Titulo: Camino de Oscuridad
Autor: Usagi–Asakura en co-autoria con Umi-Reira
Pairing: SasuNaru, SaiGaa, KakaSaku, Ita x ¿?
Advertencias: Yaoi. Lemon. Pensamientos extraños. Occ.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen a mí, son obra de Masashi Kishimoto. Yo simplemente acepte escribir este fic, por qué es mi comadre es quien me acompañará en este reto.
Comentarios: Bueno, gracias a quien lea. A mi beta personal, y claro… a Umi que me aguanta, por tardarme mucho en publicar. Espero les agrade ya que pensamos dar nuestro mejor esfuerzo, saludos a todos…
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Camino de Oscuridad.
Capitulo II
Cuando todo comienza.
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Uchiha Itachi, permaneció en silencio mientras caminaba detrás del joven rubio. Observando los alrededores de forma lenta, y pasiva.
El camino hacia la entrada de la pequeña aldea que se encontraba a unos dos kilómetros. El espeso bosque que le rodeaba le daba una protección natural en contra de los ninjas forasteros. Las montañas que lograban sobresalir en aquel paisaje, le hicieron comprender que para introducirse, debían de pasar desapercibidos.
El sonido del viento acompasándose con las hojas de los arboles, le hicieron pararse unos segundos. El lugar era verdaderamente pacifico, y placentero. El verde de las hojas, sumado a los diminutos rayos del sol colándose por ella, simplemente le evocó un deseo por quedarse un poco más.
—¿Qué tanto piensas?...—preguntó Naruto, por primera vez a su acompañante.— Realmente, no creí que existiría otra persona mucho más callada que Sasuke. — El mencionado le miro intensamente. El rubio conoció perfectamente aquel gesto que comúnmente hacia Sasuke, como indirecta de que se callase. "¿¡Qué demonios tenían los de "ese" Clan, para tener siempre la cara de estirados!? Sin duda no podía negarse que esos dos era hermanos…", pensó y seguidamente torció la boca en un gesto de disgusto—. ¿En está aldea encontraremos lo que buscamos? –cuestionó. Sus grandes ojos azules observaron con cautela al joven, quien simplemente respondió un "Si" escueto—. Ya veo…—detuvo un poco su caminata despreocupada, y con alegría tomo una pequeña rama que se encontraba en su camino, empezando a juguetear con las hojas de los arboles.
Itachi, simplemente le observo en silencio, como siempre lo hacia desde hace más de tres años. La espalda del oji–azul se le hizo un poco más ancha, y mucho más adulta que las últimas ocasiones. Sintió que el tiempo pasaba, tanto para él, como para su rubio acompañante, y probablemente para su pequeño hermano menor, que simplemente imagino que con cada día que transcurría, sus pequeños chicos crecían, y maduraban para lo que se avecinaba en el mundo ninja.
Se detuvo un poco al ver como Naruto lo hacia, le vio mirar con horror su sandalia oscura, y casi, inconscientemente dejo salir una sonrisa por tan graciosa escena. —Naruto al parecer, había pisado un excremento de animal—
—¡Oh, dios! ¿Has sonreído? ¿¡En verdad, has sonreído!? —Exclamó el menor, señalándole de forma acusadora—. ¡En verdad puedes sonreír!
Itachi le miro seriamente, guardando la compostura, mientras veía como aquel joven de rubia melena, trataba torpemente de limpiarse el excremento con el pasto del camino. Suspiro un poco. Se acerco de forma confiada, y le ayudo a limpiarse con alguna ramita seca.
—Pareces un niño pequeño —comentó—. No pareces tener casi dieciseises años. ¿Realmente siempre eres tan torpe?
—¿¡Torpe!? —Repitió Naruto—. ¿Me estas diciendo idiota? ¡Realmente no tengo la culpa que esa cosa —señalo el excremento con enojo—, se cruzara por mi camino! ¡No fue mi culpa!
—Debes aceptar las consecuencias de tus actos —explicó el mayor, dejando caer suavemente su pie, al saber que su sandalia se encontraba limpia—. En este mundo, hay ocasiones que aunque no seamos culpables, debemos cargar con esas culpas…
Naruto se mantuvo en silencio escuchándole hablar, si no supiera que aquel sujeto era un asesino de alto rango, se atrevería a jurar que eso había sonado como un consejo hacia su persona, justo como un hermano mayor. Inconscientemente le sonrío avergonzadamente.
