La fiebre había tardado en bajar, pero por fin la frente de Arthur ardía menos. Merlin no quería dejarle, pero tenía que recoger agua y alimentos para los dos, ya que hasta que su amigo se recuperara completamente, tendrían que quedarse allí, para que los hombres que les habían atacado, no los encontraran fácilmente

Se dio toda la prisa que pudo, ahora que Arthur se encontraba algo mejor, no tardaría en despertarse y sabía lo poco paciente que era para quedarse quieto en un sitio por mucho tiempo.

No muy lejos de la cueva en la que se había guarecido, Merlin dio con un pequeño riachuelo, con suficiente caudal para proporcionarle agua y junto a él bayas para alimentarse, al menos durante esa noche.

Regreso rápidamente a la cueva y asustado, descubrió que su amigo no estaba donde le había dejado. Había resto de sangre en suelo, un pequeño reguero que le llevaba al interior de la cueva.

"¡Arthur!" Merlin sabía perfectamente que estaba poniéndolos en peligro a los dos al gritar, pero estaba preocupado por su compañero y temía que le hubiera ocurrido algo. Su amigo no contestó, lo cual no ayudó mucho al estado de nervio del joven mago.

Pronunció unas pocas palabras mágicas en voz baja y una pequeña luz se iluminó en su mano, lo suficiente como para no perderse y no tropezar con ninguna piedra. "Maldita sea Arthur, ¿Dónde te has metido? No puedes dejar que cuide de ti por una vez."

Anduvo lentamente, con la mano siempre puesta en la pared de roca para no acabar en un agujero. La mano hacia el suelo, le marcaba la dirección de la sangre, y por fin, al final de un pequeño túnel, sentado en el suelo, con la cabeza apoyada en la pared, encontró a su amigo.

Agitó la mano para hacer desaparecer la mágica luz que había creado y se arrodilló frente a Arthur. Volvió a palparle la frente, tal y como pensaba la fiebre había vuelto a subir.

"Arthur, Arthur, soy yo, Merlin, ¿Puedes oírme?" Aunque en un primer momento el mago creyó que su amigo estaba inconsciente, Arthur, movió la cabeza levemente hacia él, al escuchar su voz.

"¿Dónde estabas? Creí que estaba sólo." Haciendo fuerza con todo su cuerpo, Merlin consiguió poner en pie a su amigo, dejando que apoyara el peso de todo su cuerpo sobre él.

Lo miró un momento, después de todo lo que habían pasado juntos desde que trabajaba para él, los momentos que había pasado recorriendo la cueva en su busca, sin saber si se encontraba bien o simplemente su estaba vivo, habían sido los peores de su vida.

A pesar de lo que había pensado de Arthur cuando lo había conocido, cuando lo veía como poco más que un niño malcriado que nunca llegaría a ser un gran rey. El tiempo le había demostrado que el joven príncipe, era mucho más que su apariencia.

Se había ganado su confianza, además de salvarle la vida en más de una ocasión. Había arriesgado la vida por lo que creía que estaba bien y había protegido el reino de criaturas de las que otros guerreros hubieran escapado sin pensarlo.

Ahora le tocaba a él proteger a su amigo, alejarlo del peligro que suponían los bandidos, o quienes fueran los hombres que lo querían muerto y aunque Arthur protestara mucho, iba a ocuparse de él.

"He ido a buscar provisiones, ya que nos vamos a quedar aquí unos días, hasta que te hayas recuperados, tenemos que estar aprovisionados."

"No nos vamos a quedar aquí tanto tiempo." Replicó Arthur, intentando separarse de Merlin, pero sus escasas fuerzas no se lo permitieron. "Podemos volver a Camelot, estoy bien, puedo luchar."

"No lo estás, ni siquiera puedes mantenerte en pie, deja de ser tan cabezota y hazme caso en esto." Merlin continuó caminando, pero Arthur se quedó parado, frenando al mago.

"Lo que pasa es que eres un miedica, nunca has estado en combate, no sabes lo que es luchar con una herida que te está matando. Puedo hacer esto y llegar hasta mi padre para avisarle."

Merlin suspiró, odiando por un momento al maldito testarudo que tenía como mejor amigo. A veces se preguntaba que le veía para no querer separarse de su lado en todo el día. Pero cuando un pequeño rayo de luz iluminó sus espléndidos ojos azules, Merlin obtuvo su respuesta.

"Déjame, puedo andar sólo." Antes de hacerlo, Merlin se fijó en el brazo derecho de su amigo. Lo tenía pegado al cuerpo, sin moverlo, seguramente le estaría doliendo horrores por la terrible herida que ese hombre le había hecho al clavarle su espada. Pero Arthur no había dicho nada al respecto, ni la más mínima mueca.

"Muy bien, tu ganas." Tan sólo se separó unos centímetros, el suficiente para que tuviera que quedarse sólo. Pero en cuanto lo vio tambalearse y perder el equilibrio, se acercó a él.

Arthur no pudo mantenerse en pie tal y como creía, tan sólo el cuerpo de Merlin delante de él, rodeando su cuerpo con ambos brazos, impidió que cayera al suelo. Los dos se quedaron ahí quietos.

Arthur, respirando con dificultad, se sentía bien con Merlin junto a él, protegiéndole. Desde luego, jamás reconocería una cosa semejante y menos tratándose de su sirviente, pero no quería que se separara de él, que dejara de sostenerle en pie y de tocarle.

