Disclaimer: Esta historia es una traducción de Aurette, The Occluded Soul. Los personajes de universo Harry Potter son de J.K. Rowling. Nada me pertenece ni me beneficia, me limito a traducir y a disfrutar con esta fantástica historia.
N/T: Hola, millones de gracias por los reviews y los privados. Os traigo un nuevo capítulo de esta fantástica historia, veréis como a medida que vaya avanzando la historia se vuelve más y más intrigante. Sin más os dejo con el capítulo.
CAPÍTULO 2: EL SUEÑO COMIENZA
Harry se dejó caer en el sofá de Hermione como un saco y escondió su rostro entre sus manos. Ron volvió de la cocina con tres botellines de cerveza, dejó dos en la mesita.
"Lo teníamos", dijo Harry de nuevo. Había repetido esa frase al menos seis veces desde que el y Ron se habían presentado en su puerta a las dos de la mañana.
"Lo sé, tío. Lo sé", repitió Ron.
Hermione se inclinó y cogió una cerveza. "Mira, incluso si la teoría del Sanador Pye es correcta y se curó a si mismo después de la operación, tu dijiste que el aún estaba dañado, que no recordaba nada ¿Cómo podría haber sabido que estabas allí?", preguntó ella.
"Testigos muggles le vieron allí toda la tarde", contestó Ron. "Pero cuando rastreamos el residuo mágico de la varita de Alecto y nos presentamos en el parque, se había ido. El asiento del columpio aún estaba caliente. Tuvo que detectarnos".
"Tres años", se quejó Harry. "Había estado allí durante tres jodidos años ¿Por qué no miramos los hospitales antes?"
"Harry, no vale la pena que te machaques a ti mismo", dijo Hermione un poco exasperada. "Todos pensamos que Snape estaba muerto. Era lo único que tenía sentido. Estaba loco, Harry. No habría parado por sí mismo a menos que lo hubiese detenido alguien. No puedes culparte de todo, deja algo de culpa para los demás".
Harry levantó la cabeza, incluso Ron la miró con el ceño fruncido y negó levemente con la cabeza. Hermione suspiró, "Lo siento. No me hagas caso. Sólo estoy cansada".
Harry se frotó la cara con las manos. "No, tienes razón. Solo estoy preocupado. Las cosas parecen estar llegando a un punto crítico y una coincidencia como ésta, me confunde. La actividad de los mortífagos ha aumentado. Otra vez siento la agitación de Voldemort en mi cabeza. Y ahora encontramos y perdemos a Snape el mismo día. Sólo es demasiado. Aún no hemos encontrado todos los horrocruxes. Draco y Remus no han traído nada. Sabemos que hay al menos uno más y no tengo ni idea si ha hecho alguno más. Hasta que nosotros no los eliminemos todos, Snape puede pasar el resto de su vida eliminando al Señor Tenebroso y eso no nos llevará a ningún sitio. Sólo quiero...", Harry guardó en silencio su último deseo. Todos sabían lo que era. Todos lo habían repetido desde el primer momento, después de que Snape hubiese asesinado al Director, "Sólo quiero que Dumbledore despierte".
La Orden había luchado durante estos cinco años sin su guía. Su retrato continuaba durmiendo. Minerva había consultado varios fabricantes pero todos confirmaron la sospecha de Bill Weasley que había que esperar a que las palabras correctas fuesen dichas para que despertase. Todo el mundo lo intentó con lo que se les ocurrió. Nadie había tenido éxito.
Eran las cuatro de la mañana cuando Hermione cerró la puerta a los chicos. Todavía se refería a ellos como los chicos, probablemente siempre lo haría, a pesar de que estaban a mediados de los veinte y casados. Harry había tenido dos hijos con Ginny, y Ron había tenido el primero con Lavender hacía tres meses.
Hermione misma había estado a punto de entrar en ese estatus doméstico.
Ella y Ron había intentado que las cosas funcionasen, pero con el tiempo se dieron cuenta que sólo estaban confundidos acerca de cómo ser amigos con alguien del sexo opuesto. Habían optado por ser sólo amigos. Se habían tomado un tiempo para que las aguas volviesen a su cauce.
