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Claustrofobia

Capítulo 2

Al día siguiente durante el desayuno, Arthur notó que Harry estaba poniendo su mejor esfuerza para no cruzar miradas con él. Parecía que el chico no había dormido mucho la noche anterior, y parecía tener que esforzarse bastante para parecer interesado en la diatriba de Ron sobre cómo el arbitro de los Cannon había sido completamente parcial en su último partido.

Molly estaba tan apurada en la cocina como usualmente en la mañana, ignorando las insistencias de su esposo para que se sentara a comer apropiadamente. Ella a menudo se ponía así cuando había mucho movimiento en la sede de la Orden, y este era uno de estos días. Los asientos del comedor estaban vacíos sólo por fugaces momentos, ya que los miembros de la Orden sólo se sentaban unos pocos minutos al día para comer para luego levantarse y ser rápidamente remplazados segundos después. Molly se detuvo un momento para observar a sus hijos y a Harry, especialmente a Harry, colocando una amorosa mano sobre su hombro mientras la preguntaba si le gustaría más comida.

"Fred, George y Ron, hoy ustedes tres van a limpiar sus habitaciones antes de ponerse a hacer cualquier otra cosa, ¿Me hice entender?"

"Pero mamá.." Gimoteó Fred.

"No. Esta no es nuestra casa y no me voy a ir de aquí dejando manchas en las alfombras y migajas molidas en el suelo con el que las hormigas puedan darse un festín durante años. Además, no saben cuándo podríamos volver a La Madriguera y no quiero que nadie se tenga que quedar aquí porque ustedes dos necesitan un mes más del tiempo que realmente necesitan para deshacerse de toda su basura!"

Los chicos gruñeron y salieron de sus sillas, Harry siguió a Ron mientras iban de camino a la puerta.

"Tu no, Harry. Soy consciente de que no eres responsable de esa pocilga a la Ron llama habitación y no dejaré que recojas su desastre" Dijo Molly, conduciendo a Harry de vuelta.

"No me importaría. Estoy seguro de que aporté en algo a ese desorden" Protestó Harry.

"No, amor. Ron tiene que aprender a limpiar sus propias cosas. No eres su elfo doméstico" Dijo ella dándole una dura mirada a su hijo. Ron levantó sus mano defensivamente y se apresuró a ir tras sus hermanos. Una vez se habían ido, Harry fue automáticamente con Hermione.

"Chicas, esperaba que se quedaran después del desayuno para tomar algo de té y charlar. Ha sido un tiempo desde que tuve una con ustedes de las cosas a las que los chicos no les gusta hablar" Dijo Molly casualmente.

"Eso sería grandioso, señora Weasley" Dijo Hermione alegremente, captando lo que estaba pasando, Ginny le dio a Harry una mirada simpática, y siguió la iniciativa de Hermione y se sentó para tener una charla de chicas.

Harry se quedó vergonzosamente de pie, luciendo un poco perdido. Cuando Arthur se paró e hizo contacto visual con él, Harry supo lo que vendría.

"¿Por qué no tenemos tú y yo una charla, Harry?" Le sugirió y supo que definitivamente Harry no quería, él asintió, incapaz de negarle una cosa tan simple al padre de su amigo y siguió a Arthur a la oficina que había reclamado mientras la familia estuviera viviendo allí.

"Harry" Dijo con cautela Arthur una vez que los dos estuvieron sentados. "Cuando te pregunté ayer si pensabas que había algo que pudo causar tu fobia, ¿Por qué no me contaste que los Dursley te hicieron dormir en una alacena?"

"¿Ron te te lo dijo?" Preguntó Harry con los ojos abiertos del horror.

"Estoy decepcionado de que no me lo hubiera dicho antes. Eso es muy serio, Harry. ¿Por qué no se lo contaste a Molly o a mí?"

"No duermo en la alacena desde que lo conocí" Dijo Harry avergonzado. "He estado en la segunda habitación de Dudley desde entonces."

Arthur asintió desdeñosamente, sintiendo que Harry había perdido el punto del asunto. "Sí, ¿Pero no encuentras injusto que Dudley tuviera dos dormitorios mientras que tú fuiste puesto en el armario?"

