Aquí les dejo ésta segunda parte, honestamente no sé si lo continúe o no, es algo diferente de lo que suelo escribir pero me he inspirado un poco y las cosas fluyen solas. Muchísimas gracias por sus reviews, espero que sea de su agrado. Nos leemos muy pronto! Au revoir :)


ARREPENTIMIENTO

Una sola vez no sería suficiente para todo el desenfreno que recorría su piel y taladraba en sus sentidos, para todas aquellas sensaciones prohibidas que ameritaban seguir sucediendo, pasar una y otra vez como un vaivén descontrolado, como un espiral sin fin. Toda su cordura y autocontrol se esfumaron, muy por encima de su arisco comportamiento estaba aquel ser pasional, ese deseo que recorría todas sus terminaciones nerviosas elevando su excitación a niveles desconocidos.

Una caricia, solo bastó una caricia para encender aquella flama que crepitaría eterna dentro de su ser, era totalmente consciente de lo que estaba sucediendo, estaba al tanto de que aquel antifaz que cubría su ser sombrío estaba siendo develado, no importaba.

Ya nada importaba ni importaría de hoy en adelante.

Ya nada podría apagar aquel incendio que se desató dentro de su alma, no era solo lujuria, no era solo deseo, no era solo placer. Era algo tan oscuro y complejo que no mermó tiempo en siquiera considerarlo como tal. Una vez más ganó el orgullo, el disfraz de hombre inalcanzable, no dejó que aquellos pensamientos carcoman su mente, lo negó mil y una veces dentro de su subconsciente, no podía sentir algo por ella, él jamás había sentido algo más que odio y rencor, solo oscuridad albergaba en su corazón; no podría sentir algo por ella, ni de broma.

Se cegó una vez más a la realidad, aunque ésta haya estado abofeteándolo sin descanso, no quiso ver lo que realmente sucedía, no quiso entender las verdaderas razones; simplemente negó todo aquello como si de una pesadilla se tratase. Después de aquellos besos y caricias propinadas, después de la locura de la noche y sus desvelos; huyo como solo lo hacen los cobardes, dejando a ese ser que correspondía sus impulsos tan perdido, tan solo y sintiéndose tan usado. Como tantas otras veces aquel otro que existía en su vida la había usado. Como si ella no importase nada y como si lo que sintiera no fuese realmente tomado en cuenta.

Estaba totalmente seguro de que una sola vez no bastaría para alimentar aquel deseo, su cuerpo llamaría durante las noches a aquellos montes y curvas tan perfectamente moldeadas que había recorrido no solo con sus manos, sino su lengua, sus ojos, su sexo. Se sabía dueño de ella y de todo su ser, sabía que ella sentía por él todo lo que había querido evadir desde siempre. Sentir, querer, dejarse llevar por sentimentalismos sin darse cuenta de que no se trataba exactamente de eso.

No podía darse el lujo de flaquear, no era este su propósito, era un guerrero y como tal no debía desviarse de sus metas, pero debía reconocer que ella sabía envolverlo y acunarlo en sus caricias, se sentía atado de pies y manos ante una débil mujer, porque quería seguir con esto, aunque su mente se lo negase mil veces; su cuerpo, su instinto pedían a gritos que no parase, no en mucho tiempo. Quizás hasta saciarse de ella, tal vez hasta encontrar un verdadero propósito.

No pudo negarle ese placer tan exquisito a su cuerpo, no pudo evitar dejarse desfallecer entre sus piernas y aunar en su ser, tan dentro de ella, tan suyo, tan desvalido. Tan frágil, su orgullo; su orgullo estaba herido…se había atrevido a intimar con ella. Se había atrevido a llegar más lejos de lo que alguna vez creyó. La oía gemir susurrando su nombre, la miraba perdidamente como a un nuevo descubrimiento, gozaba su agonía. Estaba condenado, todos aquellos seres a los que asesinó sin piedad durante su pasado ahora lo ahogaban entre gritos de dolor y muerte.

A él todo se le debía ser negado, no debería tener oportunidad de rozar siquiera el placer, de poder tocar delicadamente cuando con esas mismas manos atravesó el corazón de muchos seres vivientes, sin el menor remordimiento; pero aquellas súplicas, aquellos lamentos y lágrimas derramadas por el universo solo serían ese gran castigo, ese gran peso con el que debería cargar sobre su espalda. Su alma estaba condenada a perderse entre la inmensidad de la nada, en la oscuridad y soledad, tan suya como su voz misma. Él no merecía nada más que dolor, no merecía nada más que huir de su propia muerte, porque finalmente la vida es lo único que conservaba como propio.

No merecía tocar la piel de aquella mujer, no merecía besar sus labios rosas, no merecía hacerle el amor como ahora lo estaba haciendo. Ella jamás podría saber donde estuvieron alguna vez esas manos que ahora la acariciaban, ella jamás sabría que en el espacio fue quizás, más sanguinario que el mismo emperador.

Ella no lo sabría jamás.

Las sombras de su pasado danzaban alrededor de esas cuatro paredes, proyecciones de su vida pasada, de sus encuentros fortuitos y brutales, de su salvajismo, de todo ese rencor y odio atesorado por años dentro de su ser. Jamás sabría por qué su destino había decidido cruzar aquella puerta tan estrecha, por qué no podía ser todo diferente, en verdad deseaba querer olvidar. Morir y reencarnar en un nuevo ser alejado de aquellos recuerdos que solo lograrían enloquecer a cualquiera, pero no a él.

No lo enloquecieron, le corrompieron el alma hasta volverla impenetrable, hasta convertirla en un simple ciervo del odio y la venganza, actuaba movido por su deseo de algún día volverse inmortal y así gobernar el universo. Como si eso fuese posible, a pesar de todo…quiso ocupar el lugar de aquel que tanto lo había dañado y humillado.

Definitivamente no era como él, jamás lo sería. No importaba si merecía o no tomar a esa humana y hacerla suya, no importaba nada de lo que pueda pensar o creer correcto. Ahí estaba, sobre ella en su propia cama, mezclándose con ella en una combustión perfecta de pasión y lujuria irrefrenable, el cuerpo le dolía de tanto placer que ahora estaba experimentando, le dolía de tantos errores cometidos en toda su vida. Derrotado por la lujuria se mentía a sí mismo una y otra vez diciéndose que no tenía nada en qué creer, solo en sí mismo. Que no le importaba tener las piernas de aquella mujer enredadas a su cintura, que no creía incorrecto ver sus grandes y suaves senos rebotar ante su avance. Se sentía culpable, por primera vez en su vida, sentía que estaba traicionándose a sí mismo.

¿Cómo puede estar pasándome esto?, me miento a mí mismo; no puedo creer que esto sea verdad. Duele, duele mucho aceptarlo, me niego a creerlo. ¿Por qué debo sufrir por igual?, actúe bien o actúe mal. No siento culpa de poseerte, solo te estoy dando todo cuanto mereces, sé que lo disfrutas, lo veo en tu rostro y en el ritmo que evocas, siento como tu interior empieza a adorar a este intruso, sé que lo que estás sintiendo te está encantando, lo veo en tus mejillas sonrojadas y en tu sonrisa complacida, mujer. No hay vuelta a atrás.