2. Canguros

Sábado por la mañana

El timbre del apartamento de Kanon empezó a sonar con insistencia. Quién lo accionaba había hecho una apuesta a ciegas, acertando sin saberlo, dado que descifrar la incógnita de dónde dormía el abogado durante los últimos días era más difícil que afrontar cualquier juicio. La puerta principal del edificio se había abierto para los visitantes gracias a la salida de un anciano y su perro, detalle que facilitó su subida sin otro aviso para Kanon que el fastidioso timbre sonando otra vez. Rhadamanthys se revolvió en plan remolón en la cama, dando a entender que no pensaba levantarse para atender a nadie, y Kanon acudió a la llamada arrastrando los pies, desperezándose por el camino mientras se rascaba la cabeza y luciendo su cuerpo únicamente cubierto por unos oscuros bóxer. Un sonoro bostezo le asaltó sin consideración, y al abrir la puerta de mala gana, todo el sueño acumulado se le fue de golpe.

- Marin...¿qué...qué hacéis aquí?

En el rellano aguardaban Marin, Aioria y Regulus. Un tonto instinto de protección consiguió que Kanon se refugiara tras la puerta abierta, pero el tiempo de exposición había sido suficiente para que Marin pudiera apreciar sin velos ni tapujos el imponente cuerpo de su compañero de trabajo.

- Oh...lo siento...Creí que ya haría rato que estarías despierto...- Se excusó ella, reparando en el aspecto de recién salido de la cama que presentaba Kanon.

- Ayer la noche en el pub se alargó un poco...- Medio mintió Kanon, rascándose la cabeza otra vez y alborotando aún más sus largos cabellos color añil.

- Necesito que me hagas un favor...

- Tú dirás...

- Si no puedes lo entenderemos, no pasa nada.- Intervino Aioria, el cuál ya no sabía como manejarse con la mano de Regulus que no le soltaba y el arsenal de muñequitos que el pequeño le iba reclamando y endosando.

- No..no, tranquilos. Decidme...- Insistió Kanon, olvidándose de esconder su cuerpo y volviendo a mostrarse casi tal y como llegó al mundo.

- Shaina hoy trabaja...y...Aioria y yo queríamos ir a...

- Déjalo, Marin...- Le cortó Aioria.- Seguro que ayer por la noche terminaron tarde de trabajar y necesita descansar.

- No te preocupes por mí, Aioria. Yo soy de poco dormir...el problema lo tiene quién aún sigue frito.- Aclaró Kanon con su habitual despreocupación y naturalidad, diciendo en pocas palabras que Rhadamanthys también se encontraba allí.

- Vale, pues...¿te puedes...os podéis quedar con Regulus unas horas? - Soltó Marin de sopetón.- Aioria y yo queremos ir a ver algunas cosas para reformarle la habitación, e ir con él es imposible hacer nada con tranquilidad.

A Kanon se le heló todo. Esperaba cualquier cosa menos una mañana de canguro, y la palidez de su rostro no contradijo la primera excusa que le vino a la mente para negarse en redondo.- Hostias, Marin...verás...es que hoy le dan el alta a Saga, y por la tarde quiero ir a su casa para estar con él...

- Antes de comer regresamos a por Regulus. Te lo prometo. Y Regulus ya te conoce...y es muy buen niño...y_

- Te lo compensaremos.- Intervino Aioria, a quién se le notaban las ganas de pasar una mañana distraída y a solas con su esposa.- Os invito a ti y a...

- Rhadamanthys.- Aclaró Marin, hundida en rubor por estar perpetrando tal marrón.

- A ti y a Rhadmanthys a cenar...o a comer mañana si os va bien.

Kanon no sabía a quién mirar. Si a cualquiera de sus tres visitantes o a la presencia que había aparecido tras sus espaldas, vestida con algo más de repeto que él. Rhadamanthys saludó a Marin, se presentó ante Aioria e intentó entablar una rápida conexión con el chiquitín, que nada dudó en enseñarle sus muñecos a la espera de corroborar lo bonitos que eran a través de la voz del inglés.

- No hay problema, id tranquilos.- Dijo Rhadamanthys.- Kanon y yo nos ocupamos.- Estas palabras congelaron aún más a Kanon, que le lanzó una mirada llena de interrogación y desaprobación que el Wyvern contrarrestó con una maliciosa sonrisa.- Nos lo pasaremos bien los tres juntos.

