La tarde después del campeonato había resultado ser lluviosa sobre el cielo de San Petesburgo. Victor Nikiforov descansaba después de un largo viaje en su hogar, tan solo compartido por su gran perro de agua. Nunca había convivido con nadie más antes, así que la compañía del can le era más que suficiente. A veces le sorprendía como aquel perro podía comprender sus estados de ánimo, más que cualquier otra persona. Porque siempre había sido una persona bastante hermética y difícil de leer. Siempre con una sonrisa en los labios, era el perfecto caballero. Aunque su aspecto despreocupado traía de cabeza a sus competidores, e incluso a su entrenador, Yakov.

Después de haberse hecho con ese quinto título, se sentía vacío. Sin ideas, sin motivación. Era un gran patinador, una leyenda viva lo calificaban algunos. Pero él sólo patinaba por gusto, por superarse a sí mismo, para alcanzar cada día una meta más alejada. Pero resultaba que ya no tenía metas que alcanzar. No podía innovar nada en sus coreografías o saltos. Y un patinador que no innova, estaba condenado a desaparecer, eclipsado por los nuevos talentos. Con esa preocupación, Victor había sido incapaz de responder a las preguntas de la prensa.

¿Que tienes en mente para la siguiente temporada? Era una pregunta que resonaba en su cabeza una y otra vez.

Había decidido disfrutar del sonido de la lluvia tendido en el sofá con Maccachin, cotilleando las cuentas de instagram de sus amigos y competidores. Un momento para relajarse. De repente, un mensaje emergió en su pantalla. Era Chris, que le comentaba sobre un video y le pasaba el enlace. Victor observó el video con atención. Yuri Katsuki. Si no se equivocaba, ese era el patinador japonés que parecía tan deprimido después del Grand Prix Final y sin embargo, dio gran espectáculo en la celebración posterior. Él apenas lo conocía, pero en el video, el nipón retrataba a la perfección su rutina diaria, su programa libre. Y entonces lo sintió. Un sentimiento extraño, cálido, que llenaba su pecho y elevaba casi sin querer, la comisura de sus labios en una especie de sonrisa. Los pasos, los movimientos del cuerpo, los saltos y los gestos de Yuri le hacían sentir ilusión. Motivación.

Justo lo que llevaba tiempo creyendo perdido.

La verdad es que el ruso nunca se había caracterizado por obedecer las normas o pensar demasiado las cosas, así que decidió seguir aquella revelación, aquella corazonada y marchar a Japón. Con la idea en la cabeza de entrenar a Yuri Katsuki, de volverse su entrenador, a pesar de que nunca lo había sido. Y de que como discípulo seguía dejando que desear, o al menos eso le decía siempre Yakov entre gritos -los cuales siempre le habían parecido de lo más cómico-. Victor abandonaba su vida en busca de algo que le devolviera la esencia de vivir, y parecía haber visto un destello con aquel joven.

Cuando por fin lo tuvo cara a cara, su rostro fue iluminado por una sonrisa.- Voy a ser tu entrenador, y te haré ganar el próximo Grand Prix Final, Yuri.- Su voz, con un leve acento ruso hacia resonar su nombre con un toque melodioso. El japonés parecía desorientado y su rostro se inundó de rojo al darse cuenta de que estaba totalmente desnudo y meterse de verdad en lo que el peli plateado le decía.- P-Pero, ¿qué estás diciendo, Victor?- Dijo como pudo Yuri, entre la vergüenza y la timidez que lo caracterizaba. Que su ídolo estuviera delante suya no ayudaba demasiado a que su carácter se volviera más extrovertido.- Vamos, vamos, ¿no es maravilloso este baño termal? Me moría por visitar uno así.- La voz y risa de Victor eran totalmente despreocupadas, casi obviando el tema principal.- Después hablaremos del resto, ¡me muero por probar la comida japonesa!- Más que un reputado patinador, parecía un niño pequeño que recién viajaba y quería probarlo todo.

No muy convencido y en cierta manera, deseando salir de allí, Yuri avisó a su madre, que comenzó a hacer unos pocos platos para su huésped. Aunque después no fue mucho mejor, puesto que Victor hablaba y hablaba sobre cosas irrelevantes, mientras probaba el sake y finalmente, quedaba dormido. Yuri no pudo más que suspirar, aún sin saber porque aquel hombre tan importante había decidido, así de buenas a primeras, tomarlo a él como su pupilo. Cuando realmente no era nadie. Se apoyó en la mesa, y observó el cuerpo de Victor tendido sobre el suelo, abrazado a su perro y con el yukata del hotel puesto, ligeramente mal colocado porque no estaba acostumbrado a ello. Las curvas de la prenda dejaban ver la espalda de Victor y Yuri se perdió en su palidez, en la curva descendente, en los cabellos, que parecían hebras plateadas, caer sin orden. Sin quererlo, se sonrojó levemente. Es hermoso, pensó, nunca se cansaría de mirarlo. Con la diferencia de que ahora estaba delante de él, en carne y hueso, y no era sólo un póster que colgaba de su pared.

