Los vampiros nunca te lastimarán

Así era, no como Tom había dicho que sería, pero la vida le iba fácil la mayor parte del tiempo; sin amor, ni gloria, ni un héroe en su cielo. Ginevra no podía quitarle los ojos de encima.


Advertencias: Cierto contenido homosexual (así como hetero), temas oscuros, parejas indefinidas y demás linduras. Meimi no se responsabiliza por las consecuencias de la lectura prolongada.

Disclaimer¿Adivinan? Los personajes no me pertenecen,a excepción de los vampiros. La historia se hace sin fines de lucro, sólo para entretenimiento y desgaste moral del público (y la autora). Pero igual si quieren demandarme lo único que podrían embargarme es mi gata Cleopatra y yo encantada de regalársela a Rowling o a la WB o a quienquiera venir por ella.

Aclaración que debí de haber hecho desde el principio: El título de la historia viene de la canción homónima de My Chemical Romance. Las frases de canciones que se citan a lo largo de toda la historia son sólo muestra de lo traumada que estoy. No se alarmen.


"Enredar los hilos"

"Esto es un asunto de vida o muerte y nosotros no estamos preparados"

Flying at tree level— Brand New.


La noche siguiente encontró a Ginevra y Draco preparándose para abordar a los vampiros en su pseudo bar o lo que fuera. Tras haber cenado con la anciana Trudy (Draco juraba que esa mujer era pariente de McGonagall), soportando un sermón sobre la clase de lugar que era "La hija del vampiro", la no muy feliz pareja se había marchado al lugar en cuestión.

Con Ginevra al volante, el jeep prácticamente volaba por la carretera interestatal.

— Esta vez vamos a tener que hacer algo para no separarnos—dijo Draco espontáneamente, escudriñando la oscuridad de la carretera con sus ojos grises.

— ¿A qué te refieres?—le preguntó ella, sin quitar los ojos del camino.

— A que la última vez nos tuvieron atrapados en el dedo meñique, Ginevra. Y no sé tú, pero yo sé lo suficiente de criaturas oscuras como para caer en el hechizo de un simple vampiro…­—comentó con tono altivo.

La chica puso los ojos en blanco— No decías eso anoche…

La verdad, era que ya pasado el éxtasis de la primera impresión (y en la tranquilidad de su habitación en casa de la anciana, teniendo que soportarse de nuevo el uno al otro por más de quince minutos seguidos), ambos habían llegado a la conclusión de que los habían agarrado con la guardia abajo (ajá, sólo eso); pero lo habían descubierto por separado y se negaban a decirlo en voz alta. Draco era un Malfoy, entrenado desde sus más tiernos años (metafóricamente hablando, por supuesto) para saber todo lo que había que saber sobre la magia y las criaturas oscuras. Era un mago de nivel avanzado, por supuesto que no iba a ir y caer en el hechizo natural de un vampiro cualquiera. Por su parte, Ginevra se recriminaba a sí misma tal fallo; ella se había ganado con sangre (y aquí ya hablamos literalmente) el puesto que ocupaba en la jerarquía del Lord (muy muy buen puesto)¿Dónde había quedado su sorprendente habilidad para vencer el peligro?

Draco arqueó una ceja— Ni tú tampoco, te lo recuerdo. Tenemos que estar alertas.

— Dime algo que no sepa… —contestó enfadada, bajando el auto de la carretera frente al bar.

Draco ladeó la cabeza, sonriendo… ¿Algo que no supiera?

— Pansy está embarazada—dijo, al tiempo en que ella apagaba el motor del vehículo, para saltar del asiento y marchar felizmente hacia el interior del establecimiento.

"¿Y eso a mi qué?" pensó ella. Pero se cuidó de no vocalizarlo, tenía que trabajar por la relación del equipo, teniendo en cuenta que su contraparte parecía ser algo bipolar.

— Felicidades—le dijo al rubio cuando lo alcanzó dentro del lugar.

Él se giró, mirándola como si sopesara la honestidad en sus palabras y luego sonrió brevemente; si es que esa extraña torcedura de la boca se podía considerar una sonrisa.

