Hola a todos mis queridos lectores. Hoy les traigo el segundo capitulo de este fic. Me he retrasado un poco, y para compesaros, y aprovechando que el tercer capitulo es muy corto, lo pondré hoy o mañana. También quiero agradecer a Loquin por su review (fue el único que dejó uno), y a todos aquellos que pusieron esta historia en "Favoritos" o "Alertas".

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen a mí, sino a Masashi Kishimoto. Yo sólo los uso para fines recreativos y sin ánimo de lucro.


Capitulo 2: El regreso de Naruto.

La mañana iluminaba la aldea de Konoha. Por el camino del norte, se acercaba un chico rubio de unos dieciséis años. Su altura rondaba los 1,70. Vestía totalmente de negro, unas botas ninja, un pantalón holgado y una camiseta ajustada, adornada con una espiral roja en la espalda, que insinuaba la musculatura del joven. En la frente, además, llevaba un protector con el ideograma de un zorro. Al llegar al puesto de vigilancia, dos ninjas enmascarados le salieron al paso.

― ¿Quién eres y cuál es el motivo de tu visita? –preguntó uno de ellos con indudable voz femenina, cosa que no paso desapercibida ante el joven.

― Vaya. ¿Tan rápido se olvidaron de mí? –preguntó divertido.

― ¡Han pasado nueve años! –oyó el joven en su mente.

― Cállate Kyuubi, no te metas –le respondió.

― Te hemos preguntado quién eres, mocoso –dijo el hombre con evidente irritación.

El rubio entrecerró los ojos con gesto molesto. De repente y sin previo aviso, desapareció, y apareció un segundo después detrás del ninja con un kunai reposando sobre su cuello.

― Lo de mocoso sobra, me parece. Mi nombre es Naruto Namikaze y el motivo de mi visita es convertirme en un ninja de esta aldea. Ahora, si me disculpan, voy a hablar con el Hokage –dijo el joven claramente enfadado.

Tras decir esto, retiró el kunai del cuello del ninja y se lo guardó en un portaarmas que llevaba atado al pantalón. La kunoichi se quitó la máscara y lo miró con los ojos extremadamente abiertos.

― Naruto… ¿Namikaze? –susurró no muy alto.

― El mismo –respondió el joven.

― Está bien, sígueme –dijo la kunoichi dando un salto, dejando a su compañero con un ligero temblor en el cuerpo.

Mientras se dirigían a la torre Hokage, la kunoichi se preguntaba por la identidad del joven, que llevaba el mismo apellido que el mismísimo Yondaime Hokage, hasta que fue sacada de sus pensamientos por una pregunta que le hizo su acompañante.

― ¿Cómo te llamas?

― ¿Quién? ¿Yo? –preguntó un tanto nerviosa por lo inesperado de la pregunta.

― No veo a nadie más por aquí –dijo con evidente sarcasmo.

― Eeh… Anko Mitarashi –respondió la chica, que se preguntaba a sí misma por qué le respondía.

― Aaa. Supongo que debes tener un bonito sello en tu hombro –susurró sonriendo de una manera un tanto maliciosa.

La kunoichi se paró de sopetón y lo miró a los ojos furiosa.

― ¡¿Qué has dicho?

― Oh, nada, nada. ¿Continuamos? –preguntó con aire inocente.

― Eeeh, sí –respondió mientras se preguntaba cómo aquél chico podía saber de la existencia de su sello maldito.

El resto del trayecto pasó sin ningún comentario por parte de ninguno de los dos, ya que estaban ocupados perdidos en sus propios pensamientos.

Momentos después del incidente, llegaron a la torre Hokage, por donde Anko le guío por unos pasillos hasta llegar hasta un despacho. La chica le indicó que esperase fuera un momento, y a continuación entró sin ni siquiera llamar, como siempre hacía.

― ¡Anko! Te he dicho mil veces que no entres sin pedir permiso. ¿Qué pasa ahora? –preguntó una mujer bastante irritada.

