Aquí está el primer capítulo! No es muy largo, pero si quiero escribir la historia en un año y además seguir con los retos, no puedo hacer capítulos muy largos.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
#palabras: 2761.
Palabras utilizadas: chocolate, banco de sangre, histeria.
LA CAZA
CAPÍTULO I
PRIMER INTENTO
Mystic Falls era un pueblo medianamente pequeño de Virginia. El cartel que indicaba el comienzo del territorio bajo aquel nombre estaba justo antes de un puente, que había sido reconstruido hacía un par de años. Una familia, compuesta por dos adultos y su hija mayor, había caído del puente al río, y ambos adultos habían fallecido. La hija, de por entonces dieciséis años, sobrevivió milagrosamente.
A Elena Gilbert nunca le pareció que su supervivencia fuera un milagro. Más bien, fue una maldición. Porque fue entonces cuando descubrió que era una cazadora, un especie de superheroína que ella nunca había querido ser. Lo odiaba. Los entrenamientos, la responsabilidad, tener que soportar a las demás hablar del tema como si fuera lo mejor que les había pasado en la vida… Y luego estaba Damon.
Damon Salvatore, su novio. Damon, un híbrido de 150 años. Damon, el hombre al que amaba más que a nada en el mundo. Él la había ayudado a recuperarse después de la muerte de sus padres, y la había ayudado a olvidar el mundo totalmente loco en el que se había metido al descubrir que era una cazadora. Y, lo más importante, no la quería matar a pesar de que fueran enemigos naturales.
Habían quedado, como cualquier otro viernes por la tarde. No solían hacer las típicas salidas que se podrían esperar de una pareja de adolescentes enamorados, por dos motivos: primero, él no era ningún adolescente; y segundo, no podía salir a la luz del sol. Así que se limitaban a encontrarse cuando ya había anochecido, fuera del pueblo o en algún lugar abandonado. Elena no sabía nada de la vida de Damon aparte de lo que le concernía a ella; y Damon ni siquiera sabía dónde vivía la chica. Estaban totalmente seguros de que aquello era lo mejor, porque Damon no se arriesgaría a que los Mikaelson la encontraran.
La chica se había preguntado en varias ocasiones por qué los Mikaelson no dotaban a sus esclavos híbridos de anillos de día (que les permitía caminar bajo la luz del sol) como los que ellos llevaban, y Damon no había sido capaz de darle una respuesta. Jamás había pensado en eso. Los Mikaelson llevaban anillos porque eran la familia original. No existía otro motivo.
Damon pidió un batido de chocolate para Elena. No había nada en aquella cafetería a las afueras del pueblo que a él le apeteciera. A decir verdad, el único lugar en el que el híbrido pediría algo de beber sería en un banco de sangre.
- ¿Pasa algo?-preguntó la chica, notando el gesto preocupado en la expresión de su novio-. Además de lo obvio, quiero decir.
- Ha sido culpa de Kol-Elena conocía muchos datos que no había compartido ni con sus amigas ni con Richard; entre ellos los nombres de los miembros de la familia original-. Y Klaus, obviamente, no se lo ha tomado muy bien.
- ¿La ha tomado con vosotros?-Damon sonrió al escuchar la ferocidad en la voz de su novia que, a pesar de saberse en desventaja, no dudaría en enfrentarse al mismísimo Klaus Mikaelson para proteger a los que amaba.
- No lo sé. Me he ido antes de que Klaus se enfureciera de verdad. Me he pasado más de dos horas escondido hasta que ha anochecido.
Elena se quedó en silencio, pensativa. No conocía a Klaus, pero sabía que era un hombre insensible y vengativo. Sin embargo, valoraba mucho la familia, por lo que era poco probable que fuera a enfrentarse a su hermano; así que la tomaría con las personas que más cerca tenía: sus híbridos.
- Deberías tener cuidado, ponerte de su parte bajo cualquier circunstancia,
- Lo sé. He sobrevivido ciento cincuenta años bajo su mando, Elena. Sé manejar a Klaus.
Elena esperaba que estuviera en lo cierto.
Las calles todavía estaban a oscuras cuando la llamó. Caroline Forbes se levantó de la cama apenas siendo consciente de lo que estaba haciendo. Ni siquiera se molestó en vestirse; se puso unas botas de piel y un abrigo largo y salió de casa, en absoluto silencio.