— Este lugar está lleno de muggles—se quejó después.

Ginevra, más que acostumbrada a ese particular rasgo del rubio para aquellos entonces, se rió.

— Quédate conmigo, yo te cuido de ellos—le contestó burlonamente.

— Mmm… Parece que alguien trata de revivir su espíritu Gryffindor aquí. Y no, gracias, yo a eso no le entro—se cruzó de brazos, poniendo cara de asco. La pelirroja lo empujó juguetonamente.

— Idiota, se te va a quedar la cara así… ¿Ahora qué hacemos?—preguntó, mirando hacia todas partes. Había montones de mesas dispuestas alrededor de lo que parecía ser una pista de baile. Por todo el lugar resonaba una espantosa (y en esto coincidieron tanto Draco como ella) música estilo country y el tipo que atendía tras la barra (provista con una infinidad de banquillos) no lucía muy limpio que dijéramos.

— Mezclarnos—contestó él, dirigiéndose a la barra. Ginevra lo siguió y, para su diversión, acabó haciendo que les dieran dos cervezas muggles; comunes y corrientes.

— Merlín, esto es veneno—se quejó Draco indignado, estando ya sentados en una de las mesas y él tratando de beber su cerveza.

Ginevra rió, por poco ahogándose con la cerveza.

— Eres un exagerado

—No—contestó él, moviendo la cabeza de un lado a otro— Tú careces de todo sentido de refinación—dejó la botella en la mesa— Si mi madre me viera bebiendo de una botella la pobre volvería a morirse…

— Voy a pretender que no escuché el insulto... Suficiente tengo con tus quejas. Te recuerdo que tenemos un trabajo y uno muy importante. Así que—tronó los dedos— atención en la misión; lo demás puede esperar

— Uy, qué delicada—se mofó él— No sabía que tuvieras tanta sensibilidad, Ginevra. Con la historia que tú tienes, uno llega a esa conclusión

— Oh, Malfoy, déjame en paz—gruñó ella, dándole un largo trago a la cerveza— ¿Es que acaso nunca te vas a cansar de preguntar lo mismo?

— Tengo curiosidad, no todos los días se acaba en la esquina más polvosa del mundo bebiendo junto a la ex novia del chico que más odiaste en la escuela…

— Eso fue hace siglos. ¿Cuánto apuestas a que nadie jamás hubiese predicho que acabaría así?—se rió burlonamente— al menos yo soy interesante. No que tú, todos sabíamos cómo habrías de terminar desde el día en que naciste, Dra-co

El rubio apretó los labios—Estoy orgulloso de mi legado, Comadreja

— No te pongas sensible, Hurón. Y por favor no volvamos a los apodos. Yo sólo te estoy diciendo la verdad; traté de que tuviéramos una relación civilizada por el bien de nuestro trabajo, dado a que tenemos un objetivo mutuo que ya sabes. Pero por mí, bien te puedes regresar a tu mansión y ojalá te trague alguno de tus excusados con joyas incrustadas. Yo soy perfectamente capaz de hacer este trabajo sola para el Lord

Draco rió secamente— Por supuesto, todo lo que quieres es regresar triunfante a los pies de tu papi, ¿No?... Me das asco—acabó.

La pelirroja frunció el ceño— Tú me das asco a mí—siseó— tú y tu estúpida manía de imaginarme en la cama del Lord; eso no es normal¿Sabes? No me acuesto con él ni intercambio ninguna clase de favor sexual. Y sí, soy su sirviente; pero de la misma manera en que tú lo eres, Malfoy. No hay ninguna clase de misterio en mi vida…

— Claro­—resopló él, incrédulo— porque todos los días las niñas buenas juegan a ser malas para verse más interesantes

Ella arqueó una ceja, al fin entendiendo por dónde iba todo el asunto— No voy a discutir mis motivos para unirme a la fuerza—contuvo las ganas de levantarle un dedo— no los he discutido con nadie, ciertamente contigo menos…

Draco cruzó los brazos— Te crees muy interesante, pero no eres más que una…

— Esa no es manera de hablarle a una dama—interrumpió una voz conocida tras de ellos. Ginevra se giró asustada, no había sentido a nadie acercarse.

