Apenas una semana sin saber de Sherlock y ya se sentía mal, le había enviado un mensaje que Sherlock ni se molestó en contestar, aunque sabía que lo había leído.
Estaba tratando de alejarse, como le había pedido Mycroft, pero era muy difícil, sobre todo sabiendo sus sentimientos, se sentía responsable de ese dolor y quería ayudar a remediarlo, ¿cómo?, no tenía idea, pero ya se le ocurriría algo en la marcha.
Regresaba a casa después del trabajo, Mary ya había preparado la cena y lo esperaba, con esa bonita y sencilla sonrisa, se sentaron a comer juntos y hablaron de su día, Mary era maestra en un jardín de niños, siempre tenía anécdotas graciosas para relatar, los niños eran tremendos.
Después de comer se sentaron y vieron televisión un rato, Mary lavó los platos y tomó una ducha, eran cerca de las ocho cuando apareció usando ese vestido verde que le quedaba tan bien, sonrió ampliamente a John.
- ¿Qué pasa?, ¿qué celebramos?- preguntó Watson, correspondiendo la sonrisa de su esposa.
- Nada, le haremos una visita a Sherlock-
- ¿Qué?-
- Estás preocupado por él, lo noto, así que iremos a verlo y saldremos a cenar-
- Mary, Sherlock no es precisamente un hombre…fácil, ¿comprendes?, puede que haga algún comentario que…-
- Puedo lidiar con Sherlock Holmes- bufó Mary – ahora ve por tu chaqueta y vámonos-
A John no le parecía buena idea pero no sabía cómo explicárselo a Mary sin contarle la verdad, terminaron en Baker Street, podía escuchar a Sherlock tocar una pieza tan triste y desesperada que le dolió, entraron para encontrarse al detective tirado en el sillón, aún arrancando las lastimeras notas a su instrumento.
- Hola- le saludó Mary.
Sherlock les dedicó una mirada vacía, sin enojo ni tristeza, John suspiró, seguramente estaba drogado.
- Hola- correspondió Sherlock.
- John y yo quisimos pasar a ver cómo estabas, aprovechando para invitarte a cenar-
El Holmes arrugó la nariz en gesto de molestia, Mary soltó una risita y se dirigió a la cocina.
- Ya, si no quieres salir puedo preparar algo-
- No- dijo Sherlock, levantándose de un salto – no es necesario, salgamos-
John esperaba que los llevara a Angelo's pero no fue así, pidieron un taxi y fueron conducidos a un restaurante francés bastante elegante, Mary estaba encantada, Sherlock intercambió unas palabras con el capitán de meseros y les dieron mesa, aún cuando se necesitaba reservación.
- Vaya, qué lugar más bonito- comentó Mary – Sherlock, ehm, ¿tienes novia?, ¿novio?-
- No-
- Oh…- Mary se sonrojó un poco – bueno, bueno, ya llegará alguien-
- Las relaciones sentimentales no son de mi interés- respondió Sherlock con sequedad – mi trabajo es lo único que me interesa, me da en que pensar y me mantiene activo-
- Ah, bueno, entonces…ehm, espero que siempre tengas muchos casos-
- Siempre tengo casos-
Watson estaba más que incómodo, estaba hiriendo a Sherlock, Mycroft tenía razón, debía alejarse de él pero…
- ¿Sabes?, a mí no me molestaría para nada que John fuera a ayudarte con un caso de vez en vez, siempre platica sobre sus aventuras, ¡se apasiona tanto!, así que no te preocupes, te lo presto-
Sherlock sonrió falsamente, acompañando la risita de Mary, John suspiró y trató de mirar a cualquier lado.
- Estuve leyendo el blog de John el otro día, sus relatos son fantásticos, le he dicho que debería animarse a hacer un libro, ¿tú qué piensas?-
- Como si el blog no fuera ya bastante malo…- masculló Sherlock, bebiendo de su copa de vino – es decisión de John, después de todo, hasta te podría dedicar el libro, ¿no crees?-
- Sería muy lindo- suspiró Mary - ¿ves?, a Sherlock no le molestaría, ¿por qué no te animas?-
- Mary…- habló John – escribo por afición, no pretendo ganar nada con ello-
- Podrías donar el dinero recaudado o algo así- sugirió Mary.
- Pediré la carta- intervino Sherlock, llamando a un mesero.
- Yo digo que deberías intentarlo- continuó Mary – eres muy talentoso, John, puedes hacer cualquier cosa-
Mary se inclinó para besar a John en la boca, fue un pequeño contacto, suficiente para que Sherlock se pusiera incómodo, el mesero se acercó, entregando el menú a John y Mary, Sherlock rechazó la carta con amabilidad.
- ¿No vas a comer?- preguntó John, preocupado.
- Me voy- anunció Sherlock, levantándose del asiento, dejó una considerable suma de dinero en la mesa – pidan lo que quieran, yo invito-
Sherlock se alejó antes de que John pudiera replicar, no lo siguió, no quería armar un escándalo, se limitó a suspirar, había sido un error, nunca debió llevar a Mary a Baker Street.