El cementerio de Mystic Falls era un lugar tétrico y oscuro, sobre todo antes de la salida del sol. Caroline caminaba sin hacer ningún ruido a través de las malas hierbas y de la tierra húmeda, dirigiéndose al mismo panteón al que llevaba yendo casi todas las mañanas desde hacía casi un mes. Aquello, obviamente, le estaba pasando factura. Se dormía durante las clases, se olvidaba de hacer los deberes y llegaba tarde al trabajo. A pesar de todo eso, no dejaba de asistir. La chica se preguntaba por qué, y la verdad es que no lo sabía. Aun sabiendo lo que le esperaba, había ido sin dudarlo ni un momento.
El se encontraba apoyado contra la pared, con ambas manos en los bolsillos de los vaqueros oscuros y la expresión oculta bajo la capucha. Sin embargo, Caroline presintió su mal humor. No se movió, sin embargo, impulsada por una voz en su interior que la instaba a mantener la calma.
- Has tardado menos que la última vez-dijo el hombre, y Caroline súbitamente recordó por qué no había intentado negarse; la última vez que intentó no ir, él fue a buscarla a su casa y estuvo a punto de matar a su madre. Sería mejor que no intentara llevarle la contraria-. Me alegro de verte, Caroline.
- Hola-fue lo único que dijo la chica. No quería hablar. Quería volver a casa, acostarse y dormir hasta que su despertador sonara y su madre fuera a levantarla de los pelos para que no llegara tarde.
- Te necesito, Caroline. Hoy ha sido un día horrible. No puedo más. Necesito a alguien en el que confíe. ¿Puedo confiar en ti, pequeña Caroline?
La chica no contestó. Sabía que él no esperaba una respuesta. Así que se quedó en silencio, al borde de la histeria, intentando no temblar. El se alejó de la pared y se acercó a ella, tranquilamente, en completo silencio. Le apartó un mechón de pelo de la cara ya acarició su mejilla con suavidad, casi con ternura. Caroline dejó de sentir miedo. Era el efecto que tenía sobre ella. La aterraba al principio, pero luego la confundía con gestos cariñosos y dulces.
Cerró los ojos, impulsada por una voz en su mente. La suya. Le hablaba sin hablar. El hombre le quitó el abrigo. Ella se quedó quieta, en mitad de un panteón, llevando sólo un camisón rosa chillón y unas botas más propias del polo norte que de Mystic Falls en primavera.
Y entonces, la besó. Como todos los que le daba, eran delicados, suaves y casi castos. Casi. Porque luego desplazaba sus labios hasta su oreja, y repartía besos y lametones por el lóbulo, haciéndola olvidar todo a su alrededor. Todo excepto a él. Y después, finalmente, se movía hasta su cuello. Lo besaba, lo lamía y lo mordisqueaba. Y ella lo adoraba. Hasta que la mordía de verdad. Entonces, cuando sentía los afilados colmillos atravesarle la piel y la succión de su sangre saliendo de su carótida, volvía a sentirse aterrada. Intentaba alejarse de él, pero no podía moverse.
Cuando él finalmente se apartaba de ella, se sentaba y la acunaba en sus brazos, pues ella estaba demasiado cansada para sostenerse por sí misma. Y mientras la cuidaba, le contaba todos sus problemas. Era lo que él necesitaba: no necesitaba que ella le diera sangre; lo que necesitaba era alguien que lo escuchara.
Caroline se durmió. Estaba tan cansada que no le importaba que él se diera cuenta. Así que durmió a ratos, y cuando finalmente él calló, ella se levantó. Al fin había recuperado las fuerzas. Se giró hacia él para despedirse. Él le dio un beso en la frente.
- Adiós, Caroline.
- Adiós, Nik.
Las calles estaban abarrotadas. Era el día en el que se celebraba Miss Mystic Falls, evento en el que Bonnie, no sabía si por suerte o por desgracia, no participaba. En aquel momento, era una ventaja. Kai, Elena y ella caminaban tranquilamente entre la multitud, aparentando interés en el concurso, cuando en realidad sólo buscaban a cualquiera de los hermanos Mikaelson. Debían encontrar pistas. Aquel era su trabajo.
