Hola! Ya estoy de vuelta con un segundo capítulo! Espero que os esté gustando la historia. He de reconocer que me tomaré las cosas con calma. Obviamente sería absurdo que ambos se enamoraran de la noche a la mañana, eso sería insultar la inteligencia de ella y obviar el paso por Azkaban de él. Así pues, pido paciencia. La espera merecerá la pena.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K:Rowling. La historia es invención mia
Malfoy Manor
Caminó por la casa seguido por los aurores, pensaba que le iban a dejar e irse pero estaban detrás de él siguiendo todos sus pasos, les oía hablar, conversar…Caminó a lo largo del corredor de entrada, hasta el ala derecha inferior, no sabia porque se había dirigido allí, pero lo hizo.
Las puertas se abrieron con un chirrido. La madera estaba rota, no quedaban restos de los antiguos pomos de oro, el suelo estaba lleno de suciedad y trozos de madera astillada. Frente a él, el comedor principal.
Había mobiliario apilado contra las paredes, lleno de polvo. Las sillas alrededor de la mesa estaban llenas de telarañas. Había vasos y platos rotos, comida podrida y desechos en la mesa. La chimenea estaba llena de hollín y restos de madera chamuscada.Empezó a caminar en dirección al fondo de la estancia, a la silla en la que el Señor Tenebroso solía sentarse cuando se reunían allí.
Sabia que la marca en la mesa estaba allí, esa fue la ultima noche que habían estado en aquel comedor. Después de lo que el señor Tenebroso había llamado un "pequeño percance" habían decidido no volver a reunirse allí. La mansión tenia otro comedor, un poco mas pequeño y la biblioteca que les había servido como zonas de reunión.
Se fijó en la zona rota de la mesa. Se alargaba como si fuera un río hasta casi tocar la silla en la que se sentaba el señor Tenebroso. La madera estaba completamente agrietada. Donde había sucedido el impacto, se podían ver restos de sangre y pelo.
Draco se acordaba perfectamente de ese momento. Fue la primera vez que vio como el señor Tenebroso mataba a alguien a sangre fría. Simplemente para entretener.
Se acordaba de ella, bueno, mas bien de su muerte.
Charity Burbage había sido profesora en Hogwarts, lo había dicho Voldemort aquella noche. Nunca había coincidido con ella antes de aquel día. Jamás se podría olvidar de las horas previas a su ejecución:
Se encontraba en el cuarto de baño limpiándose la manga de la camisa de restos de sangre seca y suciedad cuando escucho a su tía gritar desde la planta baja.Respirando con calma, terminó de limpiarse y se encaminó fuera del baño.Después de varias veces, había aprendido que no debía tardar en acudir a recibir a los "invitados" cuando llegaban a la mansión, si no quería sufrir algún que otro "cruciatus".Lo había aprendido, obviamente, por las malas.
Bajando los escalones hacia el hall de la entrada, se dio cuenta que su tía no estaba sola. Junto a ella, tirada en el suelo, había una mujer menuda, de pelo rizado completamente inconsciente. Se fijó en su cara, le parecía familiar pero no sabia exactamente de que. Lo lamentó por ella. Solo con verla sabia que no iba a salir de allí con vida. Nunca ninguno había salido con vida. El lo sabia muy bien, mas de una vez le había tocado limpiar las mazmorras. El hedor a putrefacción y restos humanos era un olor que jamas se le iría de la cabeza.
Sintió una mano sobre su hombro, girándose vio a su madre junto a el:-Dolohov necesita que le ayudes con los prisioneros. Vé.
Sin mediar palabra y con una inclinación de cabeza, se dirigió nuevamente a los calabozos. No sin antes ver como su tía arrastraba de los pelos a Charity Burbage hacia el comedor principal.
-¡Draco! - gritó su tía - ¿No la reconoces?
Draco se giro levemente para ver a su tía Bellatrix riendo histérica. Él negó con la cabeza y se dirigió nuevamente a los calabozos. Era mejor no hacer esperar a Dolohov, su tía en ese momento le daba igual, ella estaba ocupada pero Dolohov le estaba esperando.