— No, no lo es—contestó Draco, cínico— pero ella tampoco es una dama. Y tú no deberías meterte en las conversaciones de extraños

El pelinegro, pues era Lucien quien miraba burlonamente al rubio, se paró tras la chica.

— Ginevra no es una extraña—dijo, pasándole una mano por la mejilla (que la pelirroja permitió nada más por la sorpresa).

Draco apretó la mandíbula— No, pero tú sí…

Lucien rió— Oh sí, no me he presentado. Mi nombre es Lucien. Diría que es un placer, pero hasta las mentiras tienen su límite…

— Draco Malfoy, igualmente—casi escupió el rubio, para diversión del pelinegro que jalaba una silla y se sentaba a la mesa.

— Pero dime, Ginevra¿Cuál era la oferta que tenías para mí?—preguntó sonriente el vampiro.

— Bueno, Lucien—empezó ella. "Ahora o nunca"— Tendría que hablarlo con el líder de tu clan, realmente.

Contrario a lo que esperaba, Lucien amplió su sonrisa— ¿Mi clan?

— Sabemos lo que eres—intervino Draco, adoptando su cara de profesional (Sí, en serio la tenía) al instante— lo que es Lucero y todos los que estaban con ustedes anoche en la feria. Podemos decirlo en voz alta si lo prefieres….

— Para nada—contestó él, la sonrisa disminuyendo lentamente— puedo leerlo claramente en sus mentes. Y era de esperarse, siendo ustedes tan poderosos brujos…

Si Draco se sorprendió tanto como Ginevra, no dio muestra alguna.

—… Pero bueno, tampoco es como para impresionarse tanto—continuó él— En fin, mi querida Ginevra, querías hablar con el líder¿No?

La pelirroja asintió.

— Pues resulta que dicen que el líder soy yo—sonrió— Así que puedes hablar con confianza

Ella rió, por alguna razón que no lograba comprender— ¿Algún lugar más privado?

— Si eso quieres, acompáñenme…

La pareja caminó tras el vampiro, quien les guió afuera del local para darle un rodeo y encontrar, por el lado opuesto, una puerta de metal que parecía estar sellada.

— Como me parece que tienen ganas de conocer a la familia—sonrió— les presentaré—y procedió a abrir la puerta como si estuviera hecha de papel.

Dentro, había toda una congregación de vampiros reunida en una especie de parodia del bar antes visitado; aunque sin barra (Ginevra no se imaginaba la utilidad que dicha cosa podía tener ahí), en lugar de eso había un escenario donde un grupo de vampiros (había que reconocerlo, ellos eran los únicos humanos ahí) jugaba a ser una banda.

— ¡Lucien!—exclamó una rubia al verlo entrar—¿Qué pasa?

— Nada, Claire, los brujos quieren hablar conmigo—señaló con la cabeza a la pelirroja y el rubio, haciendo una pausa— ¿Y Lucero?—preguntó.

Ginevra pudo sentir a Draco, más que verlo, tensándose ante el nombre. Recordó vagamente que Lucero era el nombre de la vampira con la que él había hablado.

— De cacería con el querubín—respondió la rubia sonriendo enigmáticamente.

Lucien arqueó una ceja— ¿Necesito recordarte de quién es propiedad "el querubín"?—había una cierta nota de molestia en la voz de él.

Claire rió— Por supuesto que no, Lucien, pero no puedes esconder una delicia así de todos por mucho tiempo

Lucien apretó los labios— Ya veremos si no… Claire, ya sabes que hacer—Ginevra se tensó, completamente alerta, al notar el extraño intercambio de miradas entre los vampiros. Metió las manos a su bolsillo, aferrando la varita en caso de cualquier necesidad.

— Sí, ya lo sé. Díganme, guapos—se giró hacia ellos— Ummm…británicos… —dijo, como si pudiera oler la característica— hace siglos, literalmente, que no estoy en Inglaterra… pero en fin, díganme… ¿Qué les trae por aquí?—señaló una mesa redonda y pequeña donde Lucien ya tomaba asiento.