- Tienes razón, es un hombre difícil- habló Mary, con gesto de sorpresa – pero no parece mala persona-
Ordenaron y cenaron con calma, John pagó todo, envió a Mary a casa en un taxi, diciéndole que la alcanzaría después, fue a buscar a Sherlock al departamento, lo encontró otra vez en el sillón, vistiendo su pijama y con aire pensativo.
- Sherlock- le llamó, sacándolo de su palacio mental – aquí está tu dinero-
- Vete-
- ¿Hasta cuándo seguirás rechazándome?-
- ¿Hasta cuándo seguirás casado?- Sherlock miró a John con sus penetrantes ojos azules, Watson se quedó callado, inmóvil – lo suponía, lárgate-
- No me trates así, por favor, no es culpa mía-
- Por eso estoy enojado, porque no es culpa tuya, ojalá pudiera culpar a alguien pero sólo puedo culparme a mí mismo-
El gesto de Sherlock reflejaba dolor, John se acercó despacio, se sentó en el suelo junto a Sherlock y le acarició los negros rizos, el detective suspiró y cerró los ojos, disfrutando del contacto.
- Si pudiera hacer algo…-
- No, no digas eso, lo empeoras-
- Es que… si te soy sincero, sí me siento culpable-
- Estupideces, no es culpa tuya, hiciste lo que haría cualquier persona, seguiste adelante, olvidaste y dejaste a los muertos con los muertos-
- Pero tú no estabas muerto-
- Tú no lo sabías-
- De todos modos…-
- No es culpa tuya, John, ¿te haría sentir mejor que te culpara?-
- Creo que sí- suspiró John.
- Claro, y si te odiara sería mucho mejor-
- No, yo no quiero que me odies, sólo quiero que las cosas vuelvan a ser como antes, quiero ser tu amigo y quiero ayudarte con los casos-
- No pueden ser como antes, John, hay un tercero que lo impide, no pienses mal, no odio a tu esposa, sé que quieres ayudarme pero no creo que pueda aceptar tu ayuda, no sabiendo que tengo que regresarte sano y salvo a ella-
- Me quedaré contigo esta noche-
- No-
- Sherlock…-
- No haré nada, no me haré daño-
- Drogarte es hacerte daño-
- Tu habitación está ocupada-
- Dormiré contigo-
Sherlock abrió los ojos de la impresión, miró a John sólo para confirmar que no mentía, se levantó del sillón y fue directo a su cuarto, metiéndose debajo de las sábanas, John lo siguió, se quitó los zapatos, la camisa y el pantalón, quedando sólo en bóxer y playera, se acostó junto a Sherlock, sin tocarle, quedando cara a cara.
- ¿Qué hubiera pasado si hubiera regresado antes?-
- No sé- respondió John – no tengo idea, Sherlock, no pienses en eso-
- Ya sé que no podemos saberlo, pero no puedo evitar pensar en ello-
- Pero eso debe ser doloroso-
- No importa- suspiró Sherlock, sintiendo la tibia mano de John sobre su mejilla – ya es muy tarde, de todos modos, llegué tarde…-
El detective se quedó dormido casi al instante, John se escabulló sin despertarlo, envió un mensaje a Mary avisándole que se quedaría a cuidar a Sherlock porque se sentía mal, regresó al cuarto, encontrándose a Sherlock justo como lo había dejado, era muy raro verlo dormir tan profundamente, se acostó de nuevo junto a él, durmiéndose enseguida.
Cuando John despertó Sherlock no estaba junto a él, miró el reloj, las diez de la mañana, no iría a trabajar, se levantó y comenzó a vestirse, podía escuchar a Sherlock trajinar en la cocina, seguro preparando té, no debía llevar mucho despierto, fue a encontrarlo sentado en el comedor, bebiendo té y comiendo cereal con leche, su único y sagrado alimento de toda la jornada.
- Buenos días- dijo John, sintiéndose un poco estúpido.
- Te serví una taza de té- dijo Sherlock, señalando una taza frente a él – Tómala antes de que se enfríe-
John no dijo nada, tomó la taza y comenzó a beber el contenido, ocupó un asiento frente a Sherlock, observándolo en completo silencio, terminó su té, Sherlock había acabado su cereal.
- Deberías irte ya- comentó Holmes, levantándose – hasta luego-
Watson se acercó al detective, le sonrió como pudo, no sabía qué hacer, torpemente, apretó sus labios contra la mejilla fresca de Sherlock, el detective mantuvo la cercanía, acariciando la nariz de John con su nariz, respirando el cálido aliento del doctor, la mano derecha de John fue a la nuca de Sherlock donde se entretuvo acariciando los rizos con el pulgar, estaban a nada de un beso, de algo real.
- Adiós- suspiró Sherlock, apartándose de John.
El doctor no agregó nada más, sólo aceptó la oportunidad que le daban de marcharse, no pudo ni mirar atrás, ¿hubiera regresado al lado de Sherlock?, sí, seguro que lo hubiera hecho pero no importaba más, estaba en casa, Mary estaba en el trabajo y la soledad del departamento era palpable, sintió remorderle la consciencia al pensar que eso era lo que vivía Sherlock todos los días.
