Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
Capitulo 1
Desamparo
BELLA
No pienso, no siento, no vivo. Solo corro.
No hay tiempo, ni distancias, solo líneas de fulgores verdes y marrones. Tampoco eso es exacto. No hay colores, ni sonidos, solo el aturdimiento de la soledad, la desesperación de la soledad.
La maldición de una eternidad sin él.
Me perdí hace tanto tiempo que no se si han pasado semanas, meses o años desde que huí de mi familia. El motivo él, siempre él.
Flashback - 27 años atrás.
"- Imagino que no volverás a tocarme mientras estemos aquí, ¿a qué no?
Vaciló y luego sonrió a desgano, alzando la mano para acariciarme la mejilla. Sus dedos rozaron suavemente mi piel y no pude evitar inclinar mi rostro sobre la palma de su mano.
- Ya sabes, que no es lo que quería decir.
El suspiró y dejó caer la mano.
- Lo sé. Y llevas razón - hizo una pausa, alzando ligeramente la barbilla y después volvió a hablar sin mucha convicción - No haré el amor contigo hasta que te hayas transformado. No volveré a hacerte daño otra vez." (Amanecer - Cap. isla Esme)
- Entonces conviérteme, ya. - Proclamé con decisión.
Sin darle tiempo, a que reaccionara, me planté ante él, abrí el vestido blanco de algodón, dejándole expuesto parcialmente mi pecho. Eché la cabeza hacia atrás. No había dudas, no había excusas. No iba a perderlo, nunca más.
La sensación de sus dientes desgarrando mi carne, ni siquiera fue dolorosa. Todo mi cuerpo tembló de deseo. Le pertenecía totalmente."
Final Flashback
El recuerdo me sacó unos segundos de la carrera sin dirección. Hace décadas que había elegido y me habían aceptado en la familia de los Cullen. Con mi transformación y mi matrimonio, deje mi pasado humano y mi existencia fue un idilio de dicha. Nada podría empañar tantos años de amor, compañerismo y comunión familiar. Conocí el mundo, viaje, tuve vidas extraordinarias y fui intensamente amada por el que considere, el ser más perfecto del planeta. Tan perfecto que mi pobre humanidad y después mi novata inmortalidad no fueron suficiente para retenerlo a mi lado.
Como siempre lo supe; no fui lo suficiente buena para él.
Aún recuerdo el día en que todo cambió…
Flashback - 20 años atrás.
- Que bueno que decidieran compartir la preparatoria con nosotros. - Proclamé con alegría hacia mi nueva compañera: Kate.
Tanto ella, como su hermana Irina, se habían anotado en la misma secundaria y ahora compartiríamos clases. Sin lugar a dudas, era una novedad sobrellevar esta reiterada tortura con nuevas aliadas. Estas hermosas vampiras procedían de las heladas lejanías de Denali, junto con Eleazar, Carmen y Tanya. Conformaban una suerte de primos lejanos de los Cullen. Los lazos de amistad se habían solidificado por compartir el mismo respeto hacia los humanos.
Por cierto que Tanya, había dejado claro, que se sentía desencantada con que Edward me hubiera elegido. Aún tenía presente, los recuerdos nebulosos de nuestro primer encuentro en mi casamiento. De todos modos no podía ni mínimamente desconfiar de mi esposo, ya que me reservaba una adoración casi absurda.
- Lástima que Tanya se negara. - Dijo Rosalie, sacándome de mis cavilaciones y llevándome a otras. Para mí, era una suerte que Tanya no se quisiera involucrar. Mientras más lejos estuviera de mi esposo, mejor.
- Si. Una pena. - Mentí terriblemente.
- Por favor Bella, después de tanto… ¿Celos? - Consultó Rosalie, A fuerza de tantos años de convivencia o lo que sea, habíamos logrado entablar una camaradería decente.
- No opinarías lo mismo, si fuera "Tu Emmett" - Remarqué con sutileza, mientras miraba al enorme vampiro que había adoptado como hermano y que ahora hacía peripecias para estacionar su jeep en el estacionamiento.
- Mi Emmett está totalmente domado. Lo tengo bien asegurado. - Expresó Rosalie con un contoneo exagerado de su cadera.