Ginevra frunció el ceño— Tenemos un asunto importante que discutir con él—contestó mientras se sentaba.

— ¿Muy importante?—preguntó la rubia, esta vez dirigiéndose hacia Draco (quien se acababa de sentar).

— Bastante—contestó él, abriendo mucho los ojos al encontrarse de pronto apresado entre los inamovibles brazos de la mujer vampiro. El movimiento había sido demasiado rápido para que el ojo humano lo apreciase.

Ginevra se quiso abofetear allí mismo mientras se paraba de un brinco. Se suponía que estaban preparados para cosas así.

— ¡Suéltalo!—chilló, su varita apuntando al cuello de la tal Claire en un nanosegundo.

— Mi querida Ginevra—intervino Lucien— No hay necesidad de esto…

— ¡Que le suelte!—exclamó, deseando de pronto tener dos varitas para poderle apuntar al hombre (figura masculina, corrigió su mente) también.

Todos los vampiros del lugar habían detenido sus actividades y les miraban intrigados.

— Claire no va a lastimarlo a menos de que yo lo ordene—habló Lucien con voz calmada— y no pienso ordenarlo. No lo haré si ustedes no se convierten en una amenaza para los míos; por favor baja tu varita, Ginevra… esto es sólo una simple precaución

— ¿Una precaución, eh?... ¿Entonces por qué no me lo hiciste también a mí?—preguntó. Y tenía que admitir que no era la más inteligente de las líneas, pero lo único que tenía en mente era que los vampiros siempre trataban de engatusar. No podía caer en la trampa.

— Porque tú, contrario al señor Malfoy, me agradas. Eres una chica hermosa, inteligente, una bruja poderosa…

Ginevra arqueó una ceja. Eso no le iba a servir al tipo— Y Draco también, hasta lo de bruja a veces…—casi sintió la mirada envenenada de su contraparte.

Lucien rió— Pero él no me cae bien, aunque si te sientes más cómoda podría traer a alguien para que te inmovilizara a ti también. Míralo de esta manera, yo te traje a mi hogar; era lógico que tomara alguna medida para garantizar la seguridad de los míos

Ginevra se sentó de nuevo, aunque un poco reticente. Los demás vampiros volvieron a lo suyo— De acuerdo

— Perfecto. Ahora... ¿Decías?

La pelirroja suspiró, inclinándose hacia la mesa. Tiempo para trabajar el encanto de la niña pequeña— Bien, te diste cuenta que somos magos—aunque ahora que lo pensaba él siempre usó la palabra "brujos"— pero resulta que no sólo somos cualquier clase de magos; somos Mortífagos—se levantó la manga para mostrarle la Marca Oscura— magos al servicio de Lord…

— Voldemort—acabó él— Escuché hace algunos años sobre la guerra en su mundo, pero creí que había acabado hace poco—rió— poco para nosotros al menos; serían unos 15 o 20 años…

— Fueron 25—dijo Draco, a todas luces molesto— y no acabó; sólo hubo un período de paz…

— Bien, como sea—Lucien agitó la mano en el aire, restándole importancia.

Ginevra tomó ese momento para continuar— Entonces supongo que estás familiarizado con la causa del Lord…

— Si mal no recuerdo, quería acabar con los que no proviniesen de familias ancestrales de magos—resopló— una pérdida de tiempo, si me lo preguntan…

— No te estamos preguntando—gruñó Draco, antes de que Ginevra lo pateara bajo la mesa (haciendo sonreír a Claire). El rubio iba a arruinar todo el asunto.

— No le hagas caso—intervino la pelirroja sonriéndole a Lucien— Sólo está herido en su orgullo porque un vampiro, y un vampiro mujer, lo tiene apresado contra voluntad…

Lucien arqueó las cejas— Bien. Son brujos al servicio de ese tal Voldemort… ¿Algo más que tenga que anotar?—preguntó, Ginevra quiso patear a Draco por sacar al pelinegro de su buen humor.

