Al abrir los ojos la mañana siguiente, lo primero que Dean nota es que hay alguien aferrándose a su pecho. Sonríe y extiende una mano para enredar los dedos en el oscuro cabello, mientras examina las facciones del chico. Piensa que en realidad no luce como si tuviera 20 años. A Dean le da la sensación de que le ha mentido sólo para parecer mayor.
Entonces, Dean frunce el ceño. Recuerda que había dejado a Castiel durmiendo en el cuarto que su hermano solía utilizar, no en el propio. Se pregunta qué hace ahí, abrazándolo, y una incómoda sensación que no logra identificar lo invade. Considera el despertarlo para preguntar, pero Castiel gruñe un poco y se remueve sobre él, sonriendo entre sueños, y Dean se ve a sí mismo incapaz de despertarlo.
Se queda así, excesivamente quieto, con su mano fija aún en el cabello del chico por alrededor de 15 minutos más, hasta que Castiel abre los ojos.
Dean observa con diversión cómo se estira en su lugar y después se aprieta contra el mayor. Hace amago de volver a cerrar los ojos, pero de pronto los abre de golpe y se sienta, mirando a Dean fijamente.
"Hola" Dean saluda, aparentando una calma que no siente.
"¡Lo siento!" grita el otro, cubriéndose la boca con ambas manos y sonrojándose. A Dean el gesto se le antoja adorable. "No recordaba que… Yo…" Dean lo observa tomar una gran bocanada de aire para después pegar sus rodillas a su pecho. "Escuché ruidos extraños, como de gente caminando en círculos por tu casa, y-y pensé que podría ser mi hermano. Me asusté y decidí venir a avisarte, pero cuando entré me dio pena despertarte y simplemente me senté unos momentos a un lado tuyo a esperar a que los pasos se alejaran. Pero supongo que me quedé dormido" junta las manos sobre sus rodillas y se les queda mirando, luciendo realmente avergonzado.
Dean sonríe. "No pasa nada, Cas. Entiendo, de verdad, pero ¿al menos dormiste algo?"
Castiel mira hacia la ventana que está en la pared a la derecha de la cama. "Creo que dormí demasiado" comenta, y Dean sigue su mirada. Hay mucho sol, así que Dean toma su móvil del buró al lado de su cama y revisa la hora. Es mediodía.
Bufa y se para de golpe, buscando su ropa. La tiró por toda la habitación, así que la recoge con rapidez y se la pone. Cuando termina, voltea hacia Castiel y nota que éste se ha quedado en la posición en que estaba antes, sólo que de cara a Dean, mirándolo fijamente. Dean nota que Castiel está sólo en bóxers y se siente incómodo de repente.
"Uh… ¿Quieres que te preste algo de ropa? Mira, aquí tengo algo que tal vez te quede" camina hacia la izquierda de la cama, a un armario. Lo abre y saca la ropa más estrecha que puede encontrar, pasándosela a Castiel. El chico mira la ropa incómodo por un rato, pero después se la pone.
Cuando se para, Dean no puede evitar reírse.
"¿Tan mal me veo?" pregunta Castiel, luciendo ligeramente avergonzado. La camisa de manga larga que Dean le ha dado le queda enorme y casi le llega a las rodillas, mientras que los vaqueros que le ha prestado le arrastran por el piso. Dean se acerca, murmurando un "se puede arreglar", doblando las mangas de la camisa para que al menos pueda sacar las manos.
Dean intenta morderse la lengua, pero no puede evitar preguntar. "¿En verdad tienes veinte?"
Castiel lo mira, luciendo confundido, y después de unos segundos responde. "Sí, ¿por qué?" inclina la cabeza hacia un lado, como si en verdad no entendiera por qué Dean no le cree. Dean se pregunta si al menos alguna vez se ha visto al espejo.
"Porque luces como si tuvieras quince" sonríe, cruzando los brazos y mirando a Castiel con una ceja alzada.
"¿Por qué?" vuelve a preguntar, frunciendo el entrecejo. Dean piensa que en realidad es muy probable que nunca se haya visto en un espejo (si le habían prohibido ir a la escuela, entonces todo era posible), así que no puede evitar responder con otra pregunta.
"¿Te has visto alguna vez en un espejo?" la pregunta suena a retórica, pero Dean en verdad siente curiosidad. Para su alivio—y mayor confusión— Castiel asiente, luciendo aún más confundido.
"No entiendo"
"Verás…" trata de explicar Dean "Uh, ¿cómo te lo explico? Digamos que… Bien. Por ejemplo, cuando yo tenía tu edad, probablemente pesaba el doble de lo que tú pesas, y…" se queda pensando unos momentos. Va a agregar algo más, pero Castiel habla.
