Nota: Es 1882 cuando se desarrolla la historia, como una lectora me señalo que en el anterior capitulo puse 1982 jejeje Nada que ver xD
Este escrito está dedicado a todos los comentarios :)
Quiero Volver
por Athenea-Eris
Un año después…
Lady Hermione Granger era la clásica dama inglesa, una ilustración de virtudes y belleza que atraía a los caballeros como moscas a la miel, eso antes de que la escucharan hablar sobre los múltiples defectos que los caballeros poseían, dejando sus egos por el suelo de Almack's, donde los bailes de la más alta alcurnia de la sociedad londinense de 1840 se reunía. Dicha dama poseía un cabello castaño que a la luz de las velas parecían hilos de cobre, unos ojos comparables con el oro mas fino de las halajas mas caras de los joyeros de Londres y unos rasgos aristocráticos, definiéndola como una digna duquesa, aun cuando no había recibido ninguna proposición, espantaba a todos los posibles pretendientes, para desgracia de su padre, Albert Granger, conde de Melbourne y la condesa, Henrietta Panizzutti Granger.
Eran unas de las parejas más envidiadas y codiciadas de la sociedad, no solo por el hecho de que se amaban como el primer día, o que su relación había sido perfecta, si no también que entre los dos, dinero y tierras, podían haber poseído un país pequeño en fortuna. Aunque, a pesar de eso, no tenían un heredero que tuviera todo cuando ellos se fuera de este mundo, por eso, la dote de Hermione ascendía las 20 mil libras, convirtiéndola en el aperitivo de muchos cazadores de fortunas y nobles arruinados o endeudados. Aunque son el carácter de esta, las múltiples y variadas tácticas para que fuera comprometida su virtud funcionaban al contrario, muchos terminaron golpeados o con las "joyas de su familia" en peligro.
Todos los bailes se repetían, Hermione Granger solo bailaba con Marcus Anthony Cortland, Baronet de Shelbourne, el vecino de Melbourne Hall, quien la conocía desde niña y ya estaba enamorado de la hija de un vicario, pero tenían que esperar a que esta cumpliera la mayoría de edad para casarse. Aunque nadie previó que este, el ultimo baile en Almack's antes de la finalización de la temporada, sería tan memorable para todos sus asistentes como el nacimiento de sus propios hijos.
Lady Hermione llego envuelta en una nube de telas, las más finas y caras de la ciudad, con su rostro de ángel torcido en una mueca de hastió y aburrimiento, como si no viera nada entretenido entre todas las madres cotilleadoras, los perversos cazafortunas o los lores calaveras de la sociedad. Todos se quedaron callados cuando tiro bruscamente su abrigo al lacayo, sin contemplación alguna hacia su inferior, la grosería que traía aun más "clase" a su dinastía, aun cuando sus padres hicieron una mueca de vergüenza.
Aunque la atencion de la joven se disipo rápidamente cuando se anuncio fuertemente a otro invitado, uno que hizo que el corazón de Hermione saltara de felicidad:
-Draco Malfoy, Duque de Madblood.
Un gallardo caballero descendió por la escalinata hacia la gran multitud que empezó a cuchichear ávidamente sobre los cinco años que el hijo primogénito de Marcus Malfoy había estado en el exterior, hasta que, unos meses antes su padre había muerto y tendría que tomar los deberes ducales. Muchas madres casaderas ya soñaban la boda de sus hijas con el apuesto nuevo duque, grandes fiestas exclusivas y una gran sociedad a sus pies. Sin embargo, ninguna de ellas sabía la verdad, ni siquiera él, de que tenía una prometida desde pequeño, una mujer que le traería recuerdos "de otra vida", tal y como le habían estado acuciando a su conciencia esas cartas que le llegaron a su residencia en áfrica.
Bajo la amplia escalinata con los ojos de toda la elite estudiándolo, analizando como seria este nuevo duque, Draco era consciente de esto y le encantaba, aun cuando él solo tuviera un objetivo en mente: conocer a los padres de la maldita chica con la que estaba comprometido y se tenía que casar para no perder su fortuna, o que su hermano, Uriel Malfoy, tomara el ducado porque ya poseía un heredero, Lucius.
