Resumen: En el fic Zutara completo más largo de este sitio, Iroh envía a Zuko y Katara en una búsqueda para prevenir la caída de la Sociedad del Loto Blanco. Deben encontrar a la Princesa Ursa, antes de que el otoño de paso al invierno. Un cuento épico de una legendaria historia de amor.
Caída del Loto Blanco
Capítulo 2: Magia
Música: Two Steps from Hell, Magic of Love
Era mitad de semana y esa mañana Zuko tenía reuniones con tres comités parlamentarios del Alto Consejo de la Nación del Fuego. El Alto Consejo consistía de cinco representantes de la nobleza de la Nación del Fuego, ricos comerciantes y eruditos. El Consejo entonces se dividía en comités que trataban asuntos específicos. Se suponía que aconsejaran al Señor del Fuego y a sus ministros para ayudarlos a tomar decisiones.
Ese día Agricultura, Asuntos Exteriores y Salud Pública ocupaban la agenda. Zuko trató de reprimir una jaqueca mientras estudiaba su itinerario. Tres de las reuniones más difíciles atiborradas en una sola mañana. Con seguridad, estaría muerto para el final del día.
Agricultura siempre era complicada. Entre sus miembros había ricos terratenientes con intereses opuestos, ninguno de los cuales podía jamás ponerse de acuerdo en algo. En el Consejo de Asuntos Exteriores, los comerciantes se aseguraban de presionar al Señor del Fuego para llevar a cabo duras negociaciones con el Reino Tierra por sus privilegios de comercio perdidos tras el final de la guerra.
La Salud Pública era un asunto que Zuko mismo había introducido después de visitar la aldea de Jang Hui. Para el sequito de Zuko los aldeanos habían hablado con reverencia y respeto de la misteriosa Dama Pintada que había curado a los habitantes de la aldea alguna vez súper contaminada. La superstición de los aldeanos había causado algunas carcajadas altaneras entre los concejales de Zuko. Pero cuando ellos se alejaron y los ojos de Zuko se encontraron con los del jefe de la aldea, el hombre había preguntado en voz baja sobre la salud de la Princesa de Agua con una sonrisa reservada.
A pesar del cinismo de los concejales, el breve encuentro había originado una idea en la cabeza de Zuko. Y una semana más tarde el Alto Consejo había sido agrandado con un nuevo comité de Salud Pública, que consistía en un par de jóvenes concejales y el Señor del Fuego.
El comité se hizo cargo de las tareas con entusiasmo y progresó con rapidez. En el último mes, un grupo de sanadores de la Tribu Agua del Norte había visitado la Nación del Fuego ante un pedido del mismísimo Señor del Fuego. Incluso habían accedido en compartir su conocimiento con sus colegas de la Nación del Fuego.
La más anciana de las mujeres había sacudido la cabeza cuando el Señor del Fuego le contó a la delegación la historia de la Dama Pintada, la cual lo había inspirado a crear ese comité. Juzgando por lo que les había dicho, el espíritu debía de ser un maestro sanador de agua control, la anciana había recalcado con una sonrisa divertida. Él había quedado estupefacto por su percepción.
Cuando se había hecho cargo de la difícil tarea de ser Señor del Fuego, Zuko con frecuencia le pedía consejos a su tío cuando sus consejeros y ministros lo estaban enloqueciendo con sus opiniones y discusiones. Pero, conforme pasaba el tiempo, su creciente experiencia perfeccionaba su propio juicio, permitiéndole cada vez con más frecuencia resolver los problemas solo.
A pesar de eso, aún extrañaba a su tío, que vivía en Ba Sing Se, muy lejos de él. Sabía que el anciano finalmente había encontrado su felicidad, pero muchas veces se sentía solo.
Mai no podía llenar ese vacío. Ella lo apoyaba de la mejor manera que podía, diciéndole que siguiera como hasta ahora, pero él no podía romper la barrera entre ellos para hablar realmente con ella. Ya se había dado por vencido en eso en el momento en que había vuelto a la Nación del Fuego con ella, Ty Lee y su hermana dos años atrás. Y por lo tanto, escribía sus pensamientos y preocupaciones en cartas para su tío, esperando hablar realmente con él en algún futuro cercano.
