Capitulo II: Tócame Pero No Me Beses
-creo que sabes a lo que vengo... –responde de manera fría el santo mientras que se despoja de su capa para posteriormente con un cerrar de ojos la armadura que le protege se retira de su cuerpo y regresa a su caja dejando así el cuerpo de su poseedor con sus ropajes de entrenamiento.
-eso creo, pero prefiero escucharlo de ti... –responde el santo de cáncer con una sonrisa.
-tenia la esperanza de que tú me ayudaras a saber que es lo que hago aquí...exactamente –responde el hombre de larga cabellera acortando un poco la distancia hasta encontrarse alrededor de medio metro del protector del cuarto templo.
-si, eso creo...bienes a descubrí la verdad ¿cierto? A saber si en realidad moriré por solo tocarte... o seguiré con vida... creí que tardarías mas, pero para ser sincero me alegra que no haya sido así –responde Manigoldo con su acostumbrado gesto despreocupado para seguidamente dar un paso hacia delante con el fin de acortar la distancia entre los dos.
-aun tengo miedo... pero... creo que ya es tiempo de saberlo... –musita bajando la mirada, seguidamente, y sin pasar muchos segundos, la diestra de Manigoldo sujeta la mejilla y parte del cuello de su invitado atrayéndolo hacia él en busca de sus labios.
-Albafika... –musita el regido de cáncer mientras cierra los ojos con la idea de degustar el contacto con la piel de quien tanto añoraba, sin embargo, en lugar de encontrarse con sus labios, lo recibe la aterciopelada mejilla de Albafika, mientras que las manos del susodicho se posan en los hombros de Manigoldo, pero ese suceso no detiene las manos del santo de cáncer que se toma la libertad de navegar por el cuerpo del hermoso caballero.
-espera... -se limita a decir Albafika al sentir como las manos de Manigoldo comienzan a explorar todo su ser.
-¿que sucede? -pregunta Manigoldo deteniendo sus manos en la espalda del regido de piscis.
-no estoy listo... -dice en un susurro al tiempo que sus mejillas se ruborizan, en realidad si deseaba que esas caricias continuaran, pero, dentro de si era otra difícil batalla, si era verdad lo que decía Manigoldo, no habría problema alguno si estaba con él, pero debían tener mucho cuidado de que no sangrara y en realidad nadie le aseguraba que no derramara al menos una gotita de su tan peligrosa sangre, y sumándole a eso, su inexperiencia en ese asunto, se encontraba en total desventaja.
-no te preocupes... yo te cuido... -esas palabras por parte de Manigoldo eran reconfortables, pero no suficientes, ya que Albafika tras un movimientos logro zafarse de los brazos del santo del cuarto templo.
-Manigoldo...yo... no estoy seguro de querer hacer esto ahora... -confiesa Albafika un tanto apenado, e incluso con la idea de que tal vez su amigo se molestase por primero provocarlo y después cortarle las alas, pero fue todo lo contrario ya que ante tales palabras Manigoldo sonrió con calidez para después depositar un beso en la frente de su acompañante.
-no te preocupes... es normal... tienes muchos miedos -responde con tranquilidad el regido de cáncer al tiempo que acaricia la mejilla de Albafika –permítete dormir a mi lado esta noche...por favor... quiero sentirte junto a mi... –sugiere Manigoldo mientras que acaricia la larga cabellera celeste de su amigo, que en esos instantes se encuentra meditando, era algo un tanto difícil, una nueva batalla se inicia ante el querer decir un si y el decir un no, aun tenia miedo, por una parte, el terminar de descubrí que si podía estar cerca de sus compañeros y por otro lado, tras esas caricias su cuerpo le exigía mas...¿que tal si se le salían las cosas de control? ¿Qué pasaría? O tal vez peor aun, quizás Albafika si quería que pasara algo mas, si quería que todo se escapase de sus manos.
-si...creo que si...-responde Albafika lo cual le sorprende, si había escuchado su voz, pero no parecía haber concordado con lo que su razón le decía, ya estaba perdiendo el control y eso que apenas comenzaba la noche.
-¿quieres cenar algo? Si quieres puedo prepararte algo o servirte algo de beber... –ofrece Manigoldo con su acostumbrada tranquilidad a lo que su acompañante responde con una pequeña sonrisa y un asentimiento con la cabeza, ante esto ambos caballeros se adentran al templo de cáncer en busca de algo de tomar.
-Manigoldo... –dice Albafika con la mirada fija en el suelo mientras que el santo de cáncer busca entre la alacena algo para ofrecerle a su amigo.
