Capítulo beteado por Patto Moleres, Beta FFAD.
www facebook com/ groups /betasffaddiction
Los personajes no son míos, tan solo la trama.
Aviso por alto contenido sexual, ademas de relaciones entre tres miembros o tríos.
Obviando ese comentario de intenciones de Emmett me dirigí a mi habitación. El chico era de lo más gracioso, pero lo más extraño es que no me disgustaba para nada su coqueteo. Más bien me sentía alabada.
Abrí la maleta con el fin de colocar mi ropa en el armario. Pero mis ojos se abrieron como platos. Allí no estaba mi ropa. Absolutamente contrariada comprobé que realmente se tratase de mi maleta aunque una idea surgió en mi cabeza sobre quién puede ser el causante de algo así. Maldita sea. Definitivamente odio a mis amigas.
Encajes, ropa interior minúscula, vestidos con escotes de vértigo, bikinis diminutos.
Sobre todo esto, descansaba de forma delicada un sobre rosa palo. Bastante molesta lo tomé con rabia.
Querida Bella, sabemos que debes de estar de lo más cabreada pero sinceramente pensamos que necesitas un empujoncito. Eres joven, tienes toda una vida por delante. No pretendemos que te tires al primero que te pase por delante, tan solo que vivas. Que dejes esa horrorosa rutina. Demetri estaría muy decepcionado si te viese así.
Dinos, ¿dónde está la chica espontánea que se reía de la vida?
Él se fue, sí, pero tú estás aquí y no hay nada malo en vivir. Sólo te animo a que sientas, a que te dejes llevar y por amor a la vida deja de reprimir lo que siente tu cuerpo.
Un beso, te queremos.
Con el corazón un tanto encogido por sus palabras me senté sobre la cama. Sabía que todo lo que decía era cierto. Quizá ya era hora de desprenderme de Demetri. De seguir con mi vida. Tocar con los dedos de mis manos los placeres que la vida te da y de sus libertades al completo.
Comencé a deshacer la maleta. Era hora de dejar de ser la tonta. Obviar las culpas o aunque sea intentarlo. No había mejor modo de comenzar que asistiendo a esa cena que Emmett nombró.
.
.
.
Un vestido azul marino con tirantes de encaje del mismo color, con escote palabra de honor y un poco superior a la mitad del muslo. Tomé un cinto plateado muy coqueto. Me coloqué unos taconazos que hacían ver mis piernas sexis, añadiéndole a esto mis uñas muy bien cuidadas pintadas de color rojo pasión.
Peiné mis cabellos en suaves ondas que caían en cascada por mi espalda. Me maquillé marcando bastante mis ojos y un color escarlata para mis labios que resaltaban sobre mi pálida piel.
Di una vuelta sobre mis pies y sonreí ante el espejo. Amaba arreglarme y verme bonita. Tomé la cartera a juego y caminé por los pasillos en busca del restaurante donde se ignoraría la travesía. Pero la tentación de caminar por el barco y coger algo de aire me tentó de sobre manera.
Apoyándome en la barandilla cerré los ojos y dejé que la intensa briza del mar golpeara mi cara provocando que riera bajito. Mi cabello se desordenó inevitablemente pero la verdad me tenía sin cuidado. La sensación del viento contra mi cada era irresistible.
—Una noche preciosa sin duda —comentó una voz aterciopelada a mis espaldas causando que me encogiera debido a la sorpresa. No esperaba que nadie estuviese aquí arriba a estas horas.
—Sí, muy hermosa —dije a la vez que me volteaba y me encontraba con un par de ojos que me miraban un tanto codiciosos. Sin poder evitarlo mis labios se secaron. Joder, el hombre estaba buenísimo. Tenía un porte y una elegancia que te atraían sin ninguna duda. Era como un imán. Deseaba estar a su lado y saber cuan bueno era su perfumen. O esos labios delicados y tentadores que te invitaban a besarlos.
Sacudí mi cabeza en un intento de desaparecer esos pensamientos. Jolines, el hombre era un pecado en sí mismo.
—Edward Cullen —dijo extendiendo su mano hacia mí.