Zuko suspiró al pensar en Mai. Hasta ese momento lo había mantenido en secreto, pero planeaba declarársele en algún futuro no muy cercano. Sabía que se alegraría y sus padres, ambiciosos como eran, estarían encantados. De hecho, la madre de Mai nunca dejaba pasar un momento sin tirar indirectas sobre un posible matrimonio entre él y su hija.
Él esperaba que su matrimonio tuviera más amor que él que sus padres habían compartido. Mai lo había amado toda su vida, o al menos a una idea de él, y él creía que ella le gustaba también. Ella era de sangre noble, estaba familiarizada con la vida de la corte y la conocía desde que eran pequeños. Además era una excelente guerrera, algo que admiraba enormemente. Prefería ignorar la indefinible sensación de duda que carcomía su resolución por momentos.
Un suave golpe en la puerta le recordó a Zuko del ritual de baño y vestimenta que tenía que sufrir cada mañana e hizo a un lado su horario. Su Chambelán, un hombre mayor, agradable, que se parecía un poco a su Tío, lo empujó suavemente hacia el baño mientras les hacía señas a los sirvientes.
-¿Confío en que ha tenido una buena sesión de entrenamiento esta mañana, Su Majestad? –le preguntó mientras mantenía un ojo sobre los sirvientes a cargo del baño.
Cualquiera que hubiera visto a Zuko practicar fuego control al amanecer tenía que reconocer que se había convertido en un maestro muy poderoso. Las enseñanzas de su tío y la inspiración que había obtenido tras haber vivido con los Jóvenes Héroes de Guerra por un tiempo, lo habían bendecido con un estilo único, ya que hacia uso de técnicas de otras disciplinas de control.
Zuko parecía preferir especialmente el estilo de agua control con el que siempre terminaba sus sesiones de entrenamiento. Se había sorprendido un poco cuando el Chambelán le había preguntado una vez sobre esta preferencia, pero le había dicho al hombre que los movimientos de agua control tenían una influencia relajante en él, como meditar.
Mientras el sol naciente encendía al solitario joven en las arenas de entrenamiento en tonos rojo sangre, éste practicaba el permitirle al fuego acercársele lo más posible creando una capa de fuego que lo escondía completamente. Recientemente había desarrollado una manera de mantener dos látigos de fuego mientras blandía sus anchas espadas. Los látigos seguían cada movimiento de la espada y funcionaban como extensiones ardientes de los brillantes aceros.
De acuerdo a la humilde opinión del Chambelán, la vista más impresionante de atestiguar sin embargo era el torbellino de fuego que Zuko había desarrollado. Este movimiento, inspirado por un verdadero remolino de agua, significaba controlar una columna de fuego que asemejaba a un remolino como arma, rotándolo y dirigiendo sus movimientos al mismo tiempo. La presión del aire del remolinode fuego creado le permitía a Zuko levantarse del piso y pararse en la columna de llamas. Todos los que habían presenciado la escena se iban quedaban alucinados por la visión.
Pero ahora, Zuko arrugó la nariz, frustrado.
-Bien, supongo, aparte de lo que se refiere al relámpago –respondió.
El Chambelán sabía a que se refería Zuko. El joven Señor del Fuego se había desafiado a dominar el arte del relámpago control como su padre y su hermana. Algo que en lo que no había podido tener éxito hasta entonces. No importaba que ya hubiera desarrollado extraordinarias técnicas de fuego control, que probablemente ni el Señor del Fuego Ozai ni la Princesa Azula hubieran poseído jamás. Sin la habilidad de crear un relámpago, todavía se sentía irrealizado e indigno del título de Maestro que había recibido al final de la guerra.
El Chambelán le sonrió de forma tranquilizadora.
-Tendrá éxito algún día, Señor. Estoy seguro.
Zuko gruñó, molesto, dejando pasivamente que sus sirvientes lo vistieran con sus batas formales de Señor del Fuego.
-De acuerdo a mi Tío, tengo que encontrar un cierto equilibrio interno para tener éxito. Pensé, considerando como es mi vida en estos días, que ya habría alcanzado el equilibrio suficiente.
