Prohibido

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Kishimoto.


Capítulo 1

Los altos tacones negros resonaron en el sucio y mojado suelo de una oscura calle en los suburbios. Su portadora, una joven de largo cabello rubio, levantó un espejo de mano frente a su rostro y terminó de retocarse el llamativo labial rojo.

Después de darse una última mirada guardó el espejo en su cartera, justo antes de doblar la esquina y llegar a su nada grato destino: un asqueroso antro lleno de borrachos y toda clase de tipos perdidos.

Las mujeres no solían frecuentar aquel espacio, por ende se había preparado tanto física como mentalmente para cualquier clase de encuentro desagradable que estaba segura que tendría.

Caminó, firme y segura, hacia la puerta.

Los silbidos no se hicieron esperar cuando pasó frente a un grupo de hombres, los cuales estaban reunidos a un costado de la puerta del bar.

―¡Ey, rubia, con esa cola cómo será el trámite!

―¡Muéstrame una teta que me imagino la otra! ―chifló y le tiró besos.

―Te hago 60 hijos, mamita.

―Si te agarro te hago ver las estrellas.

Sintió una ceja temblar e inhaló profundamente, buscando controlarse. Llevaba un arma en su bolso, y era más que tentador pegarles un tiro en la frente, pero ella era ante toda una profesional, y no iba a arruinar un operativo por unos borrachos que no valían ni una bala.

Se acercó a la puerta y pudo notar que no había nadie cuidando de esta. Definitivamente el mismo diablo podría pasar por ahí nadie se lo impediría.

Suspiró y, tomando valor, ingresó.

El ambiente era peor que el de afuera. Carecía de aire puro y se podía respirar la marihuana mezclada con el tabaco. Simplemente repugnante.

Después de un rápido escaneo pudo identificar a solamente tres mujeres en todo el bar, las cuales se encontraban en los sillones negros que había casi escondidos en una oscura esquina. Cuando se adentró solo unos pasos más pudo caer en la cuenta de la situación en la que se encontraban: las tres estaban teniendo sexo... dos con el mismo hombre.

Abrió los ojos, ciertamente indignada, más no sorprendida. En un lugar así nada debía espantarla.

Optó por lo sano y continuó su camino en busca de los tipos por los cuales se encontraba allí en primer lugar.

El bar no era muy grande, por eso bastó solo una mirada panorámica para hallarlos jugando pool en un rincón. Kakuzu y Kisame Hoshigaki, un par de hermanos que manejaban una gran red de prostitución, en la cual se había registrado el secuestro de varias adolescentes. Algunas de ellas habían sido encontradas incluso por su sector policial actual, otras se habían borrado del mapa.

El plan parecía sencillo: ella debía reducirlos con un suero fabricado a base de diferentes tipos de anestésicos para evitar su escape una vez las patrullas llegaran. Le habían proporcionado únicamente un par de dosis, por ello no debía fallar. Luego, o antes, debía activar un botón, que enviaría una señal a sus compañeros, los cuales esperaban en dichas patrullas a unas cinco calles de distancia.

Lamentablemente estos criminales tenían estudiados al pie de la letra a los demás policías de la zona, y no sería nada difícil para ellos reconocer a cualquiera de sus compañeros en cuestión de segundos; por ello el traslado de ella les había caído como anillo al dedo.

Maldecía ser nueva en ese sector, de lo contrario no estaría metida en aquel lugar tan desagradable. Odiaba a los hombres de tal calaña, la asqueaban.

Cerró los ojos, de nada le servía lamentarse, y analizó las posibilidades que tenía de acercarse.

Podía fingir interés sexual hacia alguno de ellos, pero también estaba el factor de que ambos eran unos misóginos, no iban a caer ante sus encantos, y además teniendo en cuenta que la cosa era unos 22 años contra 41 y 65 de ellos... el plan estaba destinado al fracaso. Ninguna mujer como ella en su sano juicio se sentiría atraída por esos tipos. Todo muy obvio.

Tenía que buscar una carnada, un anzuelo... algo que le permitiera acercarse sin demostrar un sospechoso interés.

Suspiró. La misión era más difícil de lo que pensaba, por ello optó por una idea rápida: se quedaría en la barra observándolos discretamente hasta que una oportunidad de algo se le presentara, si esta no llegaba pues se vería obligada a recurrir a un enfrentamiento directo.

―Una cerveza ―pidió una vez se sentó en una silla.

El barman le envió una asquerosa sonrisa, que dejaba ver su dentadura claramente amarillenta e incompleta, antes de responderle.

