Qué más da el futuro, si el presente es que importa. No se tiene un corazón de piedra, aunque lo intentes. Tratar de alejarse del ruido para escuchar los latidos de tu propio corazón es lo que intentó Castle. Pero desde aquella noche comprendió que su corazón sólo podía latir al ritmo que ella le marcaba. Seis meses alejado de todo para comprender que su mayor anhelo es estar junto a Bekett, pero no sabía si ella estaría dispuesta a volver. La otra persona que le importaba era Alexis. No supo nada de ella desde que se marchó. Quién sabría que estaría haciendo, que sentiría y lo más importante, ¿podría volver? Él se había ido sin más, sin dar explicación alguna.

¿Quién era aquel misterioso Nathan? Se preguntó más de una vez, por alguna razón sentía que lo conocía. Le recordaba a alguien, pero ¿a quién? Estaba trabajando en su portátil, cuando miró algunas fotos antiguas que tenía en su ordenador. En la comisaría con los chicos, con papá en su casa, una vieja que tenía con su madre antes de ir a patinar, otra con Castle en el día de su cumpleaños. Era difícil empezar una nueva vida, le había costado pero había emprendido un nuevo camino. Pero por algún motivo sentía que el pasado había vuelto. Cogió el último libro que estaba leyendo y fue al parque. Aquel viejo álamo se distinguía inconfundiblemente en la distancia, cruzó la calle que le separaba de la zona verde y entró en el parque. Le gustaba darse un pequeño paseo descalza por el césped antes de sentarse y leer. Así que caminó, la hierba fresca le acariciaba los pies y le hacía cosquillas. Cuando acabó su pequeña rutina se volvió a calzar y se encaminó al viejo árbol. Su vieja corteza tenía grabados nombres de distintos amores de épocas pasadas y presentes. Se sentó en el suelo y apoyó su espalda en el tronco, el misterio de "El Nombre de la Rosa" le esperaba.

Vomitó, que diablos haría anoche pensó. El brazo le picaba a la altura del codo así que se rascó. Todo el piso estaba desordenado, había vasos tirados por doquier, algo de ropa. En la mesa había restos blancos de polvo. Tenía la boca pastosa y le sabía a bilis y alcohol. Con dificultad se levantó del suelo y encaminó sus pasos al baño se miró en el espejo. Empezaba a estar consumida, sus ojos estaban rojos lo que hacía que el azul contrastase aún más. Sus pómulos sobresalían. Había faltado a su promesa, pero ahora ya todo le daba igual. El brazo le volvía a picar donde antes, se volvió a rascar. Se metió en la ducha y abrió el grifo, quería ahogar sus lágrimas y no sabía cómo. Esa sensación molesta le volvía al brazo, se miró un pequeño punto de sangre brotaba, recordó lo que hizo anoche, su viaje al infierno había comenzado.

Compró una rosa en la floristería, se sentía bastante mal consigo mismo, no estuvo en los momentos importantes. Se consolaba pensando que su trabajo le encaminaba a ideales superiores, pero eso no quitaba que se sintiese hecho una porquería. No siempre hizo lo que debía. Viajó en taxi al cementerio Green Wood en Brooklyn. Pagó al taxista y bajó del coche. Avanzó por el histórico lugar, algunas tumbas eran un tributo a la creencia de que el olvido es efímero. Pero no es así, las cosas sólo se recuerdan el tiempo necesario. Nada es eterno. Allí estaba la cripta del linaje Castle. Era sencilla, sobre el suelo había una losa de mármol para enterrar los féretros, tenía grabado el nombre de lo que podría considerar su familia. La lápida era un libro abierto que tenía grabadas citas en latín. Había una primera inscripción en la losa del suelo, Martha Rodgers (1940- 2013). Olió la rosa y con delicadeza la dejó sobre el blanco mármol. Se incorporó y una lágrima cayó sobre su mejilla, los tipos duros también tienen corazón, aunque sea de acero.