Observo a todas las aves de rapiña con un interés que rozaba el aburrimiento, hasta que su plateada mirada se paro sobre un gran cabello castaño que brillaba a la luz de las velas, perlas caras refulgían en el intrincado peinado que rozaba su memoria en alguna parte: una imagen de rebeldes rizos sueltos al aire frio de la costa escocesa, un perfume a caramelo, la risa argentina castañeando con la dos trogloditas, una mano siempre levantada a cada pregunta y la voz de marisabidilla de su némesis.
Los ojos plateados se abrieron considerablemente cuando la diviso vestida con las mejores telas y con una expresión demasiado frívola para ella, Hermione Granger, parecía otra mujer, más bella y fina como nunca antes la había vislumbrado. Ella también lo miraba fijamente, con esos ojos miel que poseían un brillo irónico, parecía retarlo a que se acercara a ella, pero la anfitriona se dio cuenta y, tratando de sacar ventaja para ser la casamentera que logro deshelar a la dama de hielo, se acerco cacaraqueando hacia Draco.
-Mi excelencia, ¿Cómo le han resultado sus excavaciones arqueológicas en Las Indias? ¿Dieron sus frutos? He escuchado que dentro de unos meses se harán unas exposiciones de sus descubrimientos, aunque serán muy exclusivas –Insinuó la vivaz Lady Katherine, para quien era inaudito no estar invitada a una fiesta, reunión o cualquier evento-. Le presentare algunos amigos de la familia.
Suavemente, fue presentándole lores, condes y barones a lo largo del extenso y colmado camino hacia la familia Granger, donde Hermione ya había espantado a dos fracases que creyeron tener la suerte de ser "el deshelado", aunque en verdad, resultaron congelados ellos. Cuando llegaron a su lado, Hermione estaba lanzándole una crítica destructiva a un pobre joven que temblaba frente a ella, apenas salido del colegio, su madre lo había obligado a presentar sus respetos.
-¿Usted, piensa que las mujeres no deben tener derecho, voz y voto sobre su independencia? Entonces, cree en que cinco mujeres no valen lo que vale el más mísero de los hombres. Muy clarificador, señor Knight, sus ideas son muy antiguas, diría que casi de un cavernícola sin la educación suficiente para admitir que él mismo a nacido del vientre de un "ser inferior" –Un tono de sarcasmo lleno la voz de la muchacha, creando sensaciones diferentes en todas las personas que la oyeron: Katherine se escandalizo, el tal señor Knight se sonrojo violentamente, los padres de Hermione bajaron la cabeza por la vergüenza y Draco se tapo la boca para no dejar escapar una carcajada. Realmente extrañaba esas replicas mordaces que muy pocas veces le había escuchado emitir a la chica, aunque nunca con ese tono acido, as propio de un slytherin que de una Gryffindor.
-Mmmm. –Murmuro Lady Katherine, muy abochornada por semejante comportamiento de la dama de hielo-. Señor Conde, Henrietta, Lady Hermione y señor Knight, tengo el honor de presentarles al nuevo duque de Madblood, recién llegado de las Indias, es un respetado arqueólogo… ¿Cuál era su especialidad, excelencia?
-En realidad, solo ayudaba a un intimo amigo con unos trabajos sobre mitología egipcia, a la india fui con intenciones de seguir en mi búsqueda de conocimientos sobre la Inquisición, me llama mucho la atencion los supuestos juicios a brujas que se llevaron a cabo hasta el siglo pasado, además, soy especialista en mitos escandinavos –Dijo Draco sin dejar de mirar a Hermione, un comentario tácito para que ella supiera que aun era brujo.
-He escuchado que son bastante interesantes de observar las esculturas de los antiguos escandinavos, aunque creo que ese tema de las brujas es más interesante pero no podría creer nada acerca de maleficios o esas cosas por el estilo. Me resultan muy primitivas –Comento Hermione, poniendo énfasis en que ya no podía hacer magia.
-¿Me permitiría una vuelta por el salón, Lady Hermione? –Ofreciéndole el brazo.
-Con su permiso, padre, madre, señores –Susurro con humildad, mientras hacia un reverencia y tomaba el brazo de Draco para pasear por el salón atestado de gente.