—Isabella Brandon —me presenté sonriente ofreciéndole mi mano. Me mordí el labio sin darme cuenta en signo de expectación. Pero lejos de lo que esperaba, el señor tiró de ella acercándome a su cuerpo. Llevó mi mano a sus labios donde depósito un beso húmedo en ella. Sentí como su lengua jugaba brevemente con mi piel. Mis ojos parecían querer salirse de mis cuencas por su proceder.
—Encantado cariño. —Suspiró muy cerca de mi rostro. Retrocedí levemente, me sentía un tanto anonadada por su actuación. Sonreí levemente, este hombre era un atrevido.
—¿Acostumbra a invadir a las muchachas de esa forma tan… directa? —pregunté con suavidad mientras me volteaba de cara el océano, pues necesitaba recuperar el aliento. Este hombre podría acabar con mi corazón pero extrañamente no me sentía molesta. Más bien deseaba más de eso.
—No, sólo a las que me interesa —dijo con deje de humor en su rostro.
—Supongo que debo tener en cuenta su declaración —dije un tanto evasiva pero siguiéndole la broma.
—¿Acaso no quedó claro que me interesa Isabella? Si no puedo buscar un modo más persuasivo de que me entienda —susurró en mi oído mientras deslizaba un dedo a lo largo de mi cuello provocando que el cuerpo se me erizara de las increíbles sensaciones que me recorrían.
Mierda, nunca había sentido algo como esto.
—Usted está loco, no me conoce de nada —repliqué con energía intentando poner algo de distancia entre él y yo, pero era imposible.
—¿Realmente es necesario? No lo creo. Tus ojos no mienten y tu cuerpo mucho menos —suspiró en mi cuello causando que mis pechos doliesen. ¿Qué era todo esto que me hacía sentir?
—Déjeme, yo no soy lo que busca —susurré intentando alejarle. No entendía nada.
—¿Y qué es lo que busco Isabella? —preguntó dejándome callada.
—Me tengo que ir —susurré esquiva.
—La acompaño Isabella —comentó dejando las cosas estar. Me ofreció su brazo para que me agarrase a él, sin poder evitarlo lo tomé. Era fuerte y duro bajo mi tacto. La verdad se me había quitado el apetito. Necesitaba saber que era lo que me pasaba. Primero con Emmett y ahora con él. Quizá me he vuelto una desquiciada que sólo quiere la compañía de un hombre o es que me he convertido en una viciosa.
—Tenga cuidado con el escalón —dijo su voz de terciopelo justo antes de que tropezara. Entramos al establecimiento. Sin duda era hermoso decorado en rojos y dorados. Edward me guiaba por el lugar como si ya supiese a dónde se dirigía. Yo le seguí sin decir nada. Pronto llegamos a una mesa que se encontraba en penumbras y situado muy cerca del escenario.
Casi al instante unos camareros llegaron a pedir la orden. Pero Edward los despachó muy rápido pidiendo la orden de la casa. Sentía como me miraba, más bien me inspeccionaba como quien busca algo.
—¿Eres virgen? —cuestionó de pronto haciéndome jadear por su forma directa de ser. Aunque su voz no era prepotente ni nada. Simplemente va al grano.
—No —respondí escuetamente mientras miraba para otro lado.
—Me cuesta entender por qué me esquivas cuando ahí arriba me seguías la corriente con el coqueteo… Simplemente me podías mandar a la mierda —dijo un tanto pensativo en voz alta.
Le miré inevitablemente, había algo que me acercaba a él. Pero nunca sentí esto con nadie. ¿Atracción? ¿Deseo? ¿Lujuria?
—Hace mucho tiempo que estuve fuera del mercado de disponibilidad… Supongo que no llevo bien el volver a formar parte de él —dije intentando explicar que no me había dado cuenta del coqueteo hasta que ya lo tenía encima.
—¿Qué quieres decir exactamente? —preguntó acomodándose en el silla y acercando su cuerpo levemente a la mesa que nos separaba.
—Soy viuda —respondí solamente.
