II: Bela Talbot (decepción y avaricia)
Es antes de sus veintes que descubre que los cazadores son un fiasco. Pero antes de eso, Bela ha estado recorriendo el país, pidiendo aventones, fingiendo que ha huido de casa pero que ya ha sentado cabeza y quiere regresar. Es la misma historia que les cuenta a todos, misma historia que todos se tragan… excepto por los cazadores.
La primera vez que se topó con uno de ellos, fue en un bar en algún lugar de Texas. El cazador la ha reconocido por una foto en los periódicos como persona desaparecida. El artículo de su desaparición también incluye el deceso misterioso de sus padres.
La invita a comer en un restaurante abierto las 24 horas. Le presta su chaqueta al salir porque de noche en Texas hace viento y frío, y ella solo viste jeans y una blusa azul de manga corta.
Él maneja en su auto toda la noche y ella duerme tranquila por primera vez en el asiento trasero. Se han presentado, y ante la mención del nombre de Bela, el cazador comienza a cantar en un idioma extranjero. "Mi familia vino de Italia", responde cuando ella pregunta. Pronto, Bela aprende y canta Bella ciao con junto con él, quien le cuenta que trata sobre un soldado despidiéndose de su amada. Y ella siente que cada que "Bella ciao" es repetido es como si se despidiera de su pasado. Y no le molesta que repita su nombre tantas veces.
Es mejor Bela que Abby. Abby era la chica que lloraba por la noche siempre que su padre se levantaba de su cama y salía de su cuarto. Abby era el nombre que gritaba su madre con nervios crónicos cada que necesitaba algo.
Un año después, en un pequeño condado de Wisconsin, Bela conoce a más cazadores, a todo un grupo de ellos, en realidad. Los reconoce por los tatuajes y collares que llevan, justo como el italiano. La acogen como si fuera una más de su retorcida familia, al enterarse del pasado que ella decide contarles. Por ellos descubre que la niña de ojos inhumanos era un demonio.
Aprende las artes, los trucos, las letanías y los símbolos. Pronto descubre a escondidas que el demonio de ojos rojos reclamará su vida en 10 años a partir del asesinato de sus padres. Le arrancará el alma y la encadenará en el infierno por el resto de los días. Bela no puede evitar pensar que incluso desde la muerte, su padre ha continuado agravando su vida.
Un año más tarde, varios Exorcisamus te, omnes in mundus spiritu, Bela encuentra al demonio con el que ha hecho el pacto.
El demonio carcajea y se regodea.
— Abby, Abby, Abby. Has sido una mala mentirosita — sonríe y observa al resto de los cazadores, con escopetas y armas apuntando hacia su cuerpo.
Ellos saben que los demonios mienten, Bela lo sabe también.
— ¿Olvidaste decirle a mamá Jean y a papá Scott que maté a tus padres porque tú me lo pediste? — sus ojos brillan rojo, igual que el labial de sus labios. Al ver la duda escrita en los ojos de los demás, continúa en falsa sorpresa: — ¿Oh, no sabían? La pequeña Abby odiaba tanto a papi y a mami que hizo un pacto conmigo. Ahora su alma ahora pertenece al infierno.
Bela jala el gatillo a su arma, y un grito seguido de una sonora carcajada permanece en el aire impregnado de azufre. La pistola tiembla bajo su brazo. Al dar media vuelta hacia sus compañeros, la observan con dureza, frialdad y asco.
Nadie pregunta por qué. Nadie se molesta en preguntar por qué. Para ellos, Bela no es más que otra bastarda buscando una herencia. Para ellos no es diferente de quien pactó con un demonio para que su novia se enamorara de ellos, o que ganara la lotería, o ser delgado por siempre.
A ocho años de que el cancerbero corte su piel con sus garras y sus ladridos se escuchen tras la puerta, Bela Talbot comprende que los cazadores son un fiasco.
Apunta su arma contra Jean y Scott, roba su diario de cazadores y corre.
Entre los círculos de cazadores, se cuenta la historia de Bela, que aprovecha los conocimientos de los cazadores para vender artículos sobrenaturales a cambio de una suma módica de dinero. La bastarda avariciosa.
Ellos creen que su oficio es igual o peor que haber vendido su alma al diablo.
Y Bela nunca le ha importado, ni se ha molestado en lo que diga aquel círculo juicioso y mártir estúpido. Ni ellos ni nadie.
Porque nadie se molestó en preguntar por qué había matado a su padre, quien abusaba sexualmente de ella; y a su madre, que fingía ignorarlo.
