Huelga contra cupido
Cuando todo parecía imposible… la magia nos hizo corroborar que algo nuevo podía suceder.
Después de un rotundo éxito con el primer capítulo, vuelve la segunda parte de una loca y divertida historia.
Dirigida por Embercita…
Con Karix7 como productora…
Una historia que dejará sus ojos desorbitados en la pantalla….
Auspiciada por Blog PPC "segunda estrella a la derecha" (link en mi perfil)…
Huelga contra cupido.
Capítulo II: Un toque de Amortentia
Me ahogo, sí me ahogo. El aroma de Malfoy llega como un tórrido huracán hacia mis fosas nasales y su mano en mi cintura me marea, me produce una extraña sensación acalorada que jamás había sentido con anterioridad.
De golpe lo empujo, indignada por la situación. Si cupido quiso vengarse descubrió la mejor forma de hacerlo: Hagámosle creer a Hermione que Draco Malfoy está coqueteándole. No hay nada más absurdo.
- ¡Suéltame!- le grito, rodeándolo con un salto para correr hacia la Biblioteca.
Él sonríe y entrelaza sus dedos pálidos con los míos.
- ¿Estás segura?- me pregunta. ¡Por Merlín!, ¿qué tipo de pregunta es esa?
- Claro que sí, Hurón- le respondo con mi ceño fruncido- No tengo tiempo para tus estupideces.
Malfoy parece no entender, y no suelta mis dedos, manteniendo aquella sonrisa.
- Te ves preciosa cuando te enojas- sisea seductor, y se acerca nuevamente a mí.
Abro mi boca… ¡Me falta el aire!, ¡necesito aire! ¿Qué demonios acaba de decir?. Una cosa es que me abrace, otra que me sonría… pero que me diga preciosa, P-R-E-C-I-O-S-A, es demasiado irreal.
¿Acaso se volvió ciego?, ¿no huele que no me duché?, ¿no ve el arbusto indomable que tengo por pelo?... ¡¿Quién inventó que los Malfoy tenían buen gusto?!...
Me deshago del abrazo con más presteza de la que imaginé, por suerte el batallar tantos años a final de curso me ha brindado un poco de "reflejos rápidos". Arrugo el ceño y me volteo sin volver a mirarlo.
- Púdrete, Malfoy- murmuro antes de correr, y pronto desaparezco.
Ya, ésto está más extraño de lo que imaginé. Ok, entiendo que Snape le tenga ganas a Ginny, parece tener una fijación con las mujeres de los Potter.
Luego, que Harry bese a Parkinson hasta podría tener algo de lógica. Es serpiente, pero es linda… y según he escuchado es una maestra para conquistar a hombre que se le pase por enfrente, si hasta hay cuchicheos acerca de una posible relación entre ella y el desmemoriado de Lockhart.
Y Ron… bueno, es Ron. O sea, sólo él podría soportar la lengua de Lavender 20 horas al día, ¿no?...
Pero Malfoy… ¿qué le dieron a ese? Si hasta parecía sincero cuando me dijo preciosa. Sus ojos grises habían brillado y su sonrisa ladeada, aquellos delgados labios, se veían tan… tan…
¡¿Qué estabas apunto de decir, subconsciente maléfico?!. Lo que me faltaba, que hasta mi mente me jugara una mala pasada. Por suerte no voy con nadie a mi lado, ya veo que me vuelve a dar esa manía de hablar en voz alta, y no quiero que me vuelva a suceder lo de la otra vez, como cuando confesé que Oliver Wood se veía aún mejor sin uniforme de quidditch que con uno puesto. Sí, todavía no puedo olvidar la mirada asombrada de Ron… si según él yo no soy una chica, sino que soy "Hermione"… ¿qué querrá decir eso exactamente?
Por fin, ahí está, tan sólo a unos pasos. Frente a mis ojos está la maravillosa puerta de la salvación, aquella que San Pedro debería abrir para todos los mortales que están sufriendo en la ignorancia. La entrada a la sabiduría, la superación del alfabetizmo… ¡mi lugar favorito de todo el colegio!: La Biblioteca.
Me acerco a su pomo de hierro y lo giro, esperando encontrar adentro la respuesta a esa espeluznante realidad. Me adentro con mis ojos brillosos, con la esperanza tronando en mi pecho, con un alivio desproporcionado al estar tan cerca de la verdad…
… hasta que unos gemidos parecen borrar mi tranquilidad.
