Disclaimer: Ningún personaje de Saint Seiya me pertenece.

Nota: Gracias, gracias desde el fondo de mi corazón por el aprecio que le dieron a mi pequeña idea DEUDAS QUE PAGAR, al ver que ha sido aceptado pues me animé hacer una historia completa, solo advierto que aquí abriré temas de pasado tanto para Agasha y Minos, así mismo considerando secretos de Albafica.

Un saludo y abrazo a todos.


Destino Casual


1 —

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Y se quebró.

El dolor demoniaco que sentía la dejó tan vulnerable que no sabía si iría a vomitar o quitarse lo poco de conciencia que poseía. Porque era un infierno toda esa tortura. Machas de sangre por el piso y la cama le dio la noción de que estaba muriendo demasiado rápido.

Agasha comenzó a llorar sin saber exactamente qué cosa hacer, muy aparte de sentirse infeliz después de que su pesadilla volviera a la vida. En efecto. La presencia de Minos la dañó de una manera que no pudo controlar.

El muy maldito estaba con vida, y que después de todo el esfuerzo que Albafica dispuso…, el espectro estaba de pie como si nada hubiese ocurrido.

Albafica.

Su amado Piscis que le revoleteaba aún en lo más profundo de su ser pero a su vez la decepción que se llevó aquel día. Tal vez fue por esa razón que las cosas cambiaron en un sentido negativo, le dolió por supuesto, especialmente cuando tuvo que aceptar lo que pasó. Agasha se frotó la frente, el dolor de cabeza volvió a ella como todos los días desde que supo que sería la prisionera de Minos de Grifo.

¿Por qué razón la tenía encerrada? Para la castaña no existía razón lógica, al menos que el gran juez albergaba aún el desprecio a Piscis y, como ese día, se dio cuenta que entre ella y el santo existía algún vinculo. Esa rosa roja le aseguró de que era por cuestiones amorosas.

—Duele demasiado.

A duras penas intentó caminar desde el baño al tocador. No le sorprendió ver manchas oscuras en su cuello, las ojeras pronunciadas debajo de esos bellos ojos que poco a poco se apagaban; su cuerpo estaba enfriándose como un sencillo toque de la baja temperatura que sentía en esa habitación.

—Señor Albafica.

Su voz apenas salió de su garganta. Era la segunda vez de ese día que volvía a lloriquear por los dolores, aunque no tuvo reparo de querer huir cuando supo que estaba en el dominio del ser que más odiaba y que le arrebató lo que más amaba, y eso fue hacia dos semanas.

No volvió a verlo y tampoco lo deseó. Agasha se enclaustró en ese lugar, aunque de por sí estaba atrapada bajo llave, únicamente podía ver la bandeja de comida que cada día aparecía en su cómoda, seguramente esas monjas entraban cuando se encontraba durmiendo. Pero tampoco comió algo, y por esa razón estaba muriendo. Sin alimento, solo beber agua del caño era su sustento.

Sus pálidas manos masajearon con miedo su estómago, no tuvo reparo en quitarse el vestido sencillo que estaba con manchas de sangre. Tal vez pensó en su periodo mensual pero no creyó en eso pues la sangre también salía de su boca cuando tosía.

Hasta que cuando deseó vomitar nuevamente, sus piernas le fallaron terminando sobre el suelo. Pudo oír como sus huesos se rompían por el tropiezo. Lloró. Con amargura no pudo controlar los llantos, se veía tan patética y débil.

Cerró los ojos deseando nuevamente morir. Es lo que más deseaba. No quería ser un objeto de diversión para el dueño del templo que, seguramente, estaba feliz de verla sufrir tal y como lo hizo con Albafica.

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¿Habrá alguna vez en que pueda tocarlo sin que usted me aleje?

Su vocecilla fue música para él, que por encargo de su superior se mantuvo entrenando. El largo cabello celeste se abatió con la brisa, mantuvo los ojos cerrados pero sin perder los soniditos que Agasha daba cada vez que masticaba una manzana.