Muchos cotillas observaron como el nuevo duque paseaba con la "Dama de Hielo", temiendo que en cualquier momento quedara congelado por esas miradas congeladoras que la habían hecho tan famosa a Hermione Granger, excepto que cuando la chica empezó a reír detrás de su abanico y Malfoy sonreía de su forma especial, daleando la boca en su comisura izquierda, el estupor que recorrió la multitud fue extremo. Aunque estaban todos sorprendidos, nadie, ninguna de todas esas mentes aristocráticas tenían la menor idea de cuál era el tema que estaban conversando los jóvenes.
-Buenas Noches, Malfoy –Le comento Hermione cuando se apartaron de sus "padres", muy parecidos a los verdaderos, solo por excepción de la sangre italiana o ese rollo de condes, porque la fortuna la poseía desde sus ancestros, cosa que ahora sabia que venía por acá, ella era descendiente de una hermana que pronto nacería, si los documentos familiares antiguos no mentían.
-Buenas, Granger, observe que te esta yendo bastante bien en esta nueva vida, yo tampoco me quejo, aun cuando el tema de casarme me ponga los vellos de punta –Susurro Draco, ahora ni se le ocurriría tratarla de sangre sucia, podía ser la única oportunidad de volver a su antigua y mimada vida, aun cuando su madre no estuviera viva era mucho mejor que esta-. ¿Qué se siente vestir sedas y telas de calidad? ¿Extrañas a la comadreja y a Potti?
-¿Qué se siente tener que casarte y que no tengas tu antigua libertad? ¿No te hubiera gustado ir al velorio de tu madre? –Contesto Hermione con un golpe bajo, aunque esa última pregunta de él produjo una punzada de nostalgia en su corazón.
-Obviamente que si, rata de biblioteca, aunque no creo que quieras irte tan pronto si dentro de unos años mas podrás conocer a tus escritores favoritos, imagino que deberá ser como un niño en Zonko.
-No más encantador que imaginarte casado con una muggle, de esas que tanto detestas.
-Touche –La sonrisa apareció en el rostro de ambos, era lindo conversar con alguien que de verdad te conocía, aun cuando antes se llevaban mal, dicen que la necesidad hace nuevos lazos y ellos no eran la excepción a esa ambigua regla, un doble sentido que pronto traería a colación Draco.
-¿Aun puedes hacer magia? Yo no, lo he intentado pero no ocurre nada, pero averigüe que el giratiempo no es inventado y que la comunidad mágica si existe.
-Obviamente, yo puedo hacer magia aunque, tengo la misma información que tu, nadie aun sabe nada sobre viajes en el tiempo y los libros de esta época son imprecisos sobre los experimentos que se han realizado.
-Bueno, no más de lo que me contaste en las cartas que estudiaste en Egipto… Pero, tengo un tipo de duda… Cuando McGonagall me lo dio, investigue sobre su historia y solo decía que se le atribuía a un miembro de las familias sangre pura, aunque nunca aprecio su nombre, pero fue en esta época.
-Por cierto, ¿Quién es mi prometida?
-Hmmm… No te gustara esta información, definitivamente no.
-¿Quién es, Granger? Te dije que me buscaras esa información para que pueda cerrar ese acuerdo.
-Dentro de unos segundos se caera mi abanico, destras de este esta el contrato –Susurro débilmente Hermione.
-¿Cómo puedes haber conseguido el contrato? Solo lo tendrías si… O no… -Cayo violentamente en quien era su prometida secreta.
-Oh si –Y el abanico cayo, asombrando a los mirones, aunque no lograron ningún escándalo porque el caballero doblo sus rodillas, tomando el abanico para devolvérselo a Hermione, aunque disimuladamente saco un papel de las varillas y lo escondió en su mano. Luego, le hizo una seña para que tomara su brazo así la dejaba con sus padres, para retirarse al salón de caballeros.
Draco camino sin parar hacia un viejo sillón que le daba la espalda a las mesas de juego, donde muchos caballeros apostaban sus fortunas sin tener en cuenta nada de su futuro, aunque él se jugaba el pellejo mientras leía ese maldito contrato que sellaba su destino: estaba comprometido con su némesis a casarse dentro de seis meses, sin tener en cuenta nada de sus elecciones o sentimientos.
Pero la mente slytheriana no le dio tregua, apenas estaba leyendo las clausulas cuando ya vio que era un oportunidad única, era la solución al problema que estaban teniendo esos últimos meses con sus constantes cartas secretas, todos esos sobres que tenían que gastar una pequeña fortuna para que nadie hablara de quien o a quien se le enviaban, las identidades de sus destinatarios que quedarían inevitablemente comprometidos si el rumor comenzaba.