¿Qué si digo gemidos?, sí gemidos… ahogados gemidos femeninos que alardean.
- ¡Oh!, sí… sigue, sigue…- murmura una voz muy parecida a la de la Madame Pince- ¡No te detengas!- chilla, tras un golpe de libros que parecen caer de un estante.
¡Oh!, Por Merlín santísimo (y sí, ya se me confunden las exclamación de impresión). ¿Es acaso la Madame Pince la que está gritando?
Mis mejillas se tornan más rojas que el cabello al cuadrado de todos los Weasley juntos, y mi seguridad se esfuma, sabiendo que no debo caminar ni un paso más… por mi sanidad mental, no debo ver a Madame Pince haciendo quizás qué cosa y, lo peor, encima de quizás QUÉ libro.
Mi mente turbia no pude dejar de imaginarse a nuestra añeja bibliotecaria gozando del único momento de pasión sobre la portada de "Historia de Hogwarts", y mis manos tiritonas casi me hacen botar la varita tras tremendo sacrilegio.
Corro. Porque no hay escapatoria si hasta el único lugar sagrado de Hogwarts fue vencido por la lujuria… ya nadie se podrá salvar.
Con desesperación bajo las escaleras hasta las mazmorras. Durante un segundo dudo si ir a clases o no, pues no estoy segura qué efectos secundarios podría manifestar lo que sea que esté produciendo todo ese actual extraño comportamiento de los habitantes del castillo, e imagínense si Snape se puso amoroso y ahora desea cambiarse a Gryffindor… ¡es algo que no me puedo perder!
Sin dirigir mi vista hacia las parejas que pasan a mi lado, no deseo asquearme aún más, llego a la puerta oscura donde se imparte mi clase de pociones, y entro en ella… impresionada porque, a esa hora, soy la primera en llegar.
Claro, no me extraña. Después de ver como todos parecían tener mejores cosas que hacer, ya sea besarse con una serpiente que parece anaconda de lo grande y fea, o lanzarse besitos con un profesor que olvidó que existía el shampoo, era lógico que nadie llegaría a la hora… y la verdad no quiero ni pensar porqué razón Snape está siendo impuntual.
Muerdo mi labio y tomo asiento en el pupitre de siempre. De mi mochila saco pergaminos varios y una pluma, dejando todo sobre la mesa. Y espero, con absurda esperanza, de que mis amigos hayan vuelto a la normalidad y que todo siga como siempre, aunque eso signifique hacer la tarea de los tres.
Una risa familiar se escucha de lejos. Sí, seguramente él es la única persona cuerda que queda en el castillo. Sonrío, mostrando mis dientes de orgullo y casi me pongo de pie cuando veo a Neville cruzar la puerta, por lo visto solo.
- ¡Nev…!- me disponía a llamar. Sí, me disponía, antes de que viera como alguien se le lanza encima por detrás.
- Nev-nev- dijo la voz de Lavender abrazando al chico por la espalda- sentémonos alejados, ¿está bien?-.
¿Nev- nev?, ¿dónde se le fue la imaginación a Lavender?, ¿qué acaso no se le ocurren más sobrenombres que no sean Won-won o Lav-lav?
Arrugo el ceño y admiro como Neville se sonroja y entrelaza su mano con la de mi compañera de cuarto, para luego dirigirse entre mimos, al final del salón.
¡Por la barba canosa de Merlín!, ¿hasta Neville está bajo el efecto de lo que sea que esté produciendo esto?. Si él no se pudo salvar, ya no sé qué será de mí la próxima hora…
¿Qué pasa si de la nada me vuelvo lesbiana? Entre Ron pseudos gay, Draco tirándome los cortes y Snape profanador… lesbiana no suena tan malo, ¿cierto?
Claro que si me empiezan a gustar las mujeres... ¡oh!, creo que entonces tendría que ver en Ravenclaw porque ahí están más bonitas, pero ¡¿qué diablos pienso?!, a mí me gustan los hombres, hombres, mujeres no… ¡hombres!.