- Gracias Rada.- Dijo Marin, desprendiéndose del pequeño dándole un fuerte achuchón y recordándole lo bien que se debía portar.- Os debo una de muy grande...

- Ni que lo digas...- Soltó Kanon, recibiendo un indiscreto codazo por parte del Wyvern.

- Sólo os pido que no le deis nada de chuches...no tiene freno y luego le duele la barriga, y Kanon...por favor...no fumes frente a él.

- ¡Y encima ésto! ¡Hay que joderse!

- ¡Kanon! - Le reprendió el Wyvern, disfrutando inmensamente al ver a su amigo un tanto desquiciado.- ¿Con todo lo que ha hecho Marin por ti tú no puedes hacerle este favor?

- Gracias chicos, nos vemos luego. Y tú Regulus, no les hagas enfadar, ¿vale? - Se despidió Marin, besando a su retoño otra vez.

Marin y Aioria desaparecieron dejando al amigable Regulus de la mano de su nuevo colega inglés, y Kanon se apresuró a vestirse, prepararse un café y desayunar tres cigarrillos en la galería mientras el Wyvern destapaba una faceta completamente desconocida para él.

- ¿Quieres jugar? - Le preguntó el pequeño, tendiéndole un par de los muñecos que le acompañaban una vez Kanon se unió a ellos.- Éstos son los malos.

- ¿Los malos? ¿Acaso me ves cara de malo? - Inquirió Kanon, sentándose en el suelo y agarrando sus personajes del juego.

- Él se ríe más...- Aclaró Regulus, mirándose a Rhadamanthys con cierta vergüenza infantil al tiempo que se encogía de hombros y se fijaba en el rostro todavía contraído de Kanon.

- Ya lo ves, yo me río más.- Dijo el Wyvern, mirándose a Kanon completamente divertido, sin poder amarrar más la risa que le insistía en salir.

- ¡Pero algo tendremos que hacer! ¡Habrá que sacarlo a pasear, ¿no?!

- ¡Qué desagradable que eres a veces hablando! ¡Es un niño, no un perro!

- ¡Pero los niños necesitan que les de el aire también! Podríamos ir al parque...creo que tengo un balón de fútbol en algún armario...¿te gusta el fútbol? - Preguntó, mirándose a Regulus con algo más de suavidad que minutos antes.

- ¡Sí!

- ¿Tú? ¿Con un balón de fútbol? ¡Ésto hay que verlo! - La carcajada que sacudió a Rhadamanthys ofendió a Kanon y captó la curiosa mirada del pequeño, que no cesaba de pasearla de un canguro a otro.

- Qué rápido te olvidas de algunas cosas, Rada. Saga y yo jugábamos al fútbol de adolescentes...

- Saga jugaba, mejor dicho. Saga era el bueno y el que metía los goles. Yo de ti sólo recuerdo que te paseabas frente a la portería que supuestamente defendías y derribabas de malas maneras a todo aquél que se te acercaba. Y ahora dime...¿acabaste un partido alguna vez, o siempre te invitaban a irte con la cartulina roja señalándote el camino?

- ¡Vete a la mierda, Rada! - Se ofendió Kanon seriamente ante tanta burla y carcajada.

- Mamá dice que estas palabras no se dicen...

- Y tú no le dirás a mamá que yo las he dicho, ¿vale? - Intentó protegerse Kanon, no sabiendo muy bien de si fiarse del asentimiento del pequeño o no.- Bueno...busco el balón y nos vamos.

El parque cercano al apartamento de Kanon se hallaba un poco concurrido de gente, dado que era sábado y todo el mundo aprovechaba para salir, aunque el frío de diciembre ya tocara a la puerta. Pero para el nuevo trío de chicos al poder, no iba a haber una parte del parque que se resistiera a su conquista. No había una zona habilitada para dejar correr el balón que Kanon tuvo que inflar en una gasolinera próxima, pero ésto al gemelo era algo que le importaba poco y nada. Las chaquetas fueron dejadas en un banco, y la excesiva protección de abrigo que vestía a Regulus también.