-¿Qué sucede? –pregunta Manigoldo volviendo la mirada solo unos segundos y posteriormente regresarla a su búsqueda, pero Albafika no responde, lo que ocasiona que el protector del cuarto templo se gire para encontrar el por que su amigo no responde, pero, vaya sorpresa que se lleva al observar al regido de piscis a escasa distancia de él, y a sus blancos dedos acercarse con mucho cuidado a la bronceada mejilla de Manigoldo proporcionándole una caricia.
-¿Por qué? –pregunta en un susurro Albafika sin dejar de acariciar la mejilla de su acompañante.
-¿pasa algo? –se limita a decir el regido de cáncer ya que las palabras de Albafika solo habían quedado entre sus pálidos labios incluso dudaba mucho que él mismo se hubiese escuchado, pero de nueva cuenta no obtuvo respuesta, sino que los labios necios no permitieron que las palabras salieran correctamente y ahora, esos labios se encuentran en la barbilla de Manigoldo formando un beso, que logra erizar toda la piel del cangrejo.
"demonios" fue lo que paso por la mente de Manigoldo al sentir ese beso, con ese simple contacto muchas emociones se desataron, y lo arrebataron de la razón, y muestra de esto fue que con el pasar de unos segundos Manigoldo cargo la anatomía de Albafika para recostarlo en la mesa al tiempo que besaba su cuello desenfrenada mente y con ambas manos aprieta los glúteos del hermoso caballero de larga cabellera, que al parecer no tiene intención alguna de detener esto, al contrario, sus manos se toman la libertad de buscar el como deshacerse de la camisa de su anfitrión el cual al sentir esto se separa un poco de aquel hombre que tanto desea para quitarse la camisa y después regresar a las piernas del regido del pez, sin embargo, ahora las bronceadas manos de Manigoldo no solo se quedan allí sino que busca el como deshacerse del cinturón que hace mas difícil de retirar los ropajes de Albafika.
-Albafika...-le llamo Manigoldo entre gemidos mientras que Albafika con los ojos cerrados arquea su cuerpo ante cada caricia, ya no era dueño de si mismo, por mas que su mente le decía que se detuviera, sus manos y su ser, le exigían que continuara –te amo...-fueron las palabras que ocasionaron que el regido de piscis regresara en si, sentándose en la mesa mientras que su acompañante frente a él entre sus piernas observándole permitió que sus miradas se cruzaron, ambos se contemplaron, ninguno dijo palabra alguna.
-Manigoldo...-estaba apunto de hablar el protector del templo del pez, cuando un movimiento por parte de Manigoldo le dejo sin habla, al sentir como su mano sujetaba su nívea barbilla y posteriormente con muy poca fuerza casi nula, asesina la distancia entre ambos rostros. Muchas cosas pasaron por la mente de Albafika, recordó lo que había pasado con su amiga, las palabras de Asmita, el como había llegado allí, se perdió dentro de él y solo el contacto de sus labios con los de el canceriano le despertó, el como sus labios acariciaban a los suyos, y sorprendentemente, como los suyos propios respondían a ese beso, debía detenerse... ahora que lo recordaba, al abrazar a su amiga, ella no había presentado mal alguno solo al besarla, fue cuando... cuando la perdió, tal vez había ido eso, al abrazarla, él la había sentido bien pero cuando a beso...
No tenia ni idea de cómo detener eso, sus labios solo se sujetaban con lentitud, saboreándose el uno al otro, de igual modo, la lengua del regido de cáncer insistía en querer entrar pero los labios de Albafika aun no se lo permitían, sus manos se aferraban al rostro bronceado de Manigoldo mientras que este mismo posa ambas manos en la espalda del pez atrayéndolo mas hacia si, lo que provoco un gemido por parte de el santo del doceavo templo que fue aprovechado por su acompañante para introducir su lengua y hacer mas apasionado ese beso, sin embargo, al sentir esto, Albafika abrió los ojos de par en par, esos recuerdos no le dejaban en paz ni un rato, y viva seña de esto fue el como empujo a Manigoldo para que se alejara.
-no...-se dijo Albafika posando la diestra sobre sus labios mientras que su acelerada respiración trata de ser controlada –Manigoldo ¿estás bien? –pregunto casi al instante a un santo atónito y sorprendido.
-si... lo estoy... ¿Qué sucedió Albafika? ¿Te moleste? –pregunta Manigoldo sin dejar de observarlo, a lo que Albafika responde con una negación sin palabras, pero sus lagrimas rebeldes se hacen presente y posteriormente, el santo del pez se baja de la mesa aun con la mano en los labios.
-no puedo... –dice el hermoso hombre mientras sus ojos se cierran con fuerza y sus pasos se hacen presentes alejándose de manera veloz de su acompañante.