"Bueno, sí" Dijo Harry simplemente. "¿Pero qué puede hacer? Quiero decir, no era mi casa ni nada. Yo nunca impuse las reglas. Además, Dudley sólo usaba una, la otra era más como un almacén para guardar sus cosas viejas que una habitación real, así que él realmente no las usaba a ambas la mayoría del tiempo.

"¡Aún más razón por que deberías haber tenido la habitación!" Dijo Arthur exasperado. Harry lo miró extrañado.

"bueno, no soy precisamente parte de su familia. Pensé que lo había notado cuando vino a recogerme en cuarto año."

Arthur sintió una punzada de culpa ante eso. Lo había notado, pero no había hecho nada.

"¿Alguna vez les dijiste a los Dursley que no te gustaba la alacena?" Le presionó Arthur.

Lanzándole una mirada confusa, Harry meneó la cabeza. "Realmente no me importaba. Por lo menos cuando estaba ahí abajo estaba más lejos de ellos."

Arthur estaba, por supuesto, escéptico sobre esa declaración, pero no parecía que Harry estuviera mintiendo.

"Harry, si tienes fobia de estar en lugares pequeños y oscuros, ¿No crees que pueda estar relacionada con haber dormido en una alacena mientras crecías?"

Harry apartó los ojos y se encogió de hombros. "No lo sé. Quizás. Pero no tenía miedo de mi alacena ni nada."

"¿No lo estabas?" Preguntó Arthur levemente sorprendido. Eso no parecía correcto. Tal vez había desarrollado la fobia en los años posteriores a haber sido sacado de la alacena. Arthur admitía que no sabía lo suficiente de psicología como para decir que eso tenía sentido. "Puedes pensar en alguna razón por la que tu fobia haya empezado? ¿Has tenido alguna experiencia traumática o aterradora que la justifique?"

"No."

Esta vez, Arthur estaba seguro de que fue una mentira. Harry se veía tenso y evitaba los ojos de Arthur. Aunque, ¿Qué podría hacer él? Si rechazaba la mentira, de seguro Harry se pondría a la defensiva y se apegaría aún más a ella. Así que asintió en aceptación.

"Siento que hayas tenido que crecer en ese tipo de ambiente" Dijo sinceramente. Harry cruzó los brazos y los mantuvo abrazando estrechamente su cuerpo, no como si estuviera enojado, sino como si estuviera tratando de cerrarse a sí mismo.

"Sí, bueno, ¿Qué puede hacer?" Repitió con un desdeñoso encogimiento de hombros. "Además, desde que comencé Hogwarts no tengo que estar allí la mayor parte del año. Y ustedes me han dejado estar mucho con ustedes. Realmente lo aprecio, ya sabe."

"Lo sé." Pausó. "No tienes que agradecernos tanto, ya sabes. Disfrutamos que te quedes con nosotros y no nos molesta en lo absoluto."

"Oh... gracias" Dijo Harry, aturdido, entonces se sonrojó al darse cuenta de que había vuelto a agradecerle al señor Weasley. Arthur escondió una sonrisa.

"Harry, siento si ayer tuviste la impresión equivocada sobre todo el asunto de la terapia." Pudo ver como los ojos del chico se oscurecieron después de que el chico mirara hacia otro lado. "No hay nada de malo con tener una fobia y no hay nada de malo con la terapia. Sólo quiero que tengas a alguien con quien hablar y en quien puedas confiar."

"Gracias señor Weasley, pero lo resolveré por mi cuenta" Declaró Harry decisivamente.

"Todos necesitan ayuda a veces. No es nada de lo que estar avergonzado" Incitó Arthur.

"Lo sé; siempre recibo ayuda con cosas. Quiero decir, todo por que la gente cree que soy una especie de héroe, siempre tengo ayuda o suerte" Admitió Harry. "Pero no necesito éste tipo de ayuda. Nunca la he necesitado y no la necesito ahora. Cuando esté listo para enfrentar a Voldemort, pediré ayuda."