Horas después se encontraba sentado en una silla, inmóvil. Viendo como aquella mujer gritaba a su padrino por ayuda:
-Severus, ayúdame Severus, por favor…
-Avada Kedavra - apenas escucho la voz del señor tenebroso pronuncia la maldición imperdonable.
El cuerpo calló con un impacto seco. La cabeza fue lo primero que hizo contacto con la mesa. Se oyó un fuerte crujido y después vio la sangre, roja, comenzar a esparcirse por la mesa. Vio como el craneo se le había roto por el impacto y como trozos de cuero cabelludo se quedaban pegados a la mesa repleta de sangre. No podía retirar la mirada de aquel espectáculo tan repulsivo.
Apenas escucho la voz de Voldemort antes de irse decir:
Quitad esta cosa de mi vista. Su sangre sucia ha manchado toda la mesa. Lástima, me gustaba este salón. Me temo que la próxima vez nos tendremos que reunir en otro lado. Su sangre tiene un hedor insoportable. Lucius, encárgate de buscarnos otra estancia mejor que esta.
Le pareció ironico notar en ese preciso instante, que su sangre era exactamente igual que cualquiera otra, igual que la suya: roja.También le pareció ironico darse cuenta que había muerto como cualquier otro sangre limpia hubiera echo, y que suplico como cualquier otro también. Se dio cuenta que él, en esa situación también habría suplicado. Le dio miedo pensar en ello, en que quizás todo era equivocado, en que el podría realmente morir delante de aquellas personas. No podía procesar sus sentimientos y mucho menos sus pensamientos y eso le dio miedo, miedo terrible calandole los huesos. Respiró para tranquilizarse y que nada de lo que estaba pensando se reflejara en su mirada. Obligó a sus pensamientos a desplazarse a un recoveco vacío en su cabeza y a levantar nuevamente las defensas y ese aura de indiferencia y frialdad. Se dirigió hacia la puerta y salió de allí, en silencio.
-Malfoy, necesitamos irnos, en unos minutos volveremos con todo el escuadrón. Hasta entonces no hagas nada estúpido.
Asintió con un movimiento de cabeza y decidió ignorarles y seguir su inspección a la mansión.
Continuo paseándose por el comedor haciendo una lista mental de todo lo que tenia que tenia que tirar y/o reparar. Lo fácil que podría haber sido deshacerse de todo con unos cuantos simples hechizos con su varita. Lástima que no la tuviera y no sabia cuando la recuperaría. Le picaba la mano por la necesitad de magia, se sentía incomodo y frustrado, pero no podía hacer nada.
Se dirigió a la cocina de la mansión. En ese momento desértica, sin ningún elfo para darle la bienvenida y cocinarle algo rápido. Se sentía perdido, apenas y había entrado 4-5 veces contadas en la cocina de la mansión, únicamente cuando era pequeño para robar dulces y chocolates. Empezó a abrir todos los armarios buscando algo. Habían pasado 6 años desde la ultima vez que había comido algo decente en su vida. No había nada, a excepción de botes de conservas llenos de polvo.
Salió de la cocina igual de rápido que entró. Sabía que el escuadrón de aurores se personaría en cualquier momento y necesitaba ir a su habitación o lo que quedase de ella antes de que llegaran.
Su habitación estaba casi como la había dejado el dia que se marchó a la batalla final. La cama desecha, su pertenencias regadas por todas partes. Parecía como si un huracán hubiese pasado por la misma. Recogió trozos de cuadros rotos, recortes de periodico, libros y trozos de madera. La única cosa que estaba fuera de lugar era la gran capa de polvo que se asentaba en todos lados.
La habitación era amplia, amplia y solitaria. Un gran ventanal se abría frente a el y por primera vez pudo ver lo que quedaba de los exteriores de la mansión, parecía abandonada y desolada. Giro su mirada a lo largo y ancho de la habitación. A la izquierda su cuarto de baño sumido en la penumbra. Se encaminó allí y entró. Miró alrededor del baño. Abrió cajones y armarios hasta buscar lo que buscaba: un par de viejas pinzas de metal y las dejó sobre la encimera.
