Explosión macarra:

Observo a lo lejos a ese tío del que debo encargarme. Como bien me ha dicho Rory, se esconde cubriendo su cabeza con una capucha y mirando todo el rato al suelo. De vez en cuando veo que se le acerca alguien, hablan un rato, y intercambian algo que no puedo ver del todo bien. Supongo que es esa droga, SPANK. Rory tiene razón, la mayoría de las compradoras son mujeres, probablemente las que él llama "sus chicas".

Dejo pasar unas horas mientras él sigue haciendo sus negocios y yo lo vigilo desde lejos, hundida en mis pensamientos y recuerdos. Pienso en como conocí a Santana, aunque debería estar pensando en como matarla, aún siento ese cosquilleo en el estomago al recordar la primera vez que la vi. Por ese entonces ella tenia novia, una tal Kitty que tenia fama de imbatible en las carreras callejeras. Yo acababa de terminar el instituto y no sabía muy bien que hacer, había mandado una solicitud para entrar en Stanford y mi padre estaba realmente ilusionado con la idea. En cambio, a mi me daba bastante igual, al fin y al cabo, estudiar me apetecía tanto como seguir viviendo.

Pero cuando me tropecé con ella esas ansias suicidas se esfumaron de mi cuerpo, no sé muy bien porqué, sólo sé que ella estaba en algo así como una cita con su novia y yo estaba "celebrando" mi "prometedor y brillante futuro" con una cena en familia. La de vueltas que da la vida, mis padres pasaron de adorarme a odiarme por haberles humillado, al fin y al cabo, ¿que clase de buena familia conservadora deja a su hija ser lesbiana? Bueno, eso no es que les importara mucho, lo que les cabreo fue que por un "enamoramiento juvenil", como ellos lo llamaban, empezara a meterme de pleno en el mundo de la delincuencia. Algo que para mí era inevitable, ya que vivíamos en Los Angeles, si querían que fuese una maldita santa podríamos habernos mudado a una aldea Amish, o algo así.

Curiosamente, cuando tenia la vida perfecta y todo parecía ir bien y era excesivamente fácil no tenia ningún tipo de ganas de vivir. Sin embargo, cuando empece a meterme en peleas, carreras, drogas y noches descontroladas junto a Santana me sentía llena y satisfecha conmigo misma. Al principio me dio miedo, decepcionar a mis padres o hacerle daño a Marley me preocupaba, pero cuando veía a Santana en brazos de esa tía se me pasaba y sólo quería demostrarle que yo podía ser mucho mejor, o peor, o lo que ella quisiera.

Y todo este sentimiento surgió de la nada, al ver como insultaba a esos camareros torpes del restaurante. A pesar de que delante de mi familia disimule mi interés, cuando tuve ocasión investigue sobre donde podría encontrarla y con quien. Fue por ese motivo que empece a ir a carreras ilegales, para poder impresionarla. Aunque al principio todo lo que conseguí fueron un par de derrotas humillantes, gente riéndose de mi y ella observándome a lo lejos. Fue el día que gane mi primera carrera todo empezó a ir como yo quería. Santana se bajo del coche que compartía con Kitty y vino a verme al mio, subiéndose sin siquiera pedir permiso.

- Nunca antes nadie había podido ganar a Kitty, he de reconocer que me has impresionado. - Los nervios pudieron conmigo y no ni fui capaz de mirarla. - Pero no pareces el tipo de chica que participa en este tipo de cosas... - me ruborice aún más, si eso era posible, y me avergoncé de mi aspecto de chica buena – pero eso tiene arreglo, ¿te apetecería un cambio de look? Yo podría ayudarte con ello. - Nunca me había apetecido cambiar mi aspecto, me gustaban mis vestidos de angelito y mi pelo largo, rubio y bien peinado. Y aún así asentí, ilusionada con la idea de pasar un poco más de tiempo con ella.