Cogió el avión rumbo a California necesitaba arreglar urgentemente unos asuntos familiares. Tenía tiempo libre, pero desde que supo lo que estaba pasando, tenía muy claro cuál sería su próximo objetivo. Unos compañeros de trabajo le hicieron un favor pasándole cuatro dossiers. Pertenecían a cuatro personas: Nathan Fillion, Alexis Castle, Martha Rodgers y Kate Bekett. Revisó el de Nathan, si no le hubiesen dicho que era su hijo le parecería una persona que le recordaba alguien. Suspiró hondo, su pequeña nieta se había iniciado en un camino del que conocía cual sería el final si no paraba o le ayudaban a hacerlo, acompañar a su abuela. La que hubiese sido novia de su hijo había evolucionado favorablemente. Era una mujer fuerte, admirable y un sinfín de cosas buenas. Jackson Hunt no quiso mirar el último expediente.

Miró al cielo mientras se secaba el sudor de la frente era media tarde y había trabajado desde el amanecer parando a almorzar únicamente. Su ritmo de labor era más frenético que nunca, tras la visita de una vieja amiga de la que hacía ya un mes. Acababa los días tan agotado que apenas tenía tiempo de pensar antes de quedarse dormido en el sofá. En el mercado donde vendía sus productos estaban encantados con el nuevo ritmo de producción, por lo que aumentaron sus ingresos, pero los donó a la iglesia local para que costease obras benéficas. No volvió al bar desde aquella noche, Marcus le preguntó pero dijo que el médico le había dictaminado intolerancia al alcohol y que los señoritos de ciudad requerían más de sus productos. El bulo pareció convencer a la única persona que podría decir que había podido considerar como un amigo. Fue a servirse un poco de agua al interior de la casa. Bebió dos vasos de trago, se estaba poniendo un tercero cuando vio por la ventana que un coche se acercaba en la distancia. Corrió un poco la cortina. Ese hombre no podría pararse delante de su casa sin saber quien habitaba en ella. Así pues salió a su encuentro en la puerta.

- ¿Qué quieres?- preguntó secamente y sin contemplaciones.

- Podrías al menos invitarme a pasar, ofrecerme una cerveza. En definitiva ser una persona educada ¿O acaso tu madre no te enseñó modales?- contestó Jackson. Castle se apartó y su padre pasó. Fue al frigorífico y sacó dos cervezas, las abrió y ofreció una a su padre- Tienes una bonita casa hijo mío.- y acompañó el final de la frase con un trago

- No está mal. ¿Qué es lo quieres?

- Verás Richard, debes enfrentarte a tus problemas.-

- Mis problemas son sólo míos, durante años no te importaron lo más mínimo-

- Te ayudé a entrar en la CIA cuando necesitabas escribir tu libro, también te di un ejemplar de Casino Royale en aquella biblioteca hace tantos años.-

- Unos torpes gestos no compensarán un pasado de abandono.- su padre le dio una bodetada.

- Tienes el valor de replicarme que te abandoné cuando tú has hecho lo mismo con tu hija- bebió otro trago de cerveza.-

- Ella tiene a la mujer que también abandonaste hace tantos años. Lo hizo bien conmigo, supongo que lo hará bien con ella.-

- Esa mujer ha muerto Richard.- a Castle se le fue el calor de la cara. – Murió de pena al ver que su hijo no pudo superar la perdida de una simple novia.-

- No hables así de Kate- empezaba a estar furioso. - ¿Cómo se que no te lo estás inventando?- otra bofetada cruzó su cara.

- Nunca te atrevas a poner en duda mi palabra y menos acerca de la mujer que he amado.- sacó el informe de Martha y se lo pasó. Castle empezó a leer y llorar a partes iguales, pero la muerte de su madre no iba a cambiar su determinación de no volver, al menos, no como Castle. Alexis era mucho más madura que él. Se secó las lágrimas que brotaban de sus ojos.

- Iré a presentarle mis respetos.- dijo sinceramente.