"¿Cuántos años tienes?" pregunta.
"24. Pero ese no es el punto. Me refiero, no soy mucho mayor que tú, y sin embargo a cualquiera le daría la sensación de que te gano por una década" trata de explicar Dean, no sabiendo bien cómo poner en palabras lo que en verdad quiere decir. Quiere explicar a Castiel que tiene la clase de mirada que delata que no ha pasado por mucho (aunque Dean comienza a pensar que es simplemente como Castiel luce, porque le da la sensación de que en realidad sí ha pasado por mucho) y que tiene un aura de inocencia casi insoportable para él, pero piensa que si lo dice tal cual asustará al chico.
"No entiendo" dice, y Dean realmente no se sorprende. "En lo que a mí me respecta, aparento mi edad"
"Bueno, da igual" Dean decide dejar de lado el tema. "¿Quieres comer algo?"
Castiel mira al piso, a sus manos, a Dean, y de nuevo al piso. Se rasca la cabeza, vuelve a mirar a Dean, y finalmente suspira. "Creo… Creo que debería buscar a mi hermano. Sólo para decirle que estoy bien"
"¿Por qué no le llamas?" Dean sugiere. Realmente no quiere que se vaya, y no sabe muy bien por qué. Supone que es porque realmente no ha tenido mucho contacto humano últimamente.
"No estoy seguro de que se encuentre en casa" responde Castiel, volviendo a mirar al piso.
"A su teléfono móvil, me refiero"
"¿Su qué?"
Dean bufa. "No importa. Mira, si quieres puedo ayudarte a llamar a tu hermano después, pero por lo pronto necesitas comer algo, ¿está bien?" Castiel asiente y Dean sale del cuarto, con el chico siguiéndolo de cerca.
Cuando llegan a la cocina, Dean recuerda que sólo dispone de patatas fritas y cerveza. Se rasca la cabeza y busca dinero en su billetera, descubriendo que tristemente sólo tiene dos dólares. Resignado, sube a su cuarto con rapidez para sacar algo de dinero que mantiene en un cajón donde guarda calcetines. Es el dinero que ahorra para comprar un Impala del 67, el cual lleva deseando desde que tiene memoria, pero no puede dejar que el chico a su cargo muera de desnutrición. El sentimiento de hermano mayor sobreprotector es más grande que sus ganas de comprar un auto.
Decidido, toma un poco del dinero y sale casi corriendo de su casa, dándose la vuelta antes de salir sólo para encarar a un confundido Castiel. "Vuelvo en un rato," le dice. "Puedes… No sé, prender el televisor o algo" Castiel lo mira confundido, pero Dean no le presta mucha atención y sale.
Cuando llega al minimarket más cercano que haya, se encuentra con que realmente no sabe qué debería comprar. Sam era el que se encargaba de alimentarlo, por lo que él nunca aprendió a hacer mucho por sí mismo. Bufa y se rasca la cabeza, pensando que no puede ser tan difícil. Camina por la tienda y lo primero que toma es una tarta. Alegre por su decisión, la paga y sale del lugar.
Cuando sale se da cuenta que realmente no puede alimentar a Castiel a base de tarta. Vuelve a bufar y se encamina hasta una tienda de comida china. Ordena lo suficiente como para los dos, y resuelto camina de vuelta a casa.
Cuando abre la puerta, se sorprende. Realmente no sabe qué esperaba. Tal vez esperaba encontrarse a Castiel husmeando por su casa, o encontrarlo dormido frente al televisor. Sin embargo, frente a él se encuentra una sala vacía.
Una incómoda sensación remueve su pecho, y entonces se obliga a subir por las escaleras sólo para confirmar que Castiel tampoco está en los cuartos. Busca en los baños, pero tampoco está. Deja la comida sobre la mesa de cristal que tiene, y sale corriendo. Se pasea por los alrededores por un rato, pero no hay señales del chico. Piensa en que tal vez debería buscarlo un poco más, pero piensa que ni siquiera dispone de un automóvil como para recorrer mucho terreno y se obliga a regresar a la casa.
Ya está, Dean, el chico se ha ido. Es su problema. Tal vez ya encontró a quienquiera a quien estuviera buscando.
