Hola! Vuelvo con el segundo capitulo, he leído los reviews y les doy las gracias por leer y aún más por comentarla. A los lectores fantasmas, muchas gracias.

Aquí está el segundo sentido: la vista, sé que todas ustedes esperan el beso, pero ya llegaremos a él cuando se deba si no es que se me va de las manos más que sólo un beso.

Ojalá les agrade y espero que puedan comentarme de nuevo, no sé cuanto se tarde el siguiente capítulo pero estén seguros de que no voy a dejar botada esta historia.

Primer capítulo de Will! Disfruten.

Yatziri.

Sensus Assoupire

Vista

WILL

Nico estaba en la enfermería, la primera vez desde hace meses, cuando él le había exigido dormir tres días bajo su cuidado. En cuanto recibió la noticia de que había sido herido durante el juego de captura la bandera, tuvo la imperiosa necesidad de ir a su encuentro, pero Nico nunca se lo permitiría y él tampoco estaba dispuesto a echar abajo la reputación de él, de la misma manera en que no expondría sus sentimientos tan rápido y a la deriva.

Es decir, el chico había sufrido mucho más que nadie en el Tártaro, que por una herida de espada el médico oficial del campamento fuera de emergencia no era lo primordial, al final, siempre había más heridas de gravedad que esa en los demás semidioses.

Si existía algo que Nico no soportaba en su amistad es que se apareciera frente a él en los momentos en que no era tan bienvenido, o al menos, eso es lo que el hijo de Hades se esforzaba por demostrar.

Como aquél día en que él había acariciado su cara, el rostro perfecto… es decir, desconcertado de Nico al abrir los ojos le hizo saber que desde el principio, él no estaba invitado a pasarse por los árboles o a estar cerca de él pero ese tacto suyo, tan íntimo le había hecho sentir cosquillas irremediables en todas partes.

Y aunque habían logrado tener una relación más íntima (de amigos, por supuesto, aunque Will deseaba que fuera algo más, aunque no podría estar seguro de que Nico lo deseara, despues de todo había un rumor de que podría corresponderle, pero todos estaban lo bastante temerosos de preguntarle sí en verdad quisiera hacerlo.)

Aún así, Will sintió una piedra bajar por su esófago y retumbar en el estomago cuando le informaron de la herida, podrían existir muchos campistas malheridos en la batalla, pero por alguna razón, Nico se encontraba en su lista de intocables y sobre todo, en la lista de prioridades a atender. ¿Cuándo había pasado eso? No estaba seguro, tal vez siempre había sido de esa forma, pero ahora que Nico se paseaba todo el tiempo en el campamento habían salido a flote aquellas sensaciones que por mucho tiempo no había sido capaz de poner nombre.

En fin, en cuanto el equipo de Nico había ganado gracias a Jason (sexy) Grace [hey, si no estoy ciego] al patear el trasero de Clarisse por segunda vez en el año Will había corrido a la enfermería a revisar a los heridos, como siempre.

Pero su compañera de cabaña, Caly ya estaba revisando a Nico. Estaba limpiando la herida con algodón y algo de néctar.

-Lo tengo controlado, Will –le dijo ella, con voz dulce y fina. Caly parecía una pequeña niña, medía metro y medio, por lo que la mayoría de los campistas eran mucho más altos que ella, nadie adivinaría que estaba próxima a cumplir los dieciocho. –Me parece que un chico de la cabaña de Hecate necesita tú ayuda. Demasiada niebla.

Asentí y miré a Nico un segundo, su mirada era tranquila y en calma, nada comparada a la de la primera vez que lo vio de regreso o cuando observaba a Octavian antes de que este último decidiera ser un fuego artificial voluntario.

Y entonces sonrió. Era mono cuando sonreía.

Regresó al ocaso a verlo, seguía en cama. Caly le había informado que Nico le preguntó si podía quedarse ya que no se sentía muy bien, Will podía confirmarlo ahora que lo veía dormir.

Era igual de terrorífico que en los primeros días. Cuando las sombras se volvían más oscuras entonces Nico cambiaba, su forma se veía difusa, borrosa y prácticamente sentía que el chico se iba de este mundo fundido en la oscuridad. Ese simple pensamiento le erizaba la punta de los vellos corporales a plena luz del día, ahora que lo veía con los ojos, entonces sentía verdadero miedo.

Se sentó a su lado y reposo la cabeza sobre su propia mano, con los ojos cerrados, estaba cansado, había sido un día muy productivo.

Cuando sintió una presencia poderosa un lado suyo, ya se había acostumbrado al aura de potencia en Nico, pero esta parecía la de un… dios. Cuando levanto la vista tuvo que darle a razón a su instinto.

Hades, señor del inframundo, estaba parado en la cabecera de la cama, jugando con los cabellos de su hijo y poniendo una mano sobre su frente, como un verdadero padre, era una visión extraña e incluso incomoda. Ningún dios hacía eso con ninguno de sus hijos, a ningún dios le era permitido involucrarse, tal vez ser el dueño del inframundo tenía algunas ventajas después de todo.

Cuando el señor de las almas le miró a los ojos se sintió aturdido, comprendió el motivo por el que era tan diferente a él, Will tenía brillo propio y no es que se estuviera elevando el orgullo, era literal, él tenía el sol en su interior, mientras Hades despedía millones de sombras a donde quiera que mirases.

