Miércoles, 29/06/2016
Muchas gracias a todas aquellas que han leído y han comentado el fic, se los agradezco mucho. El día de hoy les traigo el capitulo numero 2 y esperando que les guste. De nuevo gracias y un saludo a toda aquella que le haya dado un hojeada aunque no haya leído la primera parte, también muchas gracias. Hacer segundas partes es duro porque bueno, uno no sabe si va a gustar o qué, me da nervios esta publicación (porque aun no he terminado de escribir el fic y me da miedo que la inspiración me deje por mucho tiempo) y estoy haciendo lo mejor que puedo para darles algo divertido pero oki, estoy divagando mucho y yo lo único que quería era mandarles un saludito con todo mi amor y un gran, un enorme abrazo.
Besitos y abrazos. Gracias a las que leen y obvio, muchísimo mas a las que comentan, se los agradezco mucho. Hasta pronto, las dejo con el capitulo.
Capítulo 2
En cuanto colgó el teléfono, no pudo evitarlo más. Serena quebró en llanto y se aferró a un fino cojín de los que Amy tenía en el sofá para ahogar el llanto; le había costado mucho trabajo dormir a su atormentada amiga, no quería despertarla. Llorando y apretando aquel cojín con todas sus fuerzas porque no sabía qué hacer, no sabía qué hacer para ayudar a sus amigas, se sintió frágil, débil, sola. En aquel momento de debilidad y de tristeza, lo único en lo que pudo pensar fue en él. En su adorable caballero. En su amado Darien.
"Esta línea, este número de teléfono que te estoy dando, solo lo tienes tú Serena. Cuando sientas la necesidad de hablarme, cuando quieras llamarme, no dudes en hacerlo. Yo estaré esperando por ti siempre, siempre mi bello ángel de ojos celestes…"
Serena recordó aquel mensaje que Darien le había escrito con el ostentoso ramo de rosas rojas que mandó a su casa; es decir, a la de Amy. Darien mantenía al tanto de cada cosa que Serena hacia pero, porque ella misma se lo había pedido, mantenía su distancia de ella. Serena estaba confundida y necesitaba tiempo para pensar las cosas. Necesitaba saber si podía tener una clandestina relación con uno de los ex capos de la mafia más buscados del país o no. Necesitaba poner en claro sus ideas, sus sentimientos pero él no lo hacía fácil. Con cada detalle que tenía con ella le derretía el alma, el corazón…
Serena levantó la mojada cara del cojín y mirando el teléfono se preguntó…
— ¿Sera? ¿Sera que lo llamo? Ay no, ¿y si está durmiendo? No, no, no, yo no debería…
Y mientras Serena no sabía si llamarlo o no, Darien decía…
— Dejen de ser tan cobardes que no es para tanto; cocer unos puntos no es nada del otro mundo. Eso cualquiera lo puede hacer.
— No, no, no y definitivamente yo eso no lo hago. — Decía Malachite horrorizado mientras Darien, sacaba todo del botiquín de primeros auxilios y lo ponía frente a él. En una pequeña mesa de madera que había frente a él.
— No jefe, ¿Cómo dice una cosa de esas? Yo creo que lo mejor es llevarlo a un hospital, o no, ya sé.
— ¿Que se te ocurrió Neflyte?
— Pues Malachite, aquí el patrón dice que no quiere ir a un hospital. ¿No es así señor?
Darien asintió.
— Entonces se me ocurrió que como nosotros no sabemos de eso de cocer puntos y esas cosas, podemos traer a un médico.
— Hasta que por fin usas esa cabeza para algo más que para sostenerte el pelo idiota. — Río Malachite y claro, Darien y los demás también— Muy bien, pues eso vamos hacer. Tú y yo vamos por el médico y los demás que se queden aquí cuidando al señor. ¿Sí o no muchachos?
Los demás asintieron pero Darien se levantó y tomando la botella de whisky que Taiki le había llevado les dijo muy sonriente…
— Es el colmo con todos ustedes. No, ¿y donde se supone que van a conseguir un médico a esta hora ah?
— Pues jefe, usted no se preocupe que…
— Es increíble pero bueno, me tocará hacer esta mierda a mí. — Destapó la botella y acto seguido, tomó fuerza y vertió un gran chorro en la herida— ¡Aahhh, carajo si arde!
— ¡Jefe!
Todos se asustaron mucho cuando escucharon el agudo grito de dolor que dio Darien. Su obligación, su trabajo era cuidar de él y no debían permitir que cosas como esas le pasaran; a muchos de ellos les preocupaba que el gran sabio se enterara. Todos se acercaron para ayudarlo y nos les quedó otra opción más que obedecer cuando Darien les pidió que no se fueran a buscar a nadie. Asintieron cuando él les pidió que lo hicieran, que sabía lo que hacía. Les aseguraba que no se iban a meter en ningún problema con nadie por eso mientras se reía de verlos hacer caras de tragedia.