—Lo entiendo. Lo entiendo. Es solo que…
—¿Solo, qué?
—Vamos tras alguien como yo —informó tomándose con fuerza el vientre—. ¿¡Realmente debemos cazarlo!? —pregunto, un poco alterado.
—Sabes que es nuestro trabajo, ¿verdad? —explicó con quietud, empezando a retomar el camino.
—Ya lo sé. Lo sé. —murmuro abatidamente.
Itachi le miro de reojo, observándole con cierto detenimiento. Sus ojos azules presentaban una ráfaga de tristeza, melancolía, y dolor. Un dolor que hasta cierto punto entendía, y le hacia sentirse identificado como aquel joven ninja. El dolor de cargar algo en tus espaldas, algo demasiado pesado para una persona. Miro el cielo de forma impasible. Y es que debía admitir que muy a su pesar, no le gustaba mucho mirarle de aquella forma tan penosa… Pareciera que viera a un indefenso animalito acorralado.
¿Qué hubiera hecho el rubio si Uchiha Itachi le abrazará?, se pregunto.
—Parece que en esta misión podremos comer lo que desees…-
—¿De verdad?-
—Si… —respondió Itachi y se detuvo, para mirar la entrada de la Aldea Iwagakure. Se acomodo el sombrero de paja, haciendo tintinear la campanilla que le acompañaba—. Comprendes que debemos pasar desapercibidos, ¿No?
—¡Claro que si! ¡Ya te dije que no soy un idiota! —vociferó antes de empezar a dar grandes zancadas de forma molesta—. ¡Date prisa`ttebayo!
El Uchiha volvió a observar al rubio, quien empezaba a mirar todo con grande emoción. Volteó su vista el cielo de nueva cuenta, contemplando con cierta melancolía los posibles nubarrones que se empezaba mostrar. Respiro con cierta calma, y se volvió a encaminar hacia Naruto. Al parecer, aquella misión sería un poco más complicada de lo que pensaba.
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Eran más las nueve de la mañana. El sonido del despertador hizo retumbar las paredes de su pequeño departamento, le hizo callar con un golpe. Bostezo al tiempo de estirarse suavemente. Realizar tres misiones seguidas de alto rango, realmente no era buena idea. No solo por el desgaste físico, mental y emocional eran demasiado para una persona común; aunque, claro, él mismo no podía catalogase como una persona ordinaria. Sin embargo, como todo ser vivo, debía de alimentarse, y eso en muchas ocasiones no podía hacerlo.
El trabajo que desempeñaba conllevaba mucho tiempo, y en la mayoría de ellas, ni se preocupaba de ingerir alimentos. Ser un Anbu de Konoha, era pesado. Demasiado cansado. Probablemente, si tan solo tuviera una novia, o un amante que cocinase para él, por lo menos se daría el lujo de saborear un delicioso bocado hogareño.
Volvió a bostezar.
Se rasco su estomago torpemente antes de ponerse de pie, y volcó su vista ante aquel esplendoroso día que adornaba a Konoha por las mañanas mientras se dirigía al baño de su casa.
—Necesito aprender a cocinar—declaró aquel joven.
Se miro al espejo de forma directa. Sus ojos verdes eran lo primero que sobresalía de su físico, sumado al color dorado de sus cabellos largos que le daban un aire de fragilidad e inocencia que no tenía en lo absoluto. Y es que, ¿Quién podría ser inocente, cuando sus manos estaban más que manchadas de miles de victimas?
Nadie.
Nadie podría catalogarle de inocente y frágil.
Abrió la llave del lavado, y se zambullo en el agua fresca, haciéndole despertar por completo. Tomo su cepillo de dientes, puso un poco de pasta dental y comenzó con la ardua tarea de cepillarlos.
Durante mucho tiempo, nunca había conocido mucho de su pasado. ¿El por que había nacido? ¿El por que siempre debía llevar una mascara de Anbu? Como si su sola existencia fuera un pecado que debía ser escondido. Y mucho menos llegaba a comprender: ¿El por que era casi idéntico al cuarto Hokage de Konoha?