— Sí—suspiró, decidiendo ir por todo— Te queremos, los queremos de nuestro lado—corrigió.

Lucien rió, como si la pelirroja le acabara de contar un chiste buenísimo— Deben estar realmente desesperados si tratan de acudir a nosotros. Su historial de tolerancia hacia las criaturas de la noche no es de lo más brillante…

— Ciertamente, pero también las administraciones mágicas nunca han seguido las políticas de nuestro señor—dijo ella, en voz dulce— Estamos en guerra y es difícil; no hemos perdido aunque tampoco llevamos las de ganar. Lo que necesitamos es una alianza, que queremos hacer con ustedes…

Lucien se cruzó de brazos— Suponiendo que "nosotros" quisiéramos la alianza¿Quién les asegura que yo comando a todos los vampiros? Si hicieron bien su tarea—dijo en tono burlón— han de saber que somos criaturas solitarias; éstas reuniones son breves y a la larga fracasan… ¿Qué les hace pensar que cuando yo diga "Lucharemos junto a los mortífagos" los demás me obedecerán?

Ginevra frunció el ceño, para eso había sido la investigación de Draco pero... ¿Cómo decirlo?

— El hecho—apuntó el rubio, que comenzaba a tomar una tonalidad rosa por la indignación— de que cada vampiro de aquí a París te reconoce como el más poderoso…

— ¿Lo hacen?—preguntó, mirando a Claire severamente. La rubia lucía avergonzada por alguna razón— ¿No te parece perfecto, Claire querida?

— Vamos, Lucien, esto no tiene nada que ver…—comenzó ella, pero una mirada del pelinegro bastó para detenerla.

— Por supuesto que tiene que ver, querida—Y el apelativo sonaba a insulto— ¿Cómo si no crees que un simple brujo—Draco lo miró venenosamente— pudo averiguar tanto¡Pero no!...¡Construyamos lugares para podernos juntar... si los mortales tienen, nosotros también podemos! No sé por qué me dejé convencer, si nunca has sido famosa por tus brillantes ideas…

Claire, que aún tenía a Draco apresado entre sus brazos, se inclinó hacia delante (obligando al rubio a bajar la cabeza, al empujársela con el pecho) mirando al pelinegro con rabia. Ginevra lo anotó como uno de los sucesos mágicos dignos de recordarse; sabía por teoría que los vampiros eran criaturas fieras de ojos brillantes y temperamentos volátiles. Pero nunca creyó poder atestiguar una muestra tan clara y, en cierto sentido, hermosa; pues los ojos de Claire (azules hasta ese momento) habían tomado una coloración absolutamente increíble que les hacía parecer dos diamantes.

— Y aún así aquí estamos, querido—la mujer vampiro siseaba con tanto desprecio, que hasta Draco torcía el cuello para mirarla con admiración. Él jamás había podido lograr ese efecto en su voz, por más que lo había practicado— Hemos sido compañeros en el tiempo. Yo sigo apoyando todas—Ginevra miró de uno a otro, ahí había algo oculto entre la pareja— tus cacerías absurdas… ¿No te parece justo que al menos tú apoyaras una de las mías?

Para sorpresa de la pelirroja (quien esperaba que el pelinegro rebatiera, como en todas las novelas rosas que leía cuando estaba en la escuela), Lucien suspiró y asintió.

— Tienes razón, Claire; me disculpo—Ginevra se estremeció involuntariamente al notar la cantidad de promesas en la mirada de ambos. Parecía que se acababan de topar con la consorte del líder— ¿Alguna sugerencia para la situación actual?

— Eso dependería de las ventajas que nos ofreciera dicha situación… —contestó simplemente la rubia, relajando un poco su abrazo sobre Draco.

Ginevra sonrió, agradada de por fin llegar a territorio de negociación— Muchas—comentó.

Lucien arqueó una ceja— ¿Y esas serían…?