Entonces se había enamorado no mucho después de Oliver Wood, y había sido muy feliz. Sintió que estaría con él para siempre.
Estuvieron dándole vueltas al tema del matrimonio, cuando ella de repente sintió un extraño malestar y una inquietud que parecía estar relacionado cada vez más con las cosas mágicas. Su curiosidad sin límites por el Mundo Mágico parecía haber tocado fondo. Ser bruja parecía más un problema que una ventaja.
El continuo estrés de la guerra parecía que por fin se cobraba su precio.
Siguiendo el consejo de su madre, se había mudado al Londres muggle y buscó un trabajo muggle. Se adaptó rápidamente y se encontró a sí misma, hasta que Oliver la dejó, incapaz de adaptarse al cambio que había dado. Eso había ocurrido hacía tres años. Había estado viviendo en un limbo desde entonces.
Una parte de ella quería regresar y reanudar su vida como bruja, pero la idea parecía quedarse en humo. Permaneció en su puesto de trabajo como directora de oficina de una empresa de suministros de ingeniería, yendo a una institución de caridad los fines de semana para trabajar y a cenar con sus padres los domingos. Se dijo a sí misma que estaba contenta, pero sentía que algo la estaba esperando. Pero qué era, no tenía ni idea.
Recogió las botellas de cerveza vacías y las escurrió en el fregadero antes de ponerlas en el cubo de la basura de cosas para reciclar. Limpió lo que se había derramado y los círculos de cerveza que había dejado las botellas, salió y apagó las luces. Crookshanks dio un maullido aletargado e hizo un intento de frotar la cabeza con su pantorrilla. La echaba de menos.
"Vamos, viejo. A la cama los dos. Una vez más"
Se dirigió a su dormitorio, pero en lugar de irse a la cama, fue a la cómoda. Abrió el cajón superior izquierdo y cuidadosamente sacó una vieja caja de zapatos. Dio la vuelta y se sentó en la cama, mientras Crooks lanzaba una mirada fulminante a las almohadas y le daba la espalda. Levantó la tapa, lo primero que sacó fue su varita, su copia reducida de la Historia de Hogwarts y encogida en la parte de abajo, una mochila hecha jirones. Utilizando la varita, agrandó su mochila y comenzó a revolver, sacando varios rollos de pergaminos, mirando cada uno y poniéndolos a un lado hasta que encontró lo que buscaba. Colocó todo de nuevo en su lugar, fue a la cama y se recostó contra el cabecero para leer mejor el pergamino con la lámpara que tenía junto a la cama.
Sexto Año del Prof. Snape
Defensa Contra las Artes Oscuras
"Posibles beneficios de, y defensa adecuada contra, la Magia del Alma, por Hermione Granger"
No había mirado ese pergamino en particular en tres años. Leerlo se había convertido en un ritual cada vez que cualquier tipo de noticias del Profesor Snape le llegaba. No era porque fuese un trabajo especialmente bueno, sus comentarios mordaces estaban por todas partes, su distintiva letra picuda en color rojo cerró esa línea de pensamiento. Era porque ese era el último pergamino que había calificado antes de volverse loco.
Días después de la muerte de Dumbledore, el Profesor Slughorn se había acercado a ella. Le había dado la ingrata tarea de ordenar los trabajos de Snape. Había sido tan triste cuando le entregó el pergamino.
"Fue la última cosa en la que trabajó esa noche. Ni siquiera lo acabó. Sin embargo, yo lo he hecho. Mis comentarios están en verde. Creo que te calificó con demasiada dureza. Tu trabajo está bien y te he calificado en consecuencia". Slughorn se había quedado mirando al infinito. "Pensé que lo conocía", le dijo a la nada.
Hermione se había sentado inmediatamente y leído el pergamino, buscando alguna pista de como era el estado mental de Snape justo antes de apresurarse a la cima de la torre y matar a Dumbledore.
