Autocontrol
By
Jasper Hale
Aquella mujer, definitivamente se estaba pasando, tomando atribuciones que no le correspondían había decidido que nos hospedaríamos en la posada en que nos encontrábamos, haciéndonos pasar por un matrimonio. Me encontraba pensando en ello mientras leía un libro de Historia, sentado en la orilla de la cama.
Intenté concentrarme en el libro, asunto complicado por dos razones: el condenado aroma humano bailando por todo el lugar, tentando dolorosamente mi garganta y, lo más irritante, el constante susurro de las cerdas de un cepillo, pasando constantemente entre las hebras del cabello de Alice.
—Repítame de nuevo el motivo por el cual estoy aquí.
Vi como ella suspiraba, por el ligero movimiento de sus hombros, estaba enojada y me alegraba saber que era por mi causa, ya había notado, la muy inteligente, que mi tono cortés era más en una actitud de indiferencia mordaz que educada. Cosa que era culpa suya, nadie le había dicho que tenía que seguirme. ¡Oh! Lo olvidaba, no lo había escuchado, de hecho lo había visto.
—Por qué debes habituarte al olor humano. Eso mejorará tu autocontrol.
—¿Y si no deseo el dichoso autocontrol?
—Lo desearás. Es tú destino.
Y dale con el destino. Entrecerré los ojos y fruncí el ceño mientras cerraba el libro de golpe, observando severamente sus ojos color topacio en el reflejo que me ofrecía el espejo, Alice dejo su afanosa tarea con su cabello y me devolvió la mirada.
—El destino no existe. Sólo nuestras decisiones y los que son demasiado débiles para aceptar las consecuencias de sus actos.
—Muy poético. — farfullo. — Si es eso lo que piensas entonces lo decidirás.
—Se siente muy segura con respecto a mí, señorita. — dije haciendo que su estado anímico fuera más susceptible a mis modales altaneros. — Tenga cuidado, no se vaya a equivocar
—Ya me cansé. — dijo de repente, poniéndose en pie y enfrentándose a mí, con las manos en la cintura. Era gracioso ver como tenía las agallas para encararme de aquella forma, no había muchos que se atrevieran a hacerlo, menos teniendo en cuenta las múltiples cicatrices que rondaban mi cuerpo, huellas mudas de mi experiencia en batalla, otros se amilanarían, pero no este pequeño demonio.
—Pues le tengo noticias. —la mire directamente a los ojos, agachando la cabeza para ver como ella alzaba la frente en actitud orgullosa y retadora. — No es la única aquí que se ha cansado.
—Sabes perfectamente a lo que me refiero. Estoy harta de que siempre trates de hacerme sentirmal, literalmente, mi querido Jazz.
Abrí los ojos con sorpresa pasando por alto el apelativo con que me había llamado, algo en la forma que pronunciará aquello me hizo pensar que en verdad sabía más de lo que yo creía. Cambié mi expresión rápidamente; sin embargo; por su repentina sensación de triunfo alrededor suyo, supe que no había logrado pasar desapercibida mi sorpresa.
—Lo sé todo acerca de ti. — dijo. — Odias esto, odias ver tanta muerte por todas partes, por eso te separaste de ella. El camino de las batallas no es el tuyo, por qué tu. — se acercó, más de lo que nadie se había acercado a mí en esa nueva vida, más que cualquier criatura con un poco de sentido común. Acuno mi rostro en su mano y sentí como una corriente eléctrica proveniente de ese contacto me recorría, dejándome paralizado. — Tú eres una persona muy sensible.
Mire sus ojos de oro líquido, parecían hacerme caer en la inmensidad de su superficie, me sentía perdido en aquella mirada sin deseos de encontrarme, percibí a mi cuerpo reaccionar mecánicamente, iba a tomar su rostro cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo y casi como una reacción alérgica me aleje de ella, aturdido.
—Esto…yo…cazar…debo…— tartamudee torpemente y salí apresuradamente de esa habitación, ¿A quién le importaba el maldito olor a humano si esa mujer estaba en aquel lugar? Iba bajando las escaleras mientras negaba con la cabeza, esa mujer…sería mi perdición si dejaba que las cosas avanzaran más.