Bonnie se enfadó al conocer la primera parte del plan. Acudir a una fiesta y buscar a alguien. Muy emocionante. Ella era una Cazadora con experiencia, y merecía algo más que eso. Sin embargo, Richard le había asignado a Kai como compañero, porque confiaba en ella para cuidar de él en su primera misión real. La chica no se había sentido muy entusiasmada.
Pero Kai se estaba comportando, al menos por el momento. Incluso estaba haciendo su papel mejor que ellas. Se mostraba entusiasmado y alegre, al igual que todos los que los rodeaban. Bonnie no sabía si fingía o si de verdad estaba encantado de ver a tantas chicas guapas compitiendo. Seguramente fingía. A Kai le interesaban más otro tipo de cosas, como la sangre y la violencia.
Elena la vio. Estaba apartada a un lado, apoyada contra una pared, mirándolo todo desde su pequeña estatura. Llevaba un vestido rojo y largo, y lloraba. Elena se apartó del grupo y se acercó a ella, que la abrazó con fuerza en cuanto la vio.
- April. ¿Qué te pasa, pequeña?
April Young era una chica dos años menor que Elena. Esta había sido su niñera cuando sus padres se estaban divorciando, y los Gilbert habían cuidado de ella cuando su padre murió en una explosión accidental. Elena la consideraba una de sus pocas amigas fuera de las Cazadoras.
- Me ha dejado plantada. Jeremy me ha dejado plantada. Soy candidata a Miss Mystic Falls, y no tengo pareja. ¿Qué voy a hacer?
- Mi hermano es un idiota-Jeremy Gilbert, la oveja negra de la familia. Si lo hubiera tenido a mano, Elena le hubiera dado una buena bofetada por insensible e inmaduro-. No te preocupes. Seguro que podemos solucionarlo.
La solución llegó antes de lo previsto. Elena había pensado en pedirle a Kai que fuera acompañante de su amiga, pero sabía que le diría que no. Kai no era amable, ni compasivo, ni generoso. Suficiente hacía contentándose con estar en el concurso, en vez de estar actuando por su cuenta y poniéndose a sí mismo y a las demás en peligro.
Por suerte, Matt Donnovan estaba ahí. Matt Donnovan, ex-novio de Elena. Matt Donnovan, la persona más bondadosa que Elena conocía. Ni siquiera tuvo que pedírselo. Jeremy y él eran amigos, por lo que ya sabía que el chico no iba a ir. Así que se presentó vestido con un elegante esmoquin, y le ofreció un brazo a April, que lo cogió al instante. Se marcharon hacia el lugar en el que se encontraban las otras participantes, y Elena se alegró de haber mantenido en secreto la identidad de April.
April Young era una cazadora. Pero sólo Elena lo sabía. April era muy inocente, y demasiado buena para meterse en una guerra. Así que cuando Elena descubrió su verdadera naturaleza, decidió mantenerla en secreto. A día de hoy, no se arrepentía. Ya era suficiente que ella tuviera que aguantar ese modo de vida; nunca querría que April tuviera que pasar por lo mismo.
Bonnie y Kai se detuvieron cuando encontraron dos asientos vacíos. Se sentaron y vigilaron. No vieron nada fuera de lo común. Hasta que…
- ¿Estás viendo lo mismo que yo?-preguntó el chico. Bonnie asintió con la cabeza.
- ¿Qué hacemos?-preguntó, sin apartar la mirada de la guapa rubia.
- Disfrutar del espectáculo.
Habían estado buscando donde no debían. Habían querido encontrar a alguno de los Mikaelson entre la multitud, vigilando la que consideraban su ciudad. Pero no. Rebekah Mikaelson no estaba entre la multitud. Estaba en el centro de la plaza, con su pareja, un joven llamado Marcel que era algo mayor que Bonnie. Rebekah era una de las participantes.
Elena se unió a ellos, y empezaron a preparar el plan. Era sencillo: pillarla desprevenida, cogerla y sacarle la verdad sobre lo ocurrido dos días antes. Veinte asesinatos en una sola noche no son muy fáciles de ocultar, por lo que los Mikaelson por fin pagarían. Sería muy sencillo.
April conquistó a todos los presentes con sus grandes ojos azules y su risa contagiosa. Fue antes de lo pensado cuando resultó elegida Miss Mystic Falls 2013, y se presentó ante los habitantes de Mystic Falls acompañada de Matt. Rebekah, a pesar de los rumores existentes sobre su ego y avaricia, parecía feliz, casi exultante. Mejor, más distraída estaría.