Lo sostenía en sus manos ahora, sin tener más entendimiento que antes. En todo caso, sus comentarios parecían algo menos mordaces. Carecían de su habilidad normal para avergonzarla y parecía ir un paso más allá de demostrar que ella estaba equivocada, como siempre lo había estado en el pasado. Releyó su ensayo y pudo ver que los comentarios de Snape eran, en realidad, más relevantes. Slughorn obviamente había calificado su intención y se lo había puesto fácil. Incluso al borde de una crisis psicótica, Snape aún la empujaba a agudizar su ingenio.
Como siempre, sus ojos se posaron en una parte donde los comentarios de los dos profesores se habían solapado. Había un pasaje en el que los comentarios de ambos eran inteligibles. Una vez más, Hermione consideró intentar hechizarlo para eliminar la tinta verde, pero de nuevo, temió perder todo si lo intentaba.
Colocó el rollo en la mesilla. La última vez que lo miró, ni siquiera sus amigos eran aurores. Les pediría algún consejo la próxima vez que los viese. Por ahora, necesitaba descansar antes de su usual mañana de sábado repartiendo sopa en un comedor de la beneficencia.
Apagó la luz e intento tomar dos horas de sueño antes de la alarma se activase. Crooks le acarició la cara con su cola a modo de amonestación por alterar sus hábitos de sueño regulares que los gatos consideran tan importantes.
Hermione se levantó en un extenso páramo, con su camisón de algodón. El frío viento agitó su pelo, convirtiéndolo en una bestia salvaje y con voluntad propia. Se dio la vuelta y vio un hombre, caminando a través del páramo hacia ella. El mismo viento agitó la capa de su abrigo e hizo que sus lágrimas se extendiesen por sus sienes. Conocía a ese hombre, como ocurre en el camino de los sueños, pero nunca lo había visto antes. El se dejó caer en el suelo a sus pies, su cabello castaño y grueso se agitaba violentamente sobre su cabeza cuando un sollozo fue arrancado de su garganta.
"Si es cierto que yo te maté, persígueme. Se asegura que la víctima persigue a su asesino. Hazlo, pues, sígueme, hasta que me enloquezcas. Pero no me dejes solo en este abismo" ***
El hombre se agarró a su camisón y lo arrugo en sus manos. Levantando la cabeza, su mirada fue directa a su alma con sus brillantes ojos negros.
"Ayúdame, Grager. Tu eras la tercera opción"
El hombre había cambiado. Hermione miró el rostro desolado de Severus Snape, tendido a sus pies con sus oscuras ropas de dar clase con la sangre corriéndole por el cuello desde las heridas de su rostro. Ella gritó. El grito se convirtió en un gemido agudo mientras el hombre se apartaba y caía en la oscuridad.
Un brazo salió de debajo de la manta y golpeó con furia la alarma del reloj. Hermione levantó la cabeza y miró a su alrededor, parpadeando furiosamente hasta que sus ojos se posaron en el pergamino que estaba sobre el libro que había estado leyendo antes de la llegada de Harry y Ron.
"Bien, nada de Cumbres Borrascosas antes de dormir, Crooks". El medio kneazle sólo movió una oreja, sabiendo que esa nueva norma no iba a durar mucho.
Hermione apartó las mantas y rebuscó en el suelo sus zapatillas. Ojeando el pergamino y el libro, cedió a un impulso repentino y comenzó a pasar las páginas. No pasó mucho tiempo hasta que encontró lo que estaba buscando, había leído el libro varias veces.
"Escucha esto, Crooks: Pero no me dejes solo en este abismo. ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma! *** Mi trabajo era sobre la Magia del Alma. ¿Crees que Snape está intentado decirme algo, viejo?"
Crookshanks se levantó y se estiró, con una mirada significativa, antes de saltar hacia el suelo y correr a la cocina.
"Ah, así que el Profesor Snape sólo necesita ser alimentado. Muy bien, estoy segura"
Hermione miró por la ventana el frío día de otoño y rogó que hubiese una comida para un hombre perdido que vagaba por el mundo esperando que alguien le dijese que hacer. Incluso si era un asesino-demente de masas, Hermione pensó que Severus Snape merecía mejores cartas que las que le habían sido repartidas.
Un hombre salió de una gran caja de cartón, tirado en un callejón desde la noche anterior. Se quedó mirando la lúgubre luz de esa fría mañana, agarrando con fuerza su palo mientras giraba la cabeza para mirar al sureste. Sus ojos, planos, como piscinas negras sin vida, parecían ajenos a todo mientras caminaba en esa dirección.
