¡Buenas a todos y a todas! Aquí os dejo el primer capítulo de "Cliff edge", ya ubicado en el presente y donde empieza a desarrollarse propiamente toda la historia, espero que os guste.
Muchas gracias a mi beta, Birds Ate My Face y a Deadloss, por ser la primera persona en dejarme un review con todos sus ánimos y buenos deseos. Un gran abrazo para cada una de vosotras y todo mi cariño.
Dicho esa todo esto... ¡a leer! :)
Disclamers: Sherlock Holmes, sus aventuras y los personajes de sus novelas no me pertenecen (ya me gustaría) si no que son propiedad de Sir Arthur Conan Doyle. La imagen del avatar tampoco es mía, pertenece a San Google.
Capítulo 1: Hailsham, condado de Wealden, East Sussex.
- ¿Qué es lo que propones entonces, hijo?
- Debería pasar una temporada alejado de los focos, la prensa y los tabloides, descansar para que se estabilice y no le haga tener que repetir lo que hizo. Por mi parte llamaré a Lestrade para que aligere su agenda durante los primeros meses a su regreso. Debe estar por lo menos cuatro o cinco meses incomunicado. Esta vez solo ha sido un susto, pero no parará así como así y necesitamos mantenerle cerca, por lo menos hasta que metamos en su cabeza que debe ingresar en una clínica de desintoxicación.
- ¿Es cierto lo que dice la prensa de que ha sido un intento de suicidio?
- Si hubiera sido un intento de suicidio ya estaría muerto, madre, sabes como es. Solo fue un descuido.
Un hombre alto, vestido con un costoso traje, corbata y la cadena del reloj adornando sus bolsillos, estaba sirviendo el té a una mujer que estaba sentada en un lujoso salón. Ambos, él de mediana y ella de edad más avanzada, tenían las facciones serias y los rostros denotaban preocupación. La dama, vestida con un serio aunque a simple vista caro vestido, tomó la taza que el hombre le ofrecía con sus pequeñas manos, ya surcadas de arrugas por la edad. Tras servirse a sí mismo el té, el hombre se sentó en un sillón de orejas junto a ella y se miraron, prosiguiendo la conversación.
- No sé si es buena idea dejarle solo durante tanto tiempo, creo que ingresarle en la clínica en Estados Unidos es la opción más viable ahora mismo. Tengo miedo de levantarme una mañana y que me digan que uno de mis hijos ha muerto por una sobredosis de cocaína.
- Mamá, mi querido hermano no va a dejar que lo ingresemos en una clínica, alegará que lo tiene controlado y en cierta medida, es cierto. Lleva ya cuatro años consumiendo drogas y este ha sido su primer descuido, no puedes apelar a ello porque es muy cuidadoso en ese aspecto.
- ¿Donde quieres enviarlo, Mycroft? - aprovechaba las pausas para darle pequeños sorbos a su taza de té.
- A la casa de Hailsham.
La mujer se llevó una mano a los labios para tapárselos mientras disimulaba una risita.
- Si según tú no le podemos convencer aún de que se vaya a Estados Unidos, ni todas las fuerzas de la Tierra le convencerán de ir a Hailsham, hijo.
- Ya lo tengo pensado. He paralizado sus cuentas bancarias, su agenda de eventos y sus contactos, además de enviarle un borrador de nota de prensa a Gregory Lestrade. Nadie se preocupará de él hasta noviembre, cuando vuelva al trabajo. También he llamado a la señora Hudson para que esté con él. Necesita tranquilidad y estabilidad, o al final sí que tendrá que recurrir a drogarse más seguido.
- ¿Crees que aceptará?
- No tiene más remedio. Podría hacer todo esto para obligarle a desintoxicarse, pero prefiero que sea decisión suya y madure de una vez.
Un teléfono interrumpió el breve silencio que se había formado entre las dos personas presentes en la sala. Con un gesto de la cabeza, Mycroft se disculpó ante su madre y atendió al teléfono.
- Mycroft Holmes. - mientras decía esto se levantaba y salía de la sala.
Aprovechando la salida de su hijo, la mujer se levantó del sillón a su vez y paseó por toda la sala. Con pasos lentos y se paró ante un mueble con las puertas de cristal, que exhibían piezas de porcelana, certificados académicos, premios y fotos familiares en varios estantes. Se paró ante una foto en la que se veía en el centro a un serio joven moreno y de piel pálida que sostenía un diploma entre sus manos y estaba vestido con una túnica negra, birrete del mismo color y una banda granate en su pecho. En la foto además quedaban inmortalizados el mismo hombre que había salido de la sala, Mycroft, y la mujer que estaba viendo la foto, ambos con una apariencia más joven y menos taciturna que teñía en ese momento sus rostros. Acarició un poco el cristal y suspiró, mirando el gesto serio de sus hijos y su propia sonrisa, visiblemente orgullosa.