- Bien, me alegro.- suspiró no sabía cómo decírselo – Volverás con tu hija, es una promesa que debes hacerme antes de marcharme. –

- No, esa promesa no puedo hacerte y menos cuando tú mismo no fuiste el padre que debías-

- Lo sé, pero mi trabajo me lo impedía y tú siempre tuviste a Martha. Alexis está sola completamente Richard.- suspiró – Durante años lo que más orgullo de padre me ha producido es ver que tú fuiste la persona que yo no fui para ti. Recuerdo veros en la distancia, mientras jugabais juntos en el parque- Castle no puedo retener otra lágrima – Siempre has sido un gran padre, puede que te duela perder a una mujer extraordinaria, pero por ello no debes dejar que tu propia hija pierda el rumbo.- y le pasó el informe de Alexis. Castle terminó de leerlo y se derrumbó sobre el suelo. Tiró el informe, le quemaba, era veneno. Retrocedió, quería alejarse de esa serpiente que en aquel momento le constreñía el pecho. Su padre avanzó hacia él y le ofreció su mano para levantarse.

- Tenemos derecho a dudar, pero es obligatorio levantarse.- Castle tomó la mano de su padre y se incorporó.

Su padre había traído una maquinilla eléctrica, varias cuchillas y unas tijeras. Le ayudó a cortarse el pelo. Cogió el espejo del baño y lo puso en la silla en la que se sentó para pelarse. Frente a él se recortó la barba para después poder afeitarse con más facilidad, subió al piso de arriba y se dio una ducha. Fue a su dormitorio con la toalla puesta y abrió el armario, su chaqueta estaba en la percha cubierta por una funda de plástico, la acarició, cogió una camisa blanca y unos pantalones. Lo dejó todo sobre la cama con cuidado y comenzó a vestirse. Salió a los diez minutos, su padre le esperaba en el salón.

- ¿Qué tienes pensado para Nathan Fillion?-

- Bueno, he vivido una mentira durante un tiempo. Mejor será destruirla.

- ¿Tienes pensado algo?

- Si, es posible- fue a su camioneta y vació el depósito de gasolina en una garrafa. Su padre le esperaba en el coche, así que no vio lo que estaba haciendo. Así se sentiría mejor consigo mismo, debía quemar aquella mentira que había estado viviendo. Terminó de esparcir el combustible y salió, se estaba palpando en busca de cerillas, Nathan tenía la costumbre de llevar cerillas encima.

- Hijo, toma- su padre le había lanzado un mechero zippo. Lo encendió y lo arrojó a la mancha de gasolina. La casa empezó a arder, se quedó contemplándolo un momento. El fuego se estaba propagando, el final era inevitable.

Era ya de noche. No le apeteció cocinar por lo que fue a un burger. Estaba de camino cuando pasó por una tienda de electrodomésticos. En el escaparate había televisiones. Se quedó mirando un anuncio que le llamó la atención, cuando acabó se dispuso a irse pues era un programa de prensa rosa, pero algo captó su atención. "Así es, la hija del famoso y desaparecido escritor Richard Castle reside actualmente en Los Angeles. Parece que está invirtiendo la fortuna de su padre en una agitada vida nocturna. En las imágenes que pasaremos a continuación podrán ver de lo que hablamos". Era un fantasma, su palidez le daba un aire aún más incorpóreo. Estaba consumida, era un saco de piel y huesos. "Parece que la joven Alexis no logró superar la pérdida de su abuela, Martha Rodgers actriz que gozó de cierta fama en los años ochenta. Esto junto la desaparición de su padre le han llevado a evadirse de la realidad en la noche, según informan desde su entorno". Le había fallado, Alexis acudió en busca de su ayuda y no hizo lo que debía, buscar a Castle ella misma. Pensó que Castle volvería al cabo de un tiempo, pero era una realidad que había desaparecido.