Siempre había pensado que el estar confiscado en esa celda, era parte de su purgatorio por algún pecado que él suponía que había cometido, y que no recordaba. Muchas veces se sintió morir. Vacio y solo. Simplemente solo, como aquel pajarillo que se colaba por la rendija de su cárcel.
¿Cuál fue mi pecado?, siempre se cuestionaba.
De alguna forma, siempre quiso que alguien se apiadase de él, y le resolviera todas sus extensas dudas. Sin embargo, esa persona nunca llego. No hasta que hubo cumplido doce años. Fue entonces que conoció por primera al tercer Hokage de la Aldea. Un anciano de mirada cálida, quien se había atrevido a explicarle todo lo que realmente le atormentaba desde que tenía uso de razón.
Él era un niño nacido de células.
Una existencia que no debió haber existido.
Una identidad que no era la suya, pero que al mismo tiempo era parte de lo que era. Tenía el rostro de una persona muerta, que en vida tuvo amigos, mujer y un hijo. Lo que le hicieron preguntarse: ¿Quién había sido tan ruin para crearle? ¿Quién había jugado con su vida, como para marcarle su destino a estar tachado como una aberración de la naturaleza? Y entonces, fue cuando conoció el sentimiento de odio.
Odiaba aquella persona. Le odiaba por haber jugar a ser dios. ¿Realmente quien era? ¿Alguien que existía, pero, no debía existir?
—Eres joven, y realmente… —le había dicho aquel anciano—. Eres miembro de esta aldea. Un ninja de Konoha. Eres un ser vivo, mientras tengas eso en cuenta, entonces comprenderás el por qué de tu existencia. De ahora en adelante, te llamaras Minaru. Simplemente, Minaru —le explico mientras le entregaba la mascara de Anbu en forma de animal.
El joven rubio quien se mantenía estático enfrente del espejo aun con el cepillo de dientes en la boca, se sintió abatido, y sin muchas ganas de seguir pensando.
¡Realmente aquel anciano había sido como el padre que nunca tendría! Y comprendió perfectamente que se sintió morir, cuando este falleció en la lucha con aquel espantoso y cruel hombre de nombre: Orochimaru. Ese ruin, y egoísta ninja que había destrozado la vida de muchos.
Cepillo de nuevo, y dejo escapar la espuma de su boca, enjuago un poco, realizo unas cuantas gárgaras. Y sonrió débilmente. "Ahora, solo debo pensar en ayudar a la aldea". Escupió el agua que mantenía en su boca, tomo la toalla del baño, y se limpio. Dio unas cuantas vueltas con su cabeza al sentirla tensa, y adolorida al tiempo de prender la llave del baño. Seguramente un buen baño le haría despertarse por completo. Y probablemente le ayudarían a relajarse.
—La nueva jefa, si que me pide cosas extrañas —murmuró.
Se adentro a la regadera, haciéndole estremecer ante el contacto del agua caliente. Se enjabono sus cabellos, y prosiguió a tallar su espalda.
Según recordaba, su nueva encomienda por parte de la quinta Hokage, era entrar al equipo numero siete, quienes habían perdido dos importantes miembros. Un tal Uchiha Sasuke, y Uzumaki Naruto.
Detuvo un poco su ardua tarea de enjabonarse el cuerpo, al pensar en aquel nombre. Que era para él un completo desconocido, y que al mismo tiempo en el fondo de su corazón, MUY en el fondo de su ser, lo sentía como algo suyo. Sabía perfectamente que ese tal Uzumaki Naruto seguro ni sabia de su existencia. No a él, pero si a su padre, el ser de quien había sido creado. Entonces, él podría considerar que Uzumaki Naruto también era suyo. Su hijo.
Sonrió amargamente.
¡Eso era imposible!
Él no era otra cosa más que una copia genética y física de quien en vida había sido Namikaze Minato. El cuarto Hokage. ¿Por qué demonios consideraba a un desconocido como algo de su pertenencia? Fue entonces que a regañadientes comprendió que deseaba soñar que realmente él era, Minato. Namikaze Minato. No alguien con un nombre impuesto, y con una vida destinaba a vivir en las sombras.