Sacudo mi cabeza para intentar que esas absurdas ideas sobre mi siempre tan definida sexualidad se esfumen. Porque vamos, yo, Hermione Granger, puedo ser todo lo empollona que quieran, pero estoy segura que los hombres son lo mío. Aún recuerdo mi primer paseo de primaria y cuando Mike, el niñito que me gustaba, se cayó de un árbol y quedó de un pie colgando de una de las ramas… ¡Aun a los seis años ya me fijaba en el prototipo de buen trasero que tendría Mike!, y debo decir, que no me equivoqué en nada.
Así que mi sexualidad está cien por ciento definida. Claro que sí, no tengo siquiera por qué cuestionármelo. Pero creo que toda esta locura está comenzando por afectarme, insisto. Todos tienen las hormonas tan revueltas que pareciera que sólo piensan en "eso" y nada más, ¡si hasta Malfoy ahora me coquetea!
Aunque debo reconocer que esa cría de Hurón ha crecido y tiene bastante potencial, ese que salta a la vista enfundado en costosos pantalones. ¡Oh!... ¡sí! me fijo siempre en los malditos traseros antes que las caras, soy una pervertida disfrazada de rata de biblioteca.
Para que sepan que el andar con un libro todo el día ha servido para saciar mi instinto observador de la anatomía masculina. Basta que finja tener los ojos en el libro para que pueda apreciar en todo su esplendor el caminar de mis apuestos compañeros. No está mal saber apreciar lo bueno, es decir, yo... simplemente dejo que mis hormonas actúen, como un recreo ante tanta lectura. Porque de leer, lo hago, aunque... el caminar de Harry más de alguna vez me ha dejado casi estrellada en las murallas de la entrada a la sala común.
¡¿Qué digo?!. Si Ginny me escuchara ya tendría un mechón de mi cabello castaño en su mano, aunque, ¿de qué estoy hablando?... hoy en la mañana parecía más atenta a Snape que a cualquier otra cosa.
Y bueno, qué decir de Malfoy, si con suerte he podido dominar mi arte lector pervertido ante esas pompas que pareciera que fueron hechas a mano. Dios bendiga a sus padres por semejante obra, es más, creo que les enviare una lechuza anónima con mis saludos... Por Morgana... ¡enloquezco!
Unos pasos, unas risas y un cantar demasiado conocido me sacan de mis cavilaciones.
- Y aparte juegas quidditch, ¡si eres como música para mis oídos!- canturrea Ron entrando al salón, con su mano bien cogida de la mano de Millicent.
Y atrás de él aparece Harry, con sus gafas dobladas y su cabello aún más desordenado que de costumbre. Claro, no podía ser menos si esa serpiente sigue colgada a su cuello, como si fuera un collar humano o algo así.
Ni me miran, demasiado ocupados en sus obligaciones de amantes, y se sientan con sus respectivas parejas al lado izquierdo del salón… privándose del "rincón oscuro" porque Lavender llegó antes a ellos.
A los minutos se vuelven a escuchar risas, y mis ojos casi explotan de mi rostro cuando veo como Parvati, sí, señorita "corazón de bruja" Patil, llega de la mano de dos individuos. Ambos son gordos, grandes y con medio cerebro que parecen compartir…
¡¿Parvati con Crabble y Goyle?!. Ni ella se merece tal castigo infernal, pobrecita… ojalá que uno de los efectos del maleficio o pócima o cosa mágica que sea que esté produciendo todo esto, sea un oblivate al terminar, porque o sino muchos andarán más que afectados por sus comportamientos actuales… empezando por Ron y su lengua multifuncional.
Ya es hora. Después de ver entrar a cuanta pareja rara, y a otros que parecían normales, pero que de seguro dejaron a sus parejas anormales en otra aula, me cruzo de brazos resignada a un Snape demasiado impuntual.
Observo la hora, hago dibujos en el pergamino, me tapo los oídos ante tanto ruido de besos jugosos y ya me estoy cansando de esperar… hasta que…
- ¿Me extrañabas?- me pregunta Malfoy, entrando tan sigiloso a la sala que pego un respingo al verlo sentándose a mi lado.
Mis ojos se desvían levemente a su trasero. Demasiado tarde… ya se sentó.
-¿Qué quieres ahora?, te has convertido en todo un acosador – le señalo, justo cuando me toma de la mano y comienza a acariciarla muy lentamente.
No puedo negar que eso me hizo tiritar, pero por los siete magos: ¡es Malfoy!