Otro hombre que corría hacia su trabajo con un sandwich de huevo que había preparado él, se cayó de repente al suelo presa de un breve desmayo. Cuando despertó, llegaba tarde al trabajo y había perdido su almuerzo.
El azúcar de su sangre marcaba la hora de la comida.
"Buenos días, Sir Walter. ¿Cómo van los mercados esta mañana?"
"Ah, Señorita Granger. Los mercados son volátiles. La liaron ayer por la noche en Nueva York. Por supuesto ahora tenemos que arreglar sus errores. Es buena época para vender el oro. Aunque la inseguridad siempre engendra tontos. Venderlo ahora, y volver a comprarlo en seis meses cuando todos se den cuenta de que fueron estúpidos. ¿Cómo están los bollos esta mañana, querida?", el hombre estaba sentado en la acera cerca de un cubo de basura dándole una sonrisa educada y sin dientes cuando formuló su pregunta.
"Tenemos algo de excedente, me temo. Los estamos vendiendo con un descuento para intentar deshacernos de una parte de las pérdidas. Hoy tengo dos para usted".
"Bueno, siempre hay alguien listo para sacar beneficio de las pérdidas de otro. Qué te sirva de lección, muchacha. Nunca pongas tu dinero en bienes de consumo. Tomaré ambos, dale la factura a mi secretaria a tu salida".
"Lo haré. ¿Y tu secretaria te recordará tu cita con el médico?"
"Oh, Díos mío. Debe haberlo olvidado. ¿Cuándo era?"
"Hoy al medio día. Estará sin hacer nada en su despacho"
"Ah, entonces tengo el tiempo suficiente para arreglar este lío. Tenga un buen día, Señorita Granger".
"Usted también, Sir Walter. Hasta la próxima semana!"
Hermione empujó su carrito por la acera buscando a más de sus clientes habituales. La mayoría de los sin techo cambiaban de centro de acogida por su cuenta, como Sir Walter, estaban demasiado sumergidos en su demencia y no recordaban quienes fueron. Ellos eran a los que Hermione seguía la pista el sábado por la mañana.
Se había unido al grupo unos meses antes de que Oliver la dejara. Ayudar a los sin techo había sido una decisión imprevista. Le pareció que era lo correcto en ese momento. Era una tarea fácil que le había hecho sentirse útil cuando Oliver se marchó.
"Buenos días, Alice. ¿Cómo está el nuevo bebé?", preguntó aun una anciana sucia que acunaba una muñeca.
"¿Cómo te puedes sentir mal por él? Asesinó a tu Director, y a todas esas personas. Honestamente Hermione, haces tuyas causas muy extrañas".
"Es más complicado que eso, mamá. Estaba loco. Todo lo que sabemos, es que estaba como bajo la maldición Imperio. Y todas esas personas eran mortífagos. Y no te olvides del Señor Tenebroso. Le mató dos veces".
"¿Matarlo una de las dos veces elimina cuando lo mató la otra vez? Creo que los dos Voldemorts y diez mortífagos podrían equivaler a un Dumbledore, supongo. Si estuviésemos jugando al poker".
"Papa, no es gracioso. Bueno, eso lo fue un poco. ¿Me pasas las patatas?"
John Granger se rió entre dientes y le pasó a su hija el cuenco.
"Entonces, ¿es sólo el hecho de que estáis a punto de encontrarlo lo que te tiene dándole vueltas a la cabeza? ¿O hay algo más?"
El rostro de Hermione se ensombreció por un momento, "Me siento como si tuviese un asunto pendiente. Más que eso. Es como si tuviese que haber terminado algo pero no lo he hecho".
Helen Granger extendió la mano y agarró la muñeca de su hija. "¿Crees que está relacionado con tus sentimientos acerca de la magia? ¿Por lo que te alejas de ella?"
