¡Hola :D!

Aquí traigo un nuevo capítulo, ojalá que les guste.

Piratas del Caribe pertenece a Walt Disney Pictures.


Misterioso pasado

Will estaba sentado en la orilla de un peñasco que quedaba por encima del mar. Por él se asomaba un cumulo rocoso que se adentraba hacia una zona de la isla a la que intentar llegar podría resultar muy peligroso, ya que solo se podía descendiendo por la parte interna del peñasco; para eso habría que intentar primero llegar a ella sin caer en línea recta a las afiladas rocas que quedaban justo debajo de la zona donde éste terminaba, y luego bajar por una pendiente totalmente inclinada, hacia lo que fuera que había ahí abajo.

Este era, de lejos, el lugar favorito de Will en la isla. Quedaba escondido por un frondoso bosque lleno de frutas y flores silvestres que a los aldeanos les daba miedo cruzar por lo que siempre estaba solo, y ese aire de misterio, de no saber lo que había debajo de él le encantaba. "Quizás un tesoro" pensaba siempre Will mientras se imaginaba a sí mismo encontrando el gran botín de mil maneras diferentes, enfrentando peligros, salvando a algún desdichado o a alguna doncella, teniendo batallas espada con espada con fieros piratas que deseaban quitarlo del camino para quedarse con el botín. Para él no había un mejor sueño.

Pero para su madre no podía existir uno peor.

-Yojou yojou pirata siempre ser…

Conocía la canción.

-Pillos nunca morirán…

Se la había escuchado a su madre en alguna que otra ocasión en que ella pensaba que no la escuchaba.

No entendía por qué parecía quererle tener tan alejado de eso cuando podría jurar que el interés de ella por la piratería era tan grande como el de él.

Además de pasarse horas soñando despierto, le encantaba sentarse a pensar mientras la brisa le hacía cosquillas al recorrer su cabello.

De algún modo, sentado ahí a un paso del implacable mar siempre acababa pensando en su madre. No siempre en lo mismo. A veces simplemente era sobre lo difícil que debía ser para ella en algunos momentos el tener que cuidarlo sola después de haber perdido a su esposo –o al menos él creía que eran esposos, otra cosa que su madre nunca le había confirmado- y en otras ocasiones era justamente eso lo que le rondaba la cabeza hasta la hora de levantarse de vuelta a casa. Todo el misterio que era para él la vida de sus padres.

A veces se sentía muy exagerado por pensar en ese tipo de cosas de su propia madre, pero en algunos momentos él podría jurar que ella le escondía algo. ¿Qué? Bueno, cómo saberlo. Ni siquiera sabía porque a veces sentía eso, era más intuición que nada. Pero desde el año anterior que pasó dos semanas en cama porque su "intuición" le había dicho que no había peligro en comer unos frutos naranjas que encontró en el bosque había dejado de confiar bastante en ella. No del todo, claro. "Un marinero confía en su sexto sentido" se decía constantemente, pero luego se contradecía con todo ese asunto del secreto de su madre.

"Tal ves no era moza en una mansión, pudo haber sido la dama de compañía del dueño, o quizás en realidad trabajaba en una cantina o un cabaret y ahí conoció a mi padre, por eso le incomoda hablar de él".

En realidad no se sentiría molesto o decepcionado de ella de ser así, e incluso si era el caso entendía la incomodidad de su madre al respecto, el ni siquiera sería capaz de explicarse frente a ella cómo era que sabía lo que era un cabaret y qué se hacía ahí.

En realidad si lo sabía era porque en varias ocasiones había tomado sin permiso algunos de los libros que su madre escondía en un pedazo suelto de piso bajo su cómoda. No había nada peor que escuchar que acababa de llegar y tener que darse prisa para dejar todo en su lugar sin que ella se diera cuenta de que había estado allí.

Pero por muy cerca que hubiera estado en algunas ocasiones nunca lo había descubierto.

Con eso pudo leer sobre los puertos más famosos del mundo, pudo ver mapas de mares e islas y sitios marcados como desconocidos por el hombre; se topó con un libro de mitología marítima en donde mencionaban a dioses, como la diosa Calypso de la que su madre le había hablado unas noches antes, y bestias, enormes y mortales para quien se las topara.

A la que mencionaban en varios libros que según decían eran transcripciones de los diarios de algunos piratas era al Kraken. No tenía idea de qué era pero siempre con él mencionaban tentáculos y algo sobre un pirata llamado Davi Jones. Al parecer él era algo así como un fantasma, o un ente. Algo que salía de la nada y por alguna razón aterraba a los piratas. En realidad su historia no le sonaba muy creíble, sino más bien como una inventada para asustar a los marinos menos experimentados y mantenerlos alejados de ciertas zonas del mar que pertenecían a los piratas.

También habían algunos pasajes que mencionaban repetidas veces a un Capitán Barbosa, su madre ya le había hablado de él, también del Capitán Jack Sparrow.