En el momento en el que deslizaba la mano por el cristal, su hijo mayor entró de nuevo en la sala, guardando de nuevo el teléfono móvil en su bolsillo. Se giró hacia su madre y con una pequeña sonrisa de alivio, dijo:
- Era Lestrade. Sherlock ya ha despertado.
La luz de la ventana le daba directamente en el rostro, por lo que parpadeó para ir adaptándose poco a poco a la claridad. Sentía el cuerpo pesado y dolorido, la boca completamente seca y la sensación de que un martillo le había golpeado las sienes hasta la extenuación. ¿Donde estaba? Tumbado en la cama, de eso no había duda... ¿se habría quedado dormido después de...?
Un movimiento a su lado le hizo girar la cabeza. Una joven de veintipocos años le estaba colocando el gotero y anotando los datos de la pantalla que estaba junto a su cabeza. Entonces era eso, estaba en el hospital.
- Vaya, señor Holmes, veo que acaba de despertar, ¿como se encuentra? - la joven giró hacia él, y al verle despierto, se inclinó a su lado para hablarle.
Intentó hablar, pero la sequedad de su boca se lo impedía. Giró su cabeza buscando una jarra o un vaso de agua, y al no encontrarlo, frunció el ceño. No sin dificultad, abrió la boca y pasó la lengua por sus labios resecos, aclaró su garganta y dijo con voz ronca:
- Agua.
La enfermera asintió con una sonrisa y salió de la habitación. Mientras tanto, él revisaba la habitación con la mirada. Su agente se había asegurado de que estuviera solo en la habitación al notar la ausencia de una segunda cama. El gotero recién repuesto suministraba suero a una vía colocada en su cuello, seguramente por la imposibilidad de poder colocársela en alguna parte de sus brazos, y una pantalla al lado de su cabeza, con un pitido continuo, registraba sus constantes vitales. La cama estaba medio deshecha, seguramente debido a que se había movido mucho durante el tiempo que estuvo dormido, aunque las sábanas estaban impolutamente blancas. Estaba a punto de intentar incorporarse cuando la enfermera entró de nuevo en la habitación con una jarra de agua en una mano y en vaso vacío en la otra.
- No se incorpore solo, señor Holmes, espere que le ayude – dejó ambas cosas en la mesa a un lado de la cama y se acercó al cabecero, pulsando un botón que lo elevó un poco - ¿ve? Así no tiene que hacer esfuerzos. - le sonrió de nuevo.
- Agua – volvió a decir, estaba vez sin disimular el disgusto en su voz y frotándose la cara con las manos, despacio.
La enfermera procedió entonces a llenar el vaso con el claro líquido y se lo acercó a los labios. Con un ademán airado aunque algo lento, ya que aún sentía el cuerpo muy pesado, apartó la mano de la joven y cogió el vaso, dispuesto a beber por si solo. Ella se apartó de su lado y ya sin sonrisa, apuntó los últimos datos de la pantalla y se marchó sin despedirse, solo cuando estaba a punto de salir por la puerta dijo algo:
- El médico del turno de tarde pasará a las seis para revisarle – cerró la puerta tras ella.
Sin importarle el haber parecido grosero, y de nuevo solo, Sherlock bebió el vaso a pequeños sorbos y cuando acabó se recolocó en la cama, incorporándose un poco más. Ahora la sensación de martillazos en las sienes había sido sustituida por pinchazos en la parte superior del tabique nasal y un poco de mareo. Decidió no incorporarse más por si el mareo de hacía más fuerte y colocó el vaso en el regazo, sujetándolo con una mano, mientras la otra la pasaba por su pelo moreno, rizado y ya algo largo. Estuvo así, quieto y mirando a su alrededor durante unos cinco o seis minutos cuando la puerta se abrió de nuevo y dejó pasar a un hombre de mediana estatura con el pelo entrecano y vestido de manera informal, con vaqueros, mocasines, camisa azul y chaqueta.
- Por fin has vuelto al mundo de los vivos. Dime, ¿en qué estabas pensado? - se dirigió a él sin saludar.
- Fue un despiste, Lestrade, nada más. - aún tenía la voz ronca, por lo que bebió otro sorbo de agua.
El hombre que se hacía llamar Lestrade se sentó en un sillón que estaba en el otro lado de la habitación, junto a la ventana, y se quedó mirándole.