-espera Albafika –dice Manigoldo con la esperanza de que este se detenga.
-no puedo hacer esto, no puedo te puedo arriesgar así...-responde Albafika casi en un grito.
-¡maldita sea de nuevo con eso! –exclama Manigoldo molesto al escuchar las palabras de su acompañante, lo que provoca una pequeña molestia por parte del santo dorado de piscis.
-¿Cómo que de nuevo con eso? No sabes como me siento con el simple hecho de pensar en que puedo llegar a hacerte daño... –reclama Albafika pasando la diestra por el rostro para secar las lagrimas que le habían humedecido.
-si se como te sientes...pero solo míranos Albafika, te he tocado, te he besado y no me ha pasado nada...-argumenta Manigoldo acercándose a su compañero que tanto le atrae.
-no...No, también a ella la bese y murió...no quiero que te pase lo mismo... –confiesa Albafika lo que ocasiona que Manigoldo le sujeta de los brazos y lo agite un poco como si quiere que reaccionara.
-al diablo con eso... –es lo único que se digna a decir Manigoldo antes de acercar de una manera un tanto agresiva la anatomía de Albafika hacia si y por si fuese poco, se toma la libertad de robarle un beso que en un principio se enfrenta con la resistencia y después con la aceptación, Albafika lo había aceptado, ahora le besaba con tal libertad, con tal miedo, con tanta calidez, con tantas cosas que no sabia como expresarlas, le besaba de manera lenta, luego un tanto acelerada, después como si ese fuese el ultimo beso que le daría, aun los recuerdos y los miedo no paraban de merodearle por la cabeza, pero, ya era suficiente ya no podía resistirse mas, desde hacia mucho tiempo había deseado ese momento y ahora la sensación lo embriagaba, era algo tan inexplicable, se sentía como la delicia de saborear un chocolate poco a poco, como el sumergirse en un agua cristalina después de unos duros momentos, era como una tranquila canción que le recordaba el sentir de la vida, el por que de las lagrimas, era todo, lo que podía imaginar y lo inimaginable, era difícil de aceptar como un simple beso le hacia sentir tantas cosas, desde amor, hasta odio, de alegría hasta tristeza, desde un inicio hasta un final, desde un todo hasta un nada.
Se seguía preguntando como es que un beso le podía hacer perder la razón de si mismo, como un simple beso le daba la oportunidad a él, a su compañero de armas, la total libertad de manejarlo a su antojo, no se explicaba como es que se había perdido y ahora que reaccionaba su cuerpo se encontraba en la suave cama, sin caricias, sin provocaciones, solo ese beso, que aunque terminaba volvía a nacer.
Los minutos pasaba, y ambos hombres continuaban así, sin querer romper ese momento, pero parecía que ya había sido suficiente, ya se habían reprimido demasiado, deseaba que todo saliera de control, tratar de olvidarse de todos sus miedos, él sabia que Manigoldo no lo haría ya que, para su buena suerte, el santo del pez, si él mismo había dicho que no quería que pasara algo mas en ese momento, en el mismo en que se arrepentía de haber dicho eso...
"Al diablo con eso" esas palabras articuladas por Manigoldo hacia alguno minutos, llegaron a la mente del santo, eso era perfecto, eso describía lo que ahora sentía, y ya había llegado a su limite, ya no le importaba lo que pasara o dejara de pasar, y como si esas palabras fuesen una pauta, las aterciopeladas manos de Albafika comenzaron a acariciar el pecho desnudo de su acompañante, lo que provoco que este abriera los ojos y se alejara un momento de él.
-Albafika... ¿estas seguro de lo que haces? – pregunta Manigoldo sin separarse mucho permitiendo que sus labios acariciaran los de el protector del doceavo templo.
-no... Pero quiero hacerlo...yo... no, me entiendo... te quiero, y deseo hacer esto... pero... –decía Albafika completamente nervioso, lo que ocasionaba varias pausas entre sus palabras que fueron rescatadas por un fugas beso.
-tranquilo, ya se que haremos... –se limita a decir Manigoldo llevando sus besos al pecho de su acompañante, al tiempo que las manos de ambos de nueva cuenta exploraban el cuerpo del otro y si le era posible retiraban las prendas que estorbaban para intimar mas ese momento. El tiempo continuo con su marcha, el templo se inundo de oscuridad que es combatida con una pequeña vela, que si bien no ilumina todo el templo brinda la luz necesaria para que un par de siluetas desnudas puedan mirarse a los ojos y deleitarse el uno con el otro, pese a que la noche es bastante fría, con ayuda de la vela, las caricias que se proporcionan los dos enamorados y los gemidos de los mismos, permiten crear un exquisito calor que hace mas excitante ese momento, en el cual, Manigoldo se recuesta en la cama jalando a su acompañante para que este se coloque encima de él.