Se paró, tomando una importante decisión entre sus manos, que no solo afectaría su futuro en ese siglo si no el de Hermione, aunque seguramente ella aceptaría porque no habían muchas opciones que se les presentaran tan fácilmente como esa. Se deslizo hacia los lugares de los señores Granger, quienes charlaban alegremente mientras Hermione espantaba bruscamente a un posible pretendiente:
-Si quisiera casarme con alguien que tiene la capacidad de pensamiento de un niño de cinco años, Barón Maskburn, iría y lo haría con mi gato Thomas –El tono de voz hizo que la risa brotara disimuladamente de su boca, haciendo que el pretendiente se diera vuelta con una mueca hosca y la mirada de odio brotando de su rostro lleno de granos, francamente desagradables.
-Mi querida condesa, ¿Permitiría que mañana visitara a su hija? –Comento con una reverencia, besando el dorso de la mano de Henrietta, quien lo observo fijamente con sus ojos negros antes de que una sonrisa pequeña pero sincera aflorara entre sus labios de carmín.
-Seguro, excelencia, estaremos encantados de recibirlo en nuestra morada –Susurro con voz suave.
-Entonces me retiro, sol quería asegurarme una encantadora tarde, buenas noches Conde, condesa –Se volvió hacia Hermione, quien lo miraba con una ceja alzada, claramente confundida-. Nos veremos, Lady Hermione.
Cuando beso la mano de esta, un escalofrió los recorrió a ambos y el deseo empezó a anudarse en sus entrañas, creando nudos gordianos que produjeron que las mejillas se les sonrojaran, que los corazones latieran más rápido. Draco salió pitando, mientras el cosquilleo seguía sobre sus labios y Hermione suspiraba porque le picaba la mano, justo donde había recibido el beso de la serpiente.
El día después…
Draco llego a la casa de los Granger con prontitud, aunque se encontró con un cuadro bastante raro: la afable condesa estaba vestida como una mendiga, ordenaba la porcelana dentro de un armario bellísimo que estaba ubicado dentro de la espaciosa sala principal, decorada con unas maravillosas esculturas que valían varios cientos de libras, donde Hermione estaba sentada sobre un sillón haciendo su actividad favorita de todas las épocas que existen: leyendo.
Luego, Henrietta se retiro a adecentarse, dejado a Draco y Hermione con una sirvienta, una pequeña chica miedosa que miro con temor a la leona, quien le espeto con brusquedad que "desapareciera de su vista con su asquerosa presencia" sorprendiendo aun mas a Malfoy.
-¿Qué te ha pasado? ¿Eres Hermione Granger o te secuestraron?
-Al parecer la antigua no era muy simpática, entonces tengo que comportarme como tal, ni te imaginas lo que fueron los primeros días… Ufff… me miraba con si tuviera dos cabezas cada vez que pedía algo con por favor o les agradecía.
-Ah… Bueno, la cuestión es rápida: Finjamos un compromiso para pasar más tiempo juntos y podamos hacer un giratiempo.
La bomba fue largada con tal violencia que Hermione quedo tan sorprendida que, inclusive, abrió su boca en "O" por el shock que fue el que Draco le propusiera un compromiso falso, un Malfoy humillándose a ser visto con una sangre sucia, claramente las cosas habían cambiado, por lo que le dio un ataque de risa.
-¿Draco Huron Malfoy pidiéndome que me comprometa con él? ¿Una sangre sucia mugrosa? Guauu… Solo guau.
-Granger, te hablo en serio.
-Coff… Está bien, solo, ¿Qué pasa si tardamos más de seis meses?
-Nos casamos, total, eres mejor tú que cualquier otra muggle sangre sucia que haya en esta época, tienen ideas raras sobre los deberes de una esposa, ¿Trato? –Le paso la mano para cerrar un trato que era más una condena para ambos.
-Trato hecho –Y tomo la mano que el rubio le ofrecía. Mientras el destino les jugaba una mala jugada, ellos querían demostrar que podían volver a casa sin problemas, porque deseaban regresar sobre todas las cosas, por eso, los dos pensaron las mismas palabras en un rezo sordo hacia algún dios anónimo que los escuchara y cumpliera su plegaria: ¡Quiero Volver!
Continuara…
