Una Melodía de
Amor Verdadero
Escrito por:
Airi Melody y EvilChipie
La siguiente historia es original y es ficción.
Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
No representa a ninguna persona ni refleja la cultura de ningún país.
Simplemente es el relato de una historia que nació a partir de un juego de rol entre dos mujeres que se aman.
Este es el resultado de: Mis madrugadas a tu lado.
Capítulo 2:
Airi Taisei escucha a una chica gritando por ayuda. A lo lejos puede ver a unos hombres rodeándola, y sin pensarlo corre hacia allá, empujando a un par de ellos al acercarse. Salta para darle una patada voladora al chico que está encima de esa mujer; cae de pie, retomando una posición de combate y le da una patada giratoria a otro de ellos. Puede ver sus caras de sorpresa pero no les da tiempo de reaccionar. Ya tiene a dos en el piso. Le da un puñetazo en la nariz a otro de ellos, se escucha el crujir de su nariz y la sangre salpica, al tiempo que le da un rodillazo en el estómago que lo hace doblarse de dolor y sin aire, hasta caer de rodillas. Y al último que queda en pie, que trata de sujetar a Airi por la espalda, lo agarra por el brazo y lo derriba con una técnica de judo, que le hace chocar de espalda contra el piso y se queda ahí tirado, quejándose de dolor. Ella suspira – Uuf, ha sido un buen calentamiento – sonríe divirtiéndose y hace un gesto con ambas manos, invitándolos a acercarse – Venga, ¿quieren jugar un poco más conmigo? Tengo muchos más golpes y patadas para destrozarlos – mete su mano detrás de su espalda, por debajo de su playera y saco un enorme cuchillo militar de su funda, se pone en posición de combate con el cuchillo en la mano y sonriendo – O si prefieren, podemos jugar de una manera más entretenida –. Ellos la ven sorprendidos, la chica de largo cabello azabache esperaba que esos rufianes corrieran pero no es así. Todos de pie, se acercan a ella, amenazantes.
– ¡Perra desgraciada! Vamos a enseñarte cuál es tu lugar – le grita furioso el que estaba encima de esa chica rubia – Vas a desear haberte quedado en casa haciendo los quehaceres como una mujer de verdad, es lo único para lo que sirven las mujeres, además de para abrir las piernas – él se ríe prepotente y saca una navaja de su bolsillo, enseñándola amenazador.
Airi Taisei permanece firme de pie, entre ellos y esa chica rubia. – A ti te pasa algo grave en la cabeza. Si eso piensas de las mujeres, apuesto a que ni tu propia madre te quiere – le responde ella con seriedad a aquél hombre.
Wynne Bailey se queda sentada en el piso con la espalda apoyada en la pared, asustada y desconcertada, todo le resulta confuso por su ebriedad, y solamente observa a esa chica que está peleando con esos delincuentes. Esa chica es alta, de cabello negro largo, piel blanca y complexión atlética. – Ten cuidado – le dice preocupada por verla con un gran cuchillo y ese cabrón con una navaja en la mano. Cuando él se abalanza sobre la morena, Wynne se levanta del piso tan rápido como puede, poniéndose al lado de la chica, se quita el zapato de tacón y se lo tira a la cabeza a aquél hombre. El tacón le pega en la frente dejándole una marca roja. Airi se queda boquiabierta al ver esa reacción de la rubia. Y él mira con furia a Wynne. Él se abalanza hacia la de ojos celestes con la navaja levantada. Ella se queda sin respiración, cerrando los ojos y paralizada por el miedo y el licor, esperando a ser acuchillada.
Airi Taisei arroja su cuchillo, consiguiendo que se entierre en el hombro derecho de aquél gamberro, haciéndolo gritar de dolor, al tiempo que suelta su navaja.
La morena de ojos color miel, corre hacia él, sujetando con fuerza la empuñadura de su cuchillo y lo arranca de su hombro; la sangre salpica su ropa y él grita aún con más fuerza que antes.
– Ey, ¿qué sucede ahí? – grita un policía desde lejos, que va corriendo hacia donde están. Debió de haber escuchado los gritos.
Airi guarda su cuchillo en su funda y va aprisa hacia esa chica rubia, tomándola de la mano – Vámonos, apúrate – corre sin soltarla, para alejarse de ahí.
Wynne la sigue, aun cuando tenía intención de esperar por la ayuda del policía. De hecho todo le resulta surrealista porque ellas van corriendo al lado de sus agresores.
Al llegar a una bifurcación, los cuatro patanes se van a un lado y ellas por el otro lado, aunque bien podrían esperar al policía y hacer una denuncia porque la agredida ha sido ella. – Espera – le dice a la morena mientras corren – Esperaaaa… – le grita de nuevo, parándose en seco, jalándola por la mano para detenerla – Nosotras no deberíamos correr, me atacaron a mí. Debería denunciarlos –.
– Sí, tienes razón. Lo sé, lo sé, pero… ¿Cómo le explico a la policía que estoy armada? Soy menor de edad y no tengo un permiso para portar armas – le dice Airi, nerviosa, alarmada y con acento de Osaka – Y no estoy hablando del cuchillo. Y si me meto en problemas, mi padre no me lo perdonará. No quiero volver a casa, después de lo mucho que me costó convencerlo para que me dejara venir a Tokio –. Ve al policía mirando a ambos lados, lo peor es que no va solo y, mientras un par de policías van detrás de esos chicos y el rastro de sangre que va dejando el que está herido, otro policía va detrás de ellas. Al verlo acercándose, Airi carga a esa chica en brazos y corre con ella.
– Mierda – exclama Wynne, agobiada por el lío en que se acaba de meter – Dos calles más y giras a la izquierda. Metete en la primera casa – le indica a la chica morena. Mete la mano en su bolso y saca la llave – Vivo ahí – le enseña las llaves.
Esta historia continuará…
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