Un silbido sonó en el aire. - Tontos adolescentes hormonales.- Dije para mi adentro. El pensamiento de unos casi 50 años de edad, muchas veces contradecía los eternos 18 que mi cuerpo aparentaba.
Varios muchachos se volvieron a vernos. En cierta forma me había acostumbrado a las miradas lujuriosas de la población masculina, aunque de todos modos, me sentía ciertamente libre de no estar exhibida de más.
El motivo: carecía de mi vestuarista particular. Si. Alice y Jasper, habían decidido pasar una temporada a solas y se encontraban en Alaska en una decimoquinta luna de miel. Ese era el principal motivo por el que nuestras primas vampiros, estaban con nosotros, ya que tanto Eleazar como Carmen, hacían las veces de anfitriones de la feliz pareja.
De repente un auto plateado, serpenteo en el estacionamiento. Sabía de antemano, quién conducía. Era parte de la nueva mascarada que habíamos planeado. Mostrarnos como desconocidos y darnos la oportunidad de coquetear como en el principio de un noviazgo. Al menos ese era el juego frente a los demás, porque en las noches, aún éramos los mismos insaciables amantes de hace dos décadas atrás.
El estómago se me contrajo en la expectación de ver la escultural figura de mi esposo. Impecablemente atractivo con su juvenil porte de 17 años. Alce mi cabeza en busca de sus ojos. Estaba segura que voltearía a verme, siempre tan anhelante de mí como yo lo estaba de él. Pero ese día fue diferente.
Salió del Volvo y sin distracción, se dirigió a abrir la puerta de Irina. Por un segundo pensé que era como siempre: el ser más caballeroso del planeta.
Apenas hacía dos horas que nos habíamos separado, bromeando en nuestro dormitorio, como sería el nuevo encuentro en el instituto. Yo me figuraba miles de formas novelescas de entablar una conversación y en ese fingimiento, supuse que el hecho de que la preciosa vampira fuera colgada de su brazo, era parte de la charada.
Caminamos hacia la entrada, justo al momento en que ellos también llegaban. Mantuve mi sonrisa, esperando la ocurrencia con la que me sorprendería en nuestro supuesto primer encuentro. Pero al cruzarnos, vi como él era el sorprendido. Cuando sus ojos, se cruzaron con los míos, se desenfocaron y su pupila se agrandó visiblemente. Giró la cabeza en un movimiento inverosímil, mirando de primera a Irina y luego a mí.
- Bella. - Exclamó con voz ahogada.
- Si… así me llamo. - Respondí aun sonriendo. Por dentro algo me jalonaba hacia abajo. Como cuando sabes que algo está mal, aunque nadie puede dar cuenta de ello.
Edward bajó la cabeza, como si estuviera avergonzado y se soltó del brazo de Irina. Estoy convencida, que si hubiese podido ruborizarse, lo habría hecho. De repente como si recordara algo, me tomó de la mano y me miró directamente a los ojos. Con pena, incertidumbre, confusión.
- Vamos a clases. - Susurró con una inspiración. Como si ese simple acto fuera una difícil prueba.
Mi corazón muerto, estaba cerrado en un puño. ¿Qué podría haber sucedido, en tan solo dos horas? Busqué a Irina, que miraba la escena, con desgano. A su lado, su hermana kate le miraba fijamente.
- Solo hemos hablado de cosas intrascendentes. Lugares que visitamos con Bella y cosas así. - Respondió Edward hacia Kate. Como si esta hubiese preguntado algo en voz alta. Claramente estaba leyendo el interrogante en su mente.
Kate, deslizó su mirada hacia Edward y negó con la cabeza.
- ¿Qué pasa? No entiendo que está sucediendo. Habíamos quedado que haríamos como que no nos conociamos y estamos casi discutiendo. - Acoté con inseguridad. Algo estaba mal. Muy mal.
- Nada Bella. No pasa nada. - Dijo kate sonriente. - Vamos a clases.
El resto del día, fue absurdamente exasperante. Edward se sentó conmigo en las dos clases que compartíamos y durante el almuerzo, permaneció con nosotras, aunque no participó de la conversación en lo más mínimo.