"Harry, esto probablemente sea algo fuera de tu liga. Nadie espera que siquiera intentes resolver esto por tu cuenta." Protestó Arthur, pero Harry se mantuvo firme.

"Sé que la Ordene está preocupada por esto, y prometo arreglarlo... sin la ayuda de un psiquiatra" Agregó defensivamente.

Arthur asintió rígidamente, no estando de acuerdo con la «solución» de Harry, pero sabiendo que no tenía mucho que aportar en el asunto. "Bien, entonces ¿cómo planeas hacer eso?"

Eso claramente dejo al chico desconcertado. "Lo resolveré" Dijo finalmente con un encogimiento de hombros. "Siempre lo hago."

"Bueno, hazme saber cuando tengas un plan. Me gustaría ayudar" Ofreció.

"Bien, sí, seguro" Dijo en ese tono displicente que Arthur empezaba a odiar. Después de todo, con tal aceptación verbal, Arthur no podía retarlo. Incluso si hacía notar la falta de convicción detrás de ella, Harry sólo lo negaría y, para agregar, estaría llamando a Harry un mentiroso. Menosprecio ese inevitable sentimiento. Era inexplicablemente frustrando ofrecerle una mano a alguien que simplemente no la tomaría.

"Y Harry, si alguna vez quieres hablar, estoy aquí ¿bien? En serio, lo estoy" Dejó salir otra vez mientras Harry comenzaba a irse, pero sólo fue respondido con un despreocupado asentimiento y el clic de la puerta.

Para él estaba más claro que nunca que no iba a dejar a las cosas resolverse como por arte de magia. Necesitaría empezar por encontrar la biblioteca más cercana que tuviera libros de psicología. Cuando Harry se diera cuenta de que no sería capaz de sacarse a sí mismo de este agujero, Arthur tendría lista una escalera.

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Al parecer, Arthur no fue el único que decidió tomar medidas para ayudar a Harry a superar sus miedos.

Un par de noches después encontró el comedor de la sede de la Orden muy lleno. Moody y Dumbledore estaban sentados con dos Aurores que aparentemente eran amigos de Moody. A Arthur le agradaba Alastor Moody, pero ese agrado iba disminuyendo a medida que se familiarizaba con los dos nuevos miembros de la Orden, especialmente teniendo en cuenta por qué estaban allí.

Arthur intercambió una mirada con su esposa, tan desencantada con la actitud fría e imperiosa del par con él lo estaba. Hermione y Ron se sentaron a cada lado de su amigo, ambos luciendo cautelosos sobre el proceder.

"Alastor está en lo correcto, Harry" Dijo Dumbledore de forma sabia. "Desafortunadamente, esta profecía existe y no es algo de lo que puedas escapar. En ese punto soy tan culpable como cualquiera al haber hecho la vista gorda a tu futuro, ignorando que eso no lo hará desaparecer. La Auror Bowen y el Auror Stone serán capaces de enseñarte mucho, Harry, y te ayudarán a prepararte por lo que está por venir."

Harry se mordió el labio inferior pensativamente. "¿Así que ellos me entrenarán en Defensa Contra las Artes Oscuras?"

"Entre otras cosas prácticas. Ellos saben mejor que yo lo que necesitarás si te encuentras en batalla, y les he dicho que hagan uso de su mejor juicio. Si hay alguien que pueda ayudarte a sobrevivir y ganar contra Voldemort, creo que esos son los Aurores Bowen y Stone" Le aseguró Dumbledore en una manera que parecía querer poner a Harry más dispuesto.

"Bien" Consintió Harry.

"¿Podemos unirnos?" Preguntó Hermione, sonando intrigada. "No sé si a Ron quiera, pero a mí me encantaría aprender a cómo..."

"Sólo le daremos lecciones privadas al señor Potter" La interrumpió la Auror Bowen cortante, una áspera mujer a quien era difícil imaginar sonriendo.

"¿Por qué?" Espetó Ron decepcionado.

"No nos pondremos en su camino. Nosotros podríamos sólo mirar si eso es mejor" Se comprometió Hermione.