El coche paró frente a un hotel. Castle y su padre bajaron del coche y se encaminaron al interior del edificio. Durante el viaje Castle pensó en que le diría a Alexis, podría no aceptarle con todos los motivos del mundo. Durante siete meses se marchó buscando estar sólo y no volver, pensó equivocadamente que Alexis sería fuerte, que al ser más madura que él lo superaría antes. Pero estaba equivocado. Pensó y pensó durante la noche, al final se durmió un par de horas antes del amanecer. Tras despertarse, se duchó y bajó a desayunar algo en la cafetería. Habló con su padre sobre Alexis y se fueron, se encontraban frente al coche cuando Castle se sinceró con su padre

- Gracias, por indicarme el camino correcto.- Jackson asintió.

- Como te dije, tenemos derecho a dudar, los problemas podrán afectarnos, pero hemos de ser más fuertes que ellos y levantarnos.-

-¿Será esta la última vez que nos veamos?-

-No lo sé hijo. Si es así me marcho orgulloso.- miró un instante al suelo- ¿Sabes que vas a decirle?-

- No lo sé, tendrá todo el derecho del mundo a odiarme, a apartarme de su camino. Pero debo ayudarle aunque sea una última vez.- Su padre apoyó una mano en su hombro y con la otra sacó una llave.

- Ten es la llave del apartamento donde vive Ale…- con un gesto Rick la rechazó. Jackson pareció entender las intenciones de Castle. Se abrazaron.

- Ten cuidado papá- sus ojos se humedecieron.

- Gracias hijo mío.-

Llamó al portero automático, no obtuvo respuesta. Insistió una y otra vez. Al final el portero del edificio se acercó y abrió la puerta.

- ¿Desea algo?-

- Quisiera ver a Alexis Castle- el portero invitó a pasar, había un pequeño mostrador a la derecha, al otro lado un gran espejo incrustado en la pared, al fondo se veía un ascensor.

- Vaya, ¿ahora busca compañía de hombres mayores?- no pudo contener su ira. Un puñetazo rompió la nariz del portero. Lo estampó contra el mostrador, lo tenía cogido por las solapas de la camisa. Castle respiraba entrecortadamente, la furia le cegaba, el hombre estaba muy asustado.

- Quiero que te quede clara una cosa, no le faltes al respeto a mi hija y menos en mi presencia. Ahora me abrirás la puerta de su casa y nada habrá pasado. ¿Queda claro?- el hombre asintió, temblando fue a buscar en un cajetín de llaves. Cogió la del tercero y miró desconfiado a Castle. – No tenemos todo el día, no se a que esperas para abrirme la puerta-. El ascensor se paró en el tercero y el miedoso hombre abrió la puerta de la izquierda. Con desprecio Castle contó unos billetes y se los ofreció, pero cuando su cabeza se irguió vio la puerta del ascensor cerrándose. Entró y cerró la puerta tras él. Todo estaba revuelto y desordenado, ya tenía algo por lo que empezar.

Abrió los ojos, estaba tumbada en su cama. La cabeza le daba vueltas, otra noche más se había acercado al abrazo de la muerte. Tenía los antebrazos sembrados de marcas de sangre. Se incorporó y vomitó, al acabar se volvió a derrumbar. Un ansia nacía en su interior, quería volver a consumir, quería alejar el dolor. Subió la persiana y la luz le cegó, debían de ser la cinco pensó. Se puso algo de ropa que había por el suelo de su dormitorio, hurgó en su bolso y sacó unos cuantos billetes de cien. Abrió la puerta y vio que todo estaba ordenado, durante el tiempo que llevaba allí viviendo no se había preocupado por recoger, tampoco ensuciaba nada pues siempre salía fuera a comer o cualquier otro menester. Sólo usaba la casa para dormir y ocasionalmente el baño. Pero cuando llegaba a su casa inmersa en sus viajes, tiraba cosas, rompía otras y hacía otras tantas que no recordaba. Alguien había ordenado todo, las cosas rotas no estaban, las que no lo estaban puestas en algunos sitios en los que no lo estaban al principio. La puerta principal se abrió, alguien apareció en el umbral cargado de bolsas de la compra.