Parecía que su madre conocía muchas historias de ellos, y aunque fuera tan reacia a hablar del tema de la piratería estaba seguro de que ella también le tenía cierto interés e incluso había veces que parecía hablar con admiración de ellos. De repente era todo lo contrario y parecía querer matarlos; no tenía idea de por qué. Pero en realidad era eso lo que le encantaba de que le hablara de esos dos, la manera en que todo lo que contaba se sentía tan real. Como si ella misma lo hubiera vivido en carne y hueso, aunque de haberlo hecho, estaba seguro de que su mamá no hubiera vivido para contarlo. Ella era una mujer muy fuerte y bastante valiente, pero esos eran piratas, y no tenían compasión por su enemigo, y bueno, ni cómo imaginarse a su madre luchando al lado de ellos en su mismo bando.


-Oye… oye, oye… hey… oyeeeee….

-¡Ya cállate Sparrow!

-Bueno que solo se necesitan algunos años para que tu propia tripulación te mande a callar, pero qué falta de respeto al Capitán…

-Yo nunca fui parte de tu tripulación.

-¿Ah no? –Preguntó Jack mirando por primera vez con interés al muchacho al que le tocaba custodiar su celda durante las noches. No se había dado cuenta pero realmente era imposible que ese chico tan joven –no parecía tener ni veinte años- hubiera sido parte de la gente del Perla cuando él era Capitán.

Tenía la tez de un tono acaramelado, como la del mismo Jack, la piel de alguien que pasa días enteros bajo el sol hasta teñírsele. Su cabello era negro completamente oscuro, y su cara si bien no era la de un niño era una que reflejaba bastante jovialidad con unos ojos que a Jack le llamaban mucho la atención; eran negros, pero de un negro muy raro, como si más bien fueran de un verde tan oscuro que se confundía con negro. Definitivamente eran curiosos, aunque lo que le llamaba la atención de ellos no era el color, sino que parecían pertenecer a una persona mayor de lo que él era, supuso que era por eso que estaba allí. Para que Barbosa le permitiera un lugar en su navío a un niño lo más probable era que realmente fuera muy maduro para su edad y bastante diestro en el –tan amado para Jack- arte de la piratería.

-No –Respondió el muchacho a secas volteándose sobre el banco en el que estaba sentado para seguir afilando su espada.

-Y entonces, -empezó Jack –cómo es que un niño de cara bonita como tú terminó siendo parte de la tripulación del barco más temido de los siete mares. Estas cosas solo son para hombres, ¿No te lo han dicho?

-¿Disculpa? –Contestó una voz que venía bajando las escaleras. Era una mujer de piel morena, ojos y porte peligrosos como la espada que guardaba enfundada a su costado.

-¡Anamaría! ¡Amor mío! ¿Te han dicho que la edad te sienta bien? Pero me parece que desde aquí no puedo apreciarte bien. ¿Te apetecería sacarme para que pueda hacerlo a la luz de la Luna que brilla como tus oj…?

-Ni lo intentes Jack –Contestó la mujer morena, cuya mirada era más cálida de lo que esperaba, no por eso menos peligrosa. –El Capitán me ordenó que trajera tu cena. –Le dijo mientras deslizaba por un hueco entre los barrotes un pan con un poco de queso y un baso con agua.

-¿El Capitán? Creo que te equivocas linda porque yo no recuerdo haber dado ninguna orden. –Respondió tomando el pan –En todo caso ¿Qué es esto? ¿Tan mal les ha ido con Barbosa que tienen que ahorrar suministros para sobrevivir?

-Eres un prisionero Sparrow, no un invitado.

-Si, y dime, ¿A ti quién te invitó a la conversación niño?

En ese momento se escuchó un ronquido del señor Gibbs que estaba dormido echado en el piso de la celda. En el último momento Barbosa decidió que ponerlo a limpiar el barco solo le daría una oportunidad para liberar a Jack así que decidió encerrarlos a los dos juntos.

Jack tomó su baso con agua y lo vació en la cara del hombre que de no ser por los irritantes sonidos parecería muerto.

-¡Qué! ¡Qué! ¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué pasó?!

-Agua, y pasó que con los sonidos que hacías cualquiera pensaría que como dice el Capitán Sparrow nos está yendo tan mal que empezamos a traficar animales exóticos… -Respondió el muchacho con una sonrisa mirando al hombre empapado.

-Laten, vuelvo arriba. Avísame si dan problemas. –Le dijo Anamaría antes de subir las escaleras sin volver la mirada de nuevo a Jack o a su acompañante.

-¿Laten? ¿Así es como te llamas? –Preguntó Jack mientras apachurraba el pan y lo olisqueaba como esperando que explotara o que le saliera veneno.

-¿Tú qué crees? –Respondió Laten mirando divertido a Jack mientras terminaba con la espada y la guardaba en su funda.