Aún así, cuando come la comida en silencio (más por obligación, porque el hambre se le ha esfumado), la incómoda sensación de preocupación no se va por más que lo forza. Y no debería preocuparse, por Dios, si conoce al chico desde hace unas doce horas. Sin embargo la escena le hace recordar a cuando su hermano simplemente lo dejó con una estúpida carta que explicaba que se había ido a Stanford. La situación en realidad no era muy parecida; Castiel por supuesto no había dejado la mínima explicación ni en una nota. Y pese a todo Dean no puede evitar que la preocupación lo invada.
Piensa Pobre chico. Espero al menos esté bien por el resto del día, hasta que el sueño lo alcanza mientras ve sin mucha atención un programa cualquiera en la TV.
Al día siguiente, cuando despierta, la espalda le duele horrores y el cuello también. Se estira en su lugar, sintiendo sus huesos crujir. Corre las manos por su pecho distraído, y se percata de que una sensación incómoda invade su estómago. Una sensación de vacío que no recordaba haber sentido.
Se levanta y, mientras el día pasa, trata de ignorarla. La sensación, a pesar de todo, no le es nueva. La ha sentido por los últimos meses, y supone que de pronto habrá desparecido por unas horas, pero esa mañana había vuelto con fuerza. Suspira y piensa para sí mismo que la soledad no le trae nada bueno.
Al anochecer, alguien toca a su puerta con insistencia. Se encuentra en el sofá, medio acostado, y da un brinco en su lugar cuando escucha los toques insistentes que cesan demasiado pronto. Ligeramente emocionado, se levanta de golpe y abre la puerta, encontrándose con que no hay nadie fuera. Frunciendo el entrecejo, mira hacia el piso, donde encuentra su chaqueta de cuero junto con una nota.
Toma la chaqueta y lee la nota, que es un pedazo de póster donde alguien ha escrito por el otro lado. "Gracias" dice ésta. Extrañado, Dean sale y mira a su alrededor. A lo lejos, en una esquina, ve la figura delgada de Castiel caminando, encogido de hombros y temblando. Dean nota que está nevando otra vez.
La lástima le revuelve las entrañas, y se ve a sí mismo corriendo hasta el chico, gritando "¡Castiel, espera!" hasta que éste se detiene por unos segundos.
Dean lo alcanza, jadeando, poniendo las manos en sus rodillas. "Castiel…" El chico lo mira apenas, y Dean nota cómo hace un gran esfuerzo para aparentar que no tiene frío. "Joder, te va a dar algo. Ven" lo toma del brazo y lo arrastra hasta su casa. El chico se deja hacer sin decir palabra.
Cuando entran, Dean le pasa la chaqueta a Castiel y le pide que se la ponga. "Sé que te queda enorme, lo siento, pero te vas a enfermar si no te pones algo encima" El chico tiene puesto tan sólo la camisa de manga larga y los vaqueros que Dean le ha dejado el día anterior.
El chico lo mira fijamente, y Dean simplemente camina hasta el sofá para sentarse. "¿Tienes hambre?" pregunta.
"No" niega el chico. "Una señora me ha dado un poco de comida hace un rato"
"¿Por qué te fuiste?" pregunta Dean sin poder contenerse. En realidad, supone que entiende. El pobre chico no podía simplemente confiar en un extraño, sí, pero Dean espera que el frío invernal pueda ser pretexto suficiente para poder quejarse.
"Tenía que buscar al amigo de mi amigo" se encoge de hombros, y Dean supone que no tuvo suerte. El chico se acerca tímidamente, sentándose en uno de los brazos del sofá. Dean sonríe enternecido, y lo jala de la cintura hasta que está sentado a un lado suyo. Prende el televisor y pretende que le presta atención.
"Puedes quedarte aquí mientras le encuentras, si quieres" sugiere Dean. "Al menos hasta que pase un poco el frío"
"¿Por qué lo haces?" Dean voltea hacia Castiel, y descubre que éste lo mira fijamente con sus enormes ojos azules. De pronto se siente ligeramente mareado.
"¿Soy un buen ciudadano?" ríe. "No lo sé. Supongo que es sentido común. Ves a un chico sin casa en pleno invierno, lo ayudas como puedes." se encoge de hombros.
Castiel asiente y se limita a ver con curiosidad la pantalla. Se quedan unos momentos en silencio, y Dean piensa en preguntar algo, lo que sea, porque la curiosidad que siente es enorme aún. Sin embargo se limita a sonreír cuando Castiel recarga la cabeza en su hombro.
"Gracias" susurra el chico, y se alza par dejar un pequeño beso en los labios de Dean.
Me he tardado de más en subirlo, lo siento. Hasta ahora he podido poner las manos en un computador xD
(Olvidé aclarar antes, pero las letras en cursiva son pensamientos de Dean)
Muchas gracias por leer~