- ¿Un despiste? No me jodas, Sherlock, has estado a punto de irte al otro barrio. Si no llega a ser porque Molly entró en esa habitación de hotel cinco jodidos minutos después de que te desmayaras, ahora mismo estaríamos en un funeral. - iba subiendo el tono de voz conforme hablaba – tuve que preocuparme por esconder toda la mierda que tenías a la vista mientras venían la ambulancia y la policía.
- No te pongas tan melodramático. No me vas a hacer sentirme culpable con eso.
Hubo una pausa en la que Sherlock siguió mirando al techo de la habitación del hospital y Lestrade se pasaba una mano por la cabeza, colocándose el pelo y luchando por no agarrar al moreno del cuello y rematarlo.
- Mira, Sherlock, es imposible hablar contigo. Yo ya me estoy cansando del tema. - una pausa breve y se pasó la lengua por los labios antes de decir: - He llamado a tu hermano.
Sherlock giró rápidamente la cabeza hacia Lestrade, lo que le ocasionó otro pequeño mareo por el que tuvo que parpadear varias veces seguidas para enfocar la vista hacia su acompañante. Con las cejas fruncidas, dijo aún con la voz algo pastosa.
- No lo has hecho.
- Sí, Sherlock, tú me has obligado a ello. Vendrá mañana para hablar contigo. - se levantó del sillón y se acercó a él. - Voy a ir al despacho a arreglar un par de cosas, pero estaré aquí en... - miró su reloj de pulsera - ... media hora. Si necesitas cualquier cosa, llámame. - le tendió un teléfono táctil último modelo.
- Este no es mi móvil – observó Sherlock, cogiéndolo despacio.
- Es nuevo, Mycroft me pidió que te lo diera. Tiene mi teléfono, el suyo, el de tu madre, el de Molly y el la señora Hudson. Ya te puedes imaginar porqué.
- Sí. - cogió el teléfono y miró hacia la ventana, con mal humor.
Lestrade repasó a Sherlock con la mirada y poniendo una mano en su hombro, le apretó un poco en señal de complicidad.
- Descansa, nos has dado un buen susto. - tras eso salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado.
Se quedó de nuevo solo. Colocó el vaso ya vacío en la mesa y alzó el brazo pulsando el botón para bajar de nuevo la cama, quedando tumbado. En otro momento se hubiera mostrado reacio a dormir, pero el problema que le había llevado a estar en la cama del hospital le estaba pasando factura y sentía el cuerpo y la mente entumecidos. Con un suspiro, colocó la sábanas hasta casi taparle el cuello, teniendo mucho cuidado con la vía para el suero. Cerrando los ojos, se quedó de nuevo dormido, notando la pesadez de sus músculos.
- Harriet Watson, tengo ya la reserva hecha y nos vamos hoy mismo, no es momento para echarse atrás. Tú misma acabaste admitiendo que nos vendría bien un descanso y pasar un tiempo juntos.
Un hombre de mediana estatura, con el pelo rubio y vestido con una bata de médico se paseaba por lo que parecía ser una consulta. Junto a él estaban un escritorio con su ordenador y los papeles y archivos bien colocados sobre ella. En un tarro de cristal había caramelos de muchos colores, en otro había la misma colorida variedad de piruletas y sobre las paredes un despliegue de pósters sobre las distintas partes del cuerpo humano, vacunas, hábitos alimenticios... todos ellos de temática claramente infantil.
- Por Dios bendito, Harry, tienes toda la tarde para hacer la maleta, el tren sale a las siete... - se cambió el móvil de mano y con izquierda, libre de sujetar el teléfono, se acercó a la mesa y firmó un documento que había sobre ella - ... y yo ya he firmado mi baja temporal. No hay vuelta atrás.
Una mujer de pelo castaño, recogida en una coleta y vestida igualmente con bata de médico, entró en la consulta y saludó alzando una mano hacia el hombre rubio, que le devolvió el mismo mudo saludo. Con cuidado para no hacer ruido, se sentó en una de las sillas ante la del médico rubio, que se había sentado igualmente, y esperó a que acabase de hablar.
- ... en casa en dos horas, aún me queda pasar consulta a seis pacientes... - calló para escuchar lo que decía su interlocutor - ... ¡pues lo que quieras, vamos a estar solos tú y yo, no creo que vayamos a tener ninguna cita con nadie en un pueblecito campestre! - otra pausa – Está bien, haz lo que quieras, yo ya tengo mi maleta hecha. Cuando llegue a casa me ducho y nos vamos, estate arreglada. - colgó el teléfono y con un suspiro lo dejó encima de la mesa, dejándose caer en el respaldo del sillón – y aún me queda hora y media.
- ¿Cansado? - intervino la mujer.