"Quizá. Tal vez. De verdad que no sé. Podría ser. Sabes lo que es sentirse como si estuvieses esperando que algo ocurriese de un momento a otro. Siento que la espera terminará pronto. Algo va a ocurrir pronto. Creo que el Profesor Snape es parte de ello. Quizá sus tres años en el hospital estén conectados con mis tres años de indecisión. O quizá esté llegando al final de mi hastío, y su última desaparición es sólo el empuje que necesito para volver al mundo real".
"Bien, estoy a favor de todo eso, querida", dijo su madre con un apretón.
"Creo que voy a empezar por ese pergamino".
Hermione les explicó el papel que jugó y los sentimientos que podrían tener algún tipo de significado. Sus padres, como siempre, la escucharon con atención, dándole su opinión cuando fue apropiada. Cuando habló sobre el hecho de que quería eliminar los comentarios de Slughorn del pergamino y su miedo a poder eliminar toda la tinta accidentalmente, su padre se levantó con entusiasmo y salió de la habitación. Hermione y su madre intercambiaron miradas de asombro y comenzaron a recoger los platos.
"¿Cuándo vas a traerme a un nuevo joven a casa como una hija normal?", dijo su madre con su usual burla, "¿O una novia? En este punto ya me da igual"
"Mama, no esas tonta. No tengo esa inclinación por el momento. En realidad, no creo tener ninguna inclinación estos días".
"Bueno, sólo estaba pensado que si tu malestar se acabó en alguna de sus facetas, tal vez se terminase en otras también. Nosotros no somo mágicos. Ya estamos en la mediana edad, de camino a los cincuenta. Quiero ver pañales sucios antes de estar demasiado artrítica para no poder cambiarlos".
"Mama, no tienes artritis. Y confía en mi, si hay pañales sucios en mi futuro, te dejaré que los cambies todos".
"Pero te perderás una de los mayores entretenimientos de la maternidad"
"de verdad que eres una mujer extraña. Pasaré de ese entretenimiento si es posible"
La conversación fue interrumpida cuando el Señor Granger dio un grito desde su cuarto de estar y le oyeron correr por toda la casa.
"Eso debe ser interesante", dijo su madre.
"¡Ya está!", dijo mientras se apresuraba a la cocina. "Este podría ser el truco. Intenta esto antes de arriesgar el pergamino, querida". Le entregó unas viejas gafas de papel, del tipo que se utilizan para ver las películas de 3D. Una lente era roja y la otra verde. "Si miras desde el lado verde sobre el escrito, la tinta verde debe desaparecer y la tinta roja se verá negra, y viceversa. Deberías ser capaz de leer los comentarios de ambos profesores".
"¡Papá eres un genio!", gritó, echándole los brazos alrededor del cuello. "Me tengo que ir! Necesito comprobar esto!"
"Llámanos si funciona, querida. Yo también tengo curiosidad por el pergamino".
"Lo haré, papa. Te quiero! Te quiero mamá!"
Hermione salió corriendo, cogió su abrigo y su bolso antes de apresurarse al coche. Por primera vez en años, deseó haber traído su varita para aparecerse directamente en casa.
"Como siempre, Señorita Granger, tratas de mantenerte erguida en tu pilar del conocimiento pero estás completamente perdida sin los bloques de Sprague, Windlass y Eiderfold, tu pilar es un tocón de madera y haces un completo ridículo como siempre. Pruebe a utilizar la intuición, por una vez, Señorita Granger. He oído que es el último grito entre los adolescentes. No sé si lo sabe"
"Hijo de puta!"
Hermione dejó a un lado las gafas de su padre, sin pensar que el seguramente las había guardado como recuerdo.
Crooks pasó un pata sobre ellas antes de que cayesen en la cama. Les dio con la pata una vez más para que quedasen en su lugar.
"Había olvidado completamente que era un imbécil total, Crooks. 'Adolescentes', no me digas. ¿Y quién demonios son Sprague, Windlass y Eiderfold? Parecen una firma de abogados". Dejó caer el pergamino y observó como rodó otra copia que había hecho por seguridad. "Creo que voy a enviarle una lechuza a Minerva y preguntarle si puedo utilizar la biblioteca mañana después del trabajo".
Fragmento de Cumbres Borrascosas***
N/T: Espero que os haya gustado. Nos vemos en el próximo. Un besazo.
