Lemon! XD Feliz Ai Chisse! (eso suena raro ¿no? LOL)
Le agradaba pasar tiempo con Usopp y ciertamente que era diferente de Sanji. Podía compartir muchas otras cosas con él. Quedarse hablando hasta tarde. Incluso hasta ayudarle con sus inventos, así fuera que al final solo era para hacerle compañía o alcanzarle las cosas. A veces hasta hacían una hora de ejercicios con las pesas del gimnasio, uno a la par del otro.
Y además, la forma cariñosa en que el tirador le buscaba era completamente diferente del cocinero. Claro que el rubio podía ser tierno y demostrativo, pero era distinto. Desde que él y Usopp comenzaran a frecuentarse de ese otro modo Zoro estaba seguro de que había habido un cambio en su manejo del santoryu. Tenía ahora un aplomo y una elegancia que antes se diluía en la fuerza y el poder que solía perseguir con tanto ahínco.
Se sentía muy satisfecho con su relación, con sus charlas. Solo había un detalle: aun no habían ido demasiado lejos en otros planos. Y si bien eso no le quitaba el sueño, le preocupaba.
Esa misma noche el tirador tiene que hacer el primer turno de la guardia, y claro que el espadachín tiene pensado retribuirle una de las tantas visitas nocturnas que él le ha hecho.
Asoma su verde cabellera por la escotilla y de seguido una botella de sake.
–Zoro, que sorpresa ¿vienes a hacerme compañía?– deja los catalejos y se acerca hasta él.
–Sí, algo así
Usopp le mira de costado ¿Algo así?
Roronoa tiende la mano y tira de él para poder abrazarlo. Siente como le acaricia el brazo desnudo y sube hasta su cuello, busca que alce el rostro para poder besarlo. El tirador acepta el beso, enreda sus manos en su cintura.
–¿Y qué es lo que trae aquí entonces?
–Antes sentémonos.
Se sientan en loto, uno frente al otro. Los precede el silencio.
–Listo, ya. Ya estamos sentados. Le incita al ver que no dice nada.
–Quiero preguntarte algo. Pero Zoro no pregunta.
– ¿Y qué me querías preguntar? –le pone nervioso que el Señor "siempre frontal" no le esté diciendo qué pasa.
–No quiero que te sientas presionado, – Debía de ser algo serio si su nakama le daba tantas vueltas al asunto– pero hay algo que quiero saber.
–Ya, solo dime qué es – comenzaba a impacientarse…
–¿Por qué aun no hemos tenido sexo?
–¡Eeeek!– parecía que algún extraño insecto le había picado en el trasero, por la forma en que este se sobresaltó con la pregunta.
–No tenemos qué hacer nada, –con una mano de Zoro le quita el sombrero y le acaricia el cabello– solo quiero saber si todo está bien entre nosotros.
Pese a que esas palabras eran muy sinceras Roronoa pronto se encuentra besando a Usopp con ardor. Quería tumbarlo sobre el piso de madera y hacerlo allí mismo.
–Perdón– se separa de sus labios, pero mantiene la cercanía.
–Está bien, entiendo. Se quita los auriculares y las gafas que suele llevar a todos lados. Se frota el lado derecho de la cara con una mano. – No es que no quiera sino que… su mirada se desvia, su compañero puede notar el rojo en sus mejillas morenas. –La sola idea me da miedo y me emociona a la vez.
–Bueno, no es que tengamos que hacer todo el kamasutra en una noche ¿O si? Podemos hacerlo en uno o dos meses.
–Lo sé pero aun así,- casi no podía evitar reírse de lo nervioso que se sentía.
El espadachín gruñe, y se cruza de brazos, pensativo. Con las piernas en posición de loto y el kimono semi-abierto, parece una suerte de buda malhumorado.
–¿Y si ponemos como limite la cuarta base?
–No entiendo
–Sin penetración.
–Ah.