―En un segundo, preciosidad.

Rodó los ojos y observó por el rabillo de estos a Kakuzu y Kisame. Ambos se carcajeaban mientras bebían grandes vasos de cerveza.

Un minuto después pudo captar cierto cambio en el panorama. Un joven rubio de cabello largo, muy atractivo, se acercó a ellos para saludarlos muy familiarmente.

Sonrió y se mordió el labio inferior. Ese chico no pasaba de los 25, lo cual quería decir que había encontrado al anzuelo perfecto.

Oh si, a nadie le parecería raro que quisiera revolcarse con él.

―Aquí tienes, son 40 ―un vaso de cerveza se deslizó frente a su rostro.

Parpadeó saliendo de sus pensamientos y dirigió su vista al barman que la esperaba ansioso de recibir su dinero.

―Te doy 70 si me haces un favor ―sonrió mientras se apoyaba sobre la barra, resaltando claramente el escote de su blusa roja.

El barman bajó la mirada hacia este, tal como sabía que haría, y sonrió morbosamente.

―Trato hecho, nena, ¿qué quieres?

―Dime cómo puedo acercarme a ese bombón rubio de allá ―señaló discretamente con la cabeza, y por suerte el tipo pareció entender exactamente a quien se refería, porque rápidamente se echó a reír.

―¿Hablas de Deidara? No me sorprende. Ese bastardo siempre se lleva a las que están más buenas, no sé qué le ven, es solo un mocoso ―gruñó con cierto deje de lo que claramente se traduciría como envidia.

La joven, Ino, carraspeó mientras le indicó con la mirada proseguir.

―Como sea, solo pasa cerca de él, no te costara nada tenerlo prendido de tu culo en dos segundos.

Celebró internamente, al fin las cosas empezaban a tornarse divertidas.

―Gracias ―sonrió y depositó los 70 sobre la barra para luego dedicarse a beber su cerveza mientras prestaba discreta atención al rubio.

Prefería acercarse cuando estuviera solo, luego tendría tiempo de trazar cualquier mentira para que él la condujera a sus objetivos.

Bebió tranquilamente por aproximadamente quince minutos hasta que su primera oportunidad se presentó.

El joven se había alejado de ellos y había tomado un taco para luego acercarse a una mesa de billar vacía.

Ino sonrió notando que él necesitaba alguien contra quien competir. Bebió de un trago la poca cerveza que le quedaba y se levantó, caminando hacia él mientras contorneaba sensualmente sus caderas.

―Parece que estás buscando quien te patee el trasero.

Él abrió los ojos sorprendido y se dio vuelta, topándose con la bella mujer rubia apoyada en la mesa del juego.

―Vaya, ¿pero qué tenemos aquí? Si vienen de ti, preciosa, con gusto recibiría unas cuantas patadas ―sonrió mientras se le acercaba lentamente.

―¿Sí? Pues es tu día de suerte ―le guiñó un ojo y lo rodeó, acercándose a tomar un taco de los que estaban tras él―. Porque en serio quiero romperle el trasero a un niño bonito hoy.

Él rió complacido por el divertido doble sentido de la oración y volteó nuevamente, para observarla de manera altanera.

―Siempre puedes intentarlo, preciosa, pero me temo que te llevarás una decepción, uhm.

Ino levantó una ceja y pasó sensualmente junto a él, sin perderle la mirada.

―Observa ―le susurró al oído y se dispuso a dar el primer tiro, reclinándose sobre la mesa y acomodando el taco entre sus manos.

Deidara llevó su vista hacia la apretada pollera negra de la chica, la cual marcaba perfectamente aquella parte de su anatomía, y sonrió para sí mismo imaginándose el resto de la noche; aunque por supuesto, sin saber lo que verdaderamente esa mujer le haría a su vida.

Después de un perfecto tiro, donde logró meter dos bolas de una, se enderezó y le dirigió una mirada altanera.

Un par de tiros después acabó por fallar.

―Tú vas ―le indicó para después apoyarse sobre el taco y esperar la reacción de él.

Era casi utópico el rumbo que estaba tomando aquella misión, a tal paso todo saldría perfecto. Definitivamente a este chico se lo había mandado algún santo que estaba aburrido y creyó conveniente salvar su bonito trasero.

Él adoptó una expresión imperturbable y se acomodó para tirar.

La bola blanca chocó contra una amarilla y estuvo cerca de hacerla caer.

―Maldición... ―murmuró, dejándole el camino libre para que ella siguiera.