"Sólo le daremos lecciones privadas al señor Potter"Repitió el Auror Stone las palabras de su compañera lentamente y más adrede, sin dejar espacio a replica alguna.

"Escuché que planeas resolver tu pequeño problema de armarios por ti mismo, Potter" Dijo la Auror Bowen de forma condescendiente.

"Sí" Murmuró Harry luciendo más bien humillado.

"¿Qué tanto haz avanzado?"

Harry parpadeó hacia él*. "Um, Hermione encontró algunos libros" Ofreció.

"No es suficiente. Te daré dos semanas para arreglarlo o vamos a intervenir" Concluyó Moody tan firmemente que Arthur medio esperó a que golpeara un mazo y anunciara al caso como desestimable.

"¿Dos semanas?" Se le chisporroteó a Harry, incrédulo.

"Señor, eso es imposible" Protestó Hermione. "¡Estas cosas toman tiempo!"

"No tenemos tiempo."

Cuando el encuentro terminó, con el horario del entrenamiento de Harry ya resuelto, Ron volvió a sentarse gruñendo sobre ser dejado de lado.

"Hey, te enseñaré todo lo que me enseñen ellos" Le prometió Harry tranquilizadoramente.

"Que bien" Dijo aliviada Hermione, "porque creo que Ron y yo deberíamos estas cosas también.

"No se preocupen. Sé que ustedes no quieren perderse estas cosas. Tendremos lecciones después de las mías" Harry les prometió.

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Pero después de su primera sesión de entrenamiento, Harry no estaba tan hablador sobre ella como lo había predicho. De hecho, durante la cena, cuando sus amigos lo picaron para obtener información, Harry fue muy vago y parecía más que sólo un poco reacio a hablar del tema. Era algo más que sólo haber sido ordenado a mantener el entrenamiento en secreto. Quizás le dieron una charla sobre el tipo de cosas de las que los Mortífagos eran capaces y eso lo había dejado un poco asustado.

Aún así, esto parecía fuera de lugar.

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Arthur intentó hablar con Harry sobre eso, de la cosa de la claustrofobia, o sobre cualquier cosa en realidad, pero Harry lo evadía. Cuando Arthur era capaz de llevarlo a su oficina, Harry pasaba todo el tiempo tratando de huir descaradamente. Arthur estaba perdido sin saber qué hacer. Claramente Harry necesitaba algún tipo de apoyo de parte de un adulto, pero no se abriría a él y ciertamente no lo hacía con nadie más. Cada vez que mencionaba la posibilidad de la terapia, Harry parecía un ciervo congelado frente a unos faros y se ponía muy ofendido. No importaba cuánto Arthur intentara decirle que no era algo de lo que avergonzarse, parecía que Harry creía que las sugerencias de ir a terapia significaban que Arthur pensaba que era inestable.

No podía evitar pensar que podría haber prevenido todo esto si tan sólo hubiera tomado medidas desde hace mucho. Ahora parecía que nada de lo que hiciera serviría y ya no sabía qué más hacer.

Molly parecía estar teniendo algo más de suerte. Ya que ella siempre le había mostrado afecto a Harry, al incrementarlo, aunque no necesariamente desapercibido, por lo menos no fue rechazado. De hecho, cuando Harry no parecía sospechar altamente de las motivaciones tras sus acciones, y cuando no tenía el famoso sonrojo de pena Weasley, parecía disfrutar del confort que le daba. Aún cuando Molly había decidido por su propia mano intentar hablar con Harry, obtuvo resultados similares a los de su marido. Harry parecía encontrar vergonzoso el abrirse a las personas, como si éstas fueran a echarlo a un lado en el momento en que demostrara debilidad, no importa cuánto intentaran convencerlo de lo contrario.

Y también parecía que Harry necesitaba desesperadamente a alguien con quien hablar. No sólo estaba visiblemente más estresado conforme se acercaba la fecha límite que Moody y sus misteriosos Aurores esbirros le habían dado para hacer un progreso en superar su fobia, sino que parecía que el entrenamiento estaba tomando su pasaje hasta el punto de ser preocupante.