Ese día volví a casa con ropa y peinado nuevos. Cosa que a mis padres no les hizo ni puta gracia, la cara de horror que pusieron al ver mi pelo corto teñido de lila nunca se me olvidara. Además de la discusión que tuve con mi madre, que no podía creer que me hubiera gastado dinero en ropa nueva que parecía vieja. La única que se alegro de mi nuevo aspecto fue Marley, mi novia, dijo que expresaba mi autentico yo y que se me veía más relajada. Lo que no le hizo tanta gracia fue que empezara ha tratar con Santana, y me advirtió. Sin embargo no le hice caso y seguí viéndola, yendo a carreras en las que conseguía el primer puesto y ganaba un dinero que gastaba esa misma noche en pastillas, nieve, vodka, apuestas y una habitación de hotel donde las dos nos dejábamos llevar hasta el amanecer.

Cuando por las mañanas volvía a casa me tocaba soportar una bronca de mis padres, y eso con resaca es de lo más jodido. Hubo una vez en que llegaron incluso a amenazarme con llevarme a un centro de desintoxicación o a un correccional, fue ese día en el que Santana decidió que teníamos que largarnos juntas lejos de L.A.. La seguí ciegamente y me fui sin despedirme de mis padres. Sólo le deje una carta de adiós a Marley, a quien le pedía que no me buscase y que me olvidase. A veces me pregunto como sería mi vida si siguiera junto a ella, es lo que se suele llamar una buena influencia; probablemente no estaría a punto de ir a matar a un traficante que se había dedicado a venderle drogas a unas chicas que son bailarinas de un mafioso irlandés amigo del chico con el que me he fugado del furgón que me llevaba a la cárcel por haber robado un banco. Probablemente sería una vida muy aburrida.

Veo que el chico empieza a recoger sus cosas así que decido volver al mundo terrenal y terminar con esto lo antes posible. Saco la navaja de bolsillo que me a regalado Rory, no quería que "me manchara las manos", un detalle muy amable de su parte. La escondo tras mi espalda mientras me acerco a él que se gira y me mira con curiosidad.

- Lo siento, preciosa, pero ya he cerrado. - me da la espalda para adentrarse en su coche y aprovecho el momento para cortarle el cuello. Rápidamente, sin ningún problema. Pienso que ha sido demasiado fácil y me subo a su vehículo, que ahora es mio, y me largo dejando el cuerpo de ese tío muerto en el suelo.


Rory sonríe al verme llegar con el coche y me hace unas señales para que aparque delante de su club. Cuando lo he hecho me hace otras señales para que baje la ventanilla.

- ¿Es el coche de ese cabrón? - se asoma y mira con curiosidad el interior del coche. Yo asiento, como de costumbre. - ¿Lo has matado? - Y de nuevo, vuelvo asentir. - Joder, nena. Eres genial. - Veo que se le cerca una chica vestida de un modo extraño. Supongo que es otra de sus chicas. - Oye, ¿puedes hacerme otro favor? - Me encojo de hombros, que yo sepa no tengo nada más que hacer. -¿Puedes llevar a Sugar hasta la casa de su cliente? - Miro a la chica, que esta retocándose el pintalabios en el retrovisor, y le abro la puerta para que entre. - Ella sabe donde debe ir, solo sigue sus instrucciones. - La chica se sienta y me sonríe, le devuelvo la sonrisa por simple compromiso y arranco el coche. - ¡Oye! - Rory me grita antes de que me ponga en marcha. - No intentes nada con ella, ¿vale? Esta completamente reservada para mi y su cliente especial. - Asiento por última vez preguntándome seriamente porque debería intentar algo con ella, no es mi tipo ni de cerca.

Seguimos el recorrido hasta llegar a casa del supuesto cliente mientras ella va soltando algunos comentarios realmente infantiles y baila. Creo que la especial aquí es ella. Se baja y llama al timbre de esa mansión, se queda en pie, esperando y dando saltitos hasta que un chico enorme le abre la puerta y le cede el paso. Se despide de mi con la mano y veo como desaparece, el chico se acerca a la ventanilla que no he subido en ningún momento.

- Tú eres Quinn, ¿no? - le miro, pero esta vez no asiento porque creo que voy a coger tortícolis. - Yo soy Finn. - me ofrece su mano y se la estrecho sin muchas ganas – Rory me ha llamado ahora y me ha dicho que eres eficaz, si algún día vas justa de pasta y quieres hacer algún trabajito, pasate por aquí. - se mete la mano y saca un billete de cien dolares que me ofrece. - Una propina, gracias a que la has llevado voy a divertirme. Nos vemos. - Se va mientras guardo el billete en uno de los bolsillos de la cazadora. Supongo que ahora debo volver con Rory.