El juego duró aproximadamente cuarenta minutos; y entre idas y vueltas, como era previsible, Ino acabó ganando, lo cual terminó por frustrar a Deidara. No quería sentirse derrotado ante una chica que acababa de conocer.

―Felicidades, nunca vi a una chica jugar tan bien como tú al pool, uhm ―estiró su mano y cuando ella le entregó la suya besó el dorso de esta, portando una sonrisa sensual.

―No me has dicho tu nombre ―ladeó la cabeza y corrió su pálido cabello de su hombro, dejando su cuello a la vista.

―Deidara, ¿y qué hay de ti? ―se apoyó sobre la mesa y la escaneó, sin perder detalle de cada parte de su figura.

―Selene ―apretó los labios y sonrió sin enseñar los dientes.

Claramente no iba a revelar su verdadero nombre, y en ese momento era cuando las cosas comenzaban a agilizarse. Sus compañeros estarían impacientes a esa altura del partido, y ella ya no podía seguir perdiendo tiempo o de lo contrario se le escaparía la noche. Tenía que lograr que él la llevara con esos tipos.

―Que nombre tan extraño, uhm ―le sonrió burlón y estiró su mano para tomarla de la cintura y acercarla a él―. Pero bueno, no es lo más extraño en ti. Dime, ¿qué hace una chica tan sexi en un bar como este?

Ino fingió esconder una sonrisa dolida antes de responderle. Aquello siempre le funcionaba, un rostro bonito más una historia triste de trasfondo, y bum, el chico a sus pies.

―La vida me trató mal... supongo ―se encogió de hombros y luego pasó sus brazos por alrededor del cuello de él.

Deidara sonrió observando los labios rojos de ella.

―¿Y qué hay de ti? Eres algo joven para estar aquí también ―levantó una ceja.

―Larga historia y, además, aburrida ―rodó los ojos y se separó de ella―. Iré por algo de beber, ¿quieres algo?

Ino sospechó que la cosa no estaba avanzando, ya que entre más durara ese jueguito más posibilidades había de que él perdiera el interés en ella, y no podía arriesgarse a que eso sucediera. Debía improvisar, por eso lo tomó del brazo y se acercó, pegando su cuerpo al de él.

―Escucha... estar aquí es un poco aburrido, ¿no crees? ―apoyó sus manos en los hombros masculinos y acercó los labios a su oído para susurrarle―. ¿Me... acompañarías al baño?

―Eres osada, preciosa―Deidara negó mientras reía, complacido―. ¿Qué estamos esperando, uhm? ―la tomó de la mano y la arrastró hasta unos cuartos sucios y oscuros que estaban al fondo, al parecer eran los baños, y al parecer eran universales.

El horrible olor no se hizo esperar, y se preguntó si en verdad alguien era capaz de tener sexo en un lugar tan asqueroso.

―Una nunca deja de sorprenderse ―lo empujó contra una puerta que acabó abriéndose, revelando un casi negro escusado tapado por a saber qué tipo de sustancias.

Deidara levantó una ceja y la atrapó contra la pared de al lado, alejándolos del lamentable escusado.

―Estamos de acuerdo en no coger cerca de eso, ¿cierto?

Ino metió las manos entre los rubios y largos cabellos de él y lo atrajo hacia sus labios, devorándolos rápidamente.

―Completamente ―gimió entre besos.

Deidara tomó sus piernas y la levantó de los muslos, girando y apoyándola sobre el lavado sin dejar de besarla.

Ella le abrió la camisa, y acarició su torso. En efecto, aquella misión no era tan desagradable como se había imaginado, pero no debía dejarse llevar. Por eso, mientras él se dedicaba a bajar sus besos hacia el inicio de sus pechos, ella buscó la manera de hacerse con su arma, procurando distraerlo lo suficiente para que no lo notara.

―¿Sabes? ―se separó levemente de él y besó su cuello―. Probablemente hayas sido lo más divertido de esta noche ―murmuró y lo observó a los ojos, notando la confusión en el rostro de él―. Lo siento, bombón ―le guiñó un ojo y rápidamente le atinó un certero golpe en la nuca con el mango del revólver.

Él cayó al suelo, desmayado, y ella se bajó del lavado para luego acomodarse levemente la ropa y guardar el revólver de nuevo en su cartera.