Entró nuevamente en la habitación. Esquivó todo aquello desperdigado por el suelo mientras se acercaba a la cama, se agachó en su lateral y empujó su cama desplazándola lateralmente. Golpeo con sus nudillos tres tablas justo donde se había situado la pata de la cama hasta encontrar una tabla hueca, la cuarta. Golpeo fuertemente el borde superior varias veces hasta que noto como se levantaba en el inferior sutilmente. Trato de levantarlo con los dedos pero llevaba demasiado tiempo sin ser abierto. Golpeo nuevamente sin ningún resultado.
Frustrado revolvió su pelo, demasiado largo para que fuera cómodo.
Agarro con la punta de sus dedos el tablón y tiró fuertemente clavándose astillas bajo las uñas, dolía como el infierno, pero nada que no pudiera aguantar. Finalmente levantó la tabla revelando una caja alargada llena de polvo de al menos 50cm. La sacó con sumo cuidado y la situo encima de la cama. Dentro habían pequeños frascos de diferentes tamaños con líquidos de diferentes colores, agujas, algodón en una pequeña bolsa, un par de bezoares y algún que otro objeto pequeño. Comenzó a girar los botes hasta encontrar uno, del tamaño de un galeón de diametro y alto como su dedo indice. Destapó el frasco y lo acercó a su nariz para poder olerlo, retiró su cara de aquel pestilente olor a azufre. Se levantó y se dirigió nuevamente a baño. Situó el frasco y el algodón junto a las pinzas.
Se retiró la camiseta y soltó un suspiro que parecía mas a un quejido, apretó los dientes. Giró su cuerpo para verse la espalda en el espejo del baño. Infinitas cicatrices surcaban su espalda. Algunas habían cicatrizado bien, otras no tanto y algunas eran mas grandes que otras. Una, de al menos 5 centímetros se habría camino desde el omoplato izquierdo, aún estaba abierta aunque la sangre seca se había coagulado junto a la herida. Cogió un trozo de algodón con las pinzas y lo mojó en la poción que contenía el pequeño frasco.Había echo eso incontables veces durante su estancia con el señor oscuro en aquella casa. No le habían permitido curarse con magia ninguna de la veces por lo que tuvo que aprender a hacerlo el mismo con ayuda de pociones y métodos muggles. Frotó cuidadosamente el algodón sobre la herida y notó como esta comenzaba a cauterizarse y un sutil humo salía junto un olor a carne quemada le seguía.
Tiró el resto de algodón empapado en poción y sangre seca justo cuando sentía un voz gritar su apellido:
-¡Malfoy!
Se colocó nuevamente la camiseta y bajo las escaleras encontrándose ante él a todo el cuerpo de aurores del ministerio. Veintidós personas vestidas con el uniforme púrpura, negro y dorado del ministerio. Con las varitas en su cinturón. Reconoció algunas caras, otras no. Algunos parecían demasiado jóvenes para que siquiera estuvieran allí.
-Buenas tardes, mi nombre es Amos Bragge, soy el actual jefe del departamento de Aurores del ministerio de Magia- El que hablaba era un hombre alto, desgarbado. Él nunca había venido a Azkaban a "visitarle" - Este es mi primer oficial al que ya supongo que conoces - Una figura alta, mas que Amos Bragge, dio un paso al frente - Harry Potter.
Harry le dio un saludo con la cabeza en reconocimiento
-Este es el escuadrón completo de Aurores. Aun faltan algún par de estudiantes de auror que también se encargarán de esta misión.
Fijó su mirada en ellos. Allí estaba Ron Weasley, MacDougal, Twycross, Dawlish, Hermione Granger y algunos mas que no reconocía. Algunos le miraban con indiferencia, asco, pena. La verdad es que si se viera a un espejo también se daría pena a si mismo. No tenia barba y estaba aseado, pero su piel se pegaba a sus huesos dejando ver un cuerpo demacrado y demasiado delgado. Sus ojos tenían un brillo raro, de locura, bajo aquellas ojeras moradas que ya eran permanentes en el tras tantos años.