Recargo su rostro en los mosaicos húmedos mientras sentía como el agua caliente le ayudaba a despejar su mente. Con cada gota de agua que caía, podía lograr encontrar aquella paz que necesitaba. Él tenía que estar plenamente cuerdo. Ya que si no mal recordaba, ese día conocería a su nuevo equipo. Al recién compuesto equipo siete de Konoha. Con la complicada misión de encontrar al tal Uzumaki Naruto, "el numero uno en dar sorpresas".
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—¿Para que me has llamado? —preguntó Sasuke conteniendo la respiración por su arduo entrenamiento.
—No seas altanero, Sasuke —contestó Kabuto al instante—. Muestra respeto al señor Orochimaru.
—¿Para que me has llamado? —volvió a repetir. Haciendo que el joven de lentes le mirara con odio reprimido. ¡Estúpido chiquillo!, pensó.
—Déjanos solos, Kabuto —la voz sombría, y cansina del hombre que se encontraba en la cama, le hicieran virarse a mirarle de forma apacible.
—Como usted diga, señor Orochimaru —declaró el mencionado antes de hacer una leve reverencia.
Sasuke se mantuvo indiferente ante todo lo que pasaba a su alrededor, meditando seriamente cual sería el próximo nivel que llevaría su chidori, no percatándose que el hombre de ojos dorados se encaminaba hacia su silla.
—¿Estas al tanto que los Akatsuki están en busca de las bestias mitológicas? —preguntó, sacándole de sus pensamientos.
—¿Eso que tiene que ver conmigo? —rebatió el moreno de forma seca—. Lo que hagan ellos, simplemente no es mi problema. El único sujeto que me importa, es Itachi.
Orochimaru sonrió dándole la razón. Con sumo esfuerzo poso sus brazos en las manos de la silla. Y por enésima vez, maldijo al estúpido anciano que se había llevado todas sus técnicas, y su sensibilidad de sus dos manos.
—Simplemente creo que si te haces de uno de ellos, podrías hacer que tu querido hermano, viniese detrás de ti —informó con cierta cautela.
El de piel nívea se mantuvo callado, escuchando cada palabra del mayor. Le miro directamente, haciendo fulgurar el sharingan de forma maquiavélica.
—He escuchado algunos cuentos rumores, al parecer… Uno de ellos está en Iwagakure, ¿No crees que valdría la pena que probases tus avances, Sasuke? —cuestionó el albino.
El mencionado sonrío de lado, se puso de pie en silencio, saliendo de la habitación con aire pretencioso.
—¿No cree que debió informarle que Uzumaki Naruto se encuentra ahora junto a Uchiha Itachi, señor Orochimaru? —preguntó de pronto Kabuto, quien salía de las sombras de la puerta.
—Oh, ¿Crees que él se lo hubiese tomado bien, Kabuto?
—Pues, seguramente no… No solamente su hermano le arrebato todo de golpe, si no que ahora… el que supuestamente era su mejor amigo, le ha traicionado al estar con la persona que más odia.
Orochimaru sonrió de lado antes de hacerle una señal al joven, quien se acerco para atenderle las heridas que empezaban a sangrar. Sin percatarse de lo que realmente hacia, simplemente lamio uno de los dedos, haciendo que el hombre serpiente le mirase con cierto deleite.
—Realmente me sorprendes, y mucho… —susurró antes de pasarle la lengua por el rostro. El chico de lentes, sonrió malicioso, y con suavidad se poso en sus piernas. Jugando metió su mano, para jugar con su sexo que empezaba a despertar con el solo toque del mayor.
Kabuto gimió un poco al sentir el toque de ambos miembros, quienes mutuamente empezaban a despertar, contoneándose, dándose un calor que poco a poco empezaba a sobresalir de sus ropas.
Se acercó al pecho del mayor y lamio con cierto deleite el lóbulo de la oreja. Le dio a lamber dos de sus dedos antes de ensancharse a si mismo, realmente se sentía especial al ser poseído por aquel mentor que le había enseñado todo. Absolutamente todo lo que sabía.
Kabuto simplemente jadeo al sentir como poco a poco él mismo introducía el sexo del mayor, que perdió la noción del tiempo cuando sintió como es que era devorado por la boca del gran señor Orochimaru…
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—¡Venga, hombre! Me dijiste que podría comer lo que quisiese —protesto Naruto, y continúo hablando sin parar, haciendo que el mayor de los Uchihas se cuestionase, si el joven rubio no se cansaba de hablar y hablar.
