Insomnio.

Nico no tenía una rutina pero sí tenía costumbres. Como, por ejemplo, la de pasar cada martes por la enfermería para ver a su amigo el curandero. Will no se lo había pedido y jamás habían acordado que sería de esa forma, sin embargo, aquella vez en la que el hijo de Hades olvidó pasarse por allí luego de haber dormido hasta muy tarde, el curandero lo regañó hora y media por su irresponsabilidad. Nico no le tenía miedo y estaba bastante seguro de que, si lo intentaba, podía matarlo sin mayor esfuerzo. Por desgracia, asesinar a Solace no estaba actualmente en su lista de prioridades, sin importar cuánto lo mereciera después del episodio del lago.

De modo que, luego de dormir nuevamente hasta después del mediodía, Nico decidió no cometer el mismo error y se encaminó a toda prisa a la enfermería. Los Apolo lo saludaban con una sonrisa como si fuese sólo un hermano más, los heridos le hacían un gesto con la mano o la cabeza cuando lo veían pasar y él, automáticamente, lo devolvía. La enfermería le gustaba, todos lo querían por alguna razón.

Pasó corriendo por las habitaciones, mirando de reojo en todos los cuartos para ver si encontraba al curandero. Hasta que lo vio atendiendo a un herido en la habitación tres. Suspiró y entró de manera calmada, totalmente opuesto a la forma en la que había estado corriendo antes. Will estaba muy distraído regañando a su paciente, que no era otro que Percy Jackson, como para reparar en él.

—No me importa que tan gracioso sea—estaba diciendo Will con el ceño fruncido—, no puedes lanzarle agua a Grace cuando está por invocar un rayo, Jackson.

—¡Pensé que simplemente se desviaría, no pensé que la descarga fuese hacia mí!—se quejó lloriqueando mientras su novia, Annabeth, se cubría la cara con una mano, indicando que estaba perdiendo la paciencia.

—Agradece que el rayo no era muy potente, ya de por sí eres un buen conductor de electricidad—murmuró ella molesta y avergonzada por las estupideces de su novio. Nico sonrió un poco por la situación.

—Eso explica—intervino, logrando que todos se fijaran en él—porqué sentí tu alma tan cerca del Inframundo esta mañana. Pensé que era un sueño.

Percy se puso pálido y Nico comenzó a reír, no estaba mintiendo, sin embargo. De verdad lo había sentido, pero no se preocupó demasiado porque pensó que, incluso si no se trataba de un sueño, matar a Percy no era tan simple. Y hubiese sido un poco irónico que muriera en una mísera práctica, de cualquier forma.

—Hola, Nico—saludó Annabeth, sin preocuparse por la aparente muerte temporal de su novio.

Will también lo miraba sonriendo. Llevaba su uniforme poco ortodoxo de siempre: camisa de cirujano y bermudas. Estaba rodeado de envoltorios de vendas que actualmente se encontraban por todo el cuerpo de Percy y se veía algo cansado, como si el hijo de Poseidón y sus ridiculeces no fuesen más que rutina. La expresión calmada del rubio le recordó, por alguna razón, que tenía sueño, y bostezó.

—Feliz martes—saludó Nico, frotando sus ojos, que comenzaban a gotear luego de bostezo anterior.

Will y Nico solían saludarse de esa forma cuando se veían en la enfermería y, aunque los demás campistas los miraran como si estuviesen locos, jamás dejarían de hacerlo. Era una forma implícita de decir "eh, mira, he sobrevivido otra semana", como si fuese la fecha que ambos se impusieran como meta, aunque ninguno de los dos estaba realmente en peligro últimamente. Percy hizo una mueca de confusión cuando Solace le respondió lo mismo, y Annabeth se limitó a garabatear algo en la libreta que llevaba.

—Entonces, Solace, ¿ya puedo irme?—preguntó finalmente el chico del mar.

Will frunció un poco el ceño, como si estuviese tratando realmente con un niño y no con un adolescente que de hecho era dos años mayor que él. Nico volvió a bostezar.

—Puedes irte, no quiero que Grace se preocupe más. Pero, por todos los elíseos, Jackson, deja de hacer estas cosas. Desperdiciamos la mitad de néctar y ambrosía en ti cada día.

—Oh, bueno—intervino—, Percy es un idiota, lastimarse está en su naturaleza.

—¡Nico!—se quejó el ojiverde fingiendo indignación.

Luego de que Annabeth le sonriera por el comentario, la pareja se retiró. Will suspiró y se lanzó de espaldas a la camilla, de modo que Nico simplemente se sentó en una esquina de la misma. Sabía que Solace tenía que volver a su trabajo pronto, pero de vez en cuando se tomaba un pequeño descando secreto entre un paciente y otro, confiando en que di Angelo no lo acusara. Claro que no iba a hacerlo, pero era raro que el rubio confiara en él.

Will abrió uno de sus azules ojos y lo miró de soslayo.