La pelota no demoró en empezar a correr, y Kanon comenzó a desenterrar el chiquillo que tampoco le dormía bajo demasiadas capas de piel. Su diversión pronto fue hacer enrabietar al pequeño, que por mucho que lo intentara no se veía capaz de arrebatarle el balón de los pies, acudiendo a Rhadamanthys en busca de imperiosa ayuda.

El Wyvern se alió con Regulus, y el objetivo a derribar a toda costa fue Kanon. El pequeño corría y reía, y por desgracia de los canguros improvisados, no se cansaba. Las energías le rebosaban por doquier, y gracias a las ganas de competir del inglés, Kanon ya no dejó de ser víctima durante un largo rato en el cuál los ataques le llegaban por todos los flancos, hasta que finalmente pudo robar el balón a Rada y propinando un chut pasado de fuerzas arrasó con las flores invernales que adornaban un parterre contiguo.

Regulus no cesaba de repartir su infantil y contagiosa risa, que contrarrestó con la palidez del Wyvern al ver el desastre floral ocasionado por Kanon.

- ¡Hostias, Kanon! Si nos ven los servicios municipales nos van a decir algo...

- Tranquilo, Rada...ésto lo arreglo yo rápido...- Dijo Kanon agachándose frente al parterre para erguir con más o menos dignidad unas plantas que habían perdido casi todos sus pétalos.

- Más te vale...

En las cercanías, la gente que deseaba pasear tranquilamente les observaban con reproche, y alguna que otra llamada de atención llegó a sus oídos, informándoles que parecían más críos ellos que el niño que les acompañaba. No mucho más lejos, Regulus había recuperado el balón, el cuál posicionó en el terreno emulando a un futbolista profesional de pequeñas dimensiones, agarró exagerada carrerilla y chutó con todas sus fuerzas.

La pelota colisionó de lleno contra la cabeza de Kanon, quién se quejó como si hubiera recibido un insoportable balazo de goma, pero el rebote halló destino contra la mano de una mujer que carreteaba un cesto lleno de compra. Todas las adquisiciones de la semana para alimentar la casa de esa mujer conocieron el sabor del suelo, y a Rhadamanthys le faltó tiempo para correr hacia ella y recogerle toda la compra lo más educadamente que pudo, aceptando improperios y disculpándose mil veces por la sobrepasada energía de su "sobrino". Regulus seguía riéndose de Kanon, y a éste no se le ocurrió otra cosa que empezar a perseguirle para darle caza y ofrecerle su merecido. El chiquillo no era rápido pero sí escurridizo, detalle que le permitió meterse entre diversas plantas y matorrales sin infligirles mucho daño, pero el paso de Kanon fue distinto, arrasando con todo sin darse cuenta hasta que finalmente consiguió engancharle del jersey, cayendo ambos al suelo dónde el infantil abogado se despachó a gusto regalándole todo un inmenso surtido de cosquillas.

Antes que más desastres públicos fueran desatados, Rhadamanthys consiguió aplacar a la fiera titular y la renacida llevándoselos a una cafetería que también servía helados todo el año. Regulus comía con fruición su tarrina de vainilla y chocolate, y Kanon pasó de la advertencia de Marin, decidiendo sazonar su segundo café del día con otro de sus deliciosos cigarrillos.

- Marin te ha pedido que no lo hicieras delante del chico...- Le reprendió el Wyvern, sabiendo que ésa había sido una petición ingenua por parte de su amiga.

- ¡Estamos al aire libre! Y si se le pega el olor a tabaco le rociamos con desodorante y listo.- Sentenció Kanon.- Y tú no dirás nada, ¿verdad?- Añadió, mirándose a Regulus al tiempo que le revolvía los cabellos heredados de su padre. El pequeño negó con la cabeza mientras se relamía el helado que adornaba más su cara y ropa en vez de llenar su estómago.- ¡La leche, chaval! ¡Pero cómo te has puesto! - Exclamó con cierto terror al descubrir las ropas manchadas de chocolate y barro que lucía el cuerpo de Regulus.- Marin no ha dicho nada acerca de no dejar que se ensuciara...¿no?

- Supongo que Marin ha dado por hecho que ésto nosotros ya lo tendríamos en cuenta, Kanon...

