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•• Mαlos Ejemplos

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Hαtake'Fer

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Algo que jamás en la vida había sentido y que podía clasificar como ira, vergüenza y traición se aparcaban poco a poco en sus pensamientos. El ver a su madre ahí, besándose con otro hombre que no fuese su padre le llenó la cabeza de preguntas, las cuales junto con aquella bizarra imagen de su madre y su sexy profesor así como las de Ino y Sai le acompañaron hasta abordar el tan necesitado taxi.

Luego de un silencioso y confuso recorrido, por fin llegó a su destino. Se posó ante un gran pórtico negro y dio un pinchazo al timbre, pero nadie respondió. Aguantándose las ganas de patear aquella puerta, dio otro timbrazo consiguiendo la misma respuesta.

En vista que había perdido la poca paciencia con la que contaba, y con la frustración a todo lo que daba, se sentó sobre la acera y comenzó a planear mentalmente un listado de cosas malas por hacer. Los primeros sitios se ocupaban por acciones como no dirigirle nunca más la palabra a Naruto, delatar a su madre, dejar en ridículo a Ino y a Sai, etc.

Planeando cosas similares se hallaba, cuando un ruido proveniente del otro lado del interruptor le hizo reaccionar.

¿Quién es? –cuestionaron. Sakura dedujo que se trataba de Naruto, a pesar de que la voz con la que hablaban sonaba cortada, débil, perdida.

–¿Naruto? Soy yo, Sakura ­–respondió la chica. Algo no iba bien ahí.

El gran portón negro se abrió permitiéndole la entrada, su amigo el rubio estaba en la puerta de la casa recibiéndola con una sonrisa marcada en sus labios y los ojos hinchados. Al ver su deplorable reflejo sobre la mirada pura de él se dio cuenta de cuán egoísta era y que era momento de escuchar y no de ser escuchada. De consolar y no ser consolada. De ser reciproca.

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Cuando mueras todos dirán que fuiste bueno…

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Los dos se dirigieron a la sala donde tomaron asiento en uno de los sillones grandes. Naruto se mantenía serio y Sakura observaba sus intentos por parecer normal. Esa faceta quieta y de aspecto frágil en él era tan extraña. Una rara necesidad de protección surgió en la pelirrosa y sin dar aviso lo rodeo con sus brazos. Lo abrazó con fuerza y posesivamente. Lo abrazó como hace mucho tiempo no lo hacía. Con sinceridad.

–¿Aún te crees que después de tantos años podrás engañarme con una sonrisa tan falsa? –preguntó, mientras un par de brazos se apretujaban en torno a ella. Respondiendo el gesto.

Después, sintió unos pequeños toques líquidos escurriendo en sus hombros. Eran lágrimas. Y no eran suyas. Su respiración se contuvo, su mano se posó sobre la cabellera rubia de Naruto y su corazón se oprimió. Buscó en su mente alguna frase útil pero no encontró que decir. Abrió su boca intentando hablar y sólo un par de palabras salieron en un susurro: "Aquí estoy".

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Amigos en la adversidad, amigos de verdad…

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De alguna manera, terminaron acomodados en aquél sillón. Él apoyaba su cabeza sobre el pecho de la chica con la mano de ella aún sobre su cabello. Su respiración era tranquila, al igual que su expresión. Se había dormido.

A la mañana siguiente, la pelirrosa despertó al oír unos gemidos extraños mientras algo se restregaba contra su pecho. Abrió los ojos lentamente y se encontró con el rubio moviéndose sobre sus pechos.

–¡NARUTO BAKA! –gritó. El aludido abrió los ojos y al verse en esa posición se exalto.

Alzó la mirada y se encontró con un par de orbes jade viéndole expectantes. Rápidamente de quitó de ahí con el rostro ardiendo en vergüenza.

–Yo, ¡Yo lo siento, Sakura-chan! – dijo, tartamudeando y bajando el rostro en un intento por ocultar su sonrojo.

–No hay problema, ahora dime, ¿qué paso ayer?

Un silencio se instaló entre ellos. Él mantuvo la mirada baja perdiéndola sobre algún punto de la alfombra mientras que ella le observaba con detenimiento.

