Título: My Secret Lover

Fandom: Inuyasha :)

Pareja: Inuyasha/Kagome of course

Género: Romance/Humor.

Rating: T.

Capítulos y estatus: 2/27

Summary: -¿Quién dijo que la edad importa en el amor? Yo te amo, tú me amas, y los seis años que me llevas sólo hacen que te ame cada día más, Inuyasha- Porque apesar de lo que diga tu alrededor, nadie elige de quien enamorarse.

Disclaimer: Inuyasha es propiedad de Rumiko Takahashi, yo solo los tome prestados para esta idea maravillosa.

Warnings: AU y posible OCC.

N/A: Hola mis lectoras! primero que nada muchisimas gracias por esos hermosos reviews, me hace muy feliz saber que el primer capitulo de este fic tiene aceptación, ahora les traigo el segundo capítulo donde por fin aparece Inuyasha! Espero que les gustee, disfruteen de la lectura...


Capítulo 02: Alguien inesperado…

Inuyasha´s POV

–Inuyasha, tu nueva alumna vendrá hoy a las cinco –me avisó Kagura interrumpiendo la clase que estaba dando.

–Gracias –le agradecí secamente mientras me volvía a la muchacha en frente mío que me miraba fijamente.

–Y bien Kikio ¿has entendido algo de todo lo que te he explicado? –pregunté a sabiendas de que no me había prestado la más mínima atención en toda la maldita ahora.

Ella pareció meditarlo unos segundos.

–La verdad Inu, no entendí nada, matemáticas es muy difícil –rezongó descruzándose de piernas a propósito, en un intento en vano de tentarme a echarle un vistazo a su contorneada anatomía.

Y ahí estaba otra vez ella llamándome por ese horrible apodo, ¿cuántas veces tenía decirle que debía tener un poco más de respeto conmigo? Por Dios tenía quince años y me trataba como si fuera su igual ¡qué locura!

–¿Vas a volvérmelo a explicar? –me preguntó pestañeando en un intento de parecer sensual mientras se acercaba a mí provocativamente.

Me tragué unos buenos insultos que no podía decirle y me concentré en los ejercicios que tenía sobre la mesa, volviendo a repetir los conceptos que venía explicando desde hacía casi cincuenta minutos.

Las horas con Kikio eran las más tediosas de todas, a pesar de que ella era una muchacha muy amable y le caía bien a todo el mundo yo era la única persona a la cual le hacía la vida un infierno, aunque no fuera con intención.

La pequeña niña (eso era lo que era a mi punto de vista) al parecer se había enamorado de mí y esperaba que yo le devolviera el sentimiento, menuda estupidez.

–¿Ahora sí te ha entrado? –inquirí terminando con la explicación.

Antes de contestar su mirada vagó por todo mi cuerpo en un rápido movimiento.

–Sí, ya lo he entendido –finalizó poniéndose de pie.

¡Por fin! La clase había terminado.

–Nos vemos el próximo viernes –se despidió alejándose por el pasillo.

–Aquí estaré –le dije como saludo, "por desgracia" pensé para mis adentros.

Suspiré agotado mientras me dejaba caer en la silla, en un par de minutos tendría clases con una nueva alumna, de seguro era igual o peor a Kikio, todas eran iguales, presumidas hasta lo imposible y totalmente despreocupadas de los estudios, por eso acudían a mi desesperadas cuando se les avecinaban los exámenes finales.

La siguiente chica era una tal Kagome Higurashi, también de quince años, que necesitaba ayuda en casi todas las asignaturas; al parecer mis conclusiones eran acertadas y esta niña era la peor de mis pesadillas.

Miré el reloj una vez más antes de dirigirme a recepción para buscar a la nueva estudiante, en el camino por el pasillo me crucé con Miroku, mi mejor y fastidioso amigo desde que tengo uso de razón, que iba acompañado de su alumna preferida, Sango. No se por qué pero tenía la ligera sensación de que ese par andaba en algo extraño, aunque no era algo de mi incumbencia.

–¿Kagome Higurashi? –escuché como Kagura llamaba a la chica desde su escritorio.

–Soy yo –dijo una muchacha levantándose de su asiento para acercase a ella.