—Wow… vaya. —Suspiró mientras me miraba. Tomó mis manos sobre la mesa y comenzó a acariciar y trazar líneas sobre ésta— No te voy a mentir, me gustas Isabella… Tu cuerpo es un pecado, un magnífico dulce que me quiero comer pero supongo que todo es nuevo para ti… Puedo esperar el preludio es de lo satisfactorio —dijo con un tono de lo más áspero y sexy que causó que me mojara.
—Yo no sé…
—Shh… Tranquila, no pienses —dijo con suavidad alzando su dedo pulgar al contorno de mis labios, acariciándolos con ambición.
La cena llegó en ese momento ocasionando que nos separamos. Cuando estaba demasiado cerca de él me envolvía en una burbuja donde todo perdía el sentido. Olvidaba hasta quién era y lo que había vivido. Comimos en silencio pero podía sentir su ardiente mirada sobre mi cuerpo haciéndome temblar. Al levantar mi mirada se cruzó con una chica rubia despampanante que caminaba de forma exagerada hacia la mesa. Vestía un tanto vulgar a mi cuenta… Creo que los bikinis de las chicas taparían más que eso. Observé cómo caminaba hacia esta mesa.
—Hola, cielo. ¿Bailamos? —preguntó la chica con voz sugerente a Edward pretendiendo que yo no existía. Él limpió su boca y se levantó siguiendo a la chica a la pista de baile. Sólo una mirada me dedicó.
Creo que era hora de irme, sólo estaba jugando a la tonta. Me veía ridícula sentada en esta mesa mientras él bailaba. ¿Pensaba quizá que me llegarían a tratar como Dem? Él se fue y no volverá nunca. Con esta tristeza me fui. Quizá le desease pero no permitiría que nadie me humille así. Menos un hombre. Tal vez con Dem no me sentía satisfecha sexualmente pero nunca haría esa vulgaridad. Caminé por el barco. No quería llegar a mi camarote y ahogarme en pena. Llevaba mucho haciéndolo, sabía perfecto que no solucionaba nada.
—No deberías asomarte tanto a la barandilla —aconsejó una voz juguetona a mis espaldas.
—Ni que me fuera a caer —susurré algo triste.
—Te vi con Edward en el restaurante —comentó como si nada.
—¿Le conoces? —pregunté curiosa de que supiera de él.
—Amigos de instituto —respondió levemente. Entonces estaban cortados con la misma tijera. No sería raro que los dos me atrajeran tanto.
—La chica es Verónica, prima de Edward, está encaprichada con él desde los quince y pobre de mi amigo tiene que estar supervisándola, pues tiene problemas con el alcohol.
—No sé de que hablas. —Evadí su respuesta. Vaya, al final no va a ser del todo un gilipollas.
—Sí que lo sabes muñequita —dijo girándome y estampándome contra su duro y trabajado pecho—. ¿Te gusta? —me preguntó al oído.
—Suéltame —dije luchando contra él. Pero lejos de eso Emmett se apoderó de mis labios de forma ruda. Invadió con su lengua mi boca, jugando y arrasando, acariciando y forzando todo aquello con lo que se encontraba. Sin darme ninguna tregua. Sólo me dejaba hacer y gemía por lo bien que sentía. Mi interior pulsaba por más, me presionaba contra su cuerpo en busca de más. Mucho más. Hace tanto que quería algo así. Fuerte e intenso.
—Responde —exigió mientras descendía por mi cuello del mismo modo. Torturándome, mordisqueándome, haciéndome jadear en busca de aire. Estaba muy mojada, desesperada por algún tipo de liberación.
—Sí —gemí con fuerza restregándome duramente contra su cuerpo.
Un notorio carraspeo a nuestras espaldas hace que pongamos distancia pero nadie me preparó para encontrarme con esas gemas verdes en la oscuridad de noche.
Jodida mierda.
Bueno Bueno ...parece que el ambiente se va caldeando por aquí y la verdad es que no es para menos.
cómo creen que reaccione edward... lo dejo ahí.
espero contenta vuestros comentarios.
Mil gracias por ellos. nuevamente reitero mi invitación a que se unan al grupo en facebook que esta en mi perfil.
Besitos.
