Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima y este conjunto de viñetas participa en el retoMes "Fairy Tail" Octubre 2016del Foro: Grandes Juegos Mágicos"

#2 Ágape: Teru teru bouzu.

Ahora ya estaba tranquila, con la marca en su pierna, sentada en una apartada mesa hasta el fondo. Aunque ya no tenía porque, se escondía. Y es que algo le dijera que sí, aun sentía que ese no era su lugar, necesitaba aun algo de tiempo para poder acoplarse . Por lo que su única felicidad en aquellos momentos era ver a los demás reír tranquilamente, compartiendo juntos con animo.

Algún día, ella también podría estar así con todos.

Observa a Gajeel a la distancia también, recluido como ella. Piensa en acercársele pues idea que podría ser más fácil iniciar con alguien conocido, pero se retracta cuando siente la fiera mirada que él le dedica, con el claro mensaje de "ni se te ocurra acercarte" y ella no sabe porque si cuando estaban en Phantom no se llevaban tan mal. Aunque algo le dice que es porque está tan asustado y nervioso como ella, pero como es orgulloso le cuesta admitir que también ha sido conmovido por el cálido corazón de Fairy Tail.

Suspira de nuevo deseando poder acoplarse a los demás pronto.

Entonces en su ensoñación, sonríe al pensar en eso, pero es sacada de su fantasía cuando una charola de galletas es puesta en frente de ella. Alza la mirada y ve a Mirajane sonreírle con amabilidad.

—Toma las que quieras. —ofrece.

—¿Juvia puede?

—¡Claro! Las hice para los miembros de gremio.

Y no evita sentirse un poquito conmovida, porque a pesar de todo, no la quieren echar a patadas del lugar.

—En ese caso... Juvia tomará una...

Mira vuelve a sonreírle y se va a repartir las galletas a los demás. Con un ligero sonrojo, Juvia muerde la suya y se deleita con el sabor de la masa.

—¡Oye, Juvia! —la llaman por sorpresa y gira su rostro, Bisca y Lissana la saludaban alegremente—, ¡vamos a ir de compras más tarde, ¿quieres venir?! —le invitan y se paraliza un momento, ¿qué debería de contestar?

—¡Mejor que venga por unos tragos conmigo! —recibe otra invitación por parte de Cana y los ojos le brillan de emoción un poco.

A pesar de todo, ellos estaban siendo muy amables con ella, y Juvia no es capaz de entenderlo, ¿por qué? Si había hecho cosas demasiado horribles y difíciles de perdonar, pero al parecer, nadie de ahí la odiaba.

—¡Juvia! —la saludó Levy— Vamos a la biblioteca más tarde.

Solo asiente con un poco de timidez, después, llama su atención como incluso Jet y Droy intentan incluir a Gajeel con los demás.

Entonces, abren de par en par las puertas del gremio con un gran golpe y ven caer a una pequeña niña morena en la entrada, vestida con harapos y la cara sucia. Entró suplicando ayuda, y se impactó aun más, cuando Mirajane ya la estaba cubriendo con una manta, Levy intentaba calmarla acariciándole el cabello, uno de los chicos la cargaba, en fin, todos ahí habían perdido la cabeza buscando una forma de ayudarla. Juvia no entendió, si no la conocían, ¿por qué eran tan buenos?

—Es la regla de oro. —le dijeron, giró a un lado y después de agachar un poco la cabeza, pudo ver al maestro Makarov con una expresión sabia cruzado de brazos.

—¿Regla de oro? —ladeó su cabeza confundida.

—¿No la conoces? —negó lentamente— "Trata a las personas como te gustaría que te traten". —explicó.

Entonces recordó, que también había leído algo parecido en su manual de amor, pero lo leyó rápido y sin análisis porque no creyó que le sirviera en su búsqueda.

—¿Podría explicarle eso a Juvia? —pidió.

—Es muy fácil —sonrió el maestro—, solo es amor.

—¿Amor? —dudó abiertamente, porque no entendía de que forma, ser amable podría ser "amor".

—Sí, ¿por qué no lo intentas?

—¿Cree que Juvia pueda hacerlo? —preguntó con nerviosismo.

—El rencor es malo y todos tenemos un poco de bondad en nuestros corazones.

Entonces Juvia se acercó a penas, tenía miedo de no hacerlo bien o equivocarse. Así que cuando estuvo delante de la pequeña niña que era acurrucada en los brazos de Mira, comenzó a temblar de nuevo. La infante la miró con sus enormes ojos negros y los labios temblorosos y la peliazul entró en pánico, porque sintió algo raro en su pecho que se abría paso para dar lugar a una emoción nueva. No sabía como se llamaba eso, pero si identificó un enorme deseo de protección y premura.

Buscó con la mirada por el lugar, algo que pudiera calmar el dolor de la niña pero al no encontrar nada, suspiró y de su bolsillo sacó su teru teru bouzu y se lo tendió como regalo. Se quedó con la mano estirada un rato, porque la pequeña solo veía el muñeco y no sabía si tomarlo o no. La maga empezó a sudar en frío, pero decidió sonreír.

Sintió una enorme alegría cuando los ojos de la niña se abrieron de la emoción y tomó el muñeco para abrazarlo con firmeza. No pudo evitar sonreír más abiertamente: Era desinteresado, compasivo, atento, amable. Algo tan altruista, cuidado, tierno, sensible y daba una increíble sensación de bienestar. Entonces eso era el ágape, la regla de oro. Un amor puro y tierno, que había empezado a gustarle. Así eran todos en Fairy Tail.

Continuará...