Los personajes de crepúsculo son propiedad de Steph Meyer ella me los presta para que yo juegue con ellos
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Capítulo beteado por Sarai GN, Beta de EFF
(www facebookcom/ groups/ elite. fanfiction)
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Princess of Darkness
Con el bulto llorón entre mis brazos, me introduje en la profundidad del parque, podía seguir escuchando las pisadas frenéticas de los tipos que perseguían al maldito de Charles Swan, la sorpresa que se llevarían cuando lo encontraran tirado en el bosque con un agujero en su pecho iba a ser jodidamente espectacular, era una completa lástima que no pudiese ver sus rostros en ese maldito instante. El llanto era ensordecedor y por un momento me provocó soltar el maldito bulto al río, a la final qué me importaba si esa cosa regordeta y llorona vivía. Introduciéndome en el bosque llegué hasta donde había un grupo de adolescentes frente a lo que parecía una pequeña secta, sonreí al ver que mi padre aún tenía seguidores, en medio de los chicos había una piedra alta…un altar, y faltaba poco para la media noche.
Hubiese podido simplemente entregar al bodoque y dejar que ellos lo rindieran en honor a mi padre, era una buena idea y así yo podía comer algún coño fresco y probar un poco de dulce sangre antes que me tocase volver a mi mundo, pero no podía, esta cosa era mía, pensé que quizá la muerte era suficiente para Swan, pero él no había ni suplicado por su vida haciéndome perder la diversión, pero sí había suplicado por la del bodoque. Aparecí frente a los chicos enseñándoles mis colmillos mientras uno movía la ouija invocando a mi padre. Sus rostros de terror absoluto satisficieron mis ganas de ver a los cazadores de Swan, casi todos huyeron, pero había una chica recostada en el improvisado altar, aunque ella tenía un olor descompuesto, no era pura… A papá no le hubiese gustado mucho la bromita.
—Largo… —ordené roncamente, y eso solo bastó para que ella corriese como si fuera perseguida por el demonio… en efecto lo era.
Coloqué a la criatura humana sobre la piedra y desdoblé las cobijas mirando a la chiquilla.
Era calva como la mayoría de los bebés humanos, unas cuantas pelusas pero a eso no podía llamársele pelo, sus ojos eran enormes, abarcaban casi la mitad de su cara. Era condenadamente horrible, sus ojos se abrieron aún más y su llanto cesó… por unos minutos antes de volverse más fuerte, si hubiese podido tener migraña ya tuviese una. ¿Eran tan enervantes los bebés?, traté de recordar alguno en el inframundo, eran malos, muy malos, tan malos que volvían locas a sus madres, pero era divertido verlos hacer maldades… no era divertido ver este bodoque rosado, regordete y llorón.
Traté de entrar en su mente pero solo tenía estrellitas y varios trazos de colores. Era una mierda, por un segundo pensé en congeniarme con mi padre y ofrecerla en sacrificio, entonces la cosa insulsa tomó mi dedo y sus ojos oscuros me miraron fijamente.
—«Jasper…» —llamé a mi primo telepáticamente—, «Jasper, ¡Jasper Masen! Deja tu jodida labor humanitaria y ven a mí.»
—Espera…
—«¡Ya!» —espeté enojado mientras pinchaba el puente de mi nariz, el bodoque con patas volvió a llorar—. ¡Por un demonio, cállate! —grité mentalmente, haciendo que el bulto rosa dejara de llorar abruptamente, cerré los ojos sacando de mi capa mis los anillos con garras que mi padre me había dado para mi cumpleaños, que eran parecidos a las garras de los cuervos, tomé mi bastón favorito y lo presioné en el estómago del bulto trazando desde su pecho hasta su ombligo, la idea de ofrecerla en sacrificio era cada vez más atrayente.
—¿Cuál es tu jodido afán? Solo me faltaban seis perros, demonio.
—Cuando yo te llamo es porque te necesito. Yo soy tu soberano, soy más importante que un par de estúpidos perros —ladré enojado.
—Somos familia.
—Seré el rey de las tinieblas —sentencié—, no me obligues a...
—Aun así eres mi primo —me interrumpió alzando la voz, Jazzy estaba molesto—, y no tienes derecho a meterte en mi labor humanitaria, por si no lo recuerdas soy mitad humano.
—Cuida tu tono —le dije entre dientes—, seré tu maldito rey en poco tiempo. —Jazz bufó.
Y el bodoque empezó a llorar nuevamente.
—¡Solo cállala, quieres!, es inmune a todos mis poderes, al parecer solo reacciona con mis gritos y está empezando a molestarme.
—¿Qué demonios hiciste?
—Maté al imbécil que me tomó la foto hace cinco años.
—Has bebido sangre, apestas.
