Igualdad
Se dice a si mismo que sobrevivir está mal, que las personas por más ruines que fueran merecían algo bueno en sus vida. Merlín sabe que lo que todos necesitan es una vida, y no estar batallando por respirar. Dice frente a todos haciendo relucir un cinismo abrazante que destruye el flujo de una conversación, que él era merecedor del descanso pero le fue arrebatado y ahora esta maldecido con la vida, por ellos. Siente calor, y se jala un poco el cuello de la túnica ante la mirada evaluadora de todos sus compañeros, algunos dejan su desayuno de lado y otros le miran directo en el cuello. Alguien carraspea al fondo, Severus se relame los labios, y siente como se secan en un instante. Si desea quejarse, su salvadora esta para oírla ella prolifera que no le importa ni un comino su bastarda opinión. Vuelve a sudar y arrastrando la silla se levanta tambaleante, la mujer de chongo restirado le mira con dolor uno que sin pensarlo tan siquiera se le ha transmitido. Prefiere callar, pensando en que eso es una verdad que debe de quedar en secreto, porque Hermione Jane Granger solo piensa en su puta vida.
Y la hace pagar por ello…
Severus siente el dolor a flor de piel, como mil navajas en su cuello, percibe en el tacto como el sudor resbala por sus mejillas y frente; la ropa le parece casi innecesaria. Se quita la capa con violencia botándola a los pies de la cama, sabe que a su túnica favorita le faltaran mínimo una docena de botones después de arrancársela y se abre la camisa dejando a la vista el pecho y torso blanco. Recuerda con lucidez y dolor el momento en que se desvanece en el camino a su despacho, se siente impactar con el piso y un tobillo se le tuerce. Minutos u horas después despierta en su cama, con las sábanas hechas un torbellino. Snape se gira sobre la cama, tratando de hallar un lugar fresco entre las sábanas, ve la almohada manchada de sangre y piensa en su muerte.
―¡Profesor! Por Merlín creí que permanecería dormido…― Sin pensárselo Hermione se ha lanzado a la cama, sus rodillas sienten la suavidad de la seda negra y un poco del agua que lleva en un contenedor hondo se derrama en su falda.
―¿Qué crees que haces?― Frunce el ceño y se vuelve a voltear. Encarando acostado a la chica que frente a él se ha sentado, le puede ver la ropa interior y al parecer Granger ignora que lleva puesta una falda escolar.
―Planeaba curarle la herida, está sangrando mucho…―Sin quererlo, la Gryffindor repara en la ropa del mayor. Tan desnudo, tan blanco y frágil. Se acerca un poco más y se las ingenia para mantener el equilibrio del contenedor de agua.
El moreno abre las piernas en una insinuante invitación que Hermione imagina, se levanta y Severus piensa en un modo de incomodarla. La castaña sabe que en la posición que esta no le va a poder curar la herida, aparece esa sonrisa gatuna y piensa que vomitara justamente allí. Un nudo aparece en su estómago y la culpabilidad amorosa está entrando en la mente del último de los Prince. Ha terminado entre sus piernas, y no lo quiere ni pensar la simple oración suena mal. Severus se inclina, contagiándole la temerosa acción en Granger. Apoya su barbilla en el hombro de ella y observa con celos como esas calcetas blancas cubren unas torneadas piernas.
―¿Ves mejor la mordida?― Hermione asiente, resonando en su mente el eco de la voz de Snape. Le ama y le odia, porque sabe que eso es un juego extraño para él. Se burla de ella, y toma parte en una venganza por estar vivo.
―Perdoné si le duele…―
Hermione pasa ambos brazos por su cuello, lo siente más cerca y puede oler la colonia y el sudor que se mezclan sobre la blanca piel de él. Quita la venda con facilidad y parece que Snape no siente nada, un aroma a sangre seca le invade los sentidos y se aleja un poco obligando a Severus a levantar la cabeza. Hace una mueca y ella se disculpa en silencio, toma su varita y le toca con suavidad en el cuello para después meter una gasa en agua y empezar a limpiarle la herida.