Me levanto con algo de resaca y miro mi alrededor, estoy en la chabola de Blaine rodeada de cucarachas intentando recordar lo que hice anoche. Volví con Rory y me ofreció un poco de whisky para agradecerme el favor, hasta ahí lo recuerdo bien. Después conocí a una de las bailarinas y... ya esta, no recuerdo nada más. Que frustrante, además me va a estallar la cabeza y tengo hambre. Y esta puta casa no tiene ni aspirinas ni comida. Me pongo las manos en la cabeza y aprieto, intentando que no palpite tanto.

- Resaca, ¿eh? - me giro y veo a Blaine con un botellín de agua y una pastilla. No parece medicinal, pero mientras me quite esta sensación me la pela. - ¿Te lo pasaste bien anoche? - me encojo de hombros, y lo miro unos segundos fijamente. Me gustaría saber donde estuvo, pero no creo que se de mi incumbencia. Me tomo la pastilla y me termino el agua, después vuelvo a dejarme caer sobre la cama.

Blaine se tumba a mi lado y pasamos unos minutos en silencio, mirando al techo.

- ¿El coche que hay afuera es tuyo? - agito la mano, dándole a entender que más o menos. Gira la cabeza mientras yo sigo observando los bichitos que hay en el techo. - ¿Te apetece ir a tomar algo? - Asiento y me ayuda a levantarme. - ¿Te importa que yo conduzca? - niego y él se sienta en en lado del conductor mientras yo me acomodo en el del copiloto.

Estamos todo el viaje hacía el restaurante en completo silencio. Cierro los ojos y me quedo dormida y, como era de esperar tengo una pesadilla. El momento en el que la bala disparada por Santana entró en mi cuerpo a estado repitiéndose una vez tras otra, pero que se me aparezca mientras duermo es incomodo por que me despierta de golpe sintiendo un fuerte dolor en la cicatriz y una opresión en el pecho.

Nos paramos delante de un restaurante y Blaine me ofrece de nuevo su ayuda para caminar, me siento fatal. Entramos al restaurante y nos sentamos, Blaine pide comida para los dos y me mira con una sonrisa.

- Este es el restaurante de la madre de Kurt. - elevo mi ceja con curiosidad, ¿se supone que debo saber quien es Kurt? - Estuve con él anoche, es mi novio. - Sonrío, ya me parecía a mi que no era muy de ir detrás de chicas. Y bueno, Rory me lo medio-confirmo anoche cuando viendo bailar a sus chicas me dijo que a Blaine no le iba este rollo. Miro a mi alrededor, a ver si consigo descubrir al misterioso novio. - Hoy no esta, tiene algunos negocios que atender. - o Dios mio, eso ha sonado a que Kurt esta haciendo algo "mafioso". Me encanta la gente que hace "cosas mafiosas". Quizá por eso me quede tan prendada de Santana.

El camarero llega y nos sirve la comida. Muerta de hambre lo devoro sin pensar en que tengo a Blaine delante y cuando he terminado eructo con toda la calma, a veces soy un poco cerda. Blaine sonríe, como es habitual en él y me ofrece la servilleta.

- ¿Puedo hacerte algunas preguntas? - me encojo de hombros, no se muy bien que quiere saber pero no creo que sea algo muy personal - ¿De dónde eres? - le miro y sonrío, él se queda en silencio esperando mi respuesta. Pasan unos cuantos segundos hasta que se da cuenta de ese pequeño detalle – Ay, es verdad. No hablas... Entonces solo puedo hacer preguntas de sí o no. - Se queda unos minutos meditativo mientras yo me sirvo un vaso de agua y me lo bebo de un trago, pero esta vez no eructo. - ¿Eres nacida en Nueva York? - niego. - ¿Tienes más de veinticinco años? - niego de nuevo. - ¿Más de veinte? - asiento. - ¿Tienes algún titulo universitario? - niego. - ¿Has matado alguna vez? - asiento. - Bueno, ¿alguna vez antes de ayer? - asiento otra vez. - ¿Te apetece un café? - por tercera vez, asiento. Él hace un gesto al camarero y le pide dos cafés. - ¿Te gusta tu vida actual? - Me encojo de hombros. - ¿Te caigo bien? - sonrío y asiento. - Sí, es que soy un tío majo. ¿Tú eres una tía maja? - me quedo unos segundos pensativa, después asiento - Estoy conforme, ¿Te dolió que tu novia té traicionara? - me quedo quieta, no me esperaba esta pregunta. Siento que la cicatriz me palpita de nuevo y mis ojos se inundan lentamente en lágrimas. - Rectifico la pregunta, ¿Quieres vengarte? - asiento despacio, sigo sin ser capaz de recuperar la calma. - ¿Crees que me queda bien el pelo sin peinar? - le miro confusa y sorprendida, ¿a que demonios viene eso? - En serio, responde. Es que normalmente me lo peino con gomina, pero hoy no he tenido mucho tiempo. - Sonrío y siento que mi cuerpo vuelve a su estado habitual.