-Estamos aquí para comentar los pormenores de su sentencia y en las circunstancias que se encuentra. No será cómodo los primeros días, pero no es la primera vez que lo hacemos y le aconsejo, por su bien, que se adapte a las circunstancias lo antes posible. Nos turnaremos diariamente para poder venir a entregarle su varita para la realización de magia y supervisión. No tiene permitido el uso de la magia, excepto la espontánea y natural, a no ser que haya un auror con usted, la entrada al mundo mágico no se le permitirá sin supervisión y una vez por semana deberá usted personarse ante el ministerio de Magia para ver su evolución y adaptación a la sociedad. No espero que acepte los términos y mucho menos que este feliz con ellos, pero espero por su bien que sepa comportarse. Algunos de los aquí presentes lucharon en la guerra y han tenido entrenamiento muy duro y exigente para llegar a ser Aurores, son gente muy capaz a la que no le temblará ni un solo dedo a la hora de reducirle y devolverle al agujero de Azkaban de donde salío. ¿Ha entendido usted bien señor Malfoy?
- Si Perfecto. - Una sonrisa se le escapó de sus labios. Había que reconocer que Amos Bragge era directo, cualidad que admiraba
- Mientras tu estabas en prisión entre cuatro paredes pasando el tiempo, las personas aquí presentes han estado luchando contra lo que queda de los vástagos de Voldemort. No les temblará la mano, a ninguno de ellos, se lo aseguro. Quiero que entienda que de nosotros depende su reinserción en la sociedad. Le estaremos mirando con lupa señor Malfoy y no quiero tener que recordarle que ocurrirá si comete algún fallo por pequeño que este sea.
Asintió silenciosamente. Un aire de indiferencia se instauró en el, Bragge hablaba demasiado.
- En los próximos días le será entregada una circular con las pautas a seguir, normas a acatar y la devolución de su llave de Gringotts e identificación Mágica. Mañana deberá personarse en San Mungo para un chequeo y posteriormente ante el ministerio en el registro de la propiedad para cambiar de titularidad la fortuna Malfoy y Black ya que usted es el unico heredero legítimo a día de hoy.
Pudo ver a Potter frunciendo el ceño contrariado ante esto último
-¿Tiene usted alguna pregunta o algo que quisiera añadir?
Dudó, pero al final la curiosidad ganó y no pudo evitar preguntar:
-Quisiera saber lo que ocurrió durante la batalla y después. Yo.. - miró fijamente a Potter - Mi padrino desapareció poco antes de empezar la batalla y nunca supe de él, ni de lo que ocurrió.
Potter le miró fijamente.
-Señor Malfoy, en tal caso mañana le traeremos algunos periódicos y supongo que - miro a Potter- al señor Potter no le importara comentarle lo ocurrido con Severus Snape y todo lo ocurrido tras la batalla la próxima vez que os reencontréis, ya que ahora debemos partir al ministerio para establecer los turnos que tomaremos para visitarle. Dinggle se quedara contigo para que puedas tener tu varita los 15 minutos.
Se encontraba en su habitación nuevamente. Hacía un par de horas que los aurores se habían ido y había caído la noche. Le habían dejado coger su varita por apenas 15 minutos aunque previamente le habían obligado a tomarse una poción reconstituyente para no desmayarse. Le había costado muchísimo esfuerzo sostener la varita, la magia le picó y dolió, casi tanto como la primera semana que pasó en Azkaban sin ella. Se sintió completo a la vez que mareado por toda la subida de magia repentina. No había echo magia, unicamente había permanecido allí, de pie, sosteniéndola suavemente con cuidado. Sintiendo las chispas de la magia ir desde la punta de sus dedos. Pareció que había pasado un minuto unicamente cuando le volvieron a requisar su varita. La varita ayudaba a canalizar la magia de un mago, la unía y focalizaba perfectamente. Después de eso todos los Aurores salieron de la casa y el se encaminó nuevamente a su habitación. No había otra cosa que hacer en aquella ruinosa casa.