- Alexis…- pero Alexis se lanzó hacia él, primero le abofeteó y posteriormente empezó a golpear su pecho. La muchacha lloraba sin consuelo. Papá dejó caer las bolsas y condujo a Alexis al salón, estaba furiosa y confusa. Por alguna extraña razón su padre había ganado fuerza no le dejaba moverse con libertad, sólo podía patear al aire y lamentarse. La posó sobre el suelo y se arrodilló junto a ella.

- Hija mía lo siento-. Le abrazó, o por lo menos intentó poner su cabeza contra su pecho. Pero Alexis se revolvió y retrocedió.

- Te fuiste, te fuiste, he tenido que cargar con la culpa de que mi padre había desaparecido por mi culpa.- le escupió en la cara con toda la furia que sentía en ese momento. Pero papá en lugar de montar en cólera se limpió muy tranquilamente, sus ojos empezaban a brillar. – Me abandonaste y me quedé sola cuando la abuela murió. Ahora no puedes volver cómo si nada pasara- una lágrima dibujó un surco en la mejilla de su padre.

- Lo sé, pero este no es el camino hija mía. Déjame ayudarte por última vez- y le cogió el brazo intentando que viese los pinchazos – Luego prometo irme si no deseas verme. Tienes toda la razón del mundo. Actué cómo un cobarde y estás legitimada a odiarme, pero no puedo verte así.- aquellas eran las palabras de un hombre sincero, su mirada reflejaba decepción. Una decepción del que sabía haber actuado mal y de manera egoísta.

- Tengo que irme, lo siento papá-

- No voy a dejarte marchar, no hasta que ordenes tu vida.- la ansiedad empezaba a crecer en Alexis, le picaban los brazos y sentía frío.

- ¡Déjame tengo que irme!- se incorporó pero Castle le agarró por la cintura.

- No, ahora no.- Cogió el móvil y llamó a los sanitarios. Quiso resistirse de la fuerza que le retenía, quiso ir a comprar más heroína, pero se lo impedían. Luchó por escapar, pero no pudo. Vomitó a causa de la abstinencia, papá le limpió las comisuras con cariño.

- Vamos cariño, papá está contigo.- le tenía cogida entre sus brazos. Su mejilla estaba junto a su cabeza. Los temblores se sucedían quería morir en aquel instante. La ansiedad era tan intensa que le nublaba el juicio, tanto que no escuchó abrirse la puerta, notó un pinchazo en el cuello y todo se acabó.

Castle miraba a su hija a través del cristal, estaba profundamente dormida, unas correas le mantenían el pecho, manos y los pies amarrados a la cama. Castle se sentía muy mal consigo mismo.

- Le hemos administrado un sedante señor Castle. En estos momentos le estamos haciendo una hemodiálisis. Cuando despierte le administraremos un poco de metadona, para que pueda pasar el síndrome de abstinencia. Aquí tiene los folletos de clínicas de rehabilitación-

- ¿Hay alguna en la que me permitan estar con ella?-

- En las Encinas tienen un programa basado en el apoyo familiar junto al propio tratamiento, el problema es que es una residencia cara. -

- El dinero no es problema. ¿Podría pasar a verla?-

- En este momento no puede, lo siento.-

- Está bien- estaba anocheciendo. Cuando acabaron de hacerle a Alexis la hemodiálisis le permitieron pasar, dijeron que el sedante aún actuaba y que se despertaría en mitad de la noche. Se sentó en el sillón que había frente a la cama y dejó la mente en blanco, tratando de dormir.

Abrió los ojos, parpadeó con fuerza un par de veces. Intentó incorporarse, pero algo le retenía. Miró al frente, papá estaba montando guardia sentado en el sillón. Sentía que acababa de salir de un sueño muy dulce. Intentó moverse pues estaba incomoda, aquellas correas le aprisionaban contra la cama.