Se nota que intenta romper la tensión que él mismo a creado, así que me acerco y le miro la cara en distintos ángulos y jugueteo un poco con su pelo para terminar negando con cierta cara de desagrado. Él me mira con dramatismo y se intenta tapar la cabeza con la servilleta.

- Lo sabía. Tenemos que ir a comprar gomina... - se deja la servilleta en la cabeza y se pone en pie, saliendo del bar. Yo me quedo en mi sitio sorprendida, no es que me siente muy mal robar pero si es el restaurante de su suegra no me parece muy buena idea. Blaine vuelve a entrar al restaurante y ve como saco el billete de cien dolares que me dio Finn, él se sorprende y me coge la muñeca antes que deje el dinero sobre la mesa. - No hace falta, me invita Kurt. Pero, ¿de dónde has sacado tanta pasta? - me encojo de hombros, me guardo otra vez el billete y salimos del restaurante. Una vez en el coche Blaine, que aún sigue con la servilleta en la cabeza , se vuelve ha dar cuenta de ese detalle que siempre se le pasa por alto. - Cierto, pregunta de sí o no. ¿Te lo dio Rory? - Hago de nuevo el gesto de más o menos con mi mano mientras él pone en marcha el coche. - Hablando de Rory, después de ir a por gomina vamos a verlo. Gomina que vas a comprar tu, por cierto. Tu margen de beneficios es bastante más alto que el mio: un coche y cien dolares yo nos los consigo ni en un mes.


Observo como Blaine se hace unos últimos retoques antes de entrar al bar de Rory. Ahora que le veo con el pelo engominado me doy cuenta que debería haberle dicho que le quedaba bien antes, ahora lo veo realmente distinto. Se gira hacía mi con una sonrisa.

- ¿Ahora? - Yo, con una sutil mueca de asco, niego. - A ti nunca te parece nada bien, ¿verdad? - Se cabrea y sale del coche pegando un portazo. - Pues deberías saber que las mechas rojas con el pelo rubio y tu color de ojos no pegan. Estas, simplemente, horrible. Ho,ri,ble – Me bajo del coche y sonrío al oírle remarcar con tanta exageración las silabas, esta loco. Además, todo el mundo sabe que el pelo rojo sí me queda bien.

Entramos juntos al club, aunque Blaine se mantiene unos pasos por delante de mi, haciéndose el enfadado. Y digo haciéndose porque puedo ver como intenta reprimir una carcajada. Una vez dentro Rory se nos acerca con una cerveza para cada uno.

- Hola, preciosa. - me da un beso en la mejilla y yo me limito a sonreír – Blaine, me alegra que tu pelo vuelva a ser el de antes.

- ¿Ves, Quinn? Me queda bien.

- ¿A caso lo ha negado? - Blaine asiente indignado - ¿Y te lo dice ella? ¿Con ese pelo rojo y despeinado? - Abro los ojos sorprendida, ¿Qué demonios le pasa hoy a mi pelo? - Que malvada eres, Fabray. Que malvada... - Rory nos señala una mesa para que vayamos a sentarnos. Nos estamos unos segundos bebiendo en silencio, hasta que Rory apoya los codos en la mesa y se inclina hacía mi. - Pero eso es algo que me gusta de ti, ¿sabes? Ayer hiciste un gran trabajo, y hay otros hijos de puta de los que deberías encargarte. Se han estado metiendo conmigo y...

- ¿Seguimos hablando de peinados? - Blaine interrumpe hablando aparentemente en serio, pero supongo que sólo bromea.