- Bueno, tú no te preocupes, chavalín. Si mamá se enfada cuando te vea todo sucio, tú le dices que todo ha sido idea de Rada ¿vale?

Regulus asintió sonriéndose ámpliamente, y Rhadamanthys perdió toda la compostura que había intentado lucir durante la mañana.- ¡¿Pero cómo puedes ser tan manipulador y cabrón?!

- ¡Rada! ¡Esa lengua! ¿Acaso también quieres que le diga a su madre que el canguro rubio dice "palabrotas"?

- ¡Vete a la mierda, de verdad! ¡A veces eres imposible!

Rhadamanthys se había enfadado, y durante un rato se mantuvo de morros y en silencio, apurando su tardío desayuno mientras ojeaba el móvil y Kanon y Regulus intercambiaban sonrisas cómplices enlazadas con un divertido guiño de ojo por parte del canguro mayor.

Kanon finalmente había sido seducido por la ternura e inocencia del pequeño, que muy a su pesar le recordó esas dos vidas que un día muy lejano su inconsciencia sesgó, pensando de repente en el superado juicio, en Saga, Thanatos y todo lo que aún quedaba en su vida para asimilar y reordenar. Regulus seguía apurando su helado, y la voz de Rhadamanthys decidió olvidar su absurdo enfado par dejar paso a palabras con sabor a preocupación.

- Esta tarde, cuando vayas a ver a Saga yo me pasaré por el estudio de Valen...

- ¿Por qué?

- Tengo varias llamadas perdidas de él...y ahora no me contesta...

- ¡Olvídate de ese estúpido, Rada!

- ¡No puedo, Kanon! Es mi camarero, no está pasando un buen momento y por mucho que a ti te moleste, yo le aprecio.

- Haz lo que quieras...- Le respondió Kanon sin mirarle, restregando un puñado de servilletas por el rostro de Regulus, y odiando los jodidos celos que aún le asaltaban de vez en cuando.

- Por supuesto que lo haré.- Le advirtió el Wyvern, frunciendo su ceño y viendo andar no muy lejos de ellos a DeathMask.- Mira, Kanon...¿no es el inspector DM ése?

Kanon se volteó lo suficiente para verle, sorprendiéndose al descubrir una versión del inspector un tanto extraña.- Joder...sí que lo es...pero se ve raro...Parece andar sonriéndose solo...y hasta va afeitado y bien vestido...

- Quizás está rehaciendo su vida...

- ¡Éste habrá pillado mujer! Ya veremos lo que le dura...

- ¡Joder, Kanon! ¡A veces sigues pareciendo un jodido insensible de mierda! - Le espetó Rhadamanthys, dejándole completamente perplejo mientras se alzaba y tomaba a Regulus de la mano para emprender el camino de regreso a casa.

- Bueno...perdón, Rada...pero no hay razón para ponerse así...

- Sí que la hay, Kanon. Sí que la hay...que DM sea un miserable no quiere decir no tenga derecho a ser feliz o al menos intentarlo. Quizás sí que ha pillado mujer...y quizás esta mujer sea capaz de ayudarle...Y recuerda que tú no eres el único con el derecho de intentar ser feliz...No eres el centro del mundo, Kanon...no lo eres...

El Wyvern comenzó a andar con Regulus enganchado a su mano, dejando atrás a un pensativo Kanon, que no demoró mucho más en seguirles el paso guardando un necesario y reflexivo silencio.

Porqué...al fin y al cabo la pregunta era:...¿qué tan diferente de DM había sido él mismo años atrás?

#Continuará#


Este capítulo lo dedico a todos los que fielmente seguís por aquí entrega tras entrega, y especialmente a Inia, zryvanierkic y Victoria Nike. La razón, porqué vuestros comentarios me alentan infinitamente a seguir adelante, aportándome combustible e ideas que ayudan a moldear personajes no muy principales para dotarles también de luz y vida.

Inia, espero haber estado a la altura :). ¡Gracias por inspirarme!

zryvanierkic, me hiciste una petición "hot" y no la olvido, sólo espero la fecha adecuada para hacerlo...¿30 de Octubre te dice algo? ;)

Victoria Nike, qué decir, tu apoyo y exhaustivos análisis de cada entrega me ayudan un mundo a recortar flecos que a veces se me escapan :).

¡Mil gracias y saludos para todos!