conocía a dos chicos más, con uno de ellos había estado saliendo el verano pasado, así pues se separaron y cada una se puso a hablar con personas distintas, saludando a la gente.

-Oye, ¿sabes cuando sale el avión?

-Quedan 15 minutos.

-Gracias Adam –una sonrisa acompaño a su agradecimiento.

Adam le devolvió otra en compensación.

-Necesito hacer una llamada, ¿te encargas de avisar de que vuelvo ahora?

-De acuerdo –le respondió todavía sonriéndole.

Sabía que le estaba mirando cuando se dio la vuelta y salió al aparcamiento del aeropuerto mientras pulsaba el botón de llamada tras marcar el número.

Estaba a punto de colgar cuando le escuchó:

-¿Sí? – se la notaba con voz pastosa y adormilada.

Ahora le costaba pronunciar esas palabras que había estado meditando de camino al aeropuerto.

-Nada, si te pillo en mal momento, te llamo cuando llegue a Marseille –dijo con una risa nerviosa.

-Oh, no te preocupes cariño. Dime –la animó de su madre desde el otro lado de la línea.

Kate volvió a tragar saliva.

-No es nada… solamente quería darte las gracias por la alianza – contestó echando por tierra todo el discurso que había pensado decirle intentando no emocionarse.

-No tienes que agradecerme. Sabes que un día será tuya y quería que la tuvieses cerca en este viaje, es la primera vez que te tengo tan lejos ya sabes.

Definitivamente su madre no se lo ponía fácil, pero siguió guardando la compostura.

-Mama… Gracias

-Siempre

Todavía permaneció un par de minutos ahí, antes de volver a entrar dentro y encontrarse a sus compañeros de camino a la puerta de embarque, corrió hasta llegar a la altura de Adam, agradeciéndole el haberse quedado cuidando su equipaje y tras esto se acercó a Nicole, obviamente era su compañera en el asiento de vuelo.

-¿Hemos arreglado las cosas? –le preguntó con una sonrisa.

La sonrisa radiante que le devolvió su amiga, hizo ver a Nicole que así era.

-Me alegro, de verdad… te lo digo siempre, pero sabes por experiencia que funcionamos así, cuando una de las dos está mal el día acaba torciéndose para ambas. Y si no párate a pensar en ese día en el que Rose tuvo que cubrirnos cuando,…

Y así entre risas y sonrisas, acabaron subiéndose al avión.

Tras más de 15 minutos paseándose por el pasillo del avión localizaron sus asientos.

Como era de esperar la salida se retrasó, lo que produjo que el resto de los pasajeros ya no les mirase con buenos ojos a esa marea de adolescentes que seguramente les haría el viaje más que movido.

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Una joven se encontraba a unos metros retocándose las uñas cuando Martha y Richard llegaron en taxi al comienzo del camino que conducía a la entrada del campamento.

-Richard, ¿qué has hecho?

-¿yo? –Se quitó las gafas de sol mirando a su madre con cara inocente – Me dijiste que no llamase a Gina, pero no mencionaste nada de Ashlyn

Martha lo fulmino con la mirada.

-Oh vamos, ¿dónde te crees que estamos? Estoy seguro de que saben más que tú y yo juntos, dijo refiriéndose a los chicos que llegarían a pasar el verano allí en unas horas.

-Que tú seas un caso perdido, no te lleve a pensar que todos son como tú

-Bah! –se colocó las gafas de sol mirando a Ashlyn mientras pensaba en todo lo que les quedaba por delante durante esas semanas.

Una vez al final de ese camino, el taxi paró y Martha pagando el importe bajo del mismo, seguida de Richard, que tenía intención de darse brío en ir a recibir a la que parecía ir a ser su acompañanante estos días. Pero la mirada de Martha lo frenó y decidió hacer las cosas bien.

-Martha, está es Ashlyn. Ashlyn está es mi madre

-Oh vaya es usted realmente fantástica –Martha ya estaba estrechándole la mano a la joven – lástima que no vaya a ser más que una más de la lista…

-¿Cómo? –preguntó la joven sin entenderla.