- No, Blaine. No.

- Que pena, yo iba a recomendarte un nuevo corte...

- Mi pelo esta perfectamente. - Rory se lo peina hacía atrás y mira mal a Blaine. Sé lo que se siente, yo también estaba muy orgullosa de mi pelo hasta que Blaine abrió la boca. - Y yo estoy hablando de algo mucho más serio: unos tipos han estado pagando a chicas para que ofrecieran sus servicios en el aparcamiento trasero de mi local a precio de coste. He perdido clientes por su culpa.

- ¿Quieres que Quinn se los cargue uno por uno? - Blaine se pone repentinamente serio y mira preocupado a Rory. - Eso podría ser muy peligroso para ella. - me quedo unos momentos paralizada, ¿porqué se preocupa por mi?

- Lo sé, por eso tu vas a ayudarla. Esos tipos suelen venir en una furgoneta verde que dejan aparcada un par de calles más abajo. Sólo tienes que encontrar el modo de hacer tu magia... - Blaine sonríe y se gira hacia mi ilusionado.

- ¡Vamos a trabajar juntos! - pone su puño para que lo choque con el mio, le sigo el juego. - Va a ser genial, así veras mis trucos.

- ¿No los ha visto antes? - Rory hace una señal a una de las chicas y esta se dirige a su despacho, Blaine niega.

- Sólo nos conocemos desde hace un par de días, no ha habido tiempo. - a mí me empieza a matar la curiosidad y me impaciento un poco, ¿qué trucos tendrá Blaine? Sólo espero que no estén relacionados con tintes y cortes de pelo.

- Bueno, tengo unos regalos para vosotros. - la chica que había ido al despacho le da dos cajas, una grande y una bastante más pequeña. Rory le da la grande a Blaine y a mi me ofrece la otra. La abro esperando encontrarme bombones o algo así, pero me sorprendo al ver una Desert Eagle. Es, posiblemente, una de las mejores pistolas que se pueden conseguir en Nueva York. Le sonrío a Rory mientras veo como Blaine lo abraza, a él también le debe haber gustado el regalo.

- Eres genial, Rory. Genial. Me llevo esto a a casa para preparar el espectáculo de esta noche. - Blaine se pone en pie y se va con la caja bajo el brazo. Yo acaricio suavemente mi nueva arma sin atreverme a sacarla de su caja.

- Te la regalo para que vayas más protegida, nunca se sabe cuando puede serte útil. - Rory se mueve junto a la silla hasta sentarse a mi lado. - Supongo que ya sabes como se usa... - asiento y el sonríe. - Esta totalmente cargada, y también he puesto un par de cartuchos más. Cuando se te termine la munición dímelo y yo te conseguiré más, no creo que a ti te sea muy fácil dado que te busca la policía. - saco la arma y me la guardo entre mi cintura y el pantalón. Las municiones me las guardo en uno de los bolsillos de la cazadora. - Confío en que la uses con cuidado, ya sabes... no me dispares a mi, ni a Blaine. - le miro en plan "¿en serio?, pero si me muero de ganas de matarle después de lo que ha hecho por mi...", completamente sarcástico. - Hablando de Blaine, tienes que encargarte de unos asuntos con él, ¿recuerdas? - me pongo en pie y salgo del club dispuesta a cumplir con mi "deber".


- ¿Estas enfadada por que me he llevado el coche? - Blaine se gira al verme entrar en nuestra pequeña chabola, yo me tumbo en la cama y niego. ¿Porqué iba a enfadarme? - ¿Qué te a regalado Rory? - Saco mi nueva pistola y le apunto en broma a la cabeza. Él pone las manos en alto. - No quería venir andando, no volveré a hacerlo. Pero no me mates, por favor. - Vuelvo a guardar la arma y sonrío, me encantan los prontos dramáticos de este chico.

Durante unos minutos veo como guarda un montón de herramientas y objetos en una mochila, al terminar me hace una seña y los dos nos dirigimos hacía el coche.