- ¿Te ayudo?- el silencio fue su respuesta. Así que Castle se levantó y empezó a aflojar las ataduras de los pies. Alexis empezó a tener una mala sensación, la placidez con la que había despertado se estaba esfumando, dejando paso a un demonio que quería más sacrificios. Empezó a boquear, necesitaba más aire. Sudaba, las correas se empezaban a tensar. Papá lo notó, haciendo que parase. Tomó su mano y ella instintivamente la apretó con todas sus fuerzas. Sacó un pañuelo de su bolsillo y empezó a secarle el sudor de su frente y la cara. Alexis no pudo soportarlo más y empezó a gemir por la ansiedad que tenía. Las lágrimas se escapaban de sus ojos por el demonio de la abstinencia. Castle pulsó un botón que había sobre la cama y una enfermera apareció al poco tiempo. Le puso un compresor en el antebrazo y espero a que las venas aumentaran de volumen. En una que había surgido de la mano pinchó e hizo que se calmara en parte. La enfermera se marchó diciendo a su padre que si había algún problema más no dudara en volver a llamarles.

- Estas siendo muy fuerte hija mía, verás cómo todo sale bien- y le besó en la frente.

- Papá…- dijo aún con lágrimas en los ojos.- Gracias por estar a mi lado.-

- Siempre- y sonrió ligeramente. Pasaron un par de horas más, Castle luchaba por no dormirse. Se levanto del sillón y lo cogió en peso, lo puso junto a su cama y le cogió de la mano.

- Espero que algún día puedas perdonarme.-

- Estás en el buen camino- dijo ella con una ligera sonrisa. Finalmente Castle no pudo soportarlo más y se quedó dormido. Amaneció y Alexis estaba cansada, la noche había sido incomoda entre el malestar que tenía y que había dormido casi toda la tarde no le permitió descansar. Las enfermeras pasaron por la habitación y le pusieron una medicación nueva, estaba muy cansada y quería dormir. Sólo podía ver la pared que había frente al cristal, el cual estaba cubierto por una cortinilla. La puerta estaba abierta ya que habían pasado a traerle el desayuno, papá aún dormía, mejor pues si estuviese despierto hubiese visto a Kate Bekett aparecer por la puerta. No sabría que hubiera podido pasar. Cómo apareció se volvió a marchar al ver a Castle dormido. Una respiración profunda se sucedió a su lado. Castle parpadeaba, se acababa de despertar.

- Alexis, discúlpame un momento pero voy a bajar a por un café-

- No, quédate conmigo- dijo en un desesperado intento de retenerle, si salía por la puerta seguramente se encontraría con Bekett. – Podemos compartir el desayuno-

- No, usted necesita comer, presenta un cuadro de desnutrición.- terció la persona que le había traído la comida. Castle estaba a punto de salir cuando se detuvo en seco y volvió sobre sus pasos.

- Quizá el café pueda esperar- y se volvió a sentar en el sillón.

¿De dónde se supone que vuelve un desaparecido? ¿Después de la terapia, cómo podía afectarle tanto volverle a ver? Quizá porque de donde hubo fuego quedan aún cenizas. Estaba sentada en su mesa de trabajo, todas estas preguntas asaltaban su cabeza. Por la mañana a primera hora había cierto ajetreo en la oficina con el correo matutino. Ordenes de arriba, cartas de fiscales y un largo etcétera – A su mesa llegó una orden de detención y una carta desde BeaverWood, California. Era una foto de la final de billar junto con una pequeña nota.

Agente Kate Bekett, le adjunto una copia foto de la final del torneo de celebramos aquí en el pueblo. Espero que todo le vaya bien. El pequeño Adam dice que quiere hacerse policía, usted le causó una muy buena impresión y eso me alegra. También me es triste infórmale que nuestro vecino y otro finalista, Nathan Fillion, se encuentra desaparecido, su granja ardió y no se sabe dónde puede estar.

Atentamente Alan.

La carta cayó a su mesa, ya tenía la respuesta a una de sus preguntas, quizá a la otra también.