Medita unos segundos lo que esto implicaba para él. Ciertamente que mucha de su aprensión viene por ese lado, así que de ese modo se sentía mucho más seguro…
–Es decir, si no quieres penetrar ni ser penetrado, yo lo entiendo. El sexo no pasa solo por ahí
–¿Qué fue lo que dijiste? ¿Penetr…–A Zoro le divertía el gesto de su compañero: estaba alelado.
–Penetrar y ser penetrado– repite como quien repite el nombre de la estación de tren cuando el boletero no escucha bien.
–¿Y tú dejarías que yo…? – hace la pregunta casi tartamudeando, atropellándose con las palabras.
Zoro se encoge de hombros. Si solo supiera que le permitía al cocinero de mierda hacer cada cosa…
–¿Por qué no habría de dejarte? – se echa un poco hacia atrás, como buscando verle mejor. Luego enarca una ceja. –¿Acaso crees que ir abajo o arriba es solo una cuestión de rangos o de fuerza? ¿Te es denigrante?
–Nononono– sus manos frenéticas le ponían énfasis a sus palabras, y termina negando también con la cabeza. –Claro que no pienso eso, es solo que no estaba seguro de qué pensarías tú al respecto y no sabía cómo preguntarte…
–Ahora que ya sabes ¿Podemos ir a ello? – el señor frontal hace su aparición de nuevo…
–¿Ahora? Es decir ¿ya? – su estomago da una voltereta de carnero– Supongo que sí- Contesta tartamudeando.
–Entonces ven aquí– lo toma del brazo y lo acerca hasta sí, para plantarle un feroz beso en los labios entreabiertos de sorpresa.
Aun profundizando el beso, yendo más lento y más despacio Usopp seguía tenso. Roronoa decide probar a relajarlo con una técnica que le había enseñado Luffy.
Al terminar el beso, el tirador se ve asaltado por Zoro al susurro de:
–¡Cosquillas!
El moreno comienza a reírse, a retorcerse y a pedir piedad. Terminó en el piso, despatarrado, respirando agitado y con la coleta de caballo a medio deshacer. El pelo verde del espadachín estaba al mitad en su lugar, la otra mitad hecha un revuelto, cual peinado punk. El kimono desarreglado, las mejillas arreboladas.
Aun riéndose un poco, vuelven a besarse. Esta vez con una calma que antes no estaba, sumada ahora al deseo de conocerse de otra forma.
Los dedos ásperos de Zoro, suaves en el gesto, deslizan uno de los tiradores de Usopp. La boca que segundos atrás le besaba ahora lamía la base de su cuello. Voraz se desplaza por su hombro, mordiendo inclemente. El tirador entreabre los ojos, aun se siente un poco nervioso y todo le resulta un tanto irreal. Casi como aquella noche en que los sentimientos de ambos habían quedado al descubierto.
Siente las mordidas y lamidas en su piel, la excitación y ansiedad que le provoca saber que adonde va ir llevándoles todo aquello. Su mirada fue a posarse en esa suerte de kimono verde que llevaba Zoro. Su mano acaricia su cuello, se cuela por debajo de la prenda, la lleva a deslizarse por la fuerte espalda, dejando al descubierto el hombro. Masculino y sensual a la vez.
Se toma la libertad de morderle, despacio. Y luego su boca sube por el cuello. Guiada por el recuerdo de todas las veces que sus ojos habían hecho ese mismo recorrido, anhelantes de algo que parecía inalcanzable… le lame, le muerde de nuevo, con suavidad y no porque Zoro sea frágil, sino porque quiere apenas pellizcarle con los dientes, para después dejarle fuertes marcas en la piel. Se deja llevar y le besa, empujándole contra el suelo de madera. Al segundo siguiente esta sentado sobre sus caderas, ambas piernas a cada lado de su cuerpo, sus manos sujetando las muñecas del espadachín en un gesto un tanto inútil. Ambos sabían que si había alguien en ese cuarto capaz de salirse del agarre del otro, ese sería Zoro. Pero este le deja hacer. Ceder, dejarse avasallar por el deseo del otro le resulta agradable, sumamente agradable.