No sabía lo que su corazón le decía o tal vez era que no estaba dispuesto a reconocerlo, pero eran tan extensas y extrañas las sensaciones que inundaban su corazón y su cerebro cada vez que Merlin le tocaba.

Por su parte, Merlin no hizo ningún movimiento. El corazón le latía a mil por hora, estaba seguro que Arthur lo estaría escuchando y cuando se encontrara mejor aprovecharía para burlarse de él por eso.

Pero tener a su amigo desvalido, apoyado en él, dejándose cuidar y querer por un momento, por pequeño que fuera, aunque un instante más tarde, Arthur se separara de él como si nada hubiera ocurrido; tan sólo eso le hacía sentir bien, alejado del grave peligro que corrían, o de la herida que si no la trataba bien podría matar a su compañero. Allí sólo estaban ellos dos, el resto no importaba.

Merlin fue deslizándose hacia el suelo, llevando consigo a su amigo. Arthur abultaba más que él, pero con un poco de esfuerzo, pudo dejarlo en el suelo, justo donde había estado en un primer momento.

La herida del hombro, había vuelto a sangrar. "No deberías haberte levantado, la herida estaba casi cerrada." La miró con detenimiento, acercándose tanto al cuerpo de Arthur que casi podía oler su embriagador aroma, que apenas le permitía concentrarse en lo que estaba haciendo.

"Te habías ido." Protestó, al notar el contacto de la mano de Merlin con su herida. "Creí que te había ocurrido algo, no eres precisamente muy virtuoso como para no meterte en problemas."

"Con lo que estoy haciendo por él y encima me dices eso. Tendrá morro." Merlin apretó demasiado con la mano en la herida y su amigo gritó de dolor. "Perdona, perdona, lo siento, no pensaba que…"

"No pasa nada… termina con lo que estás haciendo… de una vez." Le costaba hablar por el dolor, pero como buen soldado que no era la primera vez que era herido de gravedad, consiguió aguantar.

Gracias a que la fiebre no le dejaba pensar con claridad, Arthur no se preguntó de donde había sacado Merlin las vendas y los elixires que estaba usando para tratarle. Sin embargo, Merlin era mago, conocía ese mundo de forma innata, era algo natural para él; pero eso no le ocurría con la medicina.

Había visto actuar muchas veces a Gaius, pero pocas le había prestado atención de verdad. En se momento se arrepintió. Afortunadamente, consiguió detener la hemorragia y detener el sufrimiento innecesario de su amigo.

"Gracias." Dijo Arthur, a punto de perder la conciencia otra vez. Aquello fue toda una sorpresa para el joven mago, era la primera vez que le oía dar las gracias de forma sincera y aunque fuera provocado por la fiebre, aceptó el agradecimiento. "Pero tal vez estés haciendo esto por nada."

"¿De que estás hablando?" Sin que Arthur se diera cuenta, Merlin hizo un fuego mágicamente. "Vamos a salir de esta y el rey mandara sus tropas a dar caza a los tipos que te han hecho esto."

"Merlin, se que la fiebre es muy alta, no puedo luchar y sabes mejor que yo que no puedo caminar. ¿Tengo que esperar que tu nos defiendas a los dos cuando esos asaltantes encuentren la cueva?"

"¿Siempre tienes que ser así? ¿No puedes aceptar que alguien que no sea un guerrero te salve la vida? ¿Qué un amigo que te quiere te salve la vida?" Escuchar sus propias palabras, fue suficiente para que Merlin se diera cuenta que lo que había dicho podía ser interpretado de muchas formas y no estaba del todo seguro cual era lo que quería que su amigo comprendiera.

"¿Lo dices en serio?" Un nudo se puso en el estómago de Merlin. No era el mejor momento para tener esa conversación. Muchas veces había pensado en el momento apropiado par decirle a Arthur lo que sentía por él, pero no cuando estaba herido, febril y rodeado de matones.

"¿De verdad que crees que puedes salvarme la vida? Porque si tengo que enseñarte a pelear, nos vamos a quedar aquí una temporada muy larga."

Merlin suspiró con fuerza, aunque su amigo no lo notó. "Claro que si, además has adiestrado a muchos guerreros, ¿Por qué no vas a conseguir lo mismo conmigo en cuanto te encuentres mejor?"

Arthur comenzó a reír, aunque la risa pronto se convirtió en un fuerte ataque de tos y un momento más tarde comenzó a tiritar. "Tengo frío." Se estaba haciendo de noche y en aquellos parajes la temperatura variaba mucho de la noche al día.

Pese a que aquello no le iba gustar mucho a su amigo, Merlin se tumbó a su lado, pegando su cuerpo todo lo que pudo al de Arthur. "¿Qué estás… haciendo?"

"Tienes que entrar en calor." El cuerpo de Arthur estaba tenso y Merlin tan sólo tuvo una idea, no demasiado inteligente según creía, pero que esperaba fuera eficaz. Con fuerza comenzó a frotar los miembros de Arthur y pese a escucharle protestar los primeros momentos, al final dejó de oírle y al volverse hacia él, se había quedado dormido.

No pudo reprimirlo, sabía que si abría los ojo en esos momentos le mataría por muy débil que estuviera, pero llevado por su instinto más primario se acercó al rostro de su amigo y le besó en los labios. Afortunadamente, la fiebre era muy alta.