—Claro que dije eso. Lo que nunca dije es que comeríamos ramen —explicó, haciendo que el otro le mirara seriamente, se cruzara de brazos e inflara sus mejillas de forma indignada.
—Pero, pero… ¡Tu me lo prometiste! —exclamó con los brazos hacia arriba. Dándole un aire de enfado—, Me dijiste que comeríamos lo que quisiese, Itachi
—Solo si me prometes que lo comerás callado —comentó el de ojos oscuros—. Solo si te comportas, y dejas de ser tan ruidoso.
—¡Bien! ¡Hare lo que desees! ¡Todo sea por el RAMEN`ttebayo! —exclamo alegremente.
Itachi simplemente se quedo mirándole, sin inmutarse. Siguiendo en silencio los pasos del rubio, quien no dejaba de mirar, buscar, y rebuscar algún puesto de ramen. Sin que nadie le mirase, sus labios se tornaron de forma curva. Él había sonreído de nueva cuenta por culpa de Uzumaki Naruto.
Camino entre la gente que pasaba de un lugar a otro. Muchos de ellos llevaban las bandanas de su respectiva aldea. La mayoría pertenecía a la Aldea de la Roca, mientras que otros tantos, justo como ellos, pertenecían a las otras cuatro naciones que conformaban el mundo ninja. Itachi miro con cierta apatía todo lo que pasaba a su alrededor, no encontrándole nada divertido al extremo alboroto que toda la gente hacia en esos momento.
La aldea de la Roca festejaba el festival de su fundación. Una festejo que sin lugar a dudas, les había ayudado a pasar sin llamar la atención. Y, debía admitir que la idea de Naruto, con respecto a usar otra ropa para camuflajearse había sido de lo más atinada.
Se detuvo un momento, mirándose en la ventana de un local. Recordó concierta melancolía que cuando era mucho más joven, al le fascinaba los festivales. Le gustaba tomar la mano del pequeño Sasuke, y comprarle todo tipo de golosinas que deseaba. Adoraba ver su rostro infantil cubierto de algodón de azúcar, mientras sonreí alegremente por los pececitos que había logrado capturar. Esos eran sus más preciados, y profundos recuerdos. Remembranzas que nunca había compartido con nadie. Sus dulces recuerdos de niñez, en donde aun creía que el mundo no era tan nefasto, y absurdo. En donde tenía a su lado a su pequeño hermano menor… A su inocente Sasuke.
—Oye, ¿y podemos comprar de eso? —preguntó abruptamente Naruto—. ¿Podemos? —insistió, y hecho a correr al puesto de algodón de azúcar. El dulce que más le gustaba al rubio digerir en los festivales de Konoha.
Naruto nunca había pasado un festival con alguien, desde que tenia uso de razón, la soledad fue su mejor compañía, junto con las malas miradas de los aldeanos. En ese momento, se sintió dichoso. No solo por estar en compañía de alguien (Aunque ese alguien fuera el hermano mayor de Sasuke), si no por qué también se sentía un poco libre. En aquel lugar nadie le conocía. Nadie le miraba como si fuera una aberración de la naturaleza, que sintió que aquella felicidad, aunque fuera esporádica, era y sería algo reconfortante para todo lo que vendría después.
Pidió dos algodones, y corrió de regreso a donde se encontraba el mayor. Sin embargo, grande fue su sorpresa al no encontrarle. ¿Dónde demonios se había metido ese Uchiha?, pensó. Se dejo caer en la banca de lugar, y dio un gran suspiro. Que idiota había sido al pensar que sería su primer festival acompañado de alguien… Miro los suculentos algodones, y con cierta apatía comenzó a devorarlos. La comida no debía desperdiciarse, y esos dulces no serían la excepción. Enfoco su vista al cielo nocturno que se vestía de alegres colores, mientras comía a regañadientes el dulce, quienes extrañamente le sabía demasiado amargos.
—De que me sorprendo… —susurró—, ya debería estar a acostumbrado a estar solo… —comentó. Aferro su mano al palito vacio del algodón, y sonrió de forma amarga. ¿Es que siempre estaría solo? ¿Es que jamás conocería el que sentimiento de felicidad por completo? Él sabia que no. Eso era una lección que la vida le había enseñado muchas veces, y aun así desde el fondo de su corazón pedía a gritos que alguna persona se apiadase de él, y deseara estar a su lado. Recargo su cabeza en el respaldo de banca de madera. Y se limpio las lágrimas que hace tiempo no afloraban. No desde que había perdido a Sasuke, y había decido dejar su aldea natal.