-Claro, ya conoce a los jóvenes de hoy en día. No se toman nada en serio

Ashlyn alzó una ceja incrédula mirando hacia Richard, pero Martha se volvió a adelantar impidiéndole el poder abrir la boca.

-La semana pasada era Helena, luego esta Gina y supongo que ahora es tu turno. Eso sí, tengo que decirte que a ti no me importaría tenerte como nuera.

Ashlyn que no había escuchado más que la primera parte de esta última frase, se encontraba de brazos cruzados y reclamando explicaciones a Castle con la mirada.

-Jaja, que bromista es mi madre –comenzó entonces, intentando destensar ese momento.

Martha no había perdido el tiempo.

-Tengo el número de las chicas, puede llamarlas si no me cree.

Richard fue a abrazar a Ashlyn pero recibió un bofetón por toda respuesta y en el mismo taxi que los había llevado hasta allí, vio marcharse a Ashlyn.

-Estupendo… muchas gracias –dijo mirando enfadado a su madre

-Suerte que me tienes a mí. Ya te vale cualquiera… que triste.

-¿tú me odias? –pregunto mirándola enfadado como estaba

Martha meneo la cabeza sin decir nada y Clementine salió a recibirlos.

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La cena estaba preparada y los chicos iban llegando inspeccionando ese comedor que iba a ser durante un mes el sitio en el que realizarían todas las comidas.

Les habían contado que por el número de gente, se harían 5 grupos, con un monitor para coordinar cada uno. Pero eso ocurriría tras la cena, ahora todo era un bullicio de gente de diferentes ciudades y países agolpándose a la altura donde estaban colocados los platos.

Kate esperó a que la marea de gente hubiese cogido su plato, para luego cogerlo ella. Pero cuando le llegó su turno pudó ver que habían desaparecido todos ellos, un chico también había estado esperando detrás de ella y ahora ahí se encontraban, esperando que volviesen a sacar otra tanda.

Se giró haciendo ver que intentaba localizar la mesa de sus amigos y le echó un vistazo de perfil. Desde luego era más mayor que ellos, moreno, ojos azules y musculoso. No estaba mal.

-Vaya, parece que nos ha de tocar esperar –dijo rompiendo el hielo.

-¿Me lo dices o me lo cuentas?

Y además tenía ese tono de voz que le gustaba encontrar en los hombres con los que se relacionaba. Lástima que sea un payaso pensó.

-Te lo deletreo –respondió amoldando su mente a la persona con la que estaba.

Esto hizo que Richard la mirase por primera vez.

Un palmo más baja que él, morena, delgada pero no débil. Estaba claro que no era fácil de achantar.

Quería saber más y poder verla mejor, así que se arrimó quedándose a la misma altura, la miro y ella le miró a él.

-¿Qué pasa? ¿Te crees que eres el único que puede ir de payaso y al que hay que reírle las gracias?

Dios mío, era una cría pero esa pose de dura y esa gélida mirada que le había dirigido lo había… ¿excitado?. Es decir estaba claro que no excitado en el sentido de tener ganas de acostarse con ella, pero… ¿cómo una cría podía ser tan madura?

-Perdona, no me gusta este sitio –comenzó intentado que volviesen a comenzar la conversación de 0

-¿Y eso? –preguntó ella sin darle todavía mucha tregua

-Lo cierto es que como puedes ver, no encajo mucho…

-Bueno, eso depende de muchas cosas. Uno encaja donde quiere encajar.

-¿Cómo te llamas?

-Kate, ¿tú?

-Richard, aunque puedes llamarme Rick.

Kate le miró alzando una ceja.

-Deja… yo te llamaré Richard. ¿Y por qué estás aquí?

-¿Cómo? –preguntó sin entenderla

-Me acabas de decir que no te gusta este sitio, entonces ¿por qué estás aquí?

-Una larga historia…

-No, no sigas. Sé lo que viene después: no la entenderías, ¿no es eso lo que ibas a decirme? –le miró dando a entender que estaba claro que sí.

Los platos llegaban en ese momento, lo que daba pie a poder hacer cada uno el camino por su lado, además esa pequeña petarda empezaba a caerle mal.

-¿cómo presupones lo que iba a decir? En fin supongo que de una cría como tú no puedo esperar nada más... me voy –y cogiendo un plato se alejó de ella.