— No se preocupen por eso que, de poderme cocer estos miserables puntos yo, lo haría. Lo que pasa es que siempre le he tenido mucho miedo a las agujas, no las soporto.
— Oiga no, espere un momento. — Dijo Yaten (que había perdido el pequeño juego de piedra, papel o tijeras) mientras enhebraba la aguja con el hilo— ¿Cómo es eso? ¿No que usted es médico?
— Si Yaten, ironías de la vida pero como sea, hazlo rápido para poderme ir a descansar. La verdad tengo mucho sueño e imagino que ustedes también; sobre todo tú Taiki, ¿no?
Todos sonreían mientras Yaten se acercaba para poder cocer a Darien. Muchos de sus trabajadores, (pero más amigos que otra cosa), ocultaban sus rostros horrorizados al ver la escena. Darien hacia caras de dolor mientras Yaten lo cocía pero eso cambió cuando sonó el teléfono.
— Hola Darien, ¿estabas durmiendo? ¿Te desperté?
— Serena…— Sonrió completamente dichoso, enamorado…— No, no, para nada mi hermoso ángel de ojos celestes. Para ti estoy disponible todo el tiempo. Las veinticuatro horas del día. Pero dime, ¿a qué debo esta llamada? ¿Qué haces tú despierta a esta hora?
— Eh, bueno, la verdad es que estaba a punto de quedarme dormida pero me llamó Mina y...
— ¿Mina dices? — Dijo Darien y de inmediato, Yaten se detuvo para mirarlo. — Ah, ya veo. ¿Y cómo esta ella por cierto? ¿Por qué te llama tan tarde?
— Ella está muy bien, gracias por preguntar mi a, digo, Mina… ¿no sabías? ¿Yaten no te lo dijo? Que por cierto, ¿está ahí contigo? Mina me dijo que no quería que él supiera nada de ella y…
— No, no, Yaten no me ha dicho nada y no te preocupes, mi amor, Yaten no está aquí conmigo. ¿Viste? ¿Cómo yo sí puedo decirte tranquilamente y sin ningún reparo mi amor y en cambio tú no lo haces? ¿Por qué te niegas a hacerlo? ¿Acaso lo haces porque quieres lastimarme Serena? Lo siento pero está muy tarde como para que….
— Oiga, no jefe, — susurró Yaten mientras con un algodón, le limpiaba el exceso de sangre— no la vaya a hacer enojar. De pronto cuelga y…
— No, no, no te llamo para eso, mi amor.
— ¿Entonces? Dime mi precioso y cruel ángel de ojos celestes, ¿para qué me llamas? ¿Es acaso porque te hago falta? ¿Es porque te hago tanta falta que quieres verme sin importar que sea tan tarde?
— ¿La verdad? Sí, sí es por eso. Me haces muchísima falta Darien y yo solo quería…
Darien se levantó como un resorte de ese sofá. Sus amigos quedaron impresionados al verlo tan sonriente y como si nada cuando unos minutos antes le habían escuchado decir que estaba cansado y que quería acostarse. Les parecía increíble su actitud cuando hasta hacia tan solo unos segundos, lo veían hacer caras de dolor.
Darien se levantó y tomó las llaves de su auto con la firme intención de salir a buscarla pero…
— ¿Que estás haciendo Darien? ¿Acaso ese fue el sonido de unas llaves? ¿No me digas que tú piensas…?
— Pero claro que sí, exactamente eso. — Sonrió ampliamente— ¿Acaso no es eso lo que acabas de decirme, que quieres verme?
— Si, si Darien pero, no creo que sea prudente que vengas porque primero, esta no es mi casa y segundo, me costó mucho trabajo hacer dormir a Amy como para que tú…
— Amy, claro, había olvidado que ahora vives con ella.
Y al igual que le pasó a Yaten, le pasó a Taiki. Cuando escuchó su nombre dejó lo que estaba haciendo, (sirviéndose otra copa de whisky) y se sentó frente a Darien para prestar atención a lo que hablaba. Quería saber lo que más pudiera de ella, de su amada reina…
— Que hablando de ella… dime, ¿Cómo sigue? ¿Cómo es eso de que te costó mucho trabajo hacer que se durmiera?