Su mente permanecía en blanco y actuó de forma automatica. Abrió los armarios encontrándose con su ropa y algunos objetos personales. Desechó la ropa mas pequeña y se centró en la ropa de su ultimo año en Hogwarts. Saco unos pantalones negros y una camisa blanca. Probablemente las prendas le quedarían demasiado grandes en lo que se refería a la anchura aunque demasiado cortas de largo. Parecería absurdo. Había perdido demasiado peso, ¿pero que mas daba eso? Ojalá y todas las secuelas de su paso por Azkaban fueran solo el peso. Dejó la ropa sobre su cama y se dirigió con paso lento al baño. Guardo la caja con las pociones en una esquina, no necesitaba esconderlas, estaba completamente solo por primera vez desde hacia mucho, mucho tiempo. Es ironico como funciona el cerebro, hacía mucho tiempo pensó como seria quedarse solo, completamente solo, y aquel pensamiento le había dado miedo y angustia. Sin embargo, en ese momento, no sentía nada, se sentía completamente entumecido. Un dolor palpitante se alojaba en su pecho, como un gran peso, pero eso había estado tanto tiempo allí que le parecería antinatural no sentir aquel dolor. Ese peso era lo único que le hacia saber que estaba vivo, que estaba allí y no estaba en un sueño. Esos sueños perturbadores que le acompañaron durante incansables noches en Azkaban haciéndole creer que por fin estaba fuera de sus muros, pero no en libertad si no muerto.
Se despojó de los harapos que aun le quedaban de su paso por Azkaban y los dejó en una esquina prometiéndose a sí mismo que la próxima vez que tuviera su varita en sus manos se desharía de ellos.
El agua cálida cayó por su cabeza entibiando su cuerpo. Se fijó en sus manos, pálidas y huesudas. Se sintió un fantasma de lo que fue. Respiraba pesadamente, con esfuerzo y apenas se dio cuenta cuando los sollozos comenzaron. Era humano, seguia siendo humano. Le habían tratado como un animal durante tanto tiempo que hacia algún tiempo había perdido su identidad completamente.
Hermione
Lo primero que hizo al ingresar a su modesto piso fue quitarse la túnica del traje oficial de aurores. Odiaba ponerse ese traje, no era cómodo, solo servía para lucirse. Se dirigió a su cocina dejó algo de comida para su gato en su cuenco y agua fresca. Abrió el armario superior a su derecha y sacó su taza favorita mientras ponía a calentar algo de agua para hacerse un té. El dia había sido largo y necesitaba relajarse. Ya en su habitación se quito el traje de Auror y se puso algo de ropa comoda.
Fue a la cocina y se preparó una sopa de sobre. No tenia ganas de cocinar, estaba agotada. Se dirigió con su bol ardiendo haciendo malabares para no tropezar entre el montón de papeles, tinteros y libros regados por el suelo. Ultimamente el departamento de aurores era aun más caotico que de costumbre, apenas y pasaba tiempo en su casa y mucho menos tenia tiempo de limpiar. Suspiró cansadamente y se sentó en su sofá al tiempo que encendía la televisión. Voló entre los canales hasta que paró en una película que había visto junto a sus padres cuando era pequeña.
Unos suaves picotazos en la ventana la hicieron saber que tenia un invitado. Dejando apartado al bol se dirigió a la misma hasta dejar entrar a una lechuza parda con un collar con el membrete del ministerio. Atado a su pata había un periódico viejo enrollado y una nota:
"Hermione, mañana no podré ir contigo a San Mungo con Malfoy. Necesito que te hagas cargo. La visita está programada a las 10:00 am.
Atentamente: Harry Potter"
El periódico era una edición de hacia dos años. El titular: Severus Snape, el gran desconocido.
Mañana iba a ser otro dia largo.
