RePsicopata/Mel Reader: Bueno, basicamente gracias a todos los que dejaron review y aca les dejo el capitulo 2. Por degracia, no esta revisado a fondo asi que de seguro que hay varios errores.

Ademas, queria decirles que me voy de vacaciones asi que el proximo capitulo y la version en ingles van a tardar indefinidamente.

Bueno, espero que les guste

blazelight790: thanks for the review, I wasn't sure if this would come up the way I originally planned, so... idk. I hope you had the chance to read it in english thouugh i used google translate too so there might be a little nonsense. Yup, angst issues to come :3

Loti-miko y Azriel Rigel: No se como paso, pero magicamente hipo decidio aparecer :D espero que te guste ;)

KaryLee: Gracias! hacia mucho que no escribia en primera persona y no estaba segura de como iba a salir pero tadaa! :D

Sophie: ni idea de quien sos :/ perdon(? [mentira, si que se :D]

Okey, for the ones who read the english one, as I told above, I'm going on vacation/holiday whatever you call it and I don't know when I'll be able to publish. so sorry for that.


La vena de mi cuello palpitaba de manera casi ensordecedora. Mis ojos parecían perder foco y mi visión empezaba a borronearse. Tuve que parpadear un par de veces, agitar la cabeza hacia adelante y hacia atrás y separar mi peso entre mis piernas para no caer. Exactamente como el túnel, si este hombre te tomaba por sorpresa, lo que le seguía era una pérdida del equilibrio y los sentidos. Cada vez que estaba cerca de él experimentaba esta sensación de sólo tener control parcial sobre mi cuerpo.

Pitch Black me observó de arriba abajo y desfiguró su mueca de alivio transformándola en una de seriedad. Se paró erguido y volteó para comenzar a caminar por el sendero de piedra con sus manos detrás de la espalda. Yo recobré el control sobre mis piernas en cuanto se halló varios metros por delante de mí. Relajé la tensión de mis manos por apretar el cayado abriendo y cerrando los puños sobre este. Rodé los hombros un poco, pero lo suficiente como para que me tronara ligeramente la nuca. Copié la expresión del hombre que ahora me sacaba demasiada distancia de ventaja (aunque creo que elevé las comisuras de mis labios un poco más que él), empuñé mi cayado firmemente y me dispuse a trotar para alcanzarlo. Me preparé mentalmente para que una vez más me absorbiera parte de mi energía, o al menos para que no me tomase desprevenido como hacía unos minutos atrás, y me detuve a su lado.

Caminamos en silencio un buen rato. Yo no dejaba de observar a mi alrededor: las paredes de piedra, los distintos caminos, las jaulas colgantes, todo llamaba mi atención. Pitch andaba perdido en su mente, probablemente estaba buscando la manera más… educada de preguntarme si había completado mi misión. Para mi mala suerte, había fallado miserablemente, pero logré conseguir un poco de información como premio consuelo. Estando al lado del Coco ya no me sentía mareado como unos minutos antes, lo que me llevó a preguntarme si lo hacía voluntariamente o si me había acostumbrado. Cambié mi cayado de mano y entonces fue cuando preguntó.

—¿Conseguiste infiltrarte, Jack?

—Hola. Sí, estoy bien. Gracias por preguntar —respondí sarcásticamente de manera automática mientras apoyada mí cayado sobre mi hombro.

Me lo había preguntado de forma tan directa que no pude evitarlo. En cuanto las palabras se deslizaron por mis labios, me retracté inmediatamente. La mirada de desaprobación que me lanzó hizo hacerme la nota mental de no más sarcasmo en momentos de seriedad. Por un segundo pensé que iba a lanzarse sobre mí o algo por el estilo y hacer que escupiera un reporte sobre mi día parte por parte, con duplicado por su las dudas. Pero por alguna razón pareció pensárselo dos veces e intentó calmarse cerrando fuertemente los ojos y frotándose las sienes en un gesto teatral. Antes de que se diera cuenta de que ahorcarme era la mejor opción, decidí responderle lo que quería saber. Pero no pude decirle lo que él quería escuchar.

—No pude infiltrarme. Hice todo lo que pude, pero no logro pasar los yetis.

Esto no calmó la fiera que estaba a punto de explotar. Mi cerebro automáticamente se puso en defensiva y me alejé disimuladamente de él, preparándome por si acaso él decidiera atacar. Claramente yo no tenía la más mínima oportunidad de derrotarle: él era mucho mayor que yo, incluso más que el bastardo del Hombre de la Luna, y además estábamos en su guarida, sin mencionar que no había ni nieve ni hielo por ningún lado.

—Pero logré verla por la ventana. —Según Pitch, cualquier información sobre el taller de Santa Claus podía ser relevante y podía ayudarnos a cumplir con nuestro objetivo—. Escúchame bien porque no lo voy a repetir.