-Will Solace –dijo el dios, con voz baja e increíblemente enérgica. – hijo de Apolo.

Asintió y se levantó de la silla, cruzando los brazos sobre el pecho, en actitud desafiante, como si tuviera que defender a algo o a alguien, tal vez a sí mismo.

-Soy yo –contestó él forzando una sonrisa.

-Lo sé –dijo Hades. – quería hablar contigo en persona.

Un escalofrió recorrió la columna de Will.

-Nico es mi hijo y es el único que me ha hecho sentir orgulloso por lo que es. Es un chico poderoso, valiente.

Will asintió. No sabía a que se debía la intervención del dios, pero si tenía que decirle algo de Nico a él, con gusto lo escucharía.

-Mi hijo necesita amigos, amigos fieles con los cuales sentirse identificado y no excluido. Jason lo hace bien, a pesar de ser hijo de Zeus, Reyna le ha hecho cambiar pero creo que necesita algo más.

-¿Qué más? –preguntó él, curioso. Hades sonrió de manera frívola.

-Algo más –dijo Hades, como si la respuesta fuera evidente. –Observalo, hijo de Apolo. Será uno de los mayores jueces en el tribunal de los muertos si decide que ese es su lugar, o podría alcanzar la isla de los bienaventurados, uno nunca sabe. Pero él tendrá un futuro no futuro y permanente a mi lado, junto a mi trono. ¿Lo comprendes?

-Lo comprendo señor, aunque no entiendo porque querría usted amarrar a su hijo al inframundo. No es un lugar bello.

Hades asintió, como si el peso de las almas de su ropaje por fin hiciera mella en él.

-No lo es, pero obsérvalo, chico. Míralo. Él es mi hijo, el sabe apreciar la belleza del inframundo pero le falta apreciar la belleza con la que se sobrevive al hogar del fuego y las almas no tan afortunadas.

Y Will lo hizo. Un vistazo fugaz a su cara y luego buscó al señor de las almas, pero había desparecido. ¿A qué se refería con "la belleza con la que se sobrevive al inframundo"?

Tal vez nunca entendería aquello, pero sí podría hacer lo que el dios le había ordenado: observarlo y mirarlo.

Sus ojos vagaron hasta ese cabello a penas largo, brillante y desordenado, esparcido sobre la almohada y haciendo un contraste evidente, su pelo era negro, oscuro como la sombras, pero su piel era otra cosa.

A pesar de que se estaba alimentando correctamente aún conservaba esa piel pálida que le daba aspecto de fantasma, traslucido y blanco, sin embargo la piel se veía delicada y suave, helada como la nieve y dura como el hielo. Una estatua de dureza y hermosura limpia, perfecta.

Los griegos tenían razón todo el tiempo, la belleza y la perfección del cuerpo se encontraban en el hombre, es decir, jamás discriminaría a una mujer, claro que no, ellas eran atractivas y sensuales a su manera, con las curvas extenuantes y los brazos frágiles.

Pero en Nico no veía nada de eso, nada en él podía compararse a la anatomía de una mujer. Sus rasgos faciales eran duros y perfilados, fuertes y de carácter forzado, como si el chico hubiera tenido que aprender a las prisas y con esfuerzos sobrehumanos a crecer. Los ojos se veían morados por debajo del parpado y las cejas eran gruesas pero no espesas. Y los labios eran alargados y de un tono rosa, como las mejillas sonrojadas que se traía por el sueño acalorado de una noche de verano.

El cuello niveo decendía a unos brazos trabajados, delgados pero sin duda bien trabajados, con una musculatura idónea a él, que no le hacía ver voluptuoso o escuálido. Los hombros anchos, igualmente fuertes.

La cintura estrecha, las caderas rectas, las piernas fuertes.

Will lo observaba, con descaro, con parsimonia, con detenimiento y siendo consciente de él, Nico no parecía una chica, no era una chica, era un precioso hombre.

Entonces decidió mirarlo. Mirar dentro de él, y pensó en todo lo que llegó a sus oídos sobre ese chico tendido en la cama, los problemas, frustraciones, traumas, aventuras, razones, enamoramientos.

Pensó en la oscuridad, en Hades, en el Tártaro, en la Srita, O´Leary, en Bob, el Titan. En las personas que había ayudado, en Jason que era como su hermano mayor, en Reyna que lo abrazaba como si el mundo se acabara cuando lo veía, en Hazel, su hermana que lo amaba con su alma.

Pensó en él, en él Will, en lo mucho que lo quería a pesar de que existía la posibilidad de que fuera heterosexual (porque los rumores nunca son verídicos) y que gustara de Annabeth o que en su defecto podría seguir enamorado de Percy (lo cual era su temor, pues Percy era un héroe enorme).

Pensó en que lo quería, en que se estaba enamorando de él.

Nico abrió los ojos, oscuros como todo él. Ahora lo miraba, ahora sabía. Ahora ya no sólo lo admiraba.

Estaba enamorado de él, definitivamente. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta decirlo? Ni idea, pero sería su amigo, serían amigos hasta que se decidiera lo que se tuviera que decidir.

Will puso una mano sobre su pecho, a la altura de su corazón.

-Descanza, Nico. Ordenes del doctor.