Al inicio Arthur lo había desestimado por varias razones, pero no podría ignorar los efectos que esto estaba teniendo en Harry por mucho más tiempo. Primero que todo, cada vez se ponía más nervioso. Seguramente la política de Moody de «constante vigilancia» hacía parte de su entrenamiento, pero era más que eso. No era precaución; él simplemente se estaba volviendo cada vez más asustadizo, como si esperara se atacado en cualquier momento. Relajarse estaba volviéndose rápidamente en algo imposible para él, especialmente si Bowen o Stone estaban en algún lugar cercano.

Entonces aquí entraban también las repercusiones físicas. Ahora estaba exhausto casi todo el tiempo. Ron se los reveló despotricando en el desayuno, mientras Harry seguía en cama ya que habían comenzado a sacarlo de la cama a cualquier hora de la noche por más entrenamiento, diciéndole que debía ser capaz de desempeñarse a la perfección con poca cantidad de sueño. Los oscuros círculos bajo los ojos de Harry confirmaban la historia.

Molly estaba muy consternada de que el apetito de Harry hubiera caído en picada desde que el entrenamiento comenzó; él siempre podía contar con elegir una rápida siesta por sobre la comida. Los Aurores dijeron que Harry podría encontrarse en una situación donde tuviera poca comida y que no había por qué preocuparse, este era un buen entrenamiento.

Luego hubo un incidente una noche durante la cena, cuando las manos de Harry estaban temblando tanto que dejó caer su vaso sobre su plato y ambos se rompieron. Predeciblemente, se disculpó profusamente. Por supuesto, Molly le insistió que nadie estaba enojado con él, sin embargo la mirada de Harry saltó hacía los dos Aurores que estaban comiendo al otro lado de la mesa con algunos otros miembros de la Orden. Parecían fuera de lugar. Inmediatamente después de la cena, arrastraron a Harry hacia la habitación que siempre usaban. La próxima vez que alguien vio a Harry esa noche, estaba caminando temblorosamente hacia su habitación. Más tarde Ron le informó preocupadamente a Arthur que había tenido que ayudarle a Harry a quitarse los zapatos y entonces su mejor amigo cayó dormido con la ropa todavía puesta.

Lo que sea que estuvieran haciendo allí, Arthur pensaba que lo estaban haciendo en exceso. Por supuesto, Harry necesitaba ser entrenado pero también era tan sólo un niño, francamente, y si Arthur era el único dispuesto a intensificar su papel como guardián, lo haría.

Sin embargo sus quejas cayeron a oídos sordos. Los Aurores lo despreciaron como si no tuviera opinión. Él y Moody habían estado teniendo una competencia en gritos que sólo se terminó porque Molly le puso punto final, no queriendo que los chicos escucharan. Dumbledore le aseguró simplemente que él confiaba en los Aurores hicieran lo que pensaran mejor para el entrenamiento de Harry. Definitivamente fue difícil, pero no podrían anteponer la comodidad de Harry por mucho más tiempo por sobre las vidas que estaban siendo arruinadas o destrozadas en cuanto Voldemort ganaba poder. Aunque las puerilidades parecían lógicas en el momento, más tarde, después de reflexionar, Arthur se dio cuenta de cuán aterradora era esa actitud para Harry.

Pero sin Harry contándole qué estaba pasando, no había nada que Arthur pudiera hacer, ni una sola acusación sólida que pudiera hacer. Una vez más, estaba impotente.

Harry estaba cayendo y alejaba las manos que le tendían. Si nada pasaba pronto, Arthur se temía que podrían perderlo.

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Harry sintió la ahora familiar sensación de pavor cuando Bowen y Stone lanzaron el encantamiento silenciador a la habitación. Comenzaron como de costumbre, con unos pocos encantamientos nuevos y repasando algunas tácticas de defensa.

Y entonces vino la parte que aterrorizaba a Harry.

"¡Crucio!"

Harry cayó al suelo gritando y retorciéndose. Trató de controlarse, utilizando las tácticas que le habían enseñado para acostumbrarse al dolor y ser capaz de manejarlo, pero parecía ser imposible. Pasaban por esto cada vez, tratando de incrementar su tolerancia al dolor y así él no sería derribado tan fácilmente. Una vez Madam Pomfrey le había dicho que tenía un umbral del dolor más elevado del normal, pero los Aurores querían que elevara ese nivel aún más.