- ¿Yo?- pregunta, alzando una ceja de esa forma tan divina que… ¡ufff, Hermione, calla!- Me extraña que creas eso, yo no acoso… más bien soy un amante preocupado-.
Me atraganto con mi propia saliva. ¿Idea mía o esa frase fue copiada de "Don Juan de Marco"?, porque eso de amante preocupado no es un adjetivo con el que yo calificaría al huroncito botador, y menos conmigo.
Me dispongo a responderle algo, deshaciéndome de su caricia con presteza, cuando las bisagras de la puerta suenan y por ella entra Snape.
Sus mejillas están sonrosadas y puedo ver como murmura algo hacia alguien que está afuera, antes de entrar y cerrar la puerta tras él, ondeando su capa como en sus mejores años.
No tiene su ceño arrugado, ni la boca torcida, y hasta sus ojos oscuros parecen emitir una cálida luz. Si no fuera porque su cabello sigue siendo tan grasiento como si un escupo lo bañara, podría decir que hasta se veía algo, sólo un poco, más atractivo.
- Alumnos y alumnas- saluda, con una bobalicona sonrisa en su cara- hoy estudiaremos una de las pociones más espectaculares de todas. No sólo veremos sus propiedades y su creación, sino que aprovecharemos de hacer un cuanto de ella para proporcionárselo al mundo- Se detuvo frente a su mesa e inspeccionó la sala, con esa estúpida sonrisa aún intacta en sus labios-… ¡Bienvenidos al mágico mundo de la Amortentia!.
Me sonrojo cuando termina de hablar, y no porque se acaba de mandar un discurso digno de aquellos que Lockhart solía decir, sino porque una mano fría parece haberse perdido sobre mi falda.
Me giro, lentamente, intentando respirar con naturalidad. La mano aún pesa sobre mi pierna y, aunque disimuladamente intento correrla, parece que su dueño no tiene ni la más mínima intención de sacarla de ahí.
- ¿Qué se supone que pretendes, Malfoy?- le pregunto en un susurro, con mi rostro acalorado y mi ceño claramente fruncido. No importa que tan suave pueda acariciar… ¡Hermione Granger no es un pedazo de carne que se pueda tocar sin permiso alguno!
- No sé de qué hablas, preciosa- me responde, fingiendo que mira con suma atención a Snape mientras escribe algo en la pizarra- Yo sólo estoy apreciando aquello que es mío-.
¿Mío?, ¿Draco Malfoy acaba de decir que MI PIERNA es de él?. ¡Oh, no!, ¿qué se cree?. Con mi mejor cara de leona enfurecida- aquella que Ron siempre logra sacar- lo miro y le corro la mano con toda la fuerza que tengo. Me levanto con el intento y paso a botar las cosas de la mesa.
Todos me observan por aquel salto tan abrupto, y hasta Snape se voltea a ver qué es lo que sucede. Pero yo no le doy gran importancia, y miro a Malfoy intentando que se achicharre con el calor que emanan mis pupilas rabiosas.
- ¡Es mi pierna, mía!- exclamo, sin siquiera avergonzarme porque toda la clase esté escuchando- Así que no te hagas el cariñoso conmigo, que no voy a permitir que me toques como si fuera de tu propiedad-.
Snape termina de escribir y se acerca a nosotros, con una sonrisa demasiado amable para mi gusto.
- Señorita Granger, ¿me podría decir qué sucede?- me pregunta gentil, llevándose un mechón de su pelo hacia atrás.
Yo lo miro, aún enojada, aunque ese leve roce que siento en mi mano, cuando la mano de Malfoy me toca, me hace enrojecer.
- Sucede que su alumno- y recalco "su" con un toque ácido- está… - ¿Hermione, estás segura de decirle a Snaper que su alumno favorito te está tocando de forma muy poco decorosa?. Lo más probable es que le termine encontrando la razón a él y te castigue con 30 puntos menos para Gryffindor- está…-.
El profesor me mira interrogante. Desvía sus ojos oscuros hacia Malfoy y parece que algo se dijeron, porque cuando me mira de vuelta…. Una gran sonrisa surca su cara.
- No se preocupe, señorita- me dice de forma afable- entiendo que se acalore si la mano del sañor Malfoy la toca- ¿esa fue una sonrisa pícara de parte de Snape?- pero así es el amor-.