Pues adiós idiota pensó para sí misma.

Cuando volvió a la mesa Nicole, Jenny y Louise la miraban esperando novedades.

-¿Qué pasa? –preguntó no obstante fingiendo no entenderles.

-Oh, vamos Kate, ¿te crees que somos ciegos? – Nicole la miraba expectante

-Ah, ¿lo dices porque me toco esperar para coger el plato? Ah, no te preocupes

-¡KATE BECKETT, CUENTANOS AHORA MISMO QUIEN ERA ESE CHICO, COMO SE LLAMA Y DE QUE HABEÍS HABLADO! –continuo su amiga apuntándole con el tenedor.

-Calla, baja la voz anda, no hace falta que se entere todo el comedor, ¿sabes?

Una vez que todos acabaron de cenar, salieron al césped y agrupados en corro, los fueron numerando y separando por grupos, a Kate le tocó el numer Nicole el 4, así que no estarían juntas más que para las actividades grupales.

Formados los grupos, fueron presentando a los monitores y las monitoras.

Cuando lo vio entre ellos, a Kate se le abrieron los ojos como platos.

¿Cómo el de monitor? –pensó – Un perro sería mejor compañía.

Bueno por suerte no ha de tocarme…

Empezaron de atrás hacia delante en el reparto y a su amiga le tocó con la única monitora, Mariah.

-Lisa, Melody, Mia, Helen, Gabriel, Irene, Irina, Isaac, Isabella, Jack, Jefferson, Jonas, Jackie, Kelly, Nathan, Kevin, Madeline, Adam y Kate, los suyos Richard –dijo la mujer que seguramente organizaría ese campamento de verano.

Dios mío, ¿puedo tener peor suerte?

Ya en ese momento se evadió del resto del reparto y de lo que se habló después. Reaccionando únicamente cuando Adam le zarandeo del hombro.

-Se ha organizado un juego, parece que aquí nos deben de considerar crio de guardería. El escondite, la para uno de nuestro grupo y en tres minutos dan la señal de aviso, el último que lleguemos al muelle empieza a contar.

Conforme le estaba contando, dieron la señal de alarma y salió corriendo, dejando confundida a Kate.

Para cuando reacciono sus compañeros ya llegaban medio camino hecho y por más brío que intento darse, llegó la última.

Mierda-pensó para si misma.

Explicaron el juego y empezó a contar hasta 50 tranquilamente, en el fondo el juego le parecía una estupidez y el tener que estar buscando a sus compañeros más.

Cuando hubieron pasado diez minutos escuchó una voz a su espalda.

-Muy gallina para algunas cosas y tan lenta para otras… ¿te traigo el colchón y te echas una siesta mientras cuentas?

Se dio la vuelta y sé le quedo mirando a los ojos, enarcando una ceja.

-¿tú qué haces aquí?, ¿no deberías estar escondido con el resto?

-Tú lo has dicho, debería pero… soy un chico malo.

Kate se mordió el labio dejando entrever el esbozo de una sonrisa

-Bueno tan malo no debo de ser, cuando he conseguido hacerte sonreír. Que susto, creía que eras un bloque de hielo.

-No puede decirse que dieses pie a que fuese amable contigo…

-Te explique que no estaba agusto aquí.

-¿Tengo yo la culpa?

Más bien tienes la culpa de lo contrario- pensó él.

-De acuerdo, lo siento. ¿Satisfecha?

Kate le miró escrutando cada gesto que pudiese hacer…

-Me vale. Ahora vayamos a buscarles –echó a caminar alejándose del muelle.

Richard se quedó mirándola un minuto y con un par de pasos llegó a su altura.

-Está bien repartámonos el trabajo. Tú el comedor y las habitaciones, yo el bosque y la zona de la playa.

-De acuerdo.

Se separaron y Richard volvió un momento la cabeza para volver a mirarla.

Seguramente acabaría cogiéndole aprecio, parecía una chica segura de si misma, independiente y valiente y ahora que había podido mirarla de cerca sin discutir se había fijado en sus rasgos, la verdad es que era guapa, eso era algo que nadie podía negar.