–Sakura-chan yo… me voy –su respuesta fue inesperada y con un deje doloroso al terminar. Sakura vio que las manos se su amigo se aferraban a las orillas de un desafortunado cojín y de nuevo, un sin fin de preguntas poblaron su cabeza amenazando con asfixiarle de no responderse pronto. –Mi padre quiere que estudie en el extranjero –prosiguió. –Lo siento, Sakura-chan.

La noticia cayó como balde de agua fría sobre ella. Como la lluvia cuando se está de campamento o como un apagón cuando se está solo.

Sintió sus ojos humedecerse y sus manos temblar. Sintió la calidez de Naruto como parte de ella cuando la abrazó y sintió un pizca de madurez.

–Hey debes volar con tus propias alas ¿no es así?

–No quiero salir de nido, Sakura-chan – una de sus manos subió a sus ojos y limpió las lágrimas que salían de estos –¡Quiero estar contigo, dattebayo!

–Naruto, yo estaré bien siempre y cuando no me olvides, por favor

–¡Promesa de vida, Sakura-chan! ¡Volveré!

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Nuestra amistad no depende de cosas como el tiempo o el espacio…

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Sakura regresó a casa con el mayor pesar del mundo sobre la espalda. Por una parte se sentía bien por no haberle rogado a Naruto para que se quedase con ella, por el otro, los recuerdos de la noche pasada le atormentaban.

Haciendo a un lado el asunto de su no– ex-novio, quedaba aún el de su madre y Kakashi-sensei. Admitía que el hombre era tentador, pero demonios, ¡era su madre!

La misma que le había regañado por andar trepando árboles, la que le había enseñado a comportarse como señorita, la que se gastaba el día haciendo nada productivo. Era su madre. Su ejemplo.

La tarde había pasado lentamente y la pelirrosa se hallaba de nuevo frente a la puerta de los Uzumaki. Naruto le había mencionado que ese día harían una fiesta de despedida en su honor y que sería el más grande regalo que ella estuviese ahí.

Esas palabras habían sido un chantaje cruel.

Se vistió con un vestido sencillo color blanco de tirantes bordados rosas, zapatillas blancas y dejó su cabello suelto y adornado por un par de prendedores. Se hubiese negado a ir por no contar con el humor de no ser porqué al día siguiente el ya no estaría.

"No todos los días se va tu mejor amigo". Pensó, sonriendo resignada.

–Sakura-chan, te ves genial –dijo, con una sonrisa radiante adornando su rostro.

–Aprovecha que será la última vez que me veas en un buen tiempo.

Había transcurrido ya un momento desde su llegada y desde que vio a su madre y a su maestro. Su mirada los seguía ágilmente mientras ellos intentaban perderse hacia una de las habitaciones.

En cierto modo se sentía como cómplice de aquella treta.

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Nada teme el que nada debe…

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Luego de dejarlos perderse y de olvidar la cuenta de las copas que llevaba encima, se percató de que Helen, su madre, aparecía de nuevo esbozando una gran sonrisa. Sin embargo, no había visto volver a Kakashi. Era desagradable verla, con todo su cinismo e hipocresía ondeándose libremente por ahí. Aunque era más desagradable ver llegar a Sai e Ino a la celebración, mezclándose entre las personas, juntos, y saludando al señor Haruno y a Naruto de lo más tranquilos. "¿Quién se cree esa zorra para meterse con mis hombres?" se cuestionó, dando un último trago a la copa en sus manos. "Mierda, se acercan" musitó molesta.

Como la vil cobarde y ahora ebria que era, se dirigió a la misma habitación de la cual había salido su madre minutos antes.

Al entrar, maldijo y se movió con extrema precaución ya que la luz estaba apagada. Torpemente intentó alcanzar alguna lámpara pero al hacerlo, una figura se posicionó tras ella, posando sus manos en las caderas de Sakura y atrayéndola hacia su cuerpo subido de temperatura.

La figura desconocida acercó sus labios hasta el oído de la chica y con voz extremadamente sensual pronunció lo que sería, el inicio de una treta mayor.

–¿Así que viene por más Señora Haruno?

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A manos frías, corazón ardiente…

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TBC...

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Edición; 28 12 08

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