¿Amor?. Me quedo de una pieza mientras el profesor se aleja y vuelva a hablarle al curso, aunque la mayoría no toma ni en cuenta su explicación. ¡Eso no es amor!... son hormonas, sólo hormonas de una adolescente que suele mirar, pero nunca tocar.
Me vuelvo a sentar y siento como todo gira a mi alrededor. Por lo visto algunos empezaron a seguir las instrucciones, entre mimos y caricias melosas. Malfoy incluso comienza a cortar los primeros ingredientes que están anotados en la pizarra, con esa elegancia que utiliza para cada uno de sus movimientos.
- Linda, ¿me pasas los pétalos de rosa?- me murmura en un susurro, acariciando mi mejilla con delicadeza.
Me sobresalto y sus ojos brillantes me impactan. Siempre me habían dado curiosidad sus ojos grises, tan fríos, tan sobrenaturales… sus pupilas negras destacan como un agujero sin fondo entremedio de ese mercurio diluido. Y ahora esos icebergs brillan, iluminan con un fulgor impresionante mientras me observan.
Mis mejillas se azoran al inspirar ese fresco aroma que emana el aliento de Malfoy, y en un movimiento tiritón le hago caso, acercándole los pétalos de rosa roja que eran parte de la poción.
- Gracias…- ¡Por Circe querida!, ¿de dónde habrá copiado tal perfecta sonrisa?
Ya, oficialmente me estoy volviendo loca. No sólo estoy escuchando que Malfoy me dice linda y no hago nada al respecto, sino que hasta le devuelvo su sonrisa galante con una bastante bobalicona de mi parte… Creo que lo de transformarme en lesbiana vuelve ser tentador…
¡Hermione!, deja de autodecirte estupideces. Si sigo así tendré que internarme en San Mungo, y nunca me han gustado muchos los hospitales… con tanto doctor antipático, cojo y medio loco que anda dando vueltas por el mundo. Ok, sé que Dr. House no existe, pero uno nunca sabe en quién se basaron para crearlo.
Una mano se vuelve a posar en mi pierna, y parece encajar de manera demasiado perfecta como para ser sacada de ahí. Su calor, su peso, hasta esa sutil forma de acariciar con su dedo pulgar hace que me estremezca…
Se ve tan concentrado en la pócima. Corta los ingredientes, los pone dentro del caldero, revuelve a un lado… al otro. Y yo lo miro, sintiéndome demasiado embobada como para ayudarlo a la elaboración de la Amortentia.
Pero mis neuronas vuelven a funcionar… ¡Sí, están vivas!. Y nuevamente corro su mano hacia un lado, escudriñando su rostro con mis ojos castaños.
- ¡Para, Malfoy!, no quiero que sigas…- Y hasta ahí quedó la frase, cuando siento su mano nuevamente en mi pierna… la cual sube, y sube, y sigue subiendo…
Calor, demasiado calor… Luego un susurro alcanza mi oído y un aire embriagador entra por mi nariz.
- ¿Me decías?- pregunta, con un toque seductor. Y de pronto unos labios delgados rozan mi cuello y se quedan ahí un minuto, succionando mientras la pócima anacarada burbujea en el caldero.
Yo cierro los ojos por inercia, buscando la fuerza para detener esa sensación absolutamente fascinante. Respirar se me complica, me ahogo y caigo en la espectacular emoción que significa sentir esos delgados labios succionando mi cuello… y es maravilloso, ¡oh, sí!, ¡la saliva es maravillosa!.
¿Pero qué digo?. Parece que mis gustos están siendo poseídos por esa lujuria general… ¿en qué mundo la saliva puede ser maravillosa?.
Me corro con silla y todo hacia un lado, casi provocando que Malfoy se cayera con el súbito cambio de posición. Sus ojos me miran sin entender qué sucede, pero yo alzo mi mentón digno… no me dejaré caer, no, no.
- Jóvenes, ya es hora- anuncia Snape, acercándose a las distintas mesas para recoger una muestra de la pócima.
Camina hacia la de Ron y Millicent, y sonríe.
- A ver, querido Ronald- ¿Querido Ronald?, ¿y sin sarcasmo?- Está perfecta, aunque sea más azul que nacarada… - yo alzo mi ceja tras tal aclaración- Sólo por ser tú te pondré una E… claro que este es un secreto entre tú y yo- finaliza, guiñándole un ojo.