- Hola, Sara. Sí, mucho. Como si no fuera suficiente lidiar con madres histéricas porque su hijo no para de llorar, niños que muerden y enfermeras que necesitan ayuda para poner una inyección, mi hermana Harry intenta escabullirse en el último momento.
- Creía que te gustaban los niños, John, por eso hace uno la especialidad de pediatría.
- En realidad hice primero medicina para poder ir al ejército, pero eso es otra historia.
- ¿Algún día me la contarás? - sonrió ella con cariño
- Si sobrevivo a estos cuatro meses con mi hermana y vuelvo cuerdo, te lo contaré – le devolvió la sonrisa - ¿ya me habéis encontrado sustituto?
- Llega mañana a primera hora de la mañana. Es joven, muy majo.
- Me siento culpable dejándote sola en planta con un médico desconocido. Si surgen problemas me llamas y me planto aquí en dos horas.
- Me las apañaré, tú tranquilo. Ocúpate de ayudar a tu hermana, lo necesita.
John miró hacia Sara con cara preocupada y comenzó a colocar los papeles sobre su mesa.
- Su terapeuta dice que necesita reposo y compañia para ir superando todo poco a poco. Ha pasado año y medio, pero para Harry es como si hubiera pasado ayer.
- Perder a la persona que amas en esas circunstancias debe ser horrible, John, tu hermana solo necesita que pases más tiempo con ella.
- ¿Porqué crees que voy a dejar mi trabajo durante casi medio año? Harry es mi hermana y mi única familia, no voy a permitir que se deje morir poco a poco.
John se quedó callado y miró a Sara a los ojos, las manos le temblaban sobre la mesa.
- Si Clara estuviese aquí, sabría qué hacer – continuó el médico.
- Si Clara estuviese aquí, Harriet no tendría una depresión, John.
- Es cierto...
Sara se levantó del sillón y se rodeó la mesa para acercarse a John.
- Ven aquí, tonto, voy a extrañarte – dijo tocándole un hombro y sonriendo.
John compuso una sonrisa en el rostro y se levantó, envolviendo a Sara en un abrazo y meciéndola un poco.
- Si necesitas cualquier cosa... - intentó seguir hablando, pero Sara se separó de él y le dio un flojo puñetazo en el hombro derecho - ¡Ay... Sara! - se quejó más en broma que por dolor.
- ¡Déjalo ya, me las arreglaré! - hizo un mohín juntando los labios – Pero apreciaría saber que te acuerdas de tu amiga y me escribes un mensaje de vez en cuando.
- Te llamaré una vez por semana, te lo prometo.
- Más te vale, John Watson, más te vale – le señaló y guiñó un ojo – Bueno, me voy, hoy mi último paciente es a las seis y aún me queda revisar media planta. Me he escapado para venir a despedirme.
Se dieron otro abrazo y cuando se separaron, Sara le dio un beso en la mejilla, a modo de despedida. Dándose la vuelta hacia la puerta, iba a salir cuando se giró y preguntó a John, que estaba de nuevo sentado en el sillón y revisando expedientes en el ordenador:
- Por cierto, ¿a en qué pueblecito campestre vais a desaparecer? Lo digo por si me apetece ir a hacerte una visita sorpresa algún fin de semana.
- Solo si me avisas antes, para hablar con Harry, estaría encantado de que vinieras a vernos.
Sara hizo un gesto afirmativo con la cabeza, mirando a John y esperando su contestación.
- A Hailsham. En Wealden, Sussex – respondió el con una sonrisa.
Y hasta aquí el capítulo 1. Antes de nada, decir que he querido poner el pueblo de Hailsham como el pueblo de Sussex donde vivía la familia de Sherlock y donde, supuestamente según el headcanon de la serie, él se retira con John tras jubilarse.
Me siento un poco ignorante con respecto al tema de las drogas, las sobredosis, formas de drogarse y tal, y a la vez soy un poco manca a la hora de buscar esos temas en internet. ¡Gracias a mi señora beta por ayudarme a documentarme!
Con respecto al tema de personas y para despejar dudas, en esta historia, John y Sarah nunca salieron juntos y la madre de los Holmes interactuar más con los demás. ¡Ya iréis descubriendo las características de cada uno! ;)
¡Muchas gracias por leer y nos vemos en el próximo!
P.D.: en el prólogo pasaba una cosa con Sherlock, algo que es parte de la historia y se desarrollará más adelante, espero que os hayáis dado cuenta de lo que es... al igual que en este capítulo hay algo bastante interesante con Sarah, que no se dice pero que espero que se note. ¡Pasadlo bien y espero que no sea muy difícil! :P