— Imagina un mundo donde no tuviesen que esconderse de la gente, donde el secretismo y toda la parafernalia en torno al mito no fuese necesaria. Imagina un mundo que fuese totalmente suyo; sin necesidad de acechar en las sombras a sus presas, sin necesidad de cubrir sus rastros cada vez que cazan…

El pelinegro casi sonrió— No me vendas utopías, Ginevra; tal cosa no es posible…

Ginevra negó con la cabeza— Únanse a nosotros y lo será. El Lord siempre recompensa a quienes le son útiles…

Claire arqueó una ceja— Dime niña, ya que de seguro tú eres una de las que más útil le ha resultado a tu señor; ¿Te ha dado acaso lo que siempre quisiste? Porque tú nos estás ofreciendo eso en su nombre…

— Él mismo nos mandó a hacerlo, a Draco y a mí, en su nombre. La oferta es genuina, a cambio de su cooperación con nuestra causa en la guerra el Lord haría que ya no tuviesen que esconderse; les daría un lugar privilegiado en el nuevo régimen—se permitió una sonrisa que ella consideraba encantadora— Y estoy citando textualmente

—¿Ah sí?—preguntó Lucien, incrédulo— ¿Y por qué no vino él mismo a decírnoslo?

— ¿Acaso creen que el Señor Oscuro…—comenzó Draco, pero Ginevra lo detuvo con una patada en la espinilla. ¿Qué el idiota no conocía el significado del vocablo diplomacia?

— El Señor Oscuro no puede dejar la isla—contestó ella— eso es lo que Draco quería decir, con su carente sentido del tacto que tanto le caracteriza. Se requeriría una gran movilización de Mortífagos para burlar la seguridad en las fronteras; y eso en sí sería muy sospechoso. En cambio una pareja joven, de viaje, no es nada del otro mundo.

Claire asintió, unos mechones de su cabello mezclándose con los de Draco (que eran de un rubio más claro)— Tienes que reconocerlo, Lucien, hay lógica en el asunto. Y la propuesta es buena, pero la niña no ha contestado mi pregunta—terminó sonriendo.

Lucien asintió— Así es, Ginevra, no puedes esperar que accedamos a tus propuestas—se rió— bueno, las de tu señor, si no accedes tú a contestar, al menos, nuestras preguntas

La pelirroja frunció el ceño sin entender— ¿Disculpa?

Claire rió— Oh, pequeña. Te pregunté que si tu señor te había dado todo lo que deseabas. Nos dices que recompensa a quienes le son útiles; una bruja como tú debe resultar en extremo útil… ¿Te ha recompensado por ello?

— Por supuesto—contestó ella— desde el principio

La rubia sonrió— ¿Te ha dado todo lo que querías?

Ginevra frunció el ceño, meditándolo. Lucien la miraba con tal intensidad que le hacía pensar en que eso quizá era alguna clase de examen. Y si era un examen, también resultaba muy probable que de eso dependiera el éxito de su misión.

Pero la verdad era que sí lo había hecho¿No?... El Lord le había dado lo que más quería en el mundo hacía mucho tiempo ya; le había permitido conservar su corazón intacto, a salvo, donde pertenecía. Si bien estaba condicionada a su voluntad, él le había dado lo que nadie le había podido dar antes.

Él le había dado a Tom y la mitad de su vida que creía extraviada con él.

— Así es, todo lo que siempre quise y que nadie del otro lado supo jamás comprender. Él me lo dio—contestó, mirando deliberadamente al pelinegro.

Lucien entonces, como si ella le hubiese dado la clave para algún antiguo enigma, asintió solemnemente— Así será entonces. Ginevra, tú y el señor Malfoy pueden volver a casa y avisarle a su amo que cuenta conmigo y con todos los vampiros del mundo que deseen seguirme…

Claire sonrió— A Lucien no le gusta darse aires de líder, pero los vampiros que le siguen son casi todos los que existen—aclaró.

Lucien puso los ojos en blanco, aunque se notaba que iba en broma— Gracias Claire, ya puedes soltar al brujo

­— ¡Oh qué bien!—exclamó la mujer vampiro, dejando ir a Draco tan rápido como lo había apresado.

El rubio se frotó el hombro izquierdo, mascullando en voz baja.