― Maestra Hokage, alguien desea verla –dijo la pelimorada sin inmutarse por el tono de la Godaime, mientras le indicaba a Naruto que pasara.

― Así que el anciano se ha retirado –dijo, viendo al viejo Sarutobi sin sus ropas de Hokage hablando con una hermosa rubia de voluptuosos pechos que ocupaba el asiento que una vez fue suyo–. Supongo que ya estabas muy mayor para esto.

― Tú… ¿Naruto? –preguntó en un hilo de voz que fue respondido con una sonrisa por parte del rubio–. ¡Naruto! ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Y qué has hecho?

― Pues he estado recorriendo el mundo, viajando de un lado a otro, mientras entrenaba –dijo sonriendo.

― ¿Entrenando? ¿Quién ha sido tu sensei?

― Kyuubi –dijo sonriendo aún más.

― Entonces…

― Sí, me he enterado de muchas cosas. Todo lo referente al Kyuubi y a mis padres –dijo el rubio.

― ¿Y qué piensas hacer ahora que has vuelto? –le preguntó el viejo.

― Si tuvieras el honor de presentarme a la nueva Hokage, me gustaría quedarme aquí y ser un ninja de Konoha.

La Hokage se sobresaltó al verse nombrada en una conversación en la que no participaba pero que había absorbido su atención.

― Ella es Tsunade Senju, la nueva Godaime Hokage, una de los legendarios Sannin de Konoha –dijo Sarutobi–. Él es…

― Naruto Namikaze, a su servicio –interrumpió el rubio haciendo una reverencia–. Es un placer conocerla.

― Como ya supondrás, él es el hijo del Yondaime Hokage Minato Namikaze y Kushina Uzumaki –completó Sarutobi.

― Entonces quieres ingresar en el cuerpo ninja –dijo Tsunade mirando a Sarutobi–. Sensei, ¿tú qué opinas?

― Si lo vemos bien, cuando Naruto se fue era sólo un civil, por lo que podría salir de la villa cuando quisiera –dijo el ex Hokage–. Estaría bien ponerlo en un equipo de su generación.

― Bien, Namikaze Naruto, desde hoy eres un ninja de Konoha, y formarás parte del equipo 7 –anunció la Godaime–. Tus compañeros de equipo serán Sakura Haruno y Sasuke Uchiha, y tu sensei será Kakashi Hatake. ¿Alguna duda?

― Ehm, sí, una cosa. Ojii-san, ¿aquél apartamento sigue siendo mío?

― Claro –dijo lanzándole una llave–. Ten.

― Arigatou.

El rubio abandonó el despacho tras hacer una reverencia.

― Naruto… ¿qué te habrá pasado en todo este tiempo? –pensó Sarutobi.


Tras abandonar el edificio Hokage, se dirigió a su apartamento que, si mal no recordaba, no estaba muy lejos. Mientras caminaba por las concurridas calles del centro, oyó una voz en su mente.

― Vaya, vaya. En esta villa hay muchas mujeres hermosas –dijo cierto zorro en tono pervertido–. La Hokage, por ejemplo.

― Cállate zorro pervertido. Según tengo entendido tiene cincuenta y cinco años –dijo el rubio con indiferencia.

― ¿Y esa tal Anko? ¿También tiene cincuenta y cinco años? –preguntó sarcástico mientras se reía.

― Bah, cállate.

― ¿Qué? Tú también te has fijado en ella, ¿no?

― Bah.

― Nos vamos a divertir mucho en esta aldea muchacho –comentó con una risa pervertida de fondo–. Ya lo creo que sí.


Espero que les haya gustado. Sé que son algo cortos, pero sólo será así hasta el capitulo trece. Otra cosa: yo repaso mis fics concienzudamente, pero aún así no soy perfecto. Si aún así se me cuela alguna falta de ortografía, díganmelo y la corregiré de inmediato. Muchas gracias.

Jaa, mata nee.

Dejen reviews, no cuesta nada y animan al escritor.