Me sorprende tu repentino gusto por esa fruta—habló el hermoso hombre abriendo los ojos al darse cuenta que su protegida poseía una canastilla de manzanas—; me recuerda la obsesión del caballero de Escorpio.

Kardia me las entregó—sonrió la castaña al ver el hermoso rostro de Albafica—; llegó en la mañana de su viaje y dijo que una amiga suya le dio estos deliciosos frutos así que me los compartió.

¿Desde cuando eres muy amiga de Escorpio?

Agasha se sonrojó un poco pues, muy aparte del clima cálido y la vista maravillosa del campo verdoso que pertenecía al Santuario, el caballero de Piscis tenía la vista muy fija en ella. Claro que la noble florista ignoró que su amado señor estaba manifestando unos repentinos celos, algo extraños por su naturaleza, pero eran celos al fin y al cabo.

El señor Degel me lo presentó cuando fue a comprar flores—contestó inocentemente—, Kardia es un buen amigo, algo bromista pero agradable, claro que no es tan lindo y comprensivo como Shion,

Albafica enarcó una ceja. Allí estaba nuevamente ese comportamiento infantil de la menor al referirse sobre sus camaradas. Más porque ella se refería a unos con respeto y otros con aprecio. Le molestó. Simplemente no quería que siguiera hablando así.

¿Y porque no te limitas hablarles con respeto?

Eso hice señor, pero Kardia y Shion no quisieron, es más, Dohko tampoco o Manigoldo permiten que les diga señor porque se sienten ancianos.

¿Entonces yo soy un anciano?

Usted es un joven hombre al cual le guardo mucho respeto y cariño—se mordió la lengua, era bastante fácil de hacer notar su devoción por Piscis, algo que en el hombre le hizo sentir superior—. Lo siento.

Albafica sonrió suavemente pasando por desapercibido por Agasha. Le gustaba verla tan inocente ante sus ojos, y ella moría por verlo en todo su esplendor. No podía negar su amor fiel hacia su amado Piscis.

Su querido caballero y protector.

Su adorado Albafica.

Esos ojos contemplaron la realidad. Fue hermoso tener sueños con eventos que ocurrieron, porque de eso se trataba: un simple sueño. Perder la noción del tiempo era una de las cosas que le molestaba. Abrió los ojos de golpe al darse cuenta que estaba en cama. Suspiró. Seguramente el dolor del posible vomito le provocó el desmayo.

Soñar con Albafica era un modo de relajarse y con ello el poder de aliviar sus males. Tal vez si ese amado hombre la viera seguro se espantaría por su aspecto físico. Sin embargo, tampoco pudo omitir el dolor que le causaba una parte de sus recuerdos, algo que también añoraba olvidar.

De pronto, el olor agradable de la sopa caliente despertó sus sentidos. Moría de hambre, deseaba mucho probar alimento pero se negó a eso por la única razón de que no estaba segura cual era el fin de Minos en retenerla en el dichoso lugar. Tal vez quería imponer su venganza cuando cayó frente a Albafica, claro que en el proceso murió su amado.

—Es mejor que muera de una vez—se encogió de hombros olvidando que las sabanas habían sido cambiadas—. Muerta ya no le sirvo de nada, tal vez así lograría estar con mi señor.

Ese era su deseo. Se odió por la debilidad que se extendía por todo su cuerpo. Vaya mediocridad. Solo se volvió acostar mirando el vapor que ese platillo, se veía delicioso pero…era muy seguro que estaba envenenado.

—Entonces prefieres morirte.

La voz rasposa alertó de miedo a la menor logrando que acumulara todas sus fuerzas en un solo punto para levantarse sin miedo a quebrarse porque su delgadez le estaba provocando romperse como una galleta. En la esquina de la casi oscura habitación estaba él. De brazos cruzados sin moverse.

—Me estás haciendo enojar—fue lo que dijo sin molestarse en ponerse de pie. Pudo contemplar lo muy horrible que se veía su prisionera—, ¿sabes cuantas prisioneras debo azotar porque no veo progreso en mi enjaulada florista? —Agasha intentó apegarse a la cabecera de la cama—; claro que sus vidas pútridas no me interesante, después de todo están maltrechas como tú.