—¿Tienes sueño?—preguntó.

—Eh...¿qué?

—Que si tienes sueño. Estás bostezando, y tus ojeras son más pronunciadas que de costumbre.

Nico hizo girar sus ojos, estaba acostumbrado a Will y sus preguntas médicas semi-acosadoras.

—Dormí lo de siempre, Solace.

—¿Cuánto es "lo de siempre"?

Desvió la mirada. Lo cierto era que no podía mentirle al hijo de Apolo aunque quisiera, no sólo porque Will fuese una maquina de detectar mentiras viviente, si no también porque cada vez que lo intentaba, algo en la expresión calmada y confiada del chico le hacía sentir tremendamente culpable. Suspiró.

—Unas... cuatro horas—refunfuñó.

Solace se levantó de repente y lo miró sorprendido.

—¡¿Disculpa?!

—Bueno...

—¡Di Angelo, por Apolo!—se quejó escandalizado—¡Sabes que dormir menos de cinco horas es malo para tu salud!

—Sí, pero...

—¡Sin peros, jovencito!—regañó tomándolo de un brazo y arrastrándolo fuera de la habitación—¡En este instante juro por el Estigio que esta noche dormirás como mínimo siete horas!

Pasaron por la sala de descanso con Will aún sujetándolo del brazo con fuerza. Nico no se resistía porque, por un lado, estaba bastante sorprendido, y por el otro, no quería hacer más el ridículo tratando de liberarse frente a toda la descendencia de Apolo como si fuese un niño regañado por su madre. Solace se dirigió a varios de sus hermanos sin soltar al hijo de Hades.

—Chicos, alguien tendrá que cubrirme hoy—pidió—. Tengo ciertos asuntos que atender con este—miró a Nico como si fuese la peste—mestizo.

—Dioses, Will, ¿qué hizo ahora?—preguntó Kayla.

—Así que asumen que es mi culpa—susurró Nico.

—¡No hay tiempo para explicar! Esto es importante, por favor.

Sus hermanos asintieron divertidos mientras el azabache sólo los miraba como si estuviese jurando venganza, para luego ser arrastrado por el mayor fuera de la enfermería, hasta la cabaña de Hipnos. Al entrar, Nico sintió como si fuese a desmayarse, pero logró sujetarse de Will y caminar hasta Clovis, que roncaba en una cómoda cama de la cabaña.

Luego de hacer demasiados esfuerzos por no dormirse y mantener al propio Clovis despierto, Will salió de forma heroica con una lista de cosas que, en teoría, ayudaban a dormir.

De modo que Nico era la víctima del experimento.

—Creo que primero deberías intentar gastar energía, así que hagamos algo de ejercicio.

Nico hacía ejercicio cada día. Después de lo acontecido hacía unos días—es decir, ser acusado de estar fuera de forma y acabar por alguna razón en el lago—se estaba dedicando a ello incluso más, invirtiendo cerca de cinco horas diarias a practicar con la espada, correr o escalar el muro. Quirón se había mostrado interesado en él, y le ayudaba cada vez que podía. Aparentemente, según el centauro, tenía potencial.

De modo que no, no veía necesario entrenar con Will, pero tampoco representaba un problema, por lo que accedió. Solace no se especializaba en espadas y, contrario a lo que cualquiera esperaría, no se le daba para nada bien el tiro con arco, sin embargo destacaba con la daga. Incluso para Nico, y aunque ninguno de los dos estuviese luchando en serio, requirió mucho tiempo y esfuerzo vencer al rubio. Ya estaban a mediados del tercer combate de la tarde cuando se dieron cuenta de que estaba anocheciendo.

—Bueno, podemos desempatar mañana—sugirió Will.

El rubio estaba totalmente desaliñado. No se habían molestado en conseguir armaduras—ambos las detestaban—por lo que sus ropas estaban llenas de cortes y lodo. Su cabello estaba desordenado de cualquier forma y, al igual que su vestimenta y todo su cuerpo en general, estaba absolutamente sucio. Nico sabía que estaba exactamente igual, y se lo confirmó el hecho de que, al acercarse a la fogata, les preguntaran si acababan de caer por un precipicio.

—No es eso—le dijo a Jason para tranquilizarlo mientras se sentaba en la mesa que ellos y Percy compartían—. Sólo fue un poco de entrenamiento.

Jason era el único que se veía normal, porque Percy aún seguía chamuscado.

—Te he visto entrenar estos días—explicó el rubio señalándolo con su tenedor—, pero, ¿por qué se unió Will? si querías entrenar con alguien, pudiste pedírmelo.

—Oh, no. Yo no lo recomendaría—bromeó Percy, que tenía crema para quemaduras por todo el rostro.

—Vamos, hermano, ya te dije que lo sentía.

Nico sonrió levemente probando la ensalada que estaba comiendo, mientras intentaba no llenar la mesa de lodo que caía de su cabello.