A última hora de esa primera jornada, el estrés me hacía sentir incómodamente descompuesta. Como si aún fuera la débil mortal de hace 20 años atrás. Casi de refilón pude advertir que Edward, discutía aireadamente con Emmett en la salida de la preparatoria. Claramente le había pedido que no se acercara, aunque el tema de discusión, nunca lo llegué a saber.
Luego marcho a mi encuentro, con el semblante sombrío. Parte de mi mente recordó como en tinieblas, el trágico día en que él me dejó en el bosque de Forks. Deseché la idea. Era absurdo pensar que algo así podría volver a suceder. Éramos felices, nos amábamos. Ahora podía correr a su lado, sin temor a desentonar. Era tan inmortal, como él. Nada nos separaría.
- Ustedes vayan con Emmett. Yo llevaré a Bella. - Explicó con sequedad.
Con un movimiento de su mano. Emmett le hizo señas a Rosalie y kate para que fueran con él. A mi lado Irina, se plantó y con un mohín altivo de su perfecta boca, dijo:
- Edward. Yo iba a ir contigo. - El tono meloso de su desplante me hizo volver a verla.
- He dicho que voy a ir con mi esposa. - Reprendió Edward con rudeza.
Sin decir nada más, me tomó del antebrazo y con un movimiento brusco y poco común en su persona, me obligó a ir a su paso. Al entrar al vehículo, me volví hacia su figura pétrea.
- ¿Qué val mal Edward? - No sé si me asustaba más conocer la respuesta, que animarme a preguntar.
- No me gusta este juego. Tú eres mi esposa, no tengo porque estar mintiendo sobre nuestro compromiso. Mi vida entera ha sido una mentira y no quiero mezclarte con ello. Eres mi mujer. Prometí estar a tu lado el resto de nuestra existencia. Esta estúpida charada, no debería poner en riesgo nuestro matrimonio. - Proclamó con enojo y frustración.
- No sabía que nuestro matrimonio, estuviera en riesgo. Yo te amo Edward, siempre lo he hecho. Tu quisiste que nos casáramos, para mí ni siquiera hacía falta que lo hiciéramos. Estamos juntos porque decidimos estarlo, no porque ningún papel nos lo diga o porque te sientas obligado por la palabra empeñada. - Intenté razonar ante su súbito arranque. Mil pensamientos se entrechocaban en mi cabeza y todos llegaban a la triste conclusión, que de algún modo se sentía desilusionado y peor... obligado.
¿Tendría que ver esto... Irina? ¿O tal vez Tanya? ¿Qué habrían hablado esta mañana? El viaje a casa fue silencioso y mortalmente lúgubre. ¿Dónde habían quedado las pasionales caricias de esta madrugada? ¿Las risas compartidas en la penumbra de nuestra habitación? Veinte años de amor perfecto. ¿Qué había cambiado?
Final Flashback
Aún me rechinan los dientes de solo pensar como descubrí esa misma noche, que mi matrimonio, había llegado a su fin. Una visión que fue más que en un potente veneno, tan potente que acabo mi matrimonio en un segundo y me alejo de todos a quienes quería.
Apreté la carrera, con la esperanza que los pensamientos se alejaran como el paisaje que se desdibujaba en mi alocada huida.
Tan poco fueron sus palabras de disculpa… Un "lo siento", tan pobre que hizo imposible cualquier intento de cruzar el abismo que él mismo cabó.
No pienso, no siento, no vivo. Solo corro.
La inminencia de mi decisión tomada años atrás, me aplasta como una montaña de concreto, por eso es que correr es algo así como un alivio, aunque mi cuerpo no siente alivio, no se cansa.
Solo la sed hace mellas y marca un calendario que respeto. No permitiré que domine lo que queda de mí.
Conciente soy de no tener rumbo fijo y me niego a retener la vista en la fisonomía del paisaje y menos fijarme en algún cartel que indique donde me encuentro. Alice así nunca podría saber de mí. Mi Alice, mi familia, mi espo…
Vuelvo a correr, el camino grita nombres que no quiero escuchar.
Soy un fantasma, un espectro vagabundo que sin destino se desliza, por la tierra, el mar, el hielo, siempre veloz, siempre errante, siempre solitaria.