El Chambelán observó al joven de manera pensativa mientras recogían el cabello de Zuko en un rodete y la corona dorada se deslizaba por el sedoso cabello negro. El Señor del Fuego había cambiado desde que se había convertido en el gobernante de su nación hacía tres años. El muchacho se había convertido en un hombre. Y uno muy popular entre la población femenina de la Nación del Fuego.
Su pasada incertidumbre e irascibilidad habían dado paso a una calma reflexión de su recientemente hallada paz interior y una autoridad natural derivada de su experiencia como el Señor del Fuego. Había crecido hasta ser más alto que su propio padre, igualando la altura de uno de sus mejores amigos, el Príncipe Heredero de la restaurada Tribu Agua del Sur. Se le habían ensanchado los hombros y sus facciones cinceladas demostraban madurez. También se había dejado crecer el cabello, pero por alguna razón se rehusaba a dejarlo crecer lo suficiente como para tenerlo suelto por los hombros, como los Señores del Fuego anteriores habían hecho.
El Chambelán tenía su propia teoría de por qué. Aparte de la suave línea de sus pómulos que había heredado de su madre, Zuko había crecido hasta lucir exactamente como su padre. Al menos, cuando sólo se veía la parte intacta de su rostro. Entonces, Zuko había decidido llevar su pelo recogido en un rodete, como cuando era todavía un príncipe. Lo hacía para evitar demasiado parecido con su padre, para asegurarse que nadie lo confundiría con Ozai. Eso sería demasiado doloroso.
Recuperándose rápidamente de su ensoñación, el Chambelán anunció:
-Lady Mai me ha pedido que le informe que no lo acompañará ni en el almuerzo ni en la cena, dado que no se siente bien.
Observó atentamente la reacción de Zuko pero el joven Señor del Fuego se limitó a asentir distraídamente con la cabeza, murmurando para sí algo sobre que más equilibrio el relámpago control podía aparentemente requerir de él. El Chambelán sacudió la cabeza, resignado por la confirmación de sus pensamientos previos mientras el joven terminaba con su rutina matutina y se volvía hacia la puerta.
-La satisfacción es completamente un mundo aparte de la felicidad y el verdadero equilibrio, muchacho –susurró cuando el Señor del Fuego dejaba la habitación. Sus pisadas resonaron en el gran corredor cuando él también abandonó los cuartos reales.
Como Zuko había anticipado, las reuniones con los comités parlamentarios acabaron con la mayor parte de su energía. Para el mediodía se sentía exhausto. Ciertamente eso era prometedor para la tarde, cuando se suponía que leyera informes y proyectos de ley. Vagamente recordaba a su Chambelán diciéndole algo de que Mai no se sentía bien, pero no se preocupó mucho. Ella siempre usaba esa excusa cuando estaba demasiado perezosa, aburrida o las dos cosas para salir de la cama antes del mediodía.
Aprovechando su solitaria comida, Zuko pidió que le sirvieran el almuerzo en el estanque de los patos tortuga. Mai lo encontraba aburrido, pero él disfrutaba observar los hermosos jardines cubiertos en los intensos colores otoñales por los que era famosa la Nación del Fuego. Hojas de colores intensos decoraban los árboles del jardín mientras el abrasador calor del verano devenía en una temperatura agradable. Simplemente realzando la belleza del estanque de su madre.
Se sentó al pie de un pequeño árbol con las piernas cruzadas, maldiciendo las engorrosas batas que llevaba. Una pequeña bandeja ya lo esperaba a la sombre del elegante sauce, con su almuerzo y un poco de pan para los patos tortuga. Un placer que las criaturitas ya habían descubierto, junto con el almuerzo de Zuko. El maestro fuego no pudo contener una enorme sonrisa al ver a los patos tortugas reunidos alrededor de la bandeja, graznando con emoción. En ese momento los patitos notaron su presencia y se dirigieron al joven lo más rápido que pudieron.
Después de poner su almuerzo a salvo, Zuko tomó pequeños pedazos de pan para alimentar a los patos que graznaban con entusiasmo, con movimientos entrenados. Una de las afelpadas criaturas incluso decidió tomar el pan él mismo y saltó a su mano, mordisqueándole la palma con el pico buscando bruscamente. El pato tortuga recibió un poco de arroz como recompensa por su osadía, luego Zuko lo dejó andar balanceándose felizmente de regreso al estanque.