—De todas formas—dijo él mirando su plato—fue culpa de Percy.

—¡Exacto!—apoyó el romano.

—¡Hey!

Cenaron tan animadamente como siempre. Percy y Jason discutían sobre trivialidades que Nico, en realidad, no llegaba a comprender, pero le agradaba la sensación de familiaridad que sentía cuando estaba con sus compañeros. Personalmente, y aunque no fuese a admitirlo para que no se creyeran demasiado, había comenzado a pensar en ellos como hermanos mayores después de la guerra. Sabía que su padre debía estar revolcándose en... el Inframundo, pero ese era un asunto que actualmente le daba igual.

Estaba burlándose de Jason por una anécdota que Percy no tuvo la delicadeza de guardar en secreto, cuando notó que Will le hacía señas para que lo siguiera.

—Chicos—dijo—, debo irme, nos vemos mañana.

—Duerme bien—deseó el ojiazul.

—Que Jason no te electrocute en sueños—agregó el chico del mar.

—¡Percy, por Júpiter!

Nico los dejó para ir con Will Solace, que le sonrió, aún hecho un desastre pero sin signos de que le importara.

—Di Angelo, espero que hayas cenado ligero como te dije.

—Ensalada—explicó—, y un trozo de carne, ¿feliz?

—¿Y un vaso de leche?

—No.

Will chasqueó la lengua, pero inmediatamente volvió a sonreír.

—Hay una ducha en tu cabaña, ¿no? ve y toma una ducha caliente, nos encontramos en veinte minutos.

—Pero...

—Ve.

Nico obedeció, porque de todas formas le hacía falta. Cuando salió, absolutamente relajado y limpio, se colocó una ropa de dormir de algodón color azul que Jason le había prestado—y que le quedaba inmensa—, y se dispuso a ir en busca del hijo de Apolo, mientras se secaba el cabello con una toalla gris de la cabaña.

o0o

Will estaba cansado de esperar a Nico. Su cabello ya se estaba secando, y aunque era verano y tenía su ropa de dormir favorita—una remara naranja con un solcito sonriente que llevaba un gorro de dormir y pantalones blancos—empezaba a tener frío, pues era de noche, había viento, y el toque de queda estaba por empezar, así que se dirigió a la cabaña de Hades para ver qué demonios estaba haciendo el líder y único habitante de ésta.

Entró. Las cabañas no tenían llave, porque no sólo necesitarían cientos de copias para todos los campistas que tenía cada una, sino que además resultaba innecesario, dado que todos se conocían y el campamento era vigilado de noche. Además ninguna cerradura detendría a los monstruos incluso si pudiesen pasar las barreras del Velloncino de oro.

Nico había pasado el último mes remodelando la cabaña. Había pintado las paredes de morado y se había desecho de las camas-ataud que alguien había puesto, reemplazándolas por un par de camas normales con sábanas grises y blancas y unos muebles donde guardaba sus pocas cosas. Había tanto lugar innecesario que Will estaba seguro de que el azabache podría invitar a todos sus zombies a vivir allí con él.

La casa de Nico tenía mucha iluminación—irónico— y en las ventanas siempre aparecían flores de temporada, y aunque el rey de los fantasmas aseguraba no saber nada al respecto, era obvio que era cosa de Perséfone. Además, de un día para el otro, había aparecido un tragaluz que daba directo a la cama de Nico, de forma que no sólo podía ver las estrellas, sino que también toda la luz de Apolo le daba directo en el rostro cada mañana. Solace sospechaba que eso era obra de Hades, que de alguna forma sabía que su hijo casi había desaparecido y que la luz solar no estaba de más, aunque lo peor ya hubiese pasado.

Will vio la cama de Nico. Allí se encontraba el descendiente de Hades, dormido profundamente, respirando por la boca y desparramado de cualquier forma, con el cabello revuelto y mojado y con la cama aún sin abrir. El rubio sonrió y lo cubrió con las mantas de la cama contigua, para luego acostarse en la misma, mirando a Nico.

—Sólo será un segundo—se dijo—, enseguida vuelvo a mi cabaña... enseguida...

Y se durmió, porque al fin y al cabo, él también estaba cansado.

FIN.

Espero que les guste este capítulo :3 el siguiente se titula "Delgado" y ya está escrito, así que volveré pronto.

A propósito, Nai0310 sugirió Sarcástico y Antisocial. Realmente me encanta la segunda opción y ya tengo una idea, pero no sé si hacerlo como One-shot a parte o incluirlo en esta historia (porque más que nada se basa en problemas de salud) Me gustaría escuchar (leer xD) las opiniones, sugerencias y críticas de todos, así que estaré aquí, mendigando Reviews. Ah, el comentario de gemnahbdn me causó mucha gracia por alguna razón xD gracias a las dos.

Mil gracias a todos los que comentan, marcan como favorita, o simplemente leen esta historia :') Nos leemos.