Mi boca se abre de la impresión, porque después de todo no fue un secreto y el guiño del ojo es demasiado. Hasta Ron está absolutamente anonadado tras aquella confianza que le muestra el profesor… parece que el pobrecito aún no sabe que es Ginny la causante de tal amabilidad…
No puedo evitar sonreír, pero es que la imagen de Ron celoso, furioso y hecho un caníbal persiguiendo a Snape en el Gran Comedor se ve demasiado cómica en mi cabeza. Creo que debería darle una pista a mi amigo para ver si golpea a Snape como lo ha hecho con los otros pretendientes de Ginny…
El profesor se acerca a nuestra mesa y lanza una mirada elocuente a Malfoy, el cual se limita a levantar ambos hombros al verme a unos metros de él, con silla y todo.
- Draco, Draco…- le dice Snape con tono de reproche- Tendré que enseñarte a tratar a una dama, ¿cómo es posible que la Señorita Granger esté tan lejos de ti?-.
Mis ojos parecen salir de las órbitas. ¿Acaso Snape le está dando consejos de seducción a Draco "casanova de primera" Malfoy?. Y no sólo eso, le está dando consejos para ligarlo conmigo.
- Debes ser más dulce, cautivante…- murmura, acercándose peligrosamente a mí- debes tomarle una mano y besársela con cuidado, como si su mano fuera lo más delicado que pudieras encontrar- Snape se arrodilla y toma mi mano, frente a mi cara de impresión. Sus labios fríos rozan mi mano y sin querer me sonrojo… ¡me sonrojo!.
Malfoy parece asentir, aunque veo que su ceño se frunce al ver mi reacción tras el roce de mi profesor. Se levanta y se acerca a mí, mientras todo el curso observa curioso la escena.
- Ya entendí, profesor- murmura con un tono levemente amenazante- No se preocupe, yo me encargo del resto-.
Snape asiente y se pone de pie, sonriéndome con galantería. Cualquiera diría que el amor le viene muy bien al profesor de pociones… quizás eso de Severus y Ginny no sea tan malo, ¿o si?.
- Bueno alumnos, ya pueden salir- avisa una vez toma una muestra de nuestro caldero, el último que le quedaba por revisar.
Yo me pongo de pie de inmediato, antes de que Malfoy se acerque mucho más a mí…
- ¿Adónde crees que vas?- me pregunta rodeando su brazo con mi cintura. Parece demasiado dispuesto a besarme.
Yo corro mi rostro y me deshago de su agarre, aunque su aliento fresco casi me hace quedarme entre sus brazos.
- A clases, obviamente- le respondo de golpe, tomando las cosas que había dejado sobre la mesa y guardándolas rápidamente en mi mochila.
Él parece no escuchar y me abraza por detrás cuando termino de cerrar mi mochila. Mi espalda se siente tan cómoda contra su torso, tan fuerte, tan moldeado…
Sus labios comienzan a buscar mi cuello nuevamente, y cierro mis ojos otra vez….
- ¡Córtala, Malfoy!- le grito cuando me doy cuenta que parezco caer otra vez- ¡no quiero nada contigo, ni ahora ni nunca!-.
Malfoy sólo me sonríe, sin parecer entender. Tomo sus brazos y lo obligo a que me suelte, antes de caminar a pasos poco agraciados hacia la salida de la sala… nada más peligroso que quedar a solas con Malfoy en un aula.
- ¡Linda!- escucho que me llama mientras cruzo el umbral de la puerta- ¿no olvidas algo?- me pregunta… corriendo hacia mí.
Me detengo al escuchar aquello y me doy vuelta. ¿Dejé algo?, qué cosa?... me cuestiono.
Cuando estoy mirando la sala otra vez, con mis cejas alzadas ante la duda de qué pude dejar olvidado, Malfoy está ya frente mío otra vez y su mano se apodera rápidamente de mi cadera.
- Esto…- me dice casi en un suspiro…
… y sin meditarlo más, me besa.
Continuará…
A la misma hora, en el mismo canal…
Y esperando que dejen reviews y sus mails (en caso de ser anónimos) para responderles.
Esta fue una producción de Peter Pan Landia.
Desde Nunca Jamás….
Ember.