Evito las urbes y me mantengo alejada de los humanos, mi pies perdieron el calzado y mis ropas se decoloraron y rasgaron. Creo que al principio tuve el plan de mantenerme civilizada y hasta cargaba una mochila con un mínimo de pertenencias. Una pequeña gran suma de dinero para desenvolverme con comodidad. Pero al solo emprender la huida, todos mis planes se fueron con el viento y mi mente solo respondió a mi necesidad de alejarme, correr y correr, ya nada importaba más.
El aspecto selvático de un paraje inhóspito me había brindado buenas presas y me encontraba ensimismada en el placer de la sangre caliente corriendo por mi garganta. Un gato de montaña me había proporcionado ese efímero deleite y mientras dejaba de lado su cuerpo vacío, un reflejo a lo lejos, me sorprendió.
Un instinto primitivo me hizo agazapar y sisee hacia la imagen que un espejo de agua me devolvía. Al segundo me enderecé. Conciente de mi misma.
Una maraña de cabellos, la ropa gastada…,
Mi cara con la palidez y la belleza de lo imposible….
Esa era yo… Isabella Marie Swan…, Isabella Marie Cullen…, Isabella Marie Madsen…, Isabella…, Bella.
- Noooo ! El grito salió potente y feroz de mi garganta. Me volví a asustar de su sonido, hace tanto que no escuchaba mi voz y su resonar repetido en eco, era aterrador - No, no, esa no era Bella. Bella ya no existía.
Esa criatura sin vida que me miraba furiosa desde la charca de agua, no era Bella. Era una vampira fuerte, tormentosamente hermosa, con ojos que destellaban odio en su fulgor dorado, que resoplaba un gruñido ronco y amenazador. Una vampira traicionada, furiosa y salvaje.
Flashback - 20 años atrás.
La casa, parecía conmocionada y revuelta. En cierto modo, creía que era reflejo de nuestros nuevos huéspedes. Con cierto rencor miré hacia la estancia donde Tanya, se desparramaba en un sillón. Su exquisita belleza no tenía comparación. Me sentí menguada ante su rostro divino. Como presintiendo mi mirada, se volvió a verme con una sonrisa sincera y yo gruñí. Al instante desaparecí por las escaleras.
Rosalie no tardó mucho en aparecer en mi cuarto.
- ¿No está Edward contigo? Que extraño. - me dirigió con sigilo, a la vez que se sentaba al borde de la cama. Mi mirada perdida hacia el amplio ventanal debió darle una idea de que no estaba para charlas.
Después de un rato de incómodo silencio, se animó a continuar.
- ¿Qué está sucediendo Bella? Sé que no somos las más amigas y que tal vez preferirías que Alice estuviera aquí, pero yo soy tan buena escuchando como ella. - Susurró Rosalie.
Sin cambiar de postura. Contesté.
- Edward está dudando de nuestro matrimonio. - Mi voz fue un rebote oscuro como si saliera de un pozo.
- Imposible. Él te ama con locura. - Meneó la cabeza y el aire se inundó con la fragancia a rosas. - Iré ahora mismo a hablar con él.
Ni siquiera hice el intento de detenerla, pero para mi sorpresa, la misma Tanya se hizo presente en ese momento y como si hubiese sido partícipe de la conversación, se acercó a mí.
- Ve a buscarlo. Y no lo dejes solo con Irina. - Ordenó a Rosalie, ante de que ésta desapareciera por la puerta.
- ¿Qué quieres Tanya? - Murmuré entre dientes. La sabía culpable de lo que pasaba, aunque no supiera bien que era.
- Yo no soy tu enemiga Bella. - Dijo en un tono tranquilizador. Me volví a mirarla. ¿Cómo podía ser cierto? Ella amaba a Edward o al menos estaba encaprichada con él.
Desde hace tres semanas, le había visto dando vueltas alrededor de mi esposo. Si analizaba las pequeñas cosas que sucedieron en ese tiempo, podía ver claramente como él se había alejado de mí durante estos días. Su semblante inquieto, como atormentado. Cuando me había mirado en las últimas noches, me había hecho el amor con desesperación. Como ahuyentado demonios. Debía haber leído su desesperación y no haberme distraido con su pasión.