¿Qué demonios me pasa?
—Siempre comes muchas cosas dulces. ¿No crees que por eso no hayas crecido mucho? —le dijo una voz detrás de él—
—¿Qué estas tratando de decir? —preguntó Naruto. Entrecerró los ojos, y le miró con cierto enojo en sus facciones. Se cruzo de brazos y volteo su vista—. A mi me falta mucho por crecer. Que te quede claro que algún día de estos te pasare… —comentó.
Itachi se quedo mirándole. Se acercó a donde se encontraba, y se sentó a un lado de él.
—Toma —musito.
Naruto se viro para verle de frente. Abrió sus ojos azules de forma desmesurada. El joven más estoico, y serio que había conocido le estaba ofreciendo un presente a ÉL. Se quedo estático. ¿Qué tipo de broma era aquella? Se puso de pie rápidamente, y le señalo de forma acusadora.
—¿Quién demonios eres? ¿Y que has hecho con Uchiha Itachi? —exclamó alterado.
El moreno, simplemente se quedo con el presente en el aire. Ese chico realmente era muy escandaloso, e infantil. Y aun sabiéndolo debía admitir que de alguna manera eso le agradaba. Tenía todo de lo que él mismo carecía, y de alguna forma le trasmitía una calidez y confianza que hace mucho tiempo no sentía por nadie, que se sintió estúpido al haberle mandado hacer aquel presente.
—¿Lo tomaras? Es algo que te servirá en el campo de batalla. Te será útil —aclaró.
El oji–azul tomo con ciertos nervios aquella extraña envoltura. Al contacto con sus manos, pudo percatarse de lo que se trataba una espada. La desenvolvió con rapidez, olvidándose de que aquel presente se lo estaba dando el peor enemigo de su mejor amigo.
La luz de la luna hizo que el filo de la espada resplandeciera de forma mágica. El fino mango era completamente cómodo y elegante. La sutil forma del adorno le pareció bella. Y aquel singular cuervo tallado en la hoja de la espada pegada al mango, le hicieron pensar en el mayor de los Uchiha. Miro la espada unos segundos más, y le miro a los ojos.
—Gracias —admitió.
Naruto le dedico la mejor de las sonrisas al joven que le miraba de forma imperturbable. Se sentó a un lado de él en silencio. Posando de nuevo cuenta su vista en el cielo. Cerro los ojos, y se perdió en los olores que emanaba de la cuidad. Poco a poco, empezó a dormitar. Realmente estaba cansado, y sin lugar a dudas, aquel día había sido extraño, sorprendente, y sumamente agradable. Una tenue sonrisa de coló por su rostro.
Por fin, había conocido la sensación de haber recibido un presente. Aunque esté fuera de la persona que más odiaba Sasuke, que se pregunto con cierta confusión, ¿Si realmente Uchiha Itachi era una mala persona?
El cielo despejado lleno de estrellas a Itachi se le hicieron completamente hermoso, y bello. Y agradeció mentalmente que le joven rubio se mantuviera callado. Se sorprendió un poco, al sentir el pesor de la cabeza del chico. He conscientemente le miro de forma cariñosa. Sus pequeños bigotes en el rostro le parecieron tierno, y adorables. Naruto en realidad le recuerda mucho a Sasuke. Acercó su mano con suavidad para acomodarle aquel mechón de su rubia cabeza, quien caía graciosamente por una de sus mejillas. Y sin comprender perfectamente, deposito un suave beso en la frente del joven Uzumaki.
—Feliz cumpleaños, Naruto —finalizó.
Continuara…
¡Termine! ¡Listo! Pienso que me trabe mucho en esté extraño y anormal capitulo. No hubo nada. ¡NADA! ¡Lo juró, comadre! Es Itachi quien no se quiere violar a Naruto. ¿¡Que demonios irá hacer Sasuke cuando vea que su hermano anda con Naruto, y que este le ha tomado cariño? ¡De solo pensarlo me emociono! Gracias. De nada. Nos vemos en el capitulo cuatro.