-¿No eres algo joven para estar aquí? –Preguntó Gibbs dándose cuenta de la presencia del chico.

-Eso mismo le estaba yo diciendo, de hecho, mi buen amigo Laten estaba a punto de contarme cómo fue que llegó a esta vida de hombres… y mujeres peligrosos. –Le dijo dando una mordida al pan.

-A mí me parece que más bien estaba a punto de callarte.

-No creo que lo logres.

-Entonces de ignorarte.

-Vamos, estaremos juntos por un buen tiempo según me parece, ¿no preferirías que fuéramos amigos? –Le dijo Jack acabando el pan y bebiendo del agua del señor Gibbs.

-Amigo del prisionero ¿eh? No, no lo creo.

-Bueno, ya cambiaras de opinión. Lo que quería saber desde un principio es hacia dónde vamos, ¿para qué me quiere Barbosa?

-No creerá que se lo voy a decir Capitán Sparrow. –Respondió Laten comiendo de unas frutas que estaban en una mesa junto a él.

-Capitán Sparrow… -Repitió Jack saboreándolo -¿Ves que bien suena? No entiendo por qué no todos pueden decirlo como tú.

-Porque alguien que no fuera yo ya te habría apuñalado para que te callaras.

-¿Y por qué tu no muchacho? –Preguntó Jack mirándolo con curiosidad y diversión. Algo tenía ese muchacho que le llamaba la atención. Algo tenía que le agradaba, aunque definitivamente no era el hecho de que él era la razón por la que todavía no había podido pensar en cómo salir de ahí.

Laten permaneció callado comiendo más fruta y lo ignoró durante el resto de la noche.


De regreso a su casa Will había recogido algunas frutas del bosque. Las plantas de ese lugar tenían combinaciones de colores muy raras.

Mientras caminaba se la había pasado pensando. Ya estaba cansado de siempre terminar preguntándose tantas cosas sobre su madre. Había llegado a un punto en el que de veras deseaba saberlo todo. Saber de su vida antes de él. De su padre –de quién había heredado el nombre de William Turner y según su mamá todo su aspecto-, de quién no sabía prácticamente nada. Del resto de su familia –si es que tenía-, quienes eran, o habían sido.

Mientras masticaba una baya se decidió. Esa noche le preguntaría todo a su madre. Le pediría que le dijera toda la verdad. No era posible vivir con tan poca información de uno mismo y ella tenía que entender eso.

No sabía si se atrevería también a preguntarle sobre los libros que escondía. Ella siempre había insistido en educarlo como al caballero inglés que se suponía que él era, por eso tanta tontería de etiqueta de la que estaba seguro ni ella se la creía. Pero si así era, ¿Qué hacía ella con ese tipo de lecturas tan "inapropiadas"? Algunos de esos libros por la caligrafía, los manchones y algunos otros detalles más bien parecían diarios de viajes. Escritos a mano por los piratas que hicieron todas esas hazañas. Siempre había creído que quizás si lo eran, que en los viajes que sus padres realizaron se los encontraron y su madre los guardaba porque como el creía, ella sí sentía interés en esas cosas, por mucho que dijera lo contrario para mantenerlo alejado de esa vida tan "deshonrosa".

Había uno que estaba escrito en alguna lengua oriental. Quizás chino. Le llamaba la atención porque ese estaba aparte. Lo tenía guardado en una caja adornada con muchos símbolos raros en donde había más papeles. Algunos daban la pinta de ser documentos importantes, otros solo cartas.

Que el supiera su mamá no hablaba chino, ni ningún otro idioma.

Lo más raro de la caja, sin embargo, no eran los papeles. Era la ropa.

Había una especie de vestido o toga de mujer de diseño claramente oriental junto con un sombrerito que le combinaba.

Lo único que le faltaba era que le dijera que no era hijo de un inglés sino de un chino.

Pero no, no era posible. Él no tenía nada del físico de su madre así que obviamente para tener los rasgos que tenía debió de habérselos heredado a un padre de rasgos occidentales.

Aun así, sus dudas al respecto eran muchas.

Si ella se mostraba accesible esa noche, esa sería una de las preguntas de su interrogatorio. No que si fue la amante de un chino claro, sino qué era lo que esa toga hacía entre sus cosas.

-Yojou yojou… -Cantaba mientras se acercaba a su casa.

Estaba a punto de llegar. Se imaginó varias maneras en que su mamá reaccionaría, incluyendo evadirlo y llenarlo de mentiras. Pero esta vez no la dejaría en paz hasta que ella le dijera todo.

William Turner III necesitaba saber quién era, de dónde venía, y se encargaría de saberlo esa noche.


Bueno, hasta aquí.

No saben cómo agradecería un review para saber si les está gustando.

Nos leemos en el próximo capítulo. ^^

Melopea