¡Demonios! ¿Esa chica de verdad tenía quince años? Su cuerpo parecía el de una mujer completamente desarrollada, con unos jeans claros pegados a unas seductoras y largas piernas y una blusa verde agua con un inocente pero marcado escote… Por Dios ¿en qué estaba pensando? Probablemente tantas horas con Kikio me habían secado el cerebro.

–Soy Kagura –alcancé a oír mientras me colocaba detrás de la muchacha que ni siquiera notó mi presencia–. ¿Tienes clases a las cinco cierto?

–Si –contestó suavemente, hasta su voz parecía la de una mujer de al menos diecisiete o dieciocho años.

El silencio que siguió me permitió observarla un poco más, su oscuro cabello marrón le caían en una ondulante cortina que descansaba en ambos hombros y una extraña pero embriagante fragancia emanaba de todo su ser.

–Tienes clases con el profesor Inuyasha Taisho.

"En simples palabras, yo." Pensé con arrogancia.

–¿Y quién es él? –preguntó con impaciencia, sonreí para mis adentros, estaba mucho más nerviosa de lo dejaba a la vista.

–Soy yo –hablé con voz seria mientras la veía tensarse de la sorpresa.

Se dio la vuelta lentamente y su intensa mirada chocolate chocó contra la mía desorientándome por unos segundos, aquella muchacha era hermosa.

–¿Tú eres Inuyasha Taisho? –me preguntó incrédula, ¿acaso tenía algún problema con eso?

–El mismo –contesté sin cambiar mi expresión seria.

–Mucho gusto –saludó haciendo una pequeña reverencia mientras sus mejillas se coloreaban de un rojo intenso, nunca me hubiera imaginado que una persona podía sonrojarse de esa manera, era… tierno.

–Tenemos mucho que hacer –le recordé señalándole el pasillo para que me siguiera–. Será mejor que nos pongamos en marcha.

–Sí –acordó siguiéndome, mientras caminaba podía sentir sus suaves pasos a mis espaldas y como una extraña sensación se colaba en mi pecho.

Decidí no darle mucha importancia y me adentré en mi aula cerrando la puerta una vez que ella hubo entrado.

–Por favor, siéntate –ofrecí mostrándole una silla al otro lado del escritorio.

Nos acomodamos frente a frente y nuestras miradas se encontraron un par de veces, parecía incómoda de estar con un desconocido en una pequeña sala, ¿era entendible no?

–Bueno –comencé intentando romper un poco la tensión del momento, aunque yo nunca me había destacado por ser muy conversador–. Como ya sabes, mi nombre es Inuyasha y voy ser tu profesor particular hasta que el año termine, ¿hay algo que necesitas saber? –proseguí mientras sus ojos se centraban en mí haciéndome poner algo nervioso.

Pareció pensarlo por unos segundos y luego sonrió tímidamente dejándome fascinado.

–La verdad no, sólo espero poder aprobar todas las asignaturas que tengo pendientes –su angelical risa llenó todo el ambiente de tranquilidad y pude sentir en el acto que ambos estábamos más relajados y cada vez más familiarizados con el otro.

–Eso intentaremos, pero debemos esforzarnos al máximo –le advertí con un intento de sonrisa, tampoco era eso una costumbre en mi persona.

–Tranquilo, para eso me han mandado aquí –bromeó dejando su bolso sobre la mesa para sacar todo lo necesario–. ¿Alguna asignatura con la que convenga empezar? –preguntó señalando varios apuntes.

–¿Cuál es la que te parece más difícil?

–Todas –volvió a reírse con una alegría desconocida para mí mientras que su felicidad subía un poco mí decaído humor.

–Que chistosa –reproché tomando el primer apunte que vi–. Ahora por eso empezaremos con Historia –agregué con una malévola sonrisa (esas me salían bastante naturales) mientras ella ponía una graciosa mueca de disgusto frunciendo el ceño e inflando los cachetes.

–Podrías haber elegido una menos tediosa –gruñó muy infantilmente.

–Desgraciadamente a mí me fascina la historia, por lo que te daré bastantes cosas que hacer de tarea.

–Muy gracioso –murmuró arrebatándome el apunte de las manos para abrirlo en una página específica y luego pasármelo por arriba de la mesa mientras se acercaba a mí.

–Bueno, empezaremos con la fundación de Tokio –comencé a explicarle mientras ella ponía toda su atención y apoyaba la cabeza sobre sus brazos recostados en la mesa.