Ese pensamiento lo impulsó a acercarse a él. Sentado a su lado, su mano se acercó tímida hasta el cuerpo contrario, queriendo tan sólo rozar aquella piel tan suave a la vista, como si fuera una escultura realizada con el mayor mimo o como si fuera un espejismo que se fuera a esfumar después de parpadear. Los gritos de Minako, corriendo por los pasillos del hotel hasta donde se encontraban hicieron que su mano se parara y volviera a la realidad. Yuri se quedó petrificado, sin saber que hacía cuando había sido él mismo quien se había movido. Se sintió morir de la verguenza a pesar de que nadie lo vio y cuando apareció Minako la calmó.- ¡Más bajo! Está durmiendo.- Le advirtió, señalando con su dedo hacia Victor, que descansaba en el suelo como si fuera lo más cómodo del mundo.- ¡Pero cómo que me calle! ¡Victor Nikiforov está en este hotel, durmiendo en tu suelo! ¡VICTOR NIKIFOROV!- Su antigua profesora de balleta quería gritar, y aún así lo hacía en voz baja, alterada, pero baja. -Ese hombre ha dejado su carrera para venir a entrenarte, Yuri. Vio aquel video cuando copiaste su programa y te ha elegido. ¡Esto es importante, Yuri!- Minako lo zarandeó levemente, pero Yuri miraba a Victor sin darse cuenta de lo demás -y del probable resto del cacareo de su amiga y profesora, que seguía opinando por sí sola. ¿Aquel hombre lo había elegido a él?

Después de que el ruso despertara, medio adormilado, y comiera algo, había llegado la hora de acomodar la habitación donde se hospedaría. Yuri tenía claro que aquello no era a lo que Victor estaba acostumbrado, pero no parecía molesto. Sino más bien todo lo contrario. El japonés parecía realmente cansado por transportar todas las cajas que el peli plateado había traído consigo y eso pareció hacer gracia a éste último. Victor se agachó, aproximándose a Yuri.- Yuri.- Pronunció su nombre, para llamar su atención. Para el japonés, escuchar su nombre de sus labios siempre aceleraba ligeramente su corazón, pero alzar la mirada y verlo tan cerca, hizo que éste se desbocara por completo.- Quiero saberlo todo de ti: donde patinas, tus rutinas, tu familia, motivaciones.. ¿quizás hay alguna chica en tu vida?- Terminó por susurrar, tomando el mentón del contrario y acercando su rostro al ajeno. Yuri parecía petrificado, sin embargo Victor parecía embelesado por las sensaciones que acudían a él y por las reacciones que éstas provocarían en el joven. En efecto, Yuri se sonrojó de pies a cabeza. Casi podía sentir el aliento de Victor sobre sus labios, su calidez, era casi como si fuera a.. a besarlo. Se retiró rápidamente hacia atrás hasta chocar con la puerta corredera, con el corazón en la boca y la respiración en los pies.- ¿Qué ocurre, Yuri?- De nuevo su voz hacia de su nombre una melodía, junto con aquel rostro y sonrisa despreocupadas.- ¡Debemos fortalecer nuestra relación, conocernos el uno al otro! Confianza, Y-u-r-i.- Deletró, divertido y se dispuso a colocar todas las cosas, o al menos el futón en el que dormiría, puesto que no daría tiempo a colocarlo todo en un día.

Yuri se alejó, encerrándose en su cuarto, con el corazón latiéndole más rápido de lo que nunca había pensado. Ni siquiera se había sentido así después de un programa libre, que solía hacer latir su corazón de forma muy rápida. Tenía terror a acercarse a él, como si fuera a quemarle, como si el contacto reventara la bomba de ensueño que él se había creado y todo aquello no fuera real. Estaba contento. ¡Claro que sí! ¿Cómo no estarlo? Era todo un sueño ser entrenado por Victor Nikiforov. Pero por otra parte era un peso muy grande que no sabía si podría superar. Quería ocultar aquellas emociones, aquel corazón acelerado, camuflándolos con aquella idealización que él mismo había impuesto a Victor. Pero no era un dios, era un hombre, de carne y hueso, demasiado cerca para ser real.

-Yuuuuri~- La voz de Victor se escuchaba desde el otro lado de la puerta.- ¡Durmamos juntos! Es importante formar un vínculo. ¿Yuri?- Al otro lado de la puerta, el japonés se mantenía callado, frunciendo los labios por el nerviosismo, intentando simular que o no estaba o había caído ya rendido. ¿Dormir con Victor? ¡No podría!

Y no sabía la de noches que le esperaban de esas peticiones incesantes de Victor. Hasta que realmente llegara el momento de echarlas de menos.