Entonces fue cuando recordó a una de las monjas que murmuraban, mientras ella estaba intentando dormir, acerca de los castigos que Minos les imponía por su fracaso en hacerla comer.

—¿Por qué me tiene aquí?

—Porque quiero y puedo.

—Eso no tiene sentido—y entonces las náuseas volvieron atacarla logrando sacarla de la cama sin importarle que el hombre la mirara.

Pero nada, no podía vomitar nada salvo sentir la fatalidad del crudo dolor en su estómago y las manchas de sangre que caía de su boca como residuos de saliva. Agasha estaba comenzando a pasar de la fatalidad a los últimos suspiros. Hasta que sintiendo el ardor progresivo en el cuerpo y unas manos jalándole del cabello y con ello sentir como su cuerpo se sentía demasiado liviano.

Minos la cargó sin ningún esfuerzo.

—Estas ensuciando todo el piso—fue lo que dijo tras dejarla sobre la cama—. Mis cálculos no eran inciertos, esa semilla venenosa está echando raíz, desde luego está matando tu cuerpo.

—De-déjeme ir.

—Serás un mínimo pago de Piscis y además mi mascota personal—sonrió sin importarle arrancarle la ropa dejando expuesto su cuerpo desnudo y con ello la humillación en la menor—. Es la primera vez que veo algo así, sorprendente. Sí serás una buena mascota.

No contemplo con lascivia el cuerpo de Agasha, no le interesaba de hecho, su única fijación fue plantar los ojos sobre las manchas que comenzaban a expandirse por la anatomía de ella. Agasha, por su parte, intentó no llorar por lo que estaba pasando, que humillante se sentía por la brusquedad del hombre especialmente al estar de esa manera como si se trataba un paquete de desperdicio.

—¿Tienes idea de lo que está ocurriendo con tu cuerpo? —sonrió de manera hipócrita el juez cogiendo una franela para limpiar sus manos y el pecho de la chica por las manchas de sangre que habían sobre su piel—. Es natural que tu cuerpo lo rechace, de hecho, esa semilla no es compatible contigo.

—No quiero…

—Estás esperando el pequeño bastardo de Piscis—dijo sin preocuparse de ver la expresión desahuciada de la mujer—. Debería arrancártelo para que experimenten con esa pequeña sanguijuela ¿sabes cuan poderosa es el veneno de ese caballero? Ni en el Inframundo existe un veneno tan poderoso como el suyo.

—¿Era verdad de que un bebé esta creciendo? —se tocó el vientre, había oído las sospechas de Alhena pero jamás lo creyó cierto.

Minos frunció el ceño pues a el pulso de su corazón estaba siendo muy lento. Agasha estaba por pisar el límite de su vida; no podía permitirlo ya que después de todo se prometió que hallaría algún ser para experimentar con el tema del veneno.

Y como una señal de Hades tuvo que encontrarse con ella. La mujer que fue el punto clave de su muerte, tal vez por esa mayor razón se decidió en torturarla.

Minos se sentó sobre la cama, jaló las sabanas limpias y cubrió el cuerpo de la mujer sobre sus piernas y acumuló su cosmos. El poder de los espectros podía aliviar los dolores de los venenos, claro que no curaban pero suspendía el infernal resultado de ese tipo de contenidos.

—¿Mandó llamar, mi señor? —la monja oscura ingresó a la habitación trayendo una bandeja de comida.

—Infórmale a Lune que me entregue los elipsis que ha preparado.

—Será como ordene.

—Y vístela, luego has lo que sea necesario para que se mantenga con vida.

La monja bajó la mirada. Minos se mantuvo serio sin apartar la mirada del rostro demacrado de Agasha. Una sonrisa se formó en sus demoniacos labios. El fruto de Albafica sería su razón para convertirse en el juez más fuerte e invulnerable a cualquier tipo de veneno.