Kagome´s POV

Dios, nunca me había sonrojado tanto en toda mi vida; mi nuevo profesor particular era todo lo contrario a lo que yo me había imaginado, con sus desordenados cabellos negros que le llegaban rebeldes a la altura de los hombros y sus pasionales y salvajes ojos grises oscuros con sombras azuladas parecía un modelo sacado de una revista de modas.

Aparte de las apariencias, Inuyasha tenía ese "algo" que me hacía poner nerviosa, poseía una personalidad más bien seria y las veces que había intentando sonreírme no le había salido con mucha naturalidad, por lo que deduje que era más próspero a la monotonía del aburrimiento y a la no diversión.

Honestamente la hora se pasó mucho más rápido de lo que me esperaba, estuve atenta en todo momento y su ronca y varonil voz inundó mis sentidos de una manera asombrosa, y por imposible que sonara: había entendido absolutamente todo lo que me había explicado…

–¿Has entendido? –me preguntó después de darle fin a su monólogo explicativo.

–Por raro que parezca, sí –sonreí.

Él pareció sorprendido al principio, al parecer estaba acostumbrado a que todas sus alumnas nunca les entrara nada de lo que les decía y que tuviera que repetirlo un millón de veces como un loro.

–Bueno, eso es un alivio –suspiró mientras estiraba ambos brazos por encima de la mesa, permitiéndome degustar de sus bien formados músculos, por Dios era todo un físico culturista.

–Debe sentirse bien saber que tú trabajo da resultado –opiné mientras guardaba todas mis cosas de nuevo en el bolso, la clase se me había hecho repentinamente muy corta.

–La verdad sí, pero eres la única que ha entendido a la primera explicación.

No sé muy bien el por qué, pero aquella declaración levantó mi ego al máximo.

–Me alegra saberlo –le contesté poniéndome de pie para marcharme, cosa que de momento no me apetecía hacer.

Lo vi vacilar por unos instantes hasta que se puso de pie para acompañarme a la recepción, debo confesar que esa camisa negra que llevaba con algunos botones superiores abiertos le quedaba condenadamente bien.

Mientras caminábamos uno al lado del otro el ritmo de mi corazón se aceleró notablemente, tanto que llegué a preguntarme si él podía escucharlo. En una ocasión nuestras manos se rozaron y una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo dejándome un suave cosquilleo en dónde su piel había rozado la mía.

Llegamos a la iluminada sala y varias miradas se posaron en nosotros, Kagura, la recepcionista, miraba a Inuyasha en una mezcla de sorpresa y asombro, ¿qué diablos pasaba?

–Es la primera vez que acompañas a la salida a una de tus alumnas Inuyasha, al parecer tu caballerosidad está saliendo a flote poco a poco –me quedé de una pieza al escuchar aquellas palabras, ¿acaso era eso cierto?

–Hmp, tú no conoces mi lado caballeroso Kagura –habló cortante con arrogancia en la voz, ese hombre sí que tenía mucho orgullo personal.

La mujer pareció no escuchar el comentario y siguió mirándolo con la misma expresión anterior.

Mientras tanto, la muchacha que había entrado minutos antes que yo salió desde el pasillo junto al morocho que debía de ser su profesor.

–¿Qué haces tú aquí Inuyasha? –le preguntó el hombre pasándole un brazo por los hombros en un amistoso gesto que al parecer no le cayó muy bien a mi malhumorado maestro.

–Trabajo aquí Miroku, es normal que me veas por estos lugares –masculló con el ceño fruncido.

A mi lado, la muchacha de pelo castaño se rió disimuladamente.

–Es gracioso ver como esos dos pelean, lo hacen todo el tiempo –comentó mirándome amistosa.

–Cierto –asentí también riendo, Inuyasha me miró al instante en que mi risa se escuchó por la sala y su oscura mirada me dejó paralizada por unos segundos.

–Mucho gusto, me llamo Sango –habló ella extendiendo su mano hacía mí.

–Igual, mi nombre es Kagome –me presenté recibiendo su saludo con alegría.

–¿Era tú primera clase cierto? –preguntó mientras ambas nos alejábamos hacia la salida, volví mi vista atrás lo suficiente para observar como él me miraba fijamente haciendo caso omiso de los comentarios de su amigo, nuestras miradas se encontraron en una silenciosa despedida.