Comenzando lentamente a relajarse, Zuko comió su almuerzo con calma y apoyó la cabeza contra el tronco del árbol. Cerró los ojos disfrutando del sol en el rostro. Siempre se sentía más cómodo en el estanque, donde el recuerdo de su madre era más fuerte que en cualquier otro lugar. Aunque tenía que admitirlo, esa no era la única razón por la que siempre regresaba al estanque de los patos tortugas. No podía explicarlo, pero el agua parecía llamarlo. El destello del sol sobre la superficie, los pequeños círculos en el agua cuando llovía… parecía llamarlo con fuerza, recordándole a algo, a alguien. Apremiándolo a…
Zuko se puso de pie de un salto cuando una niebla brillante apareció de repente sobre la superficie, cubriendo lentamente las plantas a la orilla del estanque. Abrió los ojos como platos, conmocionado, cuando, en segundos, el jardín quedo cubierto por la bruma. El sol había desaparecido completamente en esa gris y espesa atmósfera en la cual todos los sonidos quedaban apagados. Ya no podía ver más que un par de metros a su alrededor. Cuando el frío empezó a calarlo hasta los huesos, notó que la temperatura había bajado también.
Mientras gotas minúsculas de agua empezaban a aferrársele a la ropa y a la piel, los latidos de Zuko se aceleraron cuando trató de orientarse. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde estaba? ¿Estaba todavía en el estanque de su madre?
Inspiró aire bruscamente cuando vio emerger una figura de entre la niebla. La figura flotó hacia él, usando la ropa suelta, dejándole que ondeara en el viento, y un sombrero de arroz con un velo que escondía su rostro a la vista. La niebla graciosamente fluía alrededor de la figura, suavizando su silueta. Cuando la figura se acercó más él pudo distinguir las rayas de pintura roja en sus brazos desnudos y el cabello largo flotando en suaves olas bajo el sombrero de arroz. En ese momento la reconoció: era la Dama Pintada.
Formó un silencioso "Oh" con la boca, mientras el espíritu se detenía justo frente a él, flotando en el medio de la nada. Se inclinó, acercando la cara a la de él. El velo oscurecía sus facciones pero él podía ver los diseños artísticos sobre su frente, mejillas y barbilla. Tragó con dificultad, incapaz de moverse al mismo tiempo que intentaba comprender el hecho de que ahora estaba encarando a un espíritu mientras sentía una inexplicable sensación de familiaridadal mirar dentro de sus profundos ojos azules.
Ella levantó una mano delgada cubierta en brillante agua azul.
-Esta es agua del Oasis de los Espíritus –aseveró con una voz suave y melodiosa que resonó de manera extraña en el aire-, tiene poderes curativos…
Zuko se quedó sin aliento y la sangre se le agolpó en los oídos cuando un solo nombre se le cruzó por la cabeza. ¿Katara? Era incapaz de moverse mientras observaba que su mano se le acercaba hasta quedar a unos centímetros de su cicatriz. Cerró los ojos de nuevo, en anticipación…
Nada pasó.
Cuando abrió los ojos, la figura ya se alejaba en la niebla, sonriéndole con delicadeza a través del velo andrajoso.
Dolorosamente la decepción lo recorrió, desgarrándole el corazón en el momento en que ella se alejó de él. Dejó escapar un agonizante dolor que sabía había sentido antes, pero que solo recordaba vagamente ahora. Por un momento los alrededores parecieron brillar con una suave luz verde y un rostro curtido por el sol con deslumbrantes ojos azules apareció perturbadoramente cerca del suyo… entonces, mientras el dolor cedía, notó que la figura flotaba sobre el estanque otra vez, llevando un objeto que brillaba tenuemente en sus manos.