-¿Qué haces? –se escucha un tenue susurro por parte de Albafika, como si se tratase de un secreto sin evitar que una pequeña sonrisa se dibuje en su rostro.
-tu solo déjate llevar... yo se lo que hago... –se limita a decir Manigoldo con su acostumbrada sonrisa, en realidad eso tranquilizaba bastante al santo del pez pero también creaba una duda, es decir, el no tenia experiencia en esto, y según Manigoldo sabia lo que hacia, tal vez debería hacerle caso y solo dejar que las cosas pasaran y así pensaba hacerlo, sin embargo, al sentir como la mano de su acompañante se apodera de su erecto miembro, Albafika se limita a emitir un silencioso gemido, eso lo confundía mas, ¿Qué pensaba hacer su amante? Hasta ahora todo continuaba sin respuesta, ya que Manigoldo continuaba besándolo, un temeroso suspiro por parte del regido de cáncer llamo la atención de Albafika, era comos si disfrutase ese momento y a la vez estuviese nervioso.
-Manigoldo... –musita Albafika con la intención de hablar con él pero sus palabras son obstaculizadas por el dedo índice del santo del cuarto templo.
-tranquilo... –dice Manigoldo en un suspiro mientras que, lleva el miembro de Albafika a su entrada introduciendo este un poco lo que ocasiona un poco de dolor en Manigoldo que poco a poco pasa a ser un dolor placentero.
-¿estas seguro de esto? –pregunta Albafika mientras que ambas manos de su acompañante se posan en su blanco pecho.
-si, hazlo Albafika... te Amo... –responde Manigoldo al tiempo que sus ojos se cierran y sus manos acarician el cuerpo del hermoso hombre que ahora, busca los labios del caballero de cáncer para posteriormente comenzar con unas lentas embestidas, adentrándose de a poco en el hombre que emite algunos gemidos.
-Te amo Manigoldo...te amo –se atreve a decir Albafika sin alejar mucho sus labios de los de su pareja continuando con las embestidas, que de manera lenta, le permiten entrar en el santo de Cáncer que aferra sus puños a las sabanas que son testigos de aquella entrega. Esas palabras que tanto había esperado le reconfortaban y le ayudaban a manejar ese dolor al estar Albafika ya completamente dentro de él sin hacer movimiento alguno solo besándolo, aun le estaba costando un poco acostumbrarse, ese dolor era... algo confuso, es decir, al principio llegaba a ser como un dolor normal, por decirlo así, un tanto molesto tal vez, pero, poco a poco ese dolor lograba excitarlo cada vez, le hacia sentir bien. Pasaron un par de minutos, y ambos hombres continuaron con lo suyo, regresando así los movimientos que cada vez se tornaban más fuerte, siguieron así por algunos minutos mas, hasta que ambos llegaron al éxtasis y muestra de esto fue el fluido blanquecino que ambos desprendieron, posteriormente, Albafika se deja caer en la cama a un costado de Manigoldo seguidamente, el santo del doceavo templo se aferra al cuerpo de su amante quedándose así por unos segundos, ya que sus labios no tardaron en buscarse para volver a besarse una y otra vez, sin abrir lo ojos, sin decir palabra alguna, solo con sus manos acariciándose el rostro
Era casi como un sueño o una pesadilla, se decía Albafika sin permitir que esos besos se detuviesen, poco a poco se fue perdiendo de la verdadera realidad, de su realidad y de toda realidad solo se adentraron en la realidad que para ellos fuese mas que suficiente, pronto, no supieron como es que se alejaron el uno del otro, como el sueño los había invadido, pero, pese a que sus cuerpos ya no sentían mas que lo que sus sueños les decían que sintieran, ellos sabían que estaba el otro junto a si, no lejos ni cerca, solo junto a él, embriagándole con su calor, siendo abrazados por la tranquilidad y la paz.
**************** CONTINUARA *************************************
Mil disculpas si dilate en bajar el segundo capitulo, en realidad no se i teno mas de un lector...si no pues... con la qe se que tengo basta para publicar mi fic hasta el fin..
y bueno... este captulo... me fue un poco complicado ya que lo escribi cuando estaba con mi novio.. que ahoa es mi ex... tuve un problema con él y... pese a que estaba molesta con el no olvide ni olvidare ese sentmiento de estar con él... en fin espero les haya gustado... nos leemos despus hasta lueg
atte:
ERos