— Pues Amy esta… oye, no estará Taiki por ahí, Darien, ¿o sí? Mira que te conozco y…
— Oh si, sé que me conoces muy bien porque yo a ti también. — Sonrió con malicia y sonreía con mucho gusto porque sabía que la había hecho ruborizar con su agudo comentario— Sé que me conoces muy bien y claro, claro que les haría saber cualquier cosa que sepa de tus amigas a ellos Serena pero, Serena, son más de las dos de la mañana. ¿Crees acaso que van a estar aquí conmigo para esta hora? ¿Pero qué clase de explotador piensas que soy eh?
Ambos rieron.
— No, no, no es eso y perdóname Darien. Es que de verdad estoy muy preocupada por mis amigas y lo último que quiero es indisponerlas más de lo que ya están y todo por culpa de ese par. ¿Me entiendes verdad?
— Perfectamente.
— Mina está muy aburrida por allá pero se niega a regresar porque no quiere estar cerca de Yaten; o bueno, no es que no quiera estar cerca de él, pienso más bien es que le da es miedo. Y Amy, ay Darien, Amy…
— ¿Qué pasa con Amy, mi amor? ¿Por qué te siento tan preocupada?
— No, no, no Darien…Ya no sé qué hacer con mi pobre Amy. Cada noche es lo mismo. Se despierta muy asustada, llorando y juagada en sudor pidiendo auxilio. Tiene la misma pesadilla todos los días y….
— ¿Pesadillas dices? ¿Y qué clase de pesadillas?
— Con todo lo que le pasó cuando Gara y sus hombres se la llevaron. —Sollozó— Ay Darien, ay mi amor, no te imaginas lo que todo esto me duele porque…
— No, no, no llores Serena, por favor trata de tranquilizarte y….
En ese momento Taiki no lo soportó más. Se levantó de la silla y arrebatándole el teléfono a Darien, le preguntó desesperado a Serena qué era lo que le pasaba a Amy; lo que por supuesto no terminó nada bien para Darien.
— ¿Taiki? ¿Pero qué haces tú al teléfono si se supone que…?
— Por favor, por favor Serena, te lo ruego, te lo suplico. Dime, ¿qué es lo que le pasa a Amy? ¿Qué es lo que tiene? ¿Ya cicatrizaron sus heridas? ¿Esta…?
— Presta. — Le quitó el teléfono Darien muy, muy enojado— Serena, mi amor, por favor no te enojes conmigo porque…
— Claro, esto me pasa por estúpida.
Exclamó Serena enojada mientras se levantaba del sillón de Amy y arrojaba el cojín lejos.
— No eres más que un mentiroso, siempre lo has sido y lo que más rabia me da es que, ¡sigo cayendo en tus mentiras Darien!
— Serena, Serena por favor, no te enojes y no me digas eso que las cosas no son así mi amor. Yo no soy ningún mentiroso y….
— ¡¿Cómo que no, ah?! ¡Y eres tan descarado que me sigues mintiendo! ¿Sabes qué Darien? Olvida que te llame, olvídalo todo. Adiós. Hasta mañana y que…
— ¡No, no, no! — Pidió Darien desesperado— Por favor no me cuelgues y dame la oportunidad de explicarte. Yo solo…
— Tú nada. No eres más que un mentiroso de lo peor y así, mi amor, no se puede. Hasta mañana Darien. Que descanses.
Serena le tiró el teléfono a Darien y lo siguiente que pasó, pues ya se lo imaginan. Darien se enojó mucho con Taiki porque por su culpa, ¡perdió la oportunidad de estar con Serena! Darien estaba convencido de que si hubiera hablado un poco más con ella, la habría convencido. Él la amaba con toda su alma y la extrañaba muchísimo pero lo que más extrañaba de ella, era por supuesto ella, su cuerpo. Llevaba más de un mes de no tener relaciones y se estaba volviendo loco; bueno, aunque eso no solo le pasaba a él. Todos nuestros queridos y despechados sujetos estaban igual.
En una terrible abstinencia que yo creo podía matarlos.
Darien iba a azotar el teléfono contra el suelo de la rabia que tenía pero Yaten (que era medio inteligente a ratos) le pidió que no lo hiciera. Señaló el punto de que esa era la única conexión segura que tenía con Serena y que no debía perderla. Con un gesto de manos, como quien trata de calmar a un lobo, le pidió, le suplicó que se calmara.
— ¡Pero es que…!
— Jefe, Darien, créame que lo entiendo. Lo entiendo mejor de lo que usted cree pero, si descarga su ira con ese teléfono y no con el idiota de Taiki….
— ¡Oye! — Se enojó un muy golpeado (y bastante pasado de tragos) Taiki— ¡¿Cuál es tu maldito problema conmigo, ah Yaten?! ¡Yo solo quería saber qué es lo que tiene Amy, nada más!