―¿Por qué si se siente mal, sale de su habitación?― Al Slytherin le sabe a reproche, y entorna los ojos mirando el escote inocente de la blusa escolar.
―¿Por qué sigues hablándome así? ―Su pregunta vaga en el aire, y siente la involuntaria fuerza de los nervios en la herida de su cuello. A la chica le estaban temblando las manos, y él lo resiente.
―¿A qué se refiere?― Le aplica una poción con voz queda, tiembla y se estremece un poco retrasada por su cercanía. La punta de su varita vuelve a tocar su cuello y allí queda unos segundos. Ya está listo para que le vende de nuevo.
El cuerpo de Severus insiste en sudar, ha callado por segunda vez en el día y siente el ardor en la boca del estómago por tragarse quemantes contestaciones. Sonríe mientras temblorosa la muchacha le pone el seguro que mantendrá esa blanca venda en su lugar, ha recordado con pésame las palabras de McGonagall y no puede evitar pensar con dolo.
Sigue sudando pero ahora es distinto, hay otra clase de dolor corriendo por su piel y para la poca ropa que le queda le entran ganas de quitársela ya. Se deja venir hacía el frente, la chica se dobla con facilidad y él se coloca encima de ella. Hermione no deja de temblar temiendo que el hombre haya terminado de perder la cordura, cierra los ojos y empieza a respirar ruidosamente…
―¿Por qué insistes en hablarme de usted, cuando deseo que ya no me tengas ese respeto?― Hay dolor en su voz pero a Hermione le intimida que haya hecho algo mal.― No me respetes, no me creas mayor, trátame como a cualquiera…―
El cabello azabache le cosquillea en las mejillas mientras su caliente respiración le humedece la nariz, le siente acercase más apresándola entre sus fuertes muslos. Le ha besado en el cuello, marcando una mordida que lejos de dolerle le ha significado como estamos igual. Como una serpiente lo siente deslizarse por su cuerpo, una mano se posa en su rodilla y sube hasta el borde de la falda, le acaricia el muslo y ya se siente desfallecer, le respira en el oído y le vuelve a morder. Siente el rastro de saliva secarse y volverse a humedecer con los labios de Snape, su boca se queda a una nariz de ella y quieta como una roca abre los ojos.
Severus se siente perdido en un mar de caramelo que le empalaga hasta quemarle las papilas gustativas. Ha parado sus caricias y se flexiona sobre ella lo suficiente cerca para invocar a su tentación, le mira arqueando una ceja y curveando las comisuras de sus labios. Como lo ha planeado siente una mano explorar más allá de lo que le tenía permitido, ha metido su suave mano por debajo de la camisa y le acaricia el endurecido abdomen. Atora un dedo en el ombligo y marca los oblicuos mientras se aproxima a besarlo. Encajan, la temperatura aumenta y esos rojos labios le han dado un sabor a gloria.
Hermione se pierde, y no le importa si él no está siendo sincero. Ella tiene tanto amor para ambos, y planea aprovecharlo. Ha deslizado su mano por debajo de los tres botones que permanecen en su ojal, se entretiene con los músculos marcados del torso y acaricia el ombligo entonces siente curiosidad por bajar pero sabe que nada pasara. Es un maldito pero con moral. Sube como arañazo hasta la clavícula y frena el beso mordiéndole el labio inferior, empieza a besar la clavícula y a diferencia de él solo marca un camino de labios. Para en su pecho, justo en el centro y acercándolo un poco más le besa justo en el corazón…
―Quiero esto, así te trataré como a mi igual. Por qué tú, Severus cariño, no eres cualquiera…― El pocionista abre los ojos, y siente un impulso por poseerla allí mismo. Sin embargo su corazón es como un tambor, ruidoso y molesto.
Se desploma sobre ella, y la chica se incómoda por la quietud de él. Se ha vuelto a desmayar con la claridad en su mente de que ya nada es un juego…
Tengo bastante tiempo y me gusta escribir. Espero les guste este capítulo, también espero esta historia este tomando forma les agradezco por sus cometarios y la bienvenida son muy lindos todos…