Una vez lista tomó el par de sueros y los ocultó en su corpiño, teniéndolos más a mano de lo que parecía. Así, sintiéndose más segura, se dispuso a salir de esos asquerosos baños, con un plan ya fabricado en su cabeza; aunque antes de marcharse observó al joven que estaba tirado en el suelo, con su largo cabello desparramado por este, dándole una apariencia surrealista.

Negó sutilmente con la cabeza y sonrió cuando una pequeña idea cruzó su mente. Procurando ser rápida, se agachó y tomó el rostro del rubio entre sus manos para besarlo sensualmente por última vez.

Gruñó y le mordió suavemente el labio inferior antes de soltarlo.

―Tan lindo... lástima ―se encogió de hombros y se levantó, revolviendo su pelo y adoptando una expresión de susto.

Sin perder más tiempo salió rápidamente de los baños, sintiendo el ruido de sus tacones por cada paso que daba, y se acercó hacia sus objetivos mientras apretaba el botón en su reloj de muñeca, esperando que sus compañeros entraran rápidamente en escena.

―Oigan, necesito su ayuda, es Deidara... algo... algo le sucedió ―pronunció, actuando perfectamente su conmoción.

―¿Deidara? ―el primero en hablar fue Kisame, quien la escaneó de arriba abajo―. Un momento, tú eres la perra que estaba con él jugando al pool.

Sintió un tic en su ceja derecha. Solo por ese "perra" se aseguraría de que él la pasara peor.

―¿Qué pasa con él? ―sentenció Kakuzu, dirigiéndole una mirada tan cruel que le heló hasta los huesos.

Vaya... había hecho bien en no acercarse directamente antes.

―Él... n-no lo sé... ―desistió de actuar su tartamudeo cuando vio que las miradas de ambos se afilaban―. Estaba muy alterado... solo repetía que los... viniera a buscar y que era urgente. Algo sucedió y no quiso decirme qué.

Kisame comenzó a carcajearse en su cara mientras que Kakuzu se limitó a levantar una ceja.

―Por supuesto, ¿por qué crees que le diría algo a su puta de turno? ―bufó burlón Kisame, sacando de sus casillas a Ino, quien para empezar era bastante impulsiva y no contaba con mucha paciencia.

Se acercó a él, con una clara expresión de odio pintada y, dejándose llevar, levantó su rodilla para poder estamparla entre las piernas del criminal, causando que cayera en el suelo, retorciéndose del dolor.

―¡Pequeña zorra! ¿Quién te has creído? ―Kakuzu levantó la mano para golpearla pero en ese momento el ruido de unas patrullas lo detuvo.

―¡Policías! ―gritó alguien, causando un alboroto instantáneo en el bar.

Kakuzu, asustado, tomó a su hermano y lo levantó de golpe, dispuesto a salir corriendo.

―No hoy ―susurró Ino, posicionándose detrás de ellos y aprovechando su distracción para lograr clavarles el par de sueros en sus cuellos.

―¿Pero qué...? ―gimió Kakuzu, tocando su cuello y descubriendo la pequeña jeringa―. ¿Y esto? ―lo arrancó de su cuello y lo examinó, cayendo en la cuenta de lo que había pasado.

―Así es, ¿qué se siente que te engañen y te droguen? ―sonrió Ino notando como Kakuzu se tambaleaba y soltaba a su hermano en el proceso, quien cayó nuevamente al suelo.

El hombre se volteó con dificultad y la miró con odio.

―Hija de puta... voy a matarte ―gruñó e intentó asestarle un golpe, que ella fácilmente esquivó.

―Se te acabó, viejito ―lo tomó del cabello y le asestó un derechazo que lo envió al piso.

Bien, eso había sido muy placentero.

―Ino, estoy impresionado ―un compañero de ella se abrió paso entre el túmulo de gente para acercársele―. Excelente trabajo ―sonrió mecánicamente y se agachó para esposar a ambos sujetos, por si acaso.

―Gracias, Sai. Justo a tiempo ―le sonrió mientras un par más de hombres se acercaban para llevarse al par de criminales.

Ella se alejó levemente y se limitó a observar el ambiente. Ahora que su misión había sido cumplida el bar era un completo caos: había criminales siendo reducidos por todos lados, otros intentando escapar por cualquier rincón posible, y por supuesto no faltaban los más jodidos resistiéndose y generando un gran alboroto.

Se sorprendió cuando su mirada se cruzó con la figura del barman saliendo del baño, observaba hacia todas direcciones hasta que sus ojos finalmente se encontraron con los de ella. Detrás de él, unos segundos después, apareció Deidara sobándose la nuca.