Castle y Alexis paseaban tranquilamente por el jardín de la clínica de Las Encinas. Su relación había mejorado. Lo mejor de todo, pensó el padre, era que el perdón parecía incubarse en el interior de su hija. Se había hecho amiga de un guitarrista llamado John, durante su estancia en la clínica. Estimaban que el tiempo de tratamiento sería de unas tres semanas más. Castle dormía en un hotel a unos kilómetros del centro de terapia, todas las tardes iba a visitar a su hija y había participado en algunas de las actividades que formaban parte del proceso de rehabilitación.

- ¿Qué tal va todo?- preguntó Castle

- Mejor, aunque aún queda un poco más- respondió Alexis

- Estás en el camino correcto.-

- Lo sé, pero, ¿que será del futuro?

- Bueno, podemos tener previsiones de él. Pero sólo hasta que llega no sabemos cómo es-

- Más de una vez he pensado que esto marcará mi futuro-

- Quizás sí, una vez me dijo un hombre que lo importante no es caerse, sino volver a levantarse y tú lo estás haciendo-

- ¿Pero aprenderemos a no tropezarnos más?-

- No, obviamente no. Eso es a lo que llaman experiencia. La experiencia no te da la visión para ver los nuevos baches. Pero si te da la sabiduría que siempre hay posibilidad de levantarse.-

- Ósea que estamos condenados a cometer siempre los mismos errores.-

- No, los errores se cometen una vez por unas circunstancias determinadas. Cada vez que te vuelves a equivocar es por algo nuevo, algún matiz distinto. Aparte que estamos condenados a equivocarnos pues no somos perfectos.-

- ¿Y lo que tuviste con Bekett fue un error?-

- No, tuve la suerte de unir parte de mi vida a parte de la suya. Durante el tiempo nos tocó pasar juntos, no sólo como pareja, vivimos muchas cosas que nos unieron. Aprendí que era una persona maravillosa, con sus miedos, dudas, pero que supo sobreponerse a todo incluso cuando yo le volví a presentar el pasado ante su puerta.-

- Apareció en el hospital, pero no se quedó, pareció que verte le impidió hacerlo-

- En ese caso debo de ir a pedirle disculpas y decirle una vez más que no se esconda tras el muro. Pero antes tengo otras cosas más importantes.- Alexis miró curiosamente a su padre – Tú y luego debo de ir a presentar mis respetos a la abuela. Darle las gracias y pedirle disculpas.-

- ¿De qué debes disculparte?-

- De ser un egoísta, contigo, con la abuela y con Bekett.-

- ¿Con Kate?-

- Si, a veces el destino le gusta jugar a juegos un poco crueles.-

- ¿Puedo hacerte una última pregunta?- Castle asintió- ¿Porqué te fuiste?-

- Por cobardía. Sentía verme sólo y no me gustó. También estaba cansado de ser Richard Castle. Pero soy quien soy y no puedo negarlo ni huir de ello.-

- ¿Sólo? Me tenías a mí y a la abuela.-

- Lo sé, pero durante mucho tiempo has sido mi pequeña y ese día comprendí que debías seguir tu propio camino- Castle suspiró- No podía soportar ver que estabas preparada para el mundo de fuera, que estabas preparada para afrontar tu propia vida lejos de mí. Con respecto a la abuela, siempre ha sido una mujer libre, no le podía obligar a quedarse conmigo.-

- Pues algo debiste hacer mal, porque estamos aquí.- dijo Alexis con amargura.

- En esencia hiciste lo mismo que yo, quisiste alejarte del dolor. Es algo muy humano, pero el dolor hay que afrontarlo, por eso estamos aquí.- pararon un momento y se quedaron en silencio. Unos metros más adelante John practicaba con su guitarra, padre e hija se quedaron contemplándolo, era un virtuoso y por sus cuerdas emanaba una magia que los tenía embobados.

- Es realmente bueno.- dijo Castle

- No sabes cuánto- dijo Alexis con una sonrisa.