Así que si la venda cayó, era hora de soltar mi lengua.
-Todo estaba bien, hasta que ustedes vinieron. - Dije casi en un gruñido.
- Debe ser cierto. Por ello creo que es mejor que nos marchemos. - Contestó para mi desconcierto.
- Eso no cambiará las cosas. - Solté en respuesta. Si de alguna forma, la presencia de Tanya, le había hecho dudar a Edward, era una herida demasiado grande que subsanar.
- Creedme que lo hará. - Explicó y al momento se alejó con la fluidez de un espíritu etéreo.
Mi mente batallaba entre el desconcierto y el enojo, aunque de algún modo escuché los aireados reclamos de las hermanas de Tanya y el resto de los Cullen. Carlisle y Esme, recién acaban de llegar y no entendían ni medio, de lo que estaba pasando. Tanya les había dicho que se marchaban. El ruido de puertas abriendo y cerrando apresuradamente, me hizo levantarme de mi lecho y asomarme a la ventana. Efectivamente se iban y un dejo de vergüenza me obligó a salir de mi encierro.
Cuando quise bajar, me detuve al escuchar una voz susurrante en la habitación de invitados.
- Sabes que yo puedo esperarte Edward. Ella nunca te dará lo que yo puedo darte. Estamos destinados a estar juntos. - La voz era embriagadora, cautivante.
- Ella es mi esposa, le prometí... No puedo dejarla. - Contestó él.
- Solo amas un reflejo. Ella era humana y te subyugó con su sangre. Ahora puedes elegir. Elígeme. Tócame, Siénteme Edward. Bésame. - Demandó la voz femenina.
Un gemido bajo y terriblemente familiar, acalló la súplica, justo al instante que me pare frente a la puerta abierta.
Edward le besaba apasionadamente, sus manos recorrían con voracidad los contornos de su cuerpo.
No atiné a decir nada. Me llevé la mano a mi boca, silenciando el grito de horror que me llenaba. De repente a mi lado, Carlisle se hizo presente.
- Edward. - Grito.
Separaron sus labios de inmediato, pero las manos de mi esposo, aún continuaban en la espalda de ella. Abrió mucho sus ojos y pestañeo un par de veces como buscando despabilarse de un sueño. En verdad la que estaba despertando era yo.
- Bella. Lo siento. - Dijo con voz tan baja que ningún oído humano podría haberle escuchado. Le soltó e hizo un paso hacia mí.
- No. - Negué interponiendo mi brazo extendido y corrí a nuestra habitación.
Afuera se desataba una discusión a gritos y yo cerré mi mente hacia todo lo demás.
Nada quedaba por hacer o decir, no podía convivir con esto. No era justo tampoco que mi familia se viera envuelta en mi tragedia. Era mi luto, mi pena, mi desgracia. Así que me fui. Me alejé de ellos, me alejé de él. Sin decir nada. Sin decir adiós.
Final Flasback
Me perdí en mi mente y retrocedí instintivamente hacia la montaña, hasta que mi espalda dio con la piedra. Mis manos se hundieron en su dureza cual puñado de arena y me hice un ovillo aferrándome las piernas. los recuerdos dolían como si fuera ayer.
Mirando sin mirar, mi mente se distrajo en una infinidad de nadas y permanecí quieta, tan quieta y por tanto tiempo que los animales volvieron al lugar, olvidándose del depredador que se había mimetizado con la piedra.
La inmovilidad se me daba bien y supe de algún modo que podría permanecer allí hasta el final de los tiempos.
¿Sería en ese final, entre los cataclismos de la humanidad que me encontrarían convertida en una estatua.?
Pasaron muchos crepúsculos mientras la inconciencia me gano por completo.
Si tan solo pudiera olvidar.
Hola de nuevo. Mi afecto a Cammixu, mi fiel amiga de Chile (ávida lectora) y a Magtam1830 de México (increible autora - pasen)
Aquí les dejo el primer cap. Espero no marearlas con los Fashback, pero es la forma en que la mente atormentada de Bella, recorre esos momentos. El próximo es de Edward y si opinan que es un "estúpido" es que vamos bien. Pero no se preocupen... va a sufrir mucho.
Bienvenidos. siempre. Con cariño Mirna