Ginevra escogió ese momento, entonces, para emprender la graciosa retirada (antes de que el rubio decidiera tomar venganza por la afrenta contra su orgullo)— Muy bien, Lucien, verán que este movimiento será el más exitoso que pudieron haber hecho. Viajaremos de regreso con la noticia, pero me gustaría poder encontrarles ya en Londres… ¿Tienen algún inconveniente en viajar?

Claire, quien se había sentado sobre la mesa, negó alegremente— Por supuesto que no, querida niña. ¿Pero es que acaso tienen su base en Londres?

Ginevra negó con la cabeza— No, pero me temo que la ubicación exacta es algo que no podemos revelar.

La rubia frunció el ceño— Pero si no hay nadie aquí que pudiese utilizar la información en su contra

— Está bajo un hechizo—aclaró Draco, malhumurado— la base, quiero decir. Nadie más que el guardián del hechizo puede pronunciar la ubicación; y nadie quien no haya sido informado por el guardián puede encontrarla…

— Ya veo—murmuró Claire— y ninguno de ustedes es el guardián

Ambos negaron con la cabeza— Sería demasiado peligroso—apuntó Ginevra— si fuésemos capturados por la línea enemiga podrían obtener información de nosotros mediante tortura, hechizos o pociones…

— Esto de la magia es tan curioso—dijo Claire más para sí misma que para ellos.

— De cualquier manera—comenzó Lucien— preferiría ir primero yo solo a hablar con su señor

Ginevra y Draco se voltearon a ver el uno al otro.

—Seguro—dijo la pelirroja— Igual regresaremos y te encontramos en Londres; de ahí ya te podríamos guiar a la base… o a cualquier lugar en que el Lord y tú se vayan a reunir

Lucien asintió— Me parece perfecto. Volaré hasta Londres y les esperaré en el Hyde Park, si no les importa

— Umm… seguro, no hay problema—contestó la pelirroja, quien nunca había oído que los vampiros volaran.

El pelinegro, como si pudiese leer su mente sonrió— Sólo los que somos muy viejos tenemos el don—aclaró— No es una sensación muy agradable, pero resulta en extremo útil

— Ah, sí, debe serlo—balbuceó ella.

— Lo es. Claire querida—se giró hacia la rubia— te encargo a…

— Tu querubín—interrumpió la rubia con voz cansada­— ya lo sé, no te preocupes. Yo lo voy a cuidar de Lucero, Demian, Ferio, Julian, Lucas, Bianca, Kyla, Paris, Juno y todos los que traten de ponerle un dedo encima

Lucien sonrió— Confío en ti

— Lo sé, por eso lo cuido—contestó la rubia— Nos veremos

— Vendré por ustedes después de que hable con ese Lord…—aseguró, antes de girarse hacia los mortífagos— Bien, les acompaño a la salida

Así, los tres caminaron hasta el jeep que Ginevra había rentado en una ciudad cuyo nombre Draco no se había esforzado en recordar.

El rubio en cuestión se trepó al aparato, aún herido en su orgullo por haber estado como adorno (no que hubiesen podido conseguir un adorno más bonito) en todo el affair, mientras que Ginevra abría la puertezuela y se giraba a ver al vampiro.

— Bueno, esto… pues… ¿Nos vemos en Londres?

— Así es, como ya les dije, les esperaré en el Hyde Park—comentó sonriendo.

— Bien—dijo Ginevra­— Ahí te buscaremos—se subió al auto y encendió el motor— Hasta entonces

— Hasta entonces—respondió Lucien.

Suspirando, la pelirroja pisó el acelerador. Justo cuando subían a la carretera miró por el retrovisor para tener una última imagen del pelinegro, pero éste ya no estaba ahí; de hecho, no había ni rastro de que hubiese estado ahí en algún momento de su vida (o muerte, según el enfoque).

— Malditos vampiros—escuchó gruñir a Draco.

Asintió vagamente, estirando la mano para encender la radio. Su misión había sido completada con éxito. Tom la esperaba en casa.


Mil disculpas por los atropellos en las grafías, pero la página parece no entender a los signos de interrogación y exclamación (al idioma en sí, pero tampoco podemos pedir milagros).