Ella frunció el ceño y notó como su limitada cantidad de compañeros no los habían notado en aquel oscuro rincón. Se rebatió mentalmente si debía ella misma arrestarlos para que sean interrogados, porque imaginaba que Deidara definitivamente algo debía saber si se codeaba con aquellos dos tipos.

Salió de su batalla mental justo a tiempo para notar como el barman codeaba al rubio para posteriormente susurrarle algo; algo que evidentemente tenía que ver con ella, debido a la mirada mortífera que le dirigió el chico una vez el otro tipo acabó.

Haciéndose con el arma que llevaba en la cartera se dispuso a caminar entre la multitud para llegar a ellos.

Deidara, notando las intenciones de ella, levantó una mano y luego negó con la cabeza.

Ella se detuvo, ladeando la cabeza y extrañándose de aquel gesto. No era como si fuera a hacerle caso a él, por eso continuó su camino.

En ese momento él sonrió, pero no como antes, no como alguna vez haya visto sonreír a alguien. Su sonrisa era macabra, sádica y rozaba lo psicópata. No entendía como lo había logrado, pero con esa simple sonrisa consiguió helarle la sangre. Aun contra su voluntad ese gesto le dio un mal presentimiento, y... miedo, un gran e irracional miedo.

El barman observó a Deidara, o más bien la sonrisa de él, y luego echó a correr, ingresando a una puerta que estaba cerca del baño.

Su sonrisa... todo cobró sentido cuando de su pantalón sacó un pequeño control con un botón rojo en el medio y se lo enseñó, sacudiéndolo como si de un artefacto digno de admirar se tratara.

El tiempo se detuvo en ese momento, y dejó de escuchar cualquier ruido a su alrededor. Sintió como su corazón empezó a bombear sangre más rápido, y como sus palmas se mojaban por el sudor, haciendo difícil el sostener su arma. Para ella era sencillo notar que carajo era esa mierda, y eso bastó para detenerla.

Él se relamió los labios y llevó dos dedos a su frente, enviándole un saludo burlón y victorioso antes de ingresar a la misma puerta por la que desapareció el barman, donde ella sospechaba que probablemente había algún tipo de salida.

Oh no... tenía que dejarlo escapar, y eso la frustraba.

Guardó su arma y corrió a apurar a sus compañeros. Deidara se había ido, pero aún no estaban a salvo.

Ino Yamanaka no olvidaría jamás la clase de joven con el que había intercambiado saliva esa noche, y lo expuesta que había estado sin darse cuenta, creyendo tener las riendas de toda una movida cuando lo único que había tenido era suerte.

No... no olvidaría jamás la sensación de vértigo que le dio ver un detonador en las mismas manos que habían recorrido su cuerpo un rato antes, en las manos de aquel que estaba tan loco como para explotar un edificio entero con él adentro... cuestión de no ser atrapado.

Se había confiado, y pagaría las consecuencias de haberse metido con alguien más peligroso que Kisame y Kakuzu juntos, alguien con rostro de ángel y apariencia inofensiva, pero con un infierno en su mente y una masacre siempre a su alcance.


Segundo capítulo arriba. ¡Por Jashin, en serio amo el DeiIno! Me encanta escribir sobre ellos, y sí, estoy re loca por ver química en dos personajes que nunca hablaron jaja pero no sé, siento que son dos personajes bastante pasionales e impulsivos, y eso me encanta.

En esta historia, y sobre todo en los primeros capítulos, probablemente haya Ooc, intentaré no irme al carajo, pero como es un AU, y como no sabemos como sería Deidara tratando con una chica haré lo que pueda. Sin embargo, como irán notando haré varios guiños al mundo ninja, así que atentos.

Bueno, ahora que estoy de vacaciones... ¡soy libre! Así que felices vacaciones para ustedes también en caso de que estén en ellas.

También un saludo para especial para las dos personas que me dejaron un bonito review.

Sasha545: ¡Muchas gracias! Por mi parte siempre es un placer leer uno de tus reviews, así que gracias por tomarte la molestia de dejarlo, nos estamos leyendo :).

NilithDelirium: ¡En efecto! Ino es demasiado shippeable jajaja y siento que queda bien casi con cualquiera. El primero fue cortito, sí, pero ya en este se aclara todo lo que sucedió aquella noche. Muchas gracias por tomarte la molestia de dejar review, ¡y saludos!

Gracias también a todo aquel que esté leyendo y ojalá disfruten leyendo tanto como yo escribiendo.

Nos vemos en el próximo, besos.