Por ahora, sólo me pertenece la adorable Natsukira. El resto pertenecen a Kishimoto.

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Capítulo 2: hermanos

Sakura miraba por la ventana de su habitación, extrañada de que nevase a principios de octubre. Sin embargo, le gustaba aquella imagen: pureza y magia entremezcladas con un sentimiento de bienestar. Se respiraba en el aire y Naruto también lo sintió, caminando hacia la casa de la chica; una sensación familiar lo embargó.

"No sé por qué, pero esta nieve es un buen presentimiento."– consideró el chico.

Al llegar a la puerta, la pelirrosa ya estaba esperándolo. Tenía algo entre sus manos; el chico de ojos azules no pudo esconder su curiosidad.

– Sakura-chan, ¿qué es eso?- preguntó, señalando el misterioso paquete.
Baka.- dijo.- ¿Qué día es hoy, cielo?- sonrió, al tiempo que se acercaba para darle un besito en la mejilla.
– Un regalo… para mí. Arigatou, Sak-…- no pudo terminar, ya que la chica volvió a repetir beso: esta vez, fundiendo sus tiernos labios con los del rubio.

La escena era digna de película romántica: abrazados, besándose con pasión, deseaban que aquel momento fuera eterno, que no acabará. La nieve acompañaba, poniendo una pizca más de encanto. Para Naruto, estar con aquella chica tan bella, tan querida por él durante tanto tiempo, era un sueño. Algo que había deseado muchísimo, incluso por encima de convertirse en Hokage. Y hoy era su cumpleaños. Diez de octubre: un día que le reservaba más sorpresas.

– Ábrelo.- soltó ella, ruborizada, después del intenso choque.

Él lo cogió y se dispuso a descubrir su contenido.

– Esta foto… Gracias, Sakura-chan.- comentó, emocionado.- Es el mejor cumpleaños.

Era del equipo siete separado durante tanto tiempo, y vuelto a renacer.

"Sasuke, sonriendo. Y Sakura-chan abrazada a mí"– observó, mientras se ponía rojo.

Esa chica estaba ahora a su lado. Aunque tenía un temor infundado: que, al recuperarse su amigo y compañero, ella se olvidase de él. Quería preguntárselo directamente, pero la idea lo ponía nervioso y le producía miedo interno.
Se encaminaron hacia el hospital para ver a Sasuke.

~ o ~

Natsukira estaba hambrienta. No había probado bocado desde el día anterior. Maldecía al viejo Sannin por no haber parado antes de llegar a la villa, mientras lo miraba con ojos asesinos. Él tragaba saliva, recordando que la chica tenía una fuerza similar a la de Tsunade.

"Su madre fue alumna directa de esa loca. Además, de pequeña entrenaba con las dos."– caviló, sonriendo forzadamente al mirar a la chica.

Disimulaba el miedo que tenía al ver esos ojos. Unos que superaban la mística y la mitología de otras líneas sucesorias.

– Espera un poco y podrás comer lo que quieras, por favor. No quise parar por llegar lo antes posible a la villa. Acuérdate de que hay trabajo…- mientras le caía una gota por la frente.
– Lo sé, viejo pervertido. Pero, con el estómago vacío…- las tripas de la joven rugieron.- …así es difícil concentrarse.- manifestó, sonriendo y llevándose la mano a la nuca.
– Esta nieve, ¿es tu madre?
– Sí, es su forma de decir que sigue a mi lado.- respondió con la mirada triste y baja.- Un regalo antes de morir, junto con su poder… La echo de menos.- terminó, dejando brotar unas tímidas lágrimas.
– Fue una gran mujer, sin duda.- murmuró el ermitaño.- Bueno, hoy no es día para estar triste. Has vuelto a Konoha en tu cumpleaños, si no me equivoco. Eso es motivo de alegría. Además, verás a tu maestra.- explicó, sonriendo.
– Vaya, entonces hoy es doble cumpleaños.- aseguró, guiñando un ojo.

Llegaron al despacho de la Hokage. Sin perder un segundo, la joven muchacha de cabello castaño, abrió la puerta. Armó tal escándalo que sobresaltó a la Godaime, haciendo que ésta cayera de la silla y que, los montones de documentos que había sobre la mesa, se desparramasen.

– ¡Maldita sea! Pero, ¿quién se atreve a…?- gritó, mientras la vena de su frente se hinchaba.
Nande?! La vieja es la Hokage.- cortó Natsu-chan, gritando y señalando a la mujer.
– Esa voz. No puede ser…- se levantó del suelo, viendo a Jiraiya y a la joven.- Uzumaki… Natsukira. Me alegro de verte.- añadió con voz dulce.
– Yo también, Tsunade-sensei.- se acercó a la mesa y se quitó la chaqueta.- Pero, ¡¿cómo una vieja como tú puede ser la Hokage?!- volvió a exclamar, señalándola y arrugando su cara.
– ¡Tú, mocosa!- apoyó su mano en la mesa, mirando a la chica con rabia.
¡Vieja!– se puso igual, mientras sus ojos echaban chispas.

Jiraiya observaba atentamente, pensando en que Natsukira se comportaba igual que Naruto.

"Se nota que son hermanos".

Ambas se pegaron tanto que, sus grandes delanteras, chocaron. Se movían y botaban de tal forma que, el pobre Ero-sennin, empezó a sangrar por la nariz. Se desmayó, cayendo al suelo por causa y efecto. Ellas se percataron, convirtiendo los gritos en carcajadas.

– ¡No se rían!- pidió él, todavía recuperándose.
– Mírate, viejo. ¿No te da vergüenza?- dijo Tsunade, mientras lo ayudaba a levantarse.
– Noto algo especial en esta habitación. ¿No será que…? ¡Ustedes!- vociferó la de ojos claros.
– Veo que, el poder de tu madre, sigue en ti.- comentó la rubia princesa, mientras besaba tímidamente al viejo, confirmando lo que la chica suponía.- Bien, nos hará falta. Vayamos al hospital.

"Sabía que acabarían juntos. Se quieren desde hace mucho."– pensó la joven.

– Sí, sensei. Espero ser de ayuda al pequeño Sasuke.- añadió sonriente, al tiempo que se dirigían hacia el edificio.

~ o ~

Naruto y Sakura hacían compañía a Sasuke. También Shizune, quien mostraba una cara de preocupación por el estado del Uchiha. Les contó la existencia de alguien que podría ayudarlo.

"Tsunade-sama me lo relató: una chica especial, con un don para ver en el corazón de otros".

El rubio jounin preguntó si alguien sabía dónde estaba. La ayudante de la Quinta le respondió que, esa chica, había vuelto a Konoha hacía pocas horas. Aparecería de un momento a otro.

"Esta nieve, Naruto-kun, significa que ella está aquí. Hace quince años, un día como hoy, ocurrió algo similar. Se cuenta que, estos copos, forman parte del espíritu de su madre. Parte de su chakra, diciéndolo de otro modo. Al morir ella, le regaló su don y poder a su primogénita. Por eso, nieva de esta forma hoy…"

Cuando Shizune estaba acabando de contar la historia, la puerta de la habitación se abrió.

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