–Sí –susurré llegando a la puerta de entrada y saliendo al exterior.

–Inuyasha es conocido por todos como un profesor muy estricto –comentó Sango, nos sentamos sobre el cordón de la vereda a la espera de que vinieran por nosotras.

Me lo pensé por unos segundos mordiéndome el labio.

–La verdad no me pareció tan así, puede que sea algo serio pero es muy bueno explicando.

Ella alzó una ceja con gracia.

–He escuchado muchos comentarios acerca de él pero nunca uno en que lo alabaran de esa forma.

Me puse roja al instante, quizás había hablado de más.

–No lo estoy alabando –la contradije negando con la cabeza–. Sólo es lo que a mí me pareció.

Sango se rió mirándome con diversión.

–Tranquila Kagome, era una broma. La mayoría de sus alumnas se pasan horas hablando de lo guapo que es y de que pagarían para verlo sin aquellas sensuales camisas que siempre lleva puestas –volvió a reírse, pero esta vez el comentario no me hizo gracia, por algún motivo el hecho de que otras pensaran esas cosas de él me daba ganas de estrangularlas.

¿Celos quizás? Ni hablar.

–Bueno… la verdad es que tiene lo suyo, pero no me había fijado en eso –mentí descaradamente.

Ella suspiró dramáticamente.

–Sinceramente no sé en qué mundo vives, no hay mujer en esa casa que no se babeé por él.

–Tal vez soy la excepción a la regla –opiné consciente de que ni yo era capaz de creerme aquello.

Al parecer Sango decidió pasarlo por alto y cambiar de tema.

–¿Te ha dado muchos deberes?

–Uff, la verdad sí, no sé cómo cree él que voy a terminar todo para la próxima semana –me quejé dejando salir un poco mi frustración de tener que quedarme en casa todo el fin de semana haciendo tareas en vez de disfrutar las tardes con mis amigos.

–Sí quieres puedo ayudarte, Miroku no es están exigente y por lo general hacemos ejercicios en clase –se ofreció sonriendo.

–¿En serio? Sería genial –exclamé entusiasmada de tener ayuda, seguramente estaría horas para terminarlo por mi cuenta.

–Claro, sólo tienes que darme tu número de móvil y nos pondremos en contacto –aceptó sacando un pequeño celular de su bolso marrón oscuro.

La imité buscando el mío en el interior de mi alborotada mochila. Intercambiamos números rápidamente ya que nuestras madres habían caído en el mismo momento.

–Te llamaré mañana –le dije despidiéndome mientras me subía al coche.

–Espero tu llamado –me gritó desde el interior de su auto mientras se apoyaba en la ventanilla.

–¿Quién era ella? –preguntó mi madre mientras nos alejábamos de la enorme mansión.

Me acomodé sobre el asiento con una mano apoyada en la puerta y la cabeza recostada en esta.

–Se llama Sango, es una chica que también viene a clases particulares.

–Que suerte que hayas hecho amistades, lo hace todo más llevadero –e n eso estaba totalmente de acuerdo con ella–. ¿Qué tal te ha ido en tu primera clase? –preguntó curiosa de saber todos los detalles.

–Me ha ido bien, el profesor es muy bueno en lo que hace y he progresado bastante –expliqué sin ahondar demasiado la cuestión, podía estar horas hablando de los innumerables atributos que Inuyasha poseía pero seguramente eso no le caería muy bien a mi madre.

Después de nuestra pequeña charla me hundí en el silencio mientras pensaba, para ser honesta no había sido tan malo como había esperado que fuera, si bien ahora tenía la cabeza llena de fechas y conceptos inútiles lo había pasado bastante bien.

El sonido de mi móvil me devolvió a la superficie repentinamente. Era un mensaje de Yuka.

"Kagome no podremos ir a tu casa a las seis, nos vemos en lo de Koga"

¡Diablos! ¡La fiesta de Koga!

Sin duda me moría por ir, pero había un pequeñísimo problema: no me dejaban salir.

Le di vueltas al asunto por un par de minutos sin encontrarle una solución a mi dilema, hasta que llegué a la mejor conclusión: iría a esa reunión costara lo que costara, y si significaba escaparme de mi casa, eso haría.

Decidí agregarle algo más de diversión al asunto, volví a buscar mi móvil y tecleé con rapidez:

"Sango, ¿te interesa hacer algo esta noche?"


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