—Es mi placer, pero no te he llamado para que me digas qué debo o no hacer, recuerda tu maldito lugar en la jerarquía, Jasper, o me olvidaré que eres el estúpido desliz del tío Caius, te he llamado para que con tu poder la envejezcas hasta que muera, eso o la ofreceré en sacrificio a Carlisle —dije déspota, retrocediendo unos pasos.
Jasper se acercó a la piedra y miró a la masa humana, suspiró fuertemente extendiendo sus manos hacia el cuerpo.
—¿Y? —pregunté al ver que no hacía nada.
—Es inmune a mis poderes.
—Entonces la mataré con la garra, el sacrificio es lo mejor.
—Edward, es solo un bebé —indicó Jasper, como si me importara que fuese un maldito bebé o un anciano. Jasper se acercó y coloqué la garra en su cuello, paralizándolo, sus sentimentalismos me asqueaban, aún tenía la sangre del maldito de Charles. Lo vi tragar grueso mientras la garra bajaba hasta su pecho.
—No intervengas —sentencié a mi primo, empujándolo un poco pero lo suficientemente fuerte para que se alejara de mí. Lo vi caer al suelo mirándome con horror. Enfoqué mi vista en la masa humana llevando la punta de mi garra al mismo lugar en su anatomía donde había presionado a su padre. Sus ojos nuevamente se encontraron con los míos cuando hice presión en su pecho, y entonces pasó algo que no creí que ocurriría nunca, su mano regordeta agarró el bastón y sus orbes oscuros observaron mis ojos rojos, manteniéndome la mirada fija y desafiante.
Jasper dejó de respirar, y ya no era por uno de mis poderes.
—Ella te está retando —articuló, mirándome sin aliento, entonces el bodoque con patas sonrió, haciéndome retirar la garra de su cuerpo.
—¡Largo! —siseé cabreado a Jasper—. Ve a joder a tus perros.
—Queda poco menos de una hora para regresar, no dejaré que cometas una estupidez.
—¡Largo, ahora! —Mi garra se movió rápidamente, dejándola nuevamente en el cuello de mi primo—. ¡Vete! O esta vez no seré tan benevolente. —Jasper movió su capa y desapareció.
—¿Quién demonios te crees que eres? —mascullé, mirando el bulto de cobijas.
Intenté volver a entrar en su mente, pero ahora solo había oscuridad, la tomé entre mis brazos y desparecí…
Llegué a un lugar apartado de la gran urbe, casi a las afueras de la ciudad vivía una servidora de mi padre, toqué a su puerta dos veces antes que ella abriese.
Jane Vulturi había recibido varios favores especiales de mi padre, ahora era momento de pagar.
—Mi señor. —Se postró a mis pies al ver mi apariencia y mis ojos rojos, desenvolví con mi capa el bulto que traía conmigo.
Ella abrió los ojos con estupefacción, imagino que no era sencillo ver al hijo de Lucifer con un bulto rosa en brazos.
Entré a su casa adornada con calaveras y brujas, hasta llegar a la mesa donde había un tazón con dulces. Saqué mi bastón y tallé la estrella de David en el medio de la mesa de madera, Jane estaba aún arrodillada en el suelo sin hacer nada, solo me observaba mientras los objetos se movían hasta llegar a mí, las velas ocuparon su lugar, las luces se apagaron mientras colocaba al bodoque en medio y con mi anillo trazaba una línea en su mano regordeta.
—Has retado al hijo de Lucifer, tendrás que atenerte a las consecuencias. —Y sin perder más tiempo, clavé mis colmillos en su dulce carne.
Beber su sangre me mantuvo en un frenesí desquiciante, tomé lo justo de ella para poder dejarla viva… Mi placer sería ella, hasta que llegara el momento de destruir su patética existencia.
Desclavé mis dientes del bodoque y miré a Jane que aún estaba arrodillada tras de mí.
—Cuídala, aliméntala, y bajo ninguna circunstancia la dejes morir, ese… —sonreí—, ese será mi más grande placer.
Metí la mano en el bolsillo de mi capa y saqué una gran cantidad de efectivo.
—Debes alejarte del camino de las tinieblas, mantenla lo más pura e inocente que puedas para cada vez que yo regrese. —Lamí la gota de sangre que se había deslizado por mis labios—. Mi padre sabrá recompensarte por cuidar mi nuevo juguete. —Miré al bodoque que había estado quieto desde que la había probado—. Si muere, el último pabellón del infierno será tu castigo.
Ella asintió mientras se levantaba del suelo, me envolví con mi capa y desaparecí del lugar, me quedaba poco tiempo.
A primera hora del día de los muertos la puerta del inframundo se abrió, trayendo de vuelta a todos los seres que salíamos a divertirnos…
En 365 días yo volvería y seguiría con el juego que acababa de comenzar.
La peor decisión de Charles Swan había sido dejarme a su hija, la peor decisión del bulto rosa había sido desafiarme.
Nadie se mete con el príncipe de las tinieblas…
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Ohoh muchas gracias por darle una oportunidad a esto chicas!
Ary