El ruido de las prendas siendo echas a un lado, la sensación de calor, los casi inaudibles jadeos. Se siente mareado por todas esas sensaciones que lo invaden. Debajo de si el cuerpo solido y muscular de Zoro, se tensaba, contenía la respiración, se agitaba.
Las manos del espadachín le aferrara el trasero, lo aprieta contra sí a la vez que levantaba apenas las caderas, sin aplicar demasiada fuerza. Por un momento le hizo pensar en las olas que golpeaban las orillas de la playa... Casi como la fuerza de la naturaleza, ni suave, ni excesiva, amoldándose a él, yéndole al encuentro. Ahoga un jadeo en su cuello mientras siente con claridad como su miembro se aprieta contra el suyo por entre las ropas que aun les quedan. Es un poco desconcertante que se maneje con tanta pasión, casi rayana en la violencia, sin llegar a serlo.
Sus manos bajan por los brazos del espadachín acarician torpemente el pecho, húmedas de transpiración, hasta el sexo de su compañero. Le siente estremecerse con el contacto, a la vez que él sentía que su corazón se aceleraba y se le secaba la boca.
Su mano y toda su atención están allí abajo, esta como hipnotizado, subiendo y bajando. De vez en cuando escucha algún jadeo de Zoro, y tras meditarlo unos segundos decide llevar algo acabo.
Un improperio sale de los labios de su amigo y amante, tal la sorpresa de verse rodeado por la calidez y la humedad de su boca. Saber que logra esas reacciones en él le aceleraba los latidos. Sin pensarlo demasiado lleva su otra mano hasta su propia erección.
Roronoa esta especialmente limpio allí abajo, lo que le hace pensar que había planeado todo aquello, pero no podía importarle menos. Concentrándose en lo que hace, reflexiona que era casi como lamer un enorme digito, casi, porque bueno claramente no lo era. Además por muy higienizada que este, esa zona siempre tendría ese particular olor. Le agradaba, al igual que le gustaba la textura. La sensación que genera en su boca, le recuerda cuando momentos atrás juega con la lengua de su compañero durante el beso. Toda la situación estaba sobre cargando sus sentidos, podía sentir tanto a su compañero como a sí mismo al borde del orgasmo.
–Usopp. El jadeo ahogado de su nombre le tomó por desprevenido. Se vio jalado hacia arriba, hasta que estaban de nuevo besándose y lamiendo y besando cualquier tramo de piel que estuviera al alcance. Las manos de ambos buscando que sus penes se frotaran casi de manera desesperada.
Un susurro, un estremecimiento y una mordida bastante fuerte en su hombro, le dieron la pauta a Zoro de que su compañero se estaba viniendo. Eso y el semen humedeciendo la piel de su abdomen.
Le abrazo mientras sus corazones se calmaban un poco, bajaba un poco el ritmo de sus respiraciones agitadas.
Cuando se recuperó de su orgasmo, la mano del moreno bajo hasta el sexo del espadachín. Este emitió un gruñido, y buscó besarle mientras entrelazaba sus dedos con los suyos, marcando la velocidad de la masturbación. Se vino jadeando, tratando de no hacer más ruido del que ya habían hecho, resoplando con fuerza, mordiendo los labios de su compañero.
Roronoa lo abrazó casi como si tuviera miedo de que desapareciera. Era un poco doloroso, pero supo que solo era algo momentáneo. Además él mismo podía sentir algo que era una mescla de angustia y alivio. Pero después de unos largos segundos se dio cuenta de que se sentía muy feliz, y que la sensación de alivio y de angustian se debían ambas a lo nueva y atemorizante que le había resultado esa experiencia, pero también a que había estado anhelando, y no solo temiendo.
Sintió una lluvia de besos en su cuello, bajando por sus hombros, transformándose en leves mordidas afectuosas.
–Llegamos a puerto capitán Usopp
El moreno rio y se acomodó en sus brazos.
–Claro, es todo gracias a mi súper cábala secreta– Y ambos prorrumpieron en ruidosas carcajadas.
Esa y muchas otras noches, sus risas y el murmullo de sus palabas se mescló con el ruido de las olas contra el mascarón del Sunny.