Juntando todas sus fuerzas, levantó temblorosamente su varita e intentó aclarar lo suficiente su cabeza como para decir algo, cualquier hechizo. Pero no podía. Se agarró la cabeza palpitante con un grito estrangulado, dejando caer su varita en el proceso.

De repente el dolor desapareció dramáticamente y fue dejado jadeante en el suelo. Una sombra se agazapó sobre él y él se estremeció incontrolablemente.

"Patético" Dijo fríamente Stone, recordándole a Snape. Pero Snape nunca lo había lastimado así. Se sentiría más seguro estando cerca del Maestro de Pociones incluso si éste estuviera furioso.

Harry sintió su varita golpear contra el costado de su cabeza cuando fue tirada hacia él. La agarró débilmente, pero cuando la siguiente maldición lo alcanzó, y la siguiente, aún no podía darle uso alguno. Incluso cuando estuvo bajo una maldición más leve que el Cruciatus, y fue capaz de sacar las palabras necesarias, no pudo concentrarse lo suficiente como para hacer nada.

Cuando comenzó a perder el conocimiento bajo el Cruciatus, los dos finalmente lo dejaron. Harry sospechaba que no había sido por misericordia, sino porque no querían quebrar accidentalmente su mente bajo el dolor y ser forzados a explicarle los hechos a la Orden.

"Potter, ¿aún eres incapaz de estar en lugares pequeños sin tener un ataque de nervios?" Le preguntó Stone mordazmente. Harry le dirigió una mirada y fue recompensado con una mirada que parecía maldecirlo que le hizo sentir como si sus huesos se estuvieran rompiendo. Sin embargo duró poco, para el alivio de Harry. "No me pongas esa actitud cuando estoy desperdiciando mi tiempo ayudándote. No toleraré faltas de respeto."

"Tienes menos de una semana para resolver tu pequeño problema, Potter, o yo personalmente te encerraré en un baúl hasta que puedas lidiar con ello, ¿entendido?" Desdeñó Bowen.

Harry apretó la mandíbula y asintió. Nunca había sabido que podía sentir tanto odio hacia la gente. Imaginándose que esa no era una buena señal, recordándose a sí mismo que ellos no estaban tratando meramente de abatirlo, y que no estarían siendo tan duros si él no fuera tan débil.

"Bien, ¿entonces qué demonios sigues haciendo frente a mi vista?" Estalló Stone. "¡Ve a arreglar tu delicada mente!"

Harry le echó una última mirada, soportó un último estallido de dolor por su insolencia, y salió por la puerta a tropezones. Se forzó a sí mismo a ocultar cualquier muestra externa de malestar, lentamente se hizo camino escaleras arriba hacia la pequeña sala de estar en el tercer pido en la que Hermione lo estaba esperando.

Cuando entró, ella levantó la mirada de una pila de libros y le lanzó una reconfortante sonrisa. "¿Cómo estuvo hoy?" Preguntó.

Harry se encogió de hombros. "Tan aburrido como siempre" Dijo casualmente. Esa era una de las reglas de sus lecciones: no se le estaba permitido hablarle a nadie sobre ellas, especialmente las partes que más desaprobarían. A veces realmente quería decirle a alguien, razón por la cual no estaba seguro. Quería quejarse sobre ello con sus amigos. Quería que alguien parara el entrenamiento. Pero sabía que no podía hacer eso. Era el Niño Que Vivió y este era su destino, aparentemente. Debía ser un soldado para la próxima guerra, debía matar a Voldemort si todo iba de acuerdo al plan, y él o bien moriría proceso o continuaría con el, probablemente obsesionado con todo esto y nunca viviendo una vida plena, como esos veteranos de guerra que había visto en la tele. No había nada que quisiera más que escapar de todo ésto, pero no podía. ¿Qué pasaría con sus amigos si lo hacía?