Ella se agachó y colocó el objeto que brillaba en el agua, creando ondas sobre el estanque. El espíritu le sonrió una vez y lentamente empezó a retroceder dentro de la bruma, dejando su brillante regalo sobre la superficie del estanque de los patos tortuga…
Con un jadeo, Zuko despertó, los ojos como plato, y el corazón latiéndole desbocado en el pecho. Mientras trataba de calmar su respiración agitada, notó que todavía estaba junto al agua, sentado contra el árbol con el sol brillando todavía suavemente sobre la superficie, mientras los patos tortugas descansaban en paz sobre el agua.
Todo estaba tal cual lo había dejado cuando… cuando él…
Debo de haberme quedado dormido, pensó con un suspiro.
Cerró los ojos de nuevo tratando de evocar el misterioso sueño.
Katara… y la Dama Pintada… ¿Qué podía significar? La última vez que había tenido un sueño tan vívido fue cuando se enfermó tras liberar a Appa, recordó. En ese sueño los dragones Ran y Shao habían aparecido.
¿Eso significaba que se encontraría con la Dama Pintada? ¿O con Katara? Ni siquiera estaba seguro de que fuera un sueño. Había parecido tan real, y a la vez tan fantástico y casi podía sentir el roce de su mano enguantada en la brillante agua azul del Oasis de los Espíritus…
Sacudiendo la cabeza para liberarse de la somnolencia restante, hizo amago de levantarse. Entonces sus ojos descubrieron algo sobre la superficie que no había estado allí antes de dormirse.
Agrandó los ojos. Allí, sobre la superficie, disfrutando del sol sobre sus pétalos, descansaba una hermosa flor de agua. Un loto blanco.
Zuko se movió sigilosamente hacia el agua y parpadeó, incrédulo antes de estirar lentamente la mano. Tocó, vacilante uno de los frágiles pétalos, esperando que la flor desapareciera en una niebla resplandeciente como había hecho el espíritu antes. Pero la flor era real, tan real como los lirios de agua que la rodeaban y los patos tortugas que se acercaban, esperando más pan.
Fácilmente, Zuko se puso de pie, entornando los ojos cuando súbitamente una imagen de una ficha de Pai Sho cruzaba fugazmente por su mente.
-¿Qué está sucediendo? –Inquirió, esta vez en voz alta.
Fue entonces que el halcón mensajero eligió para llegar, trayendo una carta del Dragón del Oeste.
N/A: Zuko sabe que Katara es la Dama Pintada porque en el episodio de los Actores de la Isla Ember se refirieron a ella como tal en la obra. ¿Y reconocieron a la vieja maestra de Katara, Yugoda? Ella era la más vieja de los sanadores de la Tribu Agua del Norte que visitaron la Nación del Fuego.
Estoy incluyendo música que se adapta muy bien tanto a los a capítulos, tanto al título como al ambiente.
Quiero agradecer a mi beta Lieta por sus valiosos comentarios. ¡Gracias por leer y hasta la próxima vez!
NT: Ay mil perdones por haberme demorado más de lo prometido, pero esta vez fue una causa de fuerza mayor (?) cómo ponía mi mamá cuando no sabíamos que poner de justificación para mis faltas al colegio, jaja. En fin, de verdad, una tormenta nos dejó sin teléfono y como mi conexión está relacionada con eso, bueno, eso, me quedé sin teléfono e Internet. Gracias a Dios por los celulares en cierta forma.
Lo malo: no poder actualizar.
Lo bueno: tenía copiados en un documento de Word hasta el capítulo cinco, así que puede adelantar, solo me falta corregir y traducir cierto vocabulario del que no tengo ni la más pálida idea, así que, con suerte, si sigo conectada, prontito van a tener el capítulo 3
¿Les gusta el color que va tomando la historia? A mí me encanta el presente que le da y las referencias al pasado… ¡y todo lo que falta por venir! ¡Mortal! Así que a pesar de las demoras, intenten quedarse del otro lado, lo voy a terminar y el fic ¡sí que vale la pena!
GRACIAS: rusa-ranmayakane-zk, Bell-Star, Ari65 (me alegro que te haya gustado, espero que también hayas disfrutado este capítulo ^^), CaFanel, funny-life, Rashel Shiru y zutaraa forever (ya volviste de tus vacaciones? ojalá la hayas pasado lindo y espero que te guste el nuevo capítulo ^^) por sus palabritas alentadoras. Insisto, realmente dan ganas de continuar :)
