I – Licor en la primera vez.
─Ve arriba, Draco. Ya sabes lo que tienes que hacer: mata a todo rebelde que se te cruce o encuentres ─Lord Voldemort en persona lo guiaba. Draco asintió complacido: por supuesto, él sabía bien lo que tenía que hacer. Mientras sus compañeros mortífagos inspeccionaban los jardines y el Señor Tenebroso comprobaba que el primer piso del escondite descubierto estaba vacío, el joven se dirigió por su cuenta al piso superior. Avanzó con paso seguro, sujetando la varita con firmeza. La máscara ocultó la sonrisa que acababa de formarse en su rostro. No estaba alegre y feliz por el efecto del licor; lo estaba porque del grupo de los jóvenes y nuevos mortífagos, él era el predilecto del Señor Oscuro. Lord Voldemort era inteligente, todo el mundo lo sabía.
El registro marchó sin incidentes, aburrido, hasta la última habitación. Caminó en total oscuridad hasta el centro de la sala, guiándose sólo por su instinto. Una vez allí, murmuró un conjuro y la punta de su varita se encendió. La movió a izquierda y derecha hasta que distinguió algo que llamó su atención: parte de un cuerpo humano, iluminado apenas por la tenue luz, que intentaba esconderse detrás de unas cajas grandes, aunque no lo suficiente. Draco reaccionó con presteza: un movimiento de su brazo, un expelliarmus!, y su víctima se hallaba despatarrada e indefensa en el piso. Un débil quejido femenino llegó a sus oídos. Una mujer, pensó, y al instante una imagen lasciva se formó en su mente. La desechó rápidamente: los mortífagos tenían prohibido jugar con la comida. Sobre todo si era comida de mala calidad.
Apartó las cajas con magia, apenas moviendo su brazo, e iluminó el rostro de la chica que yacía a sus pies. No tuvo dificultad en reconocerla: ese espeso y descuidado cabello castaño sólo podía pertenecer a una sola persona.
─Granger.
Hermione Granger alzó los ojos, de un castaño apenas más claro que su cabello, para mirar a su agresor. Se la veía incluso más desarreglada de lo habitual. Tenía el rostro amoratado y debajo de sus ojos se apreciaban unas marcadas ojeras. Sus ropas muggle, de un feo color naranja, estaban manchadas de sangre. No dio muestras de reconocerlo, cosa que irritó a Draco.
─Veo que aún no te has dado cuenta de quién soy ─Murmuró Draco, quitándose la máscara. Rió malignamente al ver la expresión de rabia y sorpresa en el rostro de la chica─. Tienes suerte, Granger. Mi rostro será lo último que verás antes de morir. Todo un honor, ¿no crees?
Hermione sonrió y lo miró de arriba abajo de forma insultante.
─Lo sería si de verdad tuvieses el valor de matarme.
─No sólo eres una sangre sucia, si no que también eres la gran amiga de Potter. ¿Qué te hace pensar que no te mataré?
─Si quisieras hacerlo, ya lo hubieses hecho ─Respondió Hermione en tono de obviedad.
─Disfruto intercambiando opiniones con mi víctima antes de mandarla al infierno. Lamentablemente, como eres tú, lo haré rápido ─Alzó la varita y apuntó directamente al corazón de la castaña. Su mano no tembló en absoluto, y Draco se felicitó mentalmente por haber ingerido un poco de licor. El uso de sustancias estaba siempre permitido en la primera vez, aunque la otra persona no tenía porqué saberlo.─Te dejaré decir unas últimas palabras ─Concedió, imitando la forma en la que había visto actuar a Lord Voldemort con las víctimas "importantes". Hermione lo era: no sólo era una sangre sucia; no sólo era la gran amiga de Harry Potter; era su primera vez. Era especial.
Observó como la castaña sonreía.
─De nada servirá. Harry y Ron terminarán esta guerra antes de que ustedes lo noten. Puede que ellos no se enteren nunca de quién me mató, pero tú lo sabrás. Y te aseguro que no lo olvidarás.
No, no lo olvidaría. Hermione parecía querer decir algo más, pero la charla ya había cansado a Draco. La silenció con algo más efectivo que un silencius. Pronunció las grandes palabras por primera vez:
─Avada Kedavra!
Una intensa luz verde iluminó el pecho y el rostro de Hermione. Su cuerpo pareció alzarse unos centímetros del suelo, antes de caer hacia un lado. Liviano y sin vida. "Como un títere al que le habían cortado los hilos". Draco observó el cadáver unos segundos, y el licor lo hizo sonreír.