"¿Estás bien?" Preguntó preocupada Hermione. "Tienes esa expresión afligida en la cara otra vez."

"Estoy bien." Respondió Harry un poco demasiado rápido.

"Harry, desearía que hablaras conmigo" Suplicó Hermione. "Estoy preocupada por ti."

Apartando sus ojos, Harry le aseguró que estaba bien, que hablaría con ella si la necesitara y cambió el tema de vuelta a los libros en frente de ella.

"Es frustrante. Allí hay tanta opiniones distintas sobre el tema. Alunas de ellas parecen imprácticas, si me lo preguntas, pero quién sabe. Parece que no hay mucha información sobre el tema. La mayoría son cosas Freudianas y simplemente no sé..." Se desvió, casi luciendo avergonzada.

"¿Por qué, qué dice?" Dijo Harry curioso. Hermione se sonrojó.

"No creo que quieras saber" Dijo incómoda. "Estoy segura de que no aplica, es sólo una teoría recurrente en estos libros."

"¿Qué es?" Preguntó Harry preocupadamente. Hermione dudó. "Sólo dime."

Hermione le paso un libro cautelosamente. "Mira, Harry, quizá debas pesar sobre esto. Si lo eres, y es verdad, no te juzgaré. Sigues siendo mi mejor amigo, ¿bien? Sin importar qué."

A este punto Harry estaba ligeramente asustado y escaneó el pasaje bajo «Fobias Específicas».

"¡Oh Dios mío, Hermione!" Exclamó Harry, cerrando el libro de golpe. "¡No me atraen sexualmente los armarios! ¡Esa es una total tontería!"

"Bueno, podría ser el símbolo de algo, er, sexual que te da miedo reconocer.." Se desvió al notar la expresión de Harry. "¡O puede que no! ¿Hubo alguien en tu entorno mientras crecías que fuera claustrofóbico?"

"No."

"Bueno, si todavía no puedes pensar en una razón podrías haber sido condicionado a tener miedo, entonces tal vez simplemente salió por sí misma por causa del estrés."

"¿Pero cómo lo arreglamos?" Preguntó Harry como de costumbre.

"Bueno, la cosa es que la mayoría de estos libros apoyan a Freud y creen que en toda la, um, cosa sexual, y dicen que necesitas descifrar por qué empezaste a sentir miedo de ello. Pero algunos de los ejemplos no tienen un sentido lógico, así que pensé que era sólo un montón de porquería. Y tienen esta «Asociación Libre» terapia y análisis de los sueños, pero eso requiere un terapeuta calificado. No sabría si quiera cómo comenzar a analizar tus sueños" Dijo Hermione pesarosa.

Ahora la mayoría de mis sueños son visiones de Voldemort de todas formas, así que no ayudaría." Harry se pasó las manos por el rostro y entonces descansó su frente sobre sus palmas. Nunca lo resolverían.

"¿Qué pasa?" Preguntó Hermione preocupada. Harry levantó la vista de sus manos.

"¿Crees que estoy loco?" Preguntó francamente.

"Harry, no seas ridículo. No pude pasar al boggart en nuestro examen final de defensa porque estaba aterrorizada de obtener notas mediocres en el colegio." Razonó Hermione.

"Si quieres que me convenza de que no estoy loco, probablemente no sea el mejor ejemplo el compararme a mí también" Dijo Harry con una ligera sonrisa afectada. Hermione la lanzó una mirada y le dio un pequeño empujón. Sin embargo la sonrisa en el rostro de Harry se deslizó rápido hacia la inexistencia nuevamente.

"Tampoco nadie cree que estoy loca o la más grande cobarde en la faz de la tierra."

"Nadie que importe cree eso. Ni yo. Ni los Weasley. ¿A quién le importan los demás?"

"Al señor Weasly. Piensa que debo ver un psiquiatra" Dijo Harry, inseguro.

"Eso no significa que crea que estés loco, Harry. Sólo significa que quiere ayudar. Y eso quizás ayudaría" Sugirió Hermione cautelosamente. "si tuvieras a alguien con quién hablar. No sabemos cuál de estas cosas es más probable que sea cierta. Además has pasado por tanto, y podría ser más sencillo hablar con alguien que no esté involucrado en tu vida."