Kai se levantó en cuanto las participantes abandonaron la plaza. Bonnie y Elena se levantaron poco después, y lo siguieron a una distancia prudencial. Rebekah caminaba hacia su casa. Ninguno de sus hermanos había ido a verla, y Marcel había ido a buscarla a su casa aquella mañana, por lo que no tenía modo de volver más que a pie. Se metió por una calle desierta, y rápidamente supo que algo iba mal.
Apenas tuvo tiempo de girarse antes de que una fuerza sobrenatural la alzara por los aires y la lanzara contra una pared. La híbrida escuchó como su vestido carísimo se rasgaba, y la furia la llenó. Se transformó en el acto. Una hermosa pero peligrosa loba blanca apareció ante Kai, que no aparentaba tener miedo. La loba se lanzó sobre él, pero una planta se interpuso en su camino. El acónito, lanzado por Elena, quemó la piel de Rebekah, obligándola a detenerse. Cuando cayó, Bonnie lanzó rápidamente un hechizo de contención, obligándola a detenerse. No podía mover un solo músculo. La habían atrapado. Y había sido tan sencillo…
Una luz cegadora inundó la calle. Un repentino e intenso dolor de cabeza provocó gritos de parte de Kai, Elena y Bonnie, que cayeron al suelo, impotentes. Las lágrimas caían por la cara de Elena, mientras que Bonnie y Kai se acercaban el uno al otro. Bonnie debía protegerlo. Era su deber. Y Kai… era imposible adivinar qué lo impulsó a acercarse a ella. El caso es que, cuando los tres cayeron al suelo, desmayados, sus manos estaban unidas.
Rebekah volvió a su forma humana, todavía débil por el hechizo, cayó sobre su espalda e intentó buscar al que la había salvado, mientras luchaba por no perder el conocimiento. No lo lograría. Lo único que vio antes de que todo se volviera negro fueron unos ojos azules.
- ¿Cómo que habéis fallado?-Richard estaba furioso; la palabra fracaso no entraba en su vocabulario-. La teníais, y la habéis perdido. ¿Por qué? ¿Por un dolor de cabeza?
- No es tan simple-contestó Kai desde la cama de Bonnie, en la que se encontraban sentados los tres, todavía doloridos-. No era un dolor de cabeza. Sentía como si fuera a explotarme el cerebro. Fue un hechizo, uno muy poderoso.
- Nunca había visto nada tan poderoso-comentó Bonnie, con el ceño fruncido. Por lo que ella sabía, Kai era el más poderoso entre los denominados brujos, y no era capaz de hacerte sentir como si estuvieras muriendo para después simplemente dejarte-. Kai, tu deberías saberlo.
- Sé que era más fuerte que yo. No vas a conseguir que haga ninguna otra concesión.
Elena era la única que no participaba en la conversación. Prefería guardar silencio pues, al fin y al cabo, ella no era una bruja. Sólo era una cazadora más.
Las brujas eran más poderosas que las cazadoras sin poderes. Podían crear y recitar hechizos y conjuraciones que les dotaban de distintos poderes durante las batallas. No se sabía por qué algunas cazadoras tenían poderes y otras no. Elena sólo sabía que ella nunca sería una de ellos. Porque ella no hacía magia. Era prescindible. Bonnie y Kai no.
Richard se lo dejaba más que claro en cada paso que daba. Siempre trataba a los otros dos con más cariño, y nunca se enfadaba con ellos en serio, sólo pequeñas riñas que se solucionaban a la media hora. Elena lo odiaba. No quería ser poderosa. Eso no le importaba. Lo que le gustaría es ser respetada. Y por mucho que Bonnie fingiera que eran iguales, ambas sabían que no lo eran.
- Os daré una nueva oportunidad. A vosotros dos-Elena bajó de la cama y se marchó sin decir una sola palabra. No había nada que ella debiera escuchar en aquel lugar-. Esta noche vais a encontrar a un híbrido y me lo vais a traer. Y como no lo hagáis, ya podéis ir olvidándoos de trabajar conmigo.
Kai y Bonnie se miraron fijamente, y luego asintieron con la cabeza al mismo tiempo. No estaban dispuestos a perder. No de nuevo.
Espero que os haya gustado :)