Le describí lo mejor posible como era el palacio, ya que el hombre que ahora caminaba a mi lado mientras nos dirigíamos al centro de la guarida, jamás había podido poner un pie en el polo Norte. Le expliqué que el taller de Nicholas St. Norte tenía tres vías de acceso, cada una con dos o tres yetis haciendo guardia. Una era un balcón ubicado en el penúltimo piso en el que cabrían treinta o cuarenta caballos-pesadilla sin ningún problema; otra era la entrada principal ubicada a nivel terrestre que tenía la mayor seguridad de las tres; y la última era la rampa del trineo que a simple vista parecía no tener ningún tipo de defensa pero cuando te adentrabas, al cabo de un par de minutos te topabas con una plataforma repleta de guardias. Escapé de allí antes de ser visto. Le detallé la estructura del edificio, que por el medio de los pisos tenía un globo terráqueo como del que nosotros constábamos pero mucho más grande.

Le conté sobre la división estratégica de los pisos. Eran cinco: una planta baja de la que no pude ver prácticamente nada; y cuatro pisos con vista al globo terráqueo, los tres primeros dedicados a la fábrica de juguetes y el ultimo tenía varias habitaciones de las que no pude ver más allá de las rojas puertas de madera. Supuse también que tenía un subsuelo donde el trineo era guardado, pero no tenía manera de averiguar cuántas plantas tenía o de qué tamaño era. Y en cuanto terminé, la coincidencia nos hizo llegar al centro de la guarida.

Allí, el camino terminaba con una caída que estaba puesta de tal manera en la que simulaba que algo gigante lo hubiese golpeado y dejando algunas losas amenazando con caerse si alguien se atrevía a tocarlas. Antes de llegar a ese final, se erguía ante nosotros lo que aparentaba ser la estructura del túnel de un tren: un pasadizo de piedra cuyo techo formaba un arco en el que por poco Pitch tendría que agacharse. No era exactamente un túnel, no llevaba a ningún lado. Era más bien como un adorno en el camino. Uno que no tenía absolutamente nada de luz en su interior.

Los dos entramos allí, la temperatura tuvo un cambio repentino cayendo varios grados mientras estábamos en la oscuridad, pero solo yo salí del lugar. Por costumbre volteé para esperarlo, pero detrás de mí no había nadie. Me giré de nuevo y allí estaba esperándome detrás del globo terráqueo con un gesto amigable. Mientras estábamos en el túnel Pitch se había fusionado con las sombras y había reaparecido en aquel lugar. El camino terminó y me vi obligado a saltar el hueco que separaba la estructura del castillo por el que veníamos y la plataforma que se sostenía por unas cuantas piedras y parecía elevarse sobre un abismo que no me sorprendería enterarme si no tenía fin.

Pitch asimilaba todo lo que le había dicho e intentaba idear un plan en el que todos esos factores jugaran a nuestro favor. Y en cuanto aterrice sobre la plataforma supuse que ya había ideado algo, pero había decidido no contármelo. Aun debían de quedar varios cabos sueltos. Pitch sólo me contaba sus estrategias una vez que estuviesen finalizadas para no confundirme más adelante. Yo estaba más que de acuerdo con eso.

El coco puso una mano sobre mi hombro. Con su otra mano hizo un ademán hacia el globo terráqueo que teníamos en frente de nosotros. En los distintos continentes había lucecitas minúsculas. Algunas de ellas se apagaban, pero eran muy pocas en comparación con las que se iban encendiendo de tanto en tanto. Era un flujo constante, uno en el que ninguno de los dos pertenecíamos. Hasta ahora.

—Sabes lo que esas luces significan, ¿cierto, Jack?

Por supuesto que sabía: eran los niños que creían en los guardianes de todo corazón. Apreté los dientes. Eran aquellos que se quedarían toda la noche despiertos cuando se les caía un diente, o los que se esmeran demasiado para buscar un simple huevo escondido entre los arbustos, o los que se ponen extremadamente felices en los días de nochebuena. Asentí con el ceño fruncido a modo de respuesta.

—Hay demasiadas, ¿no te parece? —comento materializando su rostro detrás de mí, susurrándome al oído y con sus manos apretando mis hombros.

Yo giré mi cuello para mirarlo, y con mi mejor sonrisa torcida le dije:

—Habría que cambiar eso.

Pitch me dio dos palmadas en los hombros y se alejó de mi sólo un paso. Rió por lo bajo ante mi observación y quedó mirando el globo terráqueo con ojos pensativos.

—¿Los guardianes saben que trabajamos juntos? —inquirió.

—No —respondí, sin entender a dónde quería llegar preguntando eso.

—¿No? Es una pena. Creo que entonces lo que tenemos que hacer —declaró pagado de sí mismo—, es darles a todos la noticia.