"¿Y entonces tener todo lo que dije plasmado en El Profeta? No gracias. Incluso si el psiquiatra no dice nada, la gente lo descubrirá y los encabezados de «El Niño Que Vivió: Alborotador y Peligroso» volverán. Simplemente no quiero lidiar con eso de nuevo. E incluso si eso no fuera un problema, la idea me da escalofríos."

"Bueno, parece que el señor Weasley quiere hablar contigo. Por supuesto, siempre estoy aquí, pero entiendo que a veces es más fácil hablar con un adulto. Y sabes que el señor Weasley nunca traicionaría tu confianza."

Hubo una larga pausa.

"Sé por qué él está haciendo esto y desearía que simplemente parara y me dejara solo."

"Él sólo intenta hablar contigo, Harry" Dijo gentilmente Hermione.

"¡Sí, porque la Orden le dijo que lo hiciera! Porque yo, actuando estúpido y asustado, está arruinándolo todo así que quieren que padre de Ron intente arreglarme" Dijo Harry con el ceño fruncido.

"No creo que sólo esté haciéndolo por la Orden, realmente no. Creo que quiere ayudarte por tu propio bien. Y creo que deberías intentar abrirte a él in poco, Harry" Sugirió Hermione cautelosamente. "Sirius se ha ido, y Remus no ha sido capaz de estar por aquí. Creo que sería bueno para ti el tener una figura paternal con la que hablar."

Los ojos de Harry brillaron con enojo, aunque claramente no iba dirigido a Hermione. "No funciona así. Sólo porque quiero un padre no significa que puedo ir y tomar uno de los de mis amigos y todo estará bien. E incluso si, hipotéticamente, termino pensando en él de esa forma, sería sólo una decepción porque él siempre pensará en mí únicamente como el estúpido amigo de Ron."

"Harry..."

"No, Hermione. Simplemente no estoy hecho para todo esto de las figuras paternales, ¿bien? Está bastante claro. No es mi intención el tener una y eso tiene sentido. Es decir, ¿quién quiere que su héroe se quede en casa cuando debería estar luchando contra el mal porque su 'Ma y 'Pa no quieren que se lastime? Simplemente no funciona."

Hermione agarró su antebrazo y lo forzó a mirarla. "Deberías dejar al señor Weasley, Harry. Mereces tener a un adulto en el que confiar. Ron y yo siempre seremos tu familia y siempre estaremos ahí para ti, pero no somos suficiente. Y sé que en el pasado has sido decepcionado por adultos, pero el señor Weasley no te decepcionará."

Harry se concentró en levantar el dobladillo de su camiseta, uno de sus más frecuentes hábitos de inseguridad. "¿Cómo lo sabes? Es decir, no soy su responsabilidad, ¿sabes? Él tiene siete hijos ¿realmente querré tener unos más con el que lidiar? ¿Uno que no es suyo? Probablemente le preocupará el que Ron se ponga celoso o algo y eso será mucho más importante que mis estúpidos problemas. Y eso sería muchísimo peor. Preferiría simplemente no apegarme a eso ahora sólo para que después desaparezca cuando no esté preparado para ello."

"¿Como fue con Sirius? ¿Y Remus?" Preguntó suavemente Hermione.

Una mirada adolorida cruzó la cara de Harry cuando asintió. "Wow ¿Cuándo me volví tan depresivo?" bromeó débilmente.

Hermione lo golpeó ligeramente en el brazo. "Sólo me alegra que al fin me hables antes de guardarte todo esto. Y oye, si quieres lidiar con campañas imposibles para salvar elfos, entonces ciertamente puedo manejar lo que sea que me lances."

Eso le sacó una sonrisa a Harry y Hermione le puso un brazo sobre los hombros.

"Por favor intenta hablar con el señor Weasley. "Le suplicó seriamente.

"¿De qué se supone que hable con él?" Preguntó Harry con un suspiro.

"¿Te hizo preguntas?"

"Sí."

"Bueno, contéstalas."