— ¡¿Y tú qué te crees, eh imbécil?!
Lo miró lleno de ira Yaten. Le provocaba matarlo.
— ¡¿Que yo no quería saber más de Mina?! ¡Pues claro que sí pero mira, mira nada más lo que conseguiste pendejo de mierda!
— ¡Ya cállate que no es lo mismo! ¡Yo…!
Yaten y Taiki estaban a punto de irse a los golpes pero ya no como en el bar; como cuando estaban engañando a aquel tipo para poder golpearlo. Esa vez era de verdad, verdad y ya los muchachos, es decir, Malachite y Neflyte, se estaban preparando para detenerlos pero…
— ¿Serena? ¿Eres tú?
— ¿Y quién más va a ser? — Levantó una ceja con confusión— ¿No se supone que la única que tiene este número de teléfono soy yo, o es que eso también es otra de tus mentiras, Darien?
— No, no, no, no es una mentira. Este número de teléfono solo lo tienes tú pero es que, no entiendo. Acabas de colgar diciéndome que…
— Antes, no te deje explicarme las cosas y, no quiero cometer el mismo error. Es por eso que vuelvo a llamarte Darien. ¿Y bien? Te escucho.
— Bueno, pues la verdad es esta. Taiki no ha hecho más que tomar y meterse en cuanta pelea puede desde que Amy lo dejó.
— ¡Jefe, no le diga eso!
— Oye no Darien, ¿Cómo? Pero es que…
— Hoy fui con Yaten para sacarlo de uno de esos bares de mala muerte a los que va a emborracharse y a buscar que lo maten, y se armó una pelea; una gran pelea por cierto. Como será que hasta el detective ese, el tal Andrew y el hermano de estos, tuvieron que intervenir.
— Ay no, no, no Darien, ¿Cómo? ¿Cómo es eso de que Andrew y Seiya…? Pero, espera un momento, ¿y tú? ¿Tú estás bien?
— Sí, no te preocupes por nada. — Sonrió— Solo fue una herida superficial. Tres, no, espera. Yaten acaba de cocerme cuatro puntos en el brazo derecho.
— ¡¿Qué?! Ay no, no mi amor. ¿Cómo dices eso como si nada, ah? Mi amor, mi amor, ¿Cómo es que…?
— Tranquila, no te preocupes y era por eso que no quería decirte nada, no quería preocuparte. Ellos estaban aquí conmigo por eso, porque no hace mucho llegamos de por allá y necesitaba encargarme de esa herida antes de acostarme. Estos cretinos siguen aquí conmigo pero como ya Taiki me hizo enojar…
— Jefe, no, ¿qué va a hacer?
—…Pues no te voy a preguntar nada con respecto a Amy o a Mina.
— Jefe…
— ¡¿Viste?! ¡Y todo por tu culpa Taiki!
— Ellos han estado muy preocupados por ellas Serena. Tú sabes que más que mis trabajadores, los considero mis amigos y fue por eso que, no sé, quise que supieran algo de ellas, lo mínimo.
— Darien, mi amor… Eres tan dulce, tan bello, tan bueno… Yo entiendo lo que me estás diciendo pero, entiende, no es algo que me corresponda a mí. Eso es decisión de ellas y…
— Espera un momento por favor. Muchachos, retírense.
— Pero jefe, Darien, no es justo que por culpa de Taiki….
— Malachite, Neflyte, si se quieren ir para el bar con Jedite y Ziocite, bien puedan y se van que Yaten y Taiki se van a encargar de la guardia lo que queda de noche.
— Pero…
— ¿Acaso no fui claro?
— Darien, amor, no seas así, no seas tan malo.
— Antes que agradezcan que volviste a llamar porque si no…otra historia hubiera sido. Adiós. Tengo una llamada muy, muy importante y quiero estar solo.
Así, y sin poder objetarlo, Yaten y sobre todo Taiki, se fueron a hacer lo que les había mandado. Darien cerró la puerta de la casa y tomó dirección hacia la que era su habitación para poder hablar más cómodamente con Serena mientras que Taiki, recibía lo que esperaba. Un cariñoso puño en la cara de Yaten.
— Usa las pocas neuronas que te quedan, tarado, para pensar cómo haces para contentar a Darien y que nos diga qué tanto fue lo que le dijo Serena de Mina y de Amy. ¿Te quedó claro tonto?
— Por primera vez en la vida tengo que decir que tienes toda la razón. — Se levantó del piso adolorido y limpiándose un poco de sangre que le empezó a salir de la nariz— No soy más que un tarado.