- Conduce tú mientras te cuento mi plan... - Me subo al coche y lo pongo en marcha dirigiéndonos hacía donde debe estar la furgoneta de esos tíos. - Voy a trucar con un par de cosillas su furgoneta, tú les distraerás en el parking para asegurarte que no vienen, cuando me veas aparecer por allí tendrás que hacer algo para que se larguen todos a la furgo. Los detalles te los dejo a ti. - Blaine coge el pote de gomina que hemos dejado allí antes y se pone un poco más. Yo lo miro con desagrado. - No digas nada, es mi pelo y lo trato como quiero. Cuando se vayan los seguiremos disimuladamente, y después verás mi magia... - conduzco pensando en como voy a distraer a esos tíos, Blaine guarda de nuevo el pote de gomina y me mira con curiosidad. - ¿Te has teñido nunca el pelo de otro color que no sea rojo? - Asiento y él me mira completamente sorprendido. - ¿De qué color? - Dejo pasar unos segundos de silencio - Pregunta de sí o no, siempre se me olvida... ¿Lila? ¿Verde? ¿Azul? ¿Castaño? - Asiento a todos y él se queda boquiabierto. - Qué horror, probablemente el único que te quede mínimamente bien sea el rojo. Y mira que no te queda nada bien. -ruedo los ojos y aparco delante del callejón dónde se puede ver la furgoneta de los tíos. - Bueno, voy a hacer mi parte, ve tú a por la tuya. - Se baja del coche y yo me dirijo hacía el club de Rory sin mucha prisa, pensando en que, definitivamente, ha llegado el momento de quitarme este color rojo del pelo.

Llevo un par de minutos viendo a los tíos que están haciendo sus negocios detrás del club. Sinceramente, no me extraña que estén sacando dinero, sus chicas están bastante más buenas que las de Rory. Decido vigilarlos de cerca pero no involucrarme hasta que vea que Blaine llegue al parking, a no ser que alguno de ellos intente marcharse. Cosa que, desgraciadamente, pasa un par de minutos más tarde y decido actuar sin pensar en un plan ni nada, improvisando.

Me acerco y cojo a uno de los chicos del cuello desde atrás sacando mi Desert Eagle apuntándole en la cabeza. Todos me miran asustados y preocupados y empiezan a tirar dinero al suelo suplicándome que no le haga daño. Me estoy así durante un buen rato hasta que veo asomar la cabeza engominada de Blaine, entonces empujo al tío que estaba en mis brazos y sigo apuntándolo haciéndoles señales con la cabeza para que se vayan, ellos me hacen caso y huyen corriendo completamente acojonados.

Maricas. Pero no maricas en plan Blaine sino maricas en plan tío gallina al que no me importaría pegarle un tiro, como Puck.

Recojo rápido toda la pasta que han dejado por el suelo y me uno a Blaine para seguirlos disimuladamente. Mientras vamos detrás suyo Blaine me mira con cierta mueca de reproche. Supongo que piensa que podría haberlos distraído menos agresivamente, pero total, van a morir. No creo que importe mucho así que sólo me encojo de hombros. Además, los chicos parecían dispuestos a volver al parking hasta que han visto que les estaba siguiendo, así que mi método puede habernos ahorrado tiempo. Una vez todos están dentro de su furgoneta Blaine me coge de la muñeca para alejarme de ellos unos cuantos metros. Al principio me pregunto por qué pero una vez su vehículo arranca lo entiendo todo.

La explosión me sorprende tanto a mi como a los pocos viandantes que hay por la zona. Blaine solo sonríe y susurra un "tachán". Ahorra entiendo cual es su "magia", mejor que el típico truco de sacar un conejo de un sombrero de copa. Estamos unos minutos allí, observando la llamas, hasta que llegan la policía y los bomberos.

- ¿Nos vamos? No me gusta el olor a barbacoa... - le miro algo impactada tras el comentario y le cojo del brazo para dirigirnos hacía nuestro poco acogedor hogar. - ¿Tienes algo que hacer mañana? - Niego mientras pienso en que podría ir a ver al gigante del otro día para que me diera algún "recado" - ¿Qué te parece si te tiño el pelo de rosa?, creo que te quedará mejor...


NA: Gracias por dedicar una pequeña parte de vuestro tiempo a leer esto. Es la primera vez que publico algo, así que no estoy muy segura de como pueda estar saliendo. Acepto cualquier tipo de crítica, incluso si están relacionadas con las faltas de ortografía (me lo leo y releo varias veces pero siempre se me cuelan). De nuevo